SU PAPÁ LA AMÓ HASTA LA MUERTE
Su adorada hija dejó de ser una buena niña y se convirtió en una fría embaucadora
La enfermera Gwendoline Humphrey realizaba en silencio sus deberes en la Sala CH3 del Queens Park Hospital, en Blackburn, Inglaterra. Gwen adoraba su trabajo, aunque era solitario a altas horas de la madrugada, cuando los niños estaban dormidos y cierta tranquilidad descendía sobre esa sección del hospital.
Una regla de oro que toda muchacha trabajadora debe tener siempre presente es que nunca, absolutamente nunca, debe tener una aventura amorosa con un jefe casado. Tales relaciones ilícitas suelen dar giros inesperados, los cuales, a menudo, terminan en tragedia.
Carolee Koster fue criada en Valley Cottage, un suburbio de Nueva York. Sus padres, Mary y Charlie Koster, tenían otros dos hijos, un varón y una hembra, pero sin duda Carolee era la niña de sus ojos. No es de extrañarse.
Carolee se graduó en la escuela secundaria con honores. Mientras que otras chicas se metían en problemas, ella terminó la universidad e hizo carrera como profesora. Enseñaba ciencias e inglés.
Cuando Charlie Koster, un oficial de policía retirado de Nueva York, se enteró de que había un cargo vacante en el Chase Manhattan Bank, se lo comentó a su hija. En 1973, Carolee llenó una solicitud de empleo y el banco la aceptó.
Asistía a clases de noche, trabajaba diligentemente y cada tanto era ascendida. En 1976 estaba ganando 18.000 dólares anuales como analista de adiestramiento. Un año después, su salario aumentó a 19.800 dólares. Su progreso era lento, pero seguro. Carolee siguió superándose. En 1978 fue transferida al departamento de personal del banco y ascendida a segunda vicepresidenta. Los padres de Carolee estaban orgullosos de su juiciosa hija de 29 años. En poco más de cinco años, su niña estaba dejando huella.
Allan Ross, de 40 años, se había forjado una exitosa carrera como gerente de personal de grandes compañías. Una firma de reclutamiento de talento gerencial lo impulsó a dejar la American Broadcasting Corp. y se convirtió en vicepresidente del Chase Manhattan. También se convirtió en el jefe de Carolee Koster.
Ross quedó impresionado con la ética laboral de Carolee. Cuando comenzó a reorganizar el departamento de personal del banco, mentalmente la escogió a ella como una empleada clave. Se aseguró de que su salario fuera aumentado a 25.000 dólares al año. Una noche en febrero de 1979, Allan y Carolee trabajaban hasta tarde en la oficina. Allan sugirió una cena en el Waldorf. Según Allan, después de la comida Carolee propuso que terminaran el trabajo en su apartamento. No fue una invitación inocente. Siguiendo con la versión de Allan, hubo una insinuación sexual. Fue por ello que compró un paquete de condones y una botella de escocés camino al apartamento de Carolee.
Esa noche, el hombre casado y la chica soltera tuvieron relaciones sexuales. A partir de entonces, los amantes se veían unas tres veces por semana; en hoteles, moteles… cualquier lugar que estuviera disponible.
La señora Ross aceptaba el hecho de que su esposo debía quedarse en Nueva York hasta tarde muchas noches debido a su cargo en el banco. A veces no regresaba a su casa en los suburbios y pasaba la noche en la ciudad.
A medida que las semanas se convertían en meses, los amantes se sentían cada vez más cercanos. Allan habló de divorciarse de su esposa. Carolee, por su parte, se volvió exigente e insistía en que se divorciara de su esposa y dejara a su hijo de 10 años para siempre.
Cuando Allan comenzó a dar rodeos, Carolee insinuó que ella quizás podía contarle a su jefe en el banco sobre su romance. Allan discutió el divorcio con su abogado. Éste le dijo que debería dejar de ver a Carolee por un prolongado período de tiempo si quería tener esperanzas de recibir la custodia de su hijo.
Le contó a Carolee el consejo de su abogado. Ella se sintió desdichada, pero la pareja se las ingenió para permanecer alejados durante ocho semanas.
Durante ese tiempo, Allan discutió la carrera de Carolee con su superior y logró que le aumentaran el sueldo a 26.900 dólares Aquel fue un verano lleno de mucha actividad. La esposa de Allan viajó a Europa y su hijo estaba en un campamento.
