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La Beba Rojas
"Ya no quiero ser
una
femme fatale"

Aunque siempre se lo digan, nunca se ha sentido una bomba sexy. Eso asegura mientras se prepara para estrenar, el próximo 24 de septiembre, La gran Raquel, un montaje teatral sobre la violencia doméstica
Por Pablo Blanco.
Foto: Guillermo Felizola

 

Pautar un encuentro con La Beba Rojas en un sitio público es toda una experiencia. Al menos para quien escribe estas líneas. El corazón de la concurrida y congestionada avenida México de Caracas es el sitio acordado. Allí se encuentra el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, espacio donde esta beldad televisiva ensayó La gran Raquel, un montaje teatral, original de Hernán Marcano -cuyo texto versa sobre la violencia doméstica- a estrenarse el próximo 24 de septiembre en el Celarg. Con el mismo, la Beba pretende romper con la imagen de bomba sexy que le conoce la audiencia desde que irrumpiera -hace 14 años- en la pantalla chica como modelo de Bienvenidos, el extinto espacio humorístico de Miguel Ángel Landa en Venevisión. "¡Hola, papi bello!", suelta de entrada, ataviada con un ajustadísimo top y un no menos apretado blue jean, dando un cariñoso abrazo y dirigiéndose rápidamente al café del Ateneo de Caracas donde se llevó a cabo esta entrevista. Los transeúntes desaceleran el paso y los conductores bendicen la cola para fijar su mirada en tan despampanante anatomía, forjada gracias a sus años como campeona de atletismo del liceo Urbaneja Achelpohl. De repente, un motorizado la aborda y le pide que, por favor, se tome una foto con él. "¿Puedo?", pregunta tímido. "Claro, papi, ¿por qué no?", responde ella sonriente, mientras el joven se dispone a abrazarla. Concluida la gráfica surge un cotidiano déja vú: obreros en la vía sueltan los implementos de trabajo y se quitan los cascos para detenerse en los abdominales y las curvas de la muchacha. Una vez en los alrededores de Bellas Artes, y antes de dar inicio a esta conversación, un viejo conocido del entrevistador, que rara vez saluda, se convierte, súbitamente, en su nuevo amigo entrañable: "¡Mi hermanazo!, ¿cómo estás?", dice amable antes de evidenciar el verdadero motivo de su acercamiento: "¡Hola, Beba!, un placer, mi nombre es…". La escena se repite una vez más y ella comenta impresionada: "Papi, pero tú si eres popular". Eso sin contar que hasta un perro callejero se sentó, espontáneamente, a su lado en medio del encuentro: "¿Qué fue, papi?, ¿Tú también quieres escuchar?", le dijo, tiernamente, al canino. Después de tales escenas, y ya entrando en materia, esta comunicadora social, egresada de la Universidad Central de Venezuela, se dispone a explicar, a sus 32 años, que está en una nueva etapa artística por la cual quiere ser más valorada como actriz que como diosa criolla. ¿Usted cómo la ve?

LA GRAN REYMARVI
Reymarvi Rojas…
"¿Puedes creer que me llame así? Yo le digo a mi mamá: 'Ay, mami, tú en vez de falconiana pareces maracucha'. Porque los zulianos son los que inventan esos nombres tan raros. Ella pasó los nueve meses que estuve en su vientre mezclando todo el árbol genealógico. Re, por mi madrina Reyna, Ma, por mi abuela María, que en paz descanse, y Vi por Vicenta, mi tía, que vive en la península de Paraguaná. (Refiriéndose a ésta última): '¡Vieja, te amo!'. Pon eso, por favor".

Pero… ¿no te gusta tu nombre?
"Me encanta, porque me siento única. Claro, no más que mi hermana que se llama Rogley, una mezcla de los nombres de mis padres: Roger y Leyda. Gracias, la gerencia".

¿De dónde viene el apodo "La Beba"?
"Así me decían en mi casa desde pequeñita. Y eso que no soy la menor, sino la segunda de tres hermanos, la sándwich. Ahora bien, lo de 'La Beba Rojas' es un invento de Miguel Ángel Landa. Cuando yo estaba comenzando en Bienvenidos, el pobre sufría mucho tratando de llamarme, se le enredaba la lengua. Hasta que un día me dijo: 'Mi amor, ¿tú no tendrás un sobrenombre?'".

En Bienvenidos comenzó tu carrera como bomba sexy
"Nunca me he sentido una 'bomba', aunque siempre me lo hayan dicho".
Vamos, Beba… "¡De verdad, papi bello! Además, ahora soy una señora casada y con rollos en la cabeza (risas). Hablando en serio quiero romper, sanamente, con la imagen con la que me di a conocer".

¿Y eso por qué?
"Para que me valoren más por lo que puedo dar como actriz que por mi físico".

Pero el físico es la mayor referencia tuya que tiene el público…
"Y no la niego para nada. La agradezco. Bienvenidos fue la oportunidad que me permitió internacionalizarme y tener todo lo que hoy tengo, gracias a que mostraba esta figura que Dios me dio. Pero ya voy para 14 años en la televisión y no creo que pueda mantenerme sólo por verme bien. Si no demuestras tu talento y tu mística te desvaneces. Y creo que ya llegó el momento de dejar de interpretar a la femme fatale".

Y por eso ahora eres La gran Raquel…
"Tenía muchos años esperando un papel como éste. Y coincidió con el hecho de haber tomado la decisión de permitirme hacer otras cosas. En octubre del año pasado dejé Cásate y verás, en buenos términos y queriendo muchísimo a mi equipo de producción. Al principio hacía el papel de mujer casada, víctima de las modelos del show. Pero el programa dio un vuelco por el que me querían volver a poner otra vez en el rol de la mujer voluptuosa. Y dije que no".

¿Y cómo ha sido abordar el tema de la violencia doméstica?
"Fíjate que cuando me enteré de que iba hacer la obra, se lo conté a una gran amiga en Puerto Rico. No aguantó y me confesó que su marido la maltrataba. Llorando me dijo que eso no se lo había contado nunca ni a su mamá. Y que las veces que iba a la policía a denunciar al marido, los agentes le decían: 'Pero, ¿de qué te quejas si ese hombre te está manteniendo? ¿Qué es un golpecito más, un golpecito menos?', que es, lamentablemente, a veces, la misma respuesta que le da la policía a las mujeres aquí, según me he enterado".

¿Alguna vez has padecido este problema en carne propia?
"Fíjate que sí. Con los tres novios que tuve antes de mi esposo (el director de televisión Fabio Velásquez) me tocó vivir un tipo de violencia verbal. El primero no toleró mi entrada a la televisión, se transformó en un energúmeno que tiraba puertas. El segundo quiso ser mi pareja para tener la oportunidad de figurar en la farándula, pero no toleraba que yo fuera abordada por el público, le daban ataques. Y un día me preguntó: '¿La televisión o yo?'. La respuesta es obvia. Y el tercero me puso los cuernos. ¿Qué más violencia que esa?".

¿Cómo te diste cuenta?
"Comenzó como la mayoría de los hombres, a buscar discusiones en donde no las había. Y yo: 'Cónchale, ¿qué te pasa, mi amor?', la más tonta. Hasta que un día su mamá enfermó y cuando la fui a visitar a la clínica me encontré a la ex novia del susodicho. Todos los presentes me miraron incómodos. Y no hubo más nada que decir. La señora, que estaba en plena recuperación, empeoró cuando me vio allí. ¡Esas son las mamás machistas!, que alcahuetean ese tipo de cosas".

¿Apuestas por el feminismo entonces?
"No. No se trata de ser feministas ni machistas sino de poner cada cosa en su lugar. Cuando digo madres machistas me refiero a las que les dicen a los bebés: 'A ver ese pipicito mi amor… ¡Esa es la cosa más bella de la mamá!'. Y si ven a la niña desnuda le dicen: '¡Muchacha!, ¿qué hace usted enseñando eso? ¡Vaya a taparse, caramba!'".

