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Ante lo inevitable
l Prepare al niño para el cambio de escuela, informándole del por qué se realiza y la necesidad de la cooperación familiar.
l Permítale expresar sus sentimientos sean positivos o negativos.
l Analice las pérdidas y cambios que se experimentarán y déle el tiempo necesario para que se ajuste a la idea del cambio. Busque los aspectos positivos de ir a otra institución.
l Consolide una alianza fuerte con el niño que le aporte estabilidad y seguridad.
l Familiarice al niño o la niña con la escuela, las maestras y algunos compañeros. Esto puede conseguirse de múltiples formas: vaya con el niño cuando lo inscriba en el colegio; organice una fiesta, con otros niños y padres, previa al ingreso.
l Lleve a cabo un plan de incorporación progresiva al colegio respecto al tiempo. Puede dejarlos medio tiempo en lugar del horario completo.
l Permita que lo acompañe algún familiar durante los primeros días o que pueda llamar a los padres por teléfono desde el colegio.
l El proceso de adaptación se hará más fácil si un hermano, familiar o amigo estudia en el colegio.
l Ayúdelo a enfrentar situaciones conflictivas con algún compañero.
l Evite descalificaciones o comparaciones con otros niños, que lo hagan sentir incapaz de enfrentar la nueva situación.
l Favorezca el contacto con los amigos fuera del colegio, especialmente en vacaciones y en días significativos como el de su cumpleaños.
l Observe si su hijo presenta algún síntoma como la falta de sueño o de apetito, tristeza, intranquilidad, agresividad, o si se siente enfermo los lunes por la mañana. Cualquiera de ellos nos puede indicar que está pasando por un período difícil y que requiere ayuda.
l Manténgase en contacto con los docentes mediante conversaciones informales o a través de un cuaderno de notas.

Consejos de Theyra Jimenez de Van Der Biest

Mudarse a otro colegio
Raúl Chacón Soto

Este año la vuelta a clases significa, para muchos, el estreno de nueva escuela. Razones hay de sobra para la mudanza (quizás no las usuales), pero lo importante es ayudar a los hijos a superar la transición.

Razones nunca han faltado para el cambio: una mudanza a una nueva zona de la ciudad o quizás a otra parte del país, la desmejora de las condiciones económicas de la familia, la insatisfacción con el nivel de la enseñanza del instituto, la obtención de un nuevo empleo (también la pérdida del que se tiene) o, simplemente, la separación de la pareja que termina por afectar a los hijos de esta y de otras maneras. Así se lee en cualquier texto sobre el tema. En Venezuela, el fenómeno ha sido significativo sobre todo este año, y, evidentemente, por razones muy específicas que difieren de las usuales; y es que tanta desbandada de familias que buscan asentarse en el exterior por no ver futuro en el país o por el temor que les producen la inseguridad y la inestabilidad política, así como tantos padres que, a un mismo tiempo, se ven asfixiados por la situación económica, no son argumentos que aparezcan fácilmente impresos en algún manual teórico sobre el tema.
Si algo caracteriza esta vuelta a clases que se avecina es el gran número de estudiantes que tendrá que hacer frente a una nueva realidad en un colegio diferente al suyo (probablemente alguno que cueste menos dinero) con todo lo que ello implica: adaptarse a un nuevo régimen de estudios, tratar de ganarse nuevos amigos, conocer nuevos maestros, y, lo que quizás sea más duro, superar la sensación de haber abandonado un lugar y unas personas que no hubieran dejado atrás de otra manera. La situación también ha sido difícil para quienes se quedan en el colegio, pues nunca como ahora, los niños y adolescentes han visto desintegrarse sus grupos de amistades por las obligadas ausencias de compañeros. La despedida del recién finalizado año escolar estuvo marcada por la alegría del comienzo de vacaciones, pero también por la tristeza que producía saber que serán otras las caras que se encontrarán cuando se reinicien las clases.
Expertos aseguran que cuando los cambios de colegio obedecen a factores ajenos a los meramente educacionales, tienen un impacto negativo en el rendimiento del alumno (particularmente en el primer año y entre quienes ya arrastraban problemas o han cambiado de escuela más de una vez en períodos cortos), que se manifiesta en notas más bajas, menores habilidades de lectura que el promedio, problemas de nutrición y salud, y hasta en repeticiones de niveles. Hay quienes hacen la salvedad de que otros elementos podrían explicar el bajo rendimiento de esos alumnos, algunos relacionados con problemas presentes en la familia antes de la mudanza, pero ese no es el caso en estos momentos. Si el cambio es inevitable, lo mejor es enfrentarlo con las herramientas necesarias que faciliten la transición, pues no se debe olvidar que al final se trata de una situación frustrante a la que, incluso, se le puede calificar como dolorosa.

