- José Manuel Rey y su mejor anotación
-

De padre a hijo

- Con el nudo en la garganta
- Maratón de moda
- Diez regalos para él...
- Ron pa'l que quiera
- Monsieur Lurton
- Los aromas
de Christian Meier
- Los nuevos hits de Ricky Martin
-

Californication
Vuelve el peor papá de la tv

TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

Divinos 60

- El futuro es de ellas
- Los cinco imprescindibles de...
LA CARACAS DE...
- Román Chalbaud
MODA
-

3 mandamientos con carácter y estilo para el verano

GASTRONOMÍA
- Embutidos
a la boca
- Barra libre
TECNOLOGÍA
- El BB "Tormenta" está en el país
VIVIR MEJOR
BELLEZA
- También
se ciudan
BELLEZA
- Hechizo masculino
SALUD
- En forma
a cielo abierto
SALUD
- La mejor dieta
del mundo
PSICOLOGÍA
- El arte del aquí
y del ahora
TENDENCIAS
-

Llega el "citysexual"
¿te identificas?

COCINA
- Salsas para
la parrilla de papá
MASCOTAS
-

En peligro
de extinción

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HORÓSCOPO
CRUCIGRAMA
crucigrama.shtml
ARCHIVO
CONTACTENOS

CRÍMENES MAX HAINES

EL ESTRANGULADOR DEL ALBERGUE JUVENIL

Aunque era un impostor, este asesino, violador y ladrón estaba ciertamente perturbado

A los cuerpos policiales de varios estados no les tomó mucho tiempo darse cuenta de que tenían entre sus manos a un diabólico ratero, violador y asesino.

En noviembre de 1940, una pareja del Bronx le dio un aventón a un individuo en el puente Pulaski en Nueva Jersey. El joven, quien se presentó como John Mitchell, era encantador. Le dijo a la pareja que había pasado algún tiempo en el albergue juvenil Boys Town, en Nebraska, y estaba pidiendo la cola para ir a Maine a visitar a su hermana.

Por las películas y artículos de revista, el albergue para muchachos con problemas, fundado por el padre Edward Flanagan, era bien conocido en Estados Unidos. Cuando Mitