Liam Neeson
En una de acción y de ACTUACIÓN

El galardonado protagonista de La lista de Schindler vuelve a demostrar su versatilidad en la pantalla grande con Búsqueda Implacable (Taken), un thriller francés que se ganó los favores de la crítica europea y que llega a las pantallas del país el 19 de septiembre
El actor irlandés Liam Neeson está desconcertado. Acaba de terminar una representación de la obra de Samuel Beckett Eh Joe en el Lincoln Center de Nueva York, no muy lejos de donde vive. Teatralmente, es el equivalente a las Olimpíadas de la actuación. Durante 30 minutos Neeson se sienta en una cama, mientras la voz en off de una mujer penetra su psique. El artista no dice una palabra. Usando tan sólo expresiones faciales, es mentalmente devorado en el escenario mientras lo observa el público, hechizado. Atom Egoyan -el aclamado director canadiense de The Sweet Hereafter-, quien dirige, describe el papel como "la toma de reacción más larga que pueda imaginar un actor".
Neeson, pues, está desconcertado porque, señala, tuvo una crítica en The New York Times y "¡Dios!, es la mejor crítica que he tenido en 33 años".
Nadie más se sorprende. Hace veintiún años que el joven irlandés, apuesto como una estrella de cine, interpretó a un mudo sin techo que era juzgado por homicidio en Sospechoso. Aun sin diálogo, logró brillar más que las estrellas de Hollywood Cher y Dennis Quaid. Fue el punto de partida. Continuó su carrera con caracterizaciones más bellamente matizadas, como el detective que pasa por una racha de mala suerte en Under Suspicion, o como el compasivo doctor de Una mujer llamada Nell. Hubo algunos fracasos en el camino (¿recuerdan la nueva versión de La Maldición?), pero Neeson siempre ha estado en su elemento interpretando a figuras históricas reales: La lista de Schindler le valió nominaciones a los premios Oscar, Bafta y Globo de Oro en 1994; y Rob Roy (1995), Michael Collins, El precio de la libertad (1996) y Kinsey, el científico del sexo (2005) aumentaron la estima en que ya se le tenía.
Búsqueda Implacable (Taken), su última película, que se estrena en Venezuela el 19 de septiembre, toma un camino algo distinto. En el film, dirigido por el francés Pierre Morel (District B13), Neeson asume el papel de un ex agente de la CIA, Bryan Mills, quien despiadadamente caza a un grupo organizado de traficantes de personas que han secuestrado a su hija (Maggie Grace de Lost). Es una elección brillante, porque la silenciosa gravedad de Neeson hace que sea un aniquilador poco convencional.
"Siempre me motiva, en primer lugar, el libreto; se mete debajo de mi piel o no lo hace. En Taken me encantó la acción", dice, y agrega: "He hecho algunas películas a las que llamo 'de vaquero con armadura'. Es como jugar-actuando, y es como volver a ser niño. También me encantó el hecho de que me pidieran que hiciera este papel. Tenía 54 años -ahora tiene 56-, y pensé: 'en poco tiempo ya no me llamarán nunca más para este tipo de roles'".
Extrañó eso en Narnia, en donde hizo la voz del león Aslan. Su contribución involucraba "entrar al estudio durante algunas horas", recuerda. Pero, añade, "hay una gran parte de mí a la que le hubiera encantado estar en el set con estos niños porque me encanta el carácter físico de hacer películas".
CONTRA LA VIOLENCIA
Neeson se mantiene en muy buena forma -en 2007 fue el más votado como "el compañero de cama irlandés ideal", ganándole a los jóvenes Colin Farrell y Jonathan Rhys Meyers- y sus habilidades físicas eran particularmente importantes en Taken porque Morel esperaba que él hiciera la mayor parte de sus escenas peligrosas. No obstante, le tomó semanas de riguroso entrenamiento dominar el complejo arte marcial llamado parkour, un estilo de pelea de propulsión, que es parte importante del film.
En cuanto a su preparación mental, el proceso de Neeson es no tener un proceso. "He aprendido a lo largo de los años a no pensar demasiado las cosas. Para mí es algo instintivo y mientras más trate de intelectualizar el proceso más lo puedo echar a perder", se ríe.
"Lo que me pareció un territorio interesante en este film, sin embargo, fue la violencia. Soy padre, tengo dos hijos y te preguntas cuál sería tu reacción si se llevaran a uno de ellos. Pronto llegas a la conclusión de que harías todo cuanto estuviera en tu poder para salvarlo".
El actor pensó mucho en la venganza durante la filmación. No para llevarla a cabo él mismo -"tradicionalmente estoy contra la violencia"- sino, más bien, reflexionando acerca de las motivaciones que hay detrás de este sentimiento. "Crecí entre los problemas de Irlanda del Norte. Estuve rodeado por la violencia, la amargura y el deseo de venganza. Mi personaje en el film piensa: 'o son ellos o soy yo', y, definitivamente, conocí muchos muchachos que pensaban así. Pero esta idea me es repulsiva y sólo esperaba el momento de poder desprenderme de todo esto".
No obstante, Liam es cauto al hablar de Irlanda. Hace algunos años causó furor cuando le dijo a una revista estadounidense que como católico en un pueblo predominantemente protestante, creció sintiéndose como un "ciudadano de segunda".
"Fue un poco imprudente", expresa ahora. "El problema con Irlanda del Norte es que te maldicen si hablas y te maldicen si no lo haces; al menos cuando estás en mi posición".