¿Y qué puede hacerse?
El impacto del cambio de escuela puede mitigarse si padres y colegios toman ciertas medidas. María Esperanza Díaz, licenciada en Educación y directora del Centro de Enriquecimiento Infantil (CEI), explica que, para los muchachos, se trata de un duelo y como tal, hay que vivirlo. "Para ellos es una pérdida, y mucho más para los que ya han hecho grupos de amigos". Por ello lo primero que recomienda a los padres es que les expliquen a los hijos todo lo que ocurre. "Hay que partir de la realidad, explicarles que la decisión obedece a la situación del país o a las dificultades económicas. Hay que hacerlo porque si no los niños se pueden sentir culpables, como muchas veces sucede en los casos de divorcio". Lo segundo es permitirles que expresen su opinión. "Los muchachos deben hablar acerca de lo que sienten. Que suelten su rabia y su malestar". De igual importancia es que sepan que se entiende su sentimiento. "Hay que decirles que sabemos que es difícil, pero que es la realidad que nos tocó vivir y es una medida que se debe tomar. Va a haber el duelo, que ellos deberían expresar. Si no lo hacen, los adultos deben verbalizarlo y conducir la situación".
Theyra Jiménez Van Der Biest, profesora de psicología en la UCV en el área de Terapia Familiar Sistémica, concuerda con Díaz en el sentido de que el cambio de colegio es una etapa de transición que puede originar una crisis vital que los padres pueden ayudar a enfrentar. "El bienestar familiar se constituye en un proceso constructivo que se persigue día a día y que requiere ajustes ante las situaciones cambiantes a las que se enfrenta la familia. El bienestar no tiene que ver con la presencia o ausencia de conflictos sino más bien con la capacidad para enfrentarse a ellos y solucionarlos. Aquí predomina el valor de la seguridad como básico para enfrentarlos". Por ello recomienda tomar en cuenta, a la hora del cambio, y cuando se trata de los más pequeñines, estos cuatro puntos vitales: "Los niños más pequeños pueden tener dificultades para interactuar con los compañeros, especialmente si su número es excesivo; hay que estar atento a las actividades que propone la escuela que puedan crearle dificultades e inseguridades por ser novedosas o tal vez aburridas; la separación de los padres para ir a una nueva escuela puede ser difícil si el niño tiene la sensación de que ellos lo abandonan o no están disponibles en caso de necesitarlos; la falta de concepto del tiempo no les permite a los más pequeños esperar con tranquilidad a que los vengan a buscar, por lo que se les debe explicar y pedir ayuda al docente para que el niño no se angustie".
Díaz asegura que se gana mucho al llevar a los más pequeños a la escuela escogida para que conozcan la nueva realidad: "Esta es una recomendación que siempre doy a los padres de los niños que salen del preescolar y van a su nuevo colegio. Hay que llevarlos antes de que empiecen las clases y llegue el gentío, para que conozcan a la maestra, para que se familiaricen con el espacio físico y sepan dónde está el baño, dónde la cantina. Hay que averiguar las normas que rigen el plantel para que sepan, por ejemplo, cuando es el momento de salir al baño. Mientras tengan más información será más fácil. El saber qué encontrarán adentro les ayudará a disminuir la sensación de inseguridad que siempre ocasiona estos cambios".
Si se trata de niños grandes o adolescentes, Díaz aconseja incorporarlos en el proceso de selección del nuevo colegio. "Permitirles su opinión es importante". Aunque reconoce que quizás la preocupación principal, para ellos, sea la de cómo integrarse a nuevos grupos, lo que no resulta tarea fácil para la mayoría. "En algunos casos los padres pueden tratar de integrarse a las actividades educativas para ir conociendo nuevas familias y ver cuáles son más afines ya que el contacto entre los padres facilitaría la integración entre los hijos, pero esto no siempre es factible". Por su parte, Jiménez reitera que en estos casos puede presentarse una situación traumática: "A esta edad se han establecido relaciones de amistad muy estrechas con sus iguales, que son afectivamente importantes. La separación puede afectar el desenvolvimiento académico y social. Es fundamental que los adolescentes se sientan en una familia segura y acogedora para arriesgarse en los nuevos compromisos y vínculos".
No se debe olvidar que los cambios es mejor hacerlos al final del año escolar y que lo mejor es registrar a los hijos personalmente en el nuevo colegio. Por sobre todo ello, no olvide hablar y comunicarse con su hijo para que entienda la necesidad de la decisión tomada. Que él sepa que usted está consciente de lo que le está pasando. Lo vital es que se sientan queridos, atendidos y cuidados. O como dice Jiménez: "Lo más importante es proporcionar muestras de afecto incondicional. Es querer a los hijos por lo que son y no por lo que hacen, lo que les proporcionará la seguridad que necesitan para enfrentar los retos y dificultades en su vida". l

Una que se va
Daniela Flores
9 años. Cuarto grado

"Para nada", contesta cuando se le pregunta si le gusta la idea de la mudanza. "Porque yo tengo todos mis amigos en el colegio y llevo seis años completos allí... me siento muy triste porque me gusta mucho donde estudio... me gustaría estar más tiempo allí... el colegio es como parte de mi familia". Daniela está consciente de las razones por las cuales sus padres piensan en el cambio: "Por la situación económica. En el otro colegio es más barato, y si me van a cambiar ya tengo el cupo". Lo que más le duele es que dejará a sus amigos, y aunque al principio, según cuenta su madre, negara la posibilidad e, incluso, criticara todo lo que se relacionara al nuevo colegio, con el tiempo parece resignarse: "Quiero ver qué pasa. Si no me cambio estaré contenta, si me cambio tengo que aceptarlo". La mamá agrega que a ella no le gusta que le toquen el tema: "Cada vez que lo hacemos se le ponen los ojos aguados; una vez dijo: 'Yo no sé cómo van a hacer, pero yo no me voy'"... y otra, espontáneamente, aseguró que usaría unos ahorros que le tienen guardados para pagar las mensualidades.
Si necesita ayuda profesional
Theyra Jiménez Van Der Biest
Consultorio: 977.1198. Cel: 0416-704.0662

María Esperanza Díaz
Directora del Centro de Enriquecimiento Infantil: 515.6601 / 991.6750 / 0416-633.1867

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