En todo caso, ¿cómo es tu relación con tu actual esposo?
"¡Esa es la cosa más bella de mamá! Han sido ocho años maravillosos a su lado. Donde llega lo ven porque es alto y ancho. Cuando está conmigo creen que es mi bodyguard (risas). Además, tiene una vocezota, así que te imaginarás cómo intimida. Yo soy 50 por ciento y él es el otro 50 por ciento y juntos somos un 100 perfecto. Cuando él no ha terminado de decir una frase yo la completo, somos almas gemelas, cómplices… Y sé que puedo parecer cursi diciendo todo esto, pero es la verdad".

¿Qué otra cosa crees que puedes parecer?
"Imagino que mucha gente piensa que soy superficial".

¿Y qué les dices?
"Bueno, en todo caso, estoy tranquila con saber que no lo soy. La vida te pone momentos en los que te das cuenta de tu esencia espiritual".

¿Cómo cuales, en tu caso?
"Como cuando sufrí de un secuestro express y salí ilesa. O como cuando mi papá estuvo a punto de morir. Han sido momentos en los que he tenido que acrecentar mi fe en Dios y él me ha respondido. Ahora le digo todos los días a mi papá que lo amo, cosa que para él es todavía medio rara (risas). Mis padres llevaron muchos trancazos para darnos a nosotros alimento y educación".

¿Eres muy apegada a ellos?
"Viví en su casa hasta mis 30 años, siendo ya una mujer económicamente independiente y teniendo años con una pareja estable. No querían que dejara el hogar sin casarme primero por la iglesia y así lo hice. Me he podido oponer, pero me pareció bonito que quisiesen mantener esa tradición. Quizás es la herencia más bonita que pueden dejarme".

¿Eres católica?
"Sí, aunque con críticas constructivas a la iglesia".

Como por ejemplo…
"No estoy de acuerdo en que uno no pueda entrar a un templo con una gorra. O que una mujer no pueda casarse con un hombre divorciado. O esos curas que hablan de un Dios castigador. Ese no es mi Dios".

¿Cuál es tu Dios?
"Ese es mi otro papá, chico".


Ffoto: Jorge Navieras

"DE CADA DOS MUJERES ASESINADAS EN EL MUNDO, UNA MUERE A MANOS DE SU PAREJA. ESO NO SE ME HA BORRADO DE LA MENTE"

 

CRÓNICA DE UNA VIOLENCIA ANUNCIADA
A la hora pautada comienza el ensayo de La gran Raquel, en la pequeña sala de ensayos del Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas. En el espacio se encuentran Hernán Marcano, director y autor de la pieza, Kenys Mollegas, productora general del montaje y Joaquín Nandéz -a quien La Beba llama su "confidente"- a cargo del concepto y diseño de vestuario de la obra. Bajo los acordes de la banda cubana Syrius, la protagonista hace su entrada a un bar, con un look inspirado en la moda de los años cincuenta, maleta en mano y con un moretón en el rostro. Después de su larga procesión por el lugar, puede vérsele perturbada. La música es interrumpida por el sonido de sus pensamientos, que la trasladan a una reciente escena casera: vidrios que estallan, artefactos que se destruyen y sus gritos desesperados: "¡No, por favor! ¡Auxilio! ¡Auxilio! Pero, ¿cómo te atreves a ponerme una mano encima?, ¿acaso no somos esposos?". Concluida la catarsis Raquel termina empleada de mesonera en el lugar, con la esperanza de cumplir el sueño de convertirse, algún día, en una vedette musical. Una hora y 20 minutos le sirven al personaje para compartir con el público la historia de la tragedia familiar que la agobia, con coreografías incluidas en medio de algunas estrofas de la española Bebe, otras de La Lupe y baladas que Rojas se aventura a interpretar en vivo. El desenlace de la historia encierra un dilema signado por el miedo: regresar a casa o no. "El texto está basado en experiencias femeninas de mi familia; de hecho, R
aquel está inspirada en mi hermana mayor, que es una sobreviviente de este drama", comenta Marcano, quien adelanta que la escenografía la conforma un cuadro en gran formato de La maja desnuda, de Francisco de Goya, intervenida por el artista Jesús Barrios (artífice de muchas vitrinas temáticas de La Librería del Ateneo de Caracas). El estreno del montaje coincide con la fuerte campaña de Amnistía Internacional: No más violencia contra las mujeres, de la cual La Beba pudo empaparse, según cuenta en las líneas que siguen.

¿Qué es lo que más te ha impactado sobre la violencia doméstica?
"Por un encuentro que tuvimos con la gente de Amnistía me enteré de que, de cada dos mujeres asesinadas en el mundo, una muere a manos de su pareja. Eso no se me ha borrado de la mente".

¿Cómo crees que sea la situación de Venezuela al respecto?
"Mira, no en vano se abrieron, recientemente, 49 fiscalías para atender casos de violencia doméstica a escala nacional. Creo que aquí el asunto siempre se había callado".

¿A qué crees que se deba?
"Muchas alegan aguantar agresiones porque son mantenidas por sus maridos. Otras dicen que no se separan de ellos para que sus hijos crezcan dentro de una familia bien constituida, ¿puedes creerlo? Si algunas de ellas están leyendo esta entrevista me gustaría que supieran que un hogar así trae como consecuencia niñas que se están jugando todos los numeritos para ser mujeres maltratadas y niños que, seguramente, se convertirán en agresores. Son los patrones que están aprendiendo".

¿Cuál crees que sea el aporte de La gran Raquel?
"Estaré contenta si, por lo menos, una de las mujeres que vea la obra reaccione y diga: 'Yo voy a hablar'".

pblanco@eluniversal.com

Bomba de tiempo

¿Tú imitabas a Iris Chacón?
"(Risas) Eso me lo cuenta mi hermana. Me dice: 'Tú cuando usabas pañales fuiste floja para aprender a caminar, pero no para memorizar aquello de 'Si tu boquita fuera…".

¿Crees que alguna vez hayas rayado en la vulgaridad?
"Nunca. Jamás me han visto contonearme en pantalla de manera grotesca, como sí veo que lo hacen ahora con toda naturalidad".

¿Cuál es el mayor mito en torno a los artistas de televisión?
"Que vivimos en una cúpula de cristal. Yo, por ejemplo, trabajo por proyectos: si no hay proyecto no hay trabajo y, por ende, no hay entrada económica".

¿Tienes proyectos afuera?
"Acabo de terminar, en República Dominicana, la película de ciencia ficción Al fin y al cabo, de Alfonso Rodríguez".

¿Cuáles han sido tus mejores personajes en Venezuela?
"La Graciela de Guerra de Mujeres, que se la debo a Mónica Montañés y César Miguel Rondón, La Panchita de Cosita Rica, de Leonardo Padrón, La Mara Caparigua de El Caracazo, de Román Chalbaud, mi papá del cine, y la Rita de la obra Venezia, en la que me dirige Anibal Grunn, mi papá del teatro".

¿Te han hecho propuestas indecentes por un papel?
"Sí. En dos oportunidades. Por supuesto, dije que no. Si hubiera aceptado estaría protagonizando".

Pero protagonizaste El Caracazo…
"¿Estás insinuando que Román y yo..? ¿Te imaginas? ¡Ay, no, chico!".

¿Qué actriz admiras?
"Si me pides un nombre, tengo que mencionar a Elba Escobar, no sólo por ser un monstruo de actriz sino por su calidad humana, por su permanente búsqueda espiritual".

¿De qué te arrepientes?
"De nada. Todos los pasos que he dado, a lo largo de mi vida, me han servido para levantarme todos los días y decir: ¡Guao! Cuánto he aprendido".

 

 

 

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