| "EN POCO TIEMPO NO ME LLAMARÁN NUNCA PARA HACER ESTE TIPO DE ROLES " |


| Taken le permitió a Neeson probarse de nuevo en un papel de gran exigencia física |
DEL RING A LA PANTALLA
Cuando era joven, el protagonista de Taken se entrenaba como boxeador, pero decidió inscribirse en un curso para maestros buscando su boleto de salida del cuadrilátero. Lo logró, pero, según él mismo afirma, era "inútil" como maestro, y, en un impulso, hizo una audición en un teatro de Belfast. Dos años después se unió al teatro Abbey en Dublín. Fue allí donde el director de Excalibur (1981), John Boorman, lo vio por primera vez. Boorman necesitaba a un actor alto para la película y Neeson mide 1.95 metros. Fue entonces cuando conoció a la actriz Helen Mirren, la primera de varias mujeres conocidas con las que ha salido, incluyendo a Brooke Shields, Barbra Streisand y Julia Roberts. Por aquellos días se mudó a Londres para estar con Mirren, pero recibió el llamado de Hollywood y se reubicó ahí a mediados de los ochenta.
Pero sus oportunidades llegaron a través del teatro: en 1990 se unió a Natasha Richardson en Anna Christie en Broadway, y con ello conquistó a Steven Spielberg (quien le ofreció el papel protagónico en La lista de Schindler), ganó un Tony y a la chica.
Catorce años después, él y Richardson siguen casados, así que ¿cuál es su secreto? "No soy experto. Pero las parejas que dicen: 'Llevamos casados 20 años y nunca hemos peleado' están mintiendo", se ríe.
Sus hijos (Michael y Daniel) no han "mencionado todavía la palabra que comienza con A (actuar)", dice. "En este momento tienen 12 y 13 años y ambos están muy contentos con la idea de ser estrellas del deporte o músicos de rock y yo también me alegro de eso".
Un tono satisfecho se escucha en su rica y fluida voz cada vez que menciona a su familia: "Estoy satisfecho, es cierto. Cuando la gente me pregunta si soy feliz siempre digo: "¿sabes?, es algo mercurial, la felicidad, pero la satisfacción es muy, muy alcanzable'", señala.
¿La ha alcanzado profesionalmente también? "Así lo creo", afirma. "Tengo menos motivación de la que tenía antes. Bueno, no es que tenga menos motivación en cuanto a la preparación. Tengo la motivación para eso pero, para todo el resto, las trampas del negocio del cine, debo admitir que mientras más envejezco menos paciencia les tengo".
Así las cosas, cuando siente que todo lo abruma hace una obra de teatro. "Hay algo extraordinario en presentarle algo a un público y que el público cambie cada noche y que sea en vivo y nunca se repita y eso raya en lo mítico", expresa.
En los próximos meses, sin embargo, las películas son lo que ocupará su tiempo. Retomará el papel de Aslan el año próximo, y, en enero, comienza a filmar Abraham Lincoln con Spielberg --otra de esas figuras históricas que Neeson interpreta tan bien.
"Definitivamente tenía ideales", comenta el actor. "Creía en el destino de la democracia, y era un hombre extraordinariamente complejo, por supuesto. Este tipo de personajes usualmente lo son; no son personas simples". Y nadie como él para saber interpretarlos.
Texto y Fotos: cortesía 20th Century Fox
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