Carolee pasó dos gloriosas semanas con Allan en la casa de los Ross en Greenwich. Después de eso, por motivos sólo conocidos por los amantes, su romance se vino abajo. Allan aún abogaba por Carolee en el banco, pero sus actividades en el dormitorio terminaron abruptamente. Allan logró que aumentaran el sueldo de Carolee a 30.000 dólares, pero intentaba alejarse de su ex amante. En marzo de 1980, conjuntamente con su superior en el banco, reorganizó el departamento, de forma que ella debiera presentar cuentas a otro vicepresidente. Cuando le comunicó a Carolee los cambios, ella enfureció. Se quejó con el superior de Allan, pero no recibió apoyo. Carolee amenazó con dejar el banco. No vacilaron. Le ofrecieron el salario y los beneficios de tres meses, lo cual la mantendría en teoría empleada hasta el 31 de octubre de 1980. Además, le darían siete semanas de salario como liquidación.
Carolee dejó el banco. Pocos días después, el banco recibió la carta de un abogado, la cual exponía que Carolee había sido acosada sexualmente. Exigía un paquete de liquidación mucho más cuantioso. Al mismo tiempo, la ex empleada presentó una denuncia por discriminación salarial ante la Comisión de Derechos Humanos de Nueva York y la Comisión para la Igualdad de Oportunidades de Empleo.
Las denuncias significaron el fin de la carrera de Allan en el Chase Manhattan. Cuatro meses después encontró empleo en otra compañía.
| Todas las acusaciones de Carolee fueron rechazadas. La familia Koster quedó DEVASTADA, especialmente Charlie |
El 12 de agosto de 1981, Carolee presentó una demanda de 2,5 millones de dólares contra Allan Ross y el Chase Manhattan Bank. La demanda fue una lectura divertida para los neoyorquinos, pero afectó a la familia Koster de una manera diferente. Charlie Koster se mudó a un lugar lejos de allí. La vida sexual de su hija era la comidilla de millones de personas. Era algo difícil de asimilar.
Carolee contrató y despidió a innumerables abogados. Su caso de prolongó por años. Le resultaba difícil conseguir empleo. En las muchas audiencias y declaraciones, Carolee mantuvo que Allan le exigía relaciones sexuales bajo amenaza de que la despedirían del Chase Manhattan. Negó que ella y Allan hubieran pensado en casarse.
El caso continuó en tribunales hasta 1987. Finalmente, el juez Richard Daronco, de 56 años, presidiría el caso de Carolee Koster contra el Chase Manhattan Bank y Allan Ross. El magistrado reunió a las dos partes en un intento por conseguir un acuerdo fuera de la corte. El banco le ofreció 300.000 dólares a Carolee para que abandonara la demanda. Ella rechazó la oferta.
A finales de año, el juez Daronco intentó por segunda vez negociar un acuerdo. Una vez más fracasó. El 23 de marzo de 1988 comenzó el juicio por el sensacional caso. Mary y Charlie Koster estaban al lado de su hija. El caso de Carolee contra Allan se basaba en la exigencia de favores sexuales por parte del ejecutivo a cambio de ascensos y aumentos salariales. En su propia defensa, Allan declaró que su romance con Carolee fue algo mutuo que de ninguna manera le fue impuesto. El banco aseveró que desconocía el amorío.
Al final, el juez Daronco falló: "No hay un ápice de evidencia confiable que indique que el romance haya sido coaccionado o indeseado por alguna de las partes". El magistrado prosiguió: "La demandante es responsable por su despido del Chase, en el sentido de que rehusó aceptar la evaluación negativa de la gerencia y rechazó el único cargo disponible en ese momento y para el cual estaba calificada".
Todas las acusaciones de Carolee fueron rechazadas. La familia Koster quedó devastada, especialmente Charlie. Esa noche no pudo dormir. Su hija había quedado como la victimaria sexual. La decisión del juez sencillamente no era
A la mañana siguiente, Charlie condujo hasta un cementerio y estacionó el auto. Se dirigió hasta la casa del juez Daronco en Pelham Heights. Charlie tenía su viejo revólver Colt calibre 38 de la policía. El juez Daronco estaba podando un árbol de arce en el jardín. Vio a Charlie cuando éste se acercaba. Charlie levantó el arma e hizo cuatro disparos. El primer tiro penetró en el pecho del magistrado y lo hizo girar. El segundo, el tercero y el cuarto le dieron en la espalda y muslos. Pese a sus heridas, Daronco pudo correr hasta la cocina de su casa. Mientras corría, gritó: "¡Ayuda, ayuda!". Charlie Koster lo persiguió. Gritó: "Voy a atraparlo". Joan Daronco, la esposa del juez, corrió hacia donde sus vecinos a implorarles que llamaran una ambulancia. El juez yacía muerto en el piso de su estudio.
Luego, Charlie Koster apuntó la Colt 38 a una de sus sienes y haló el gatillo. Murió instantáneamente.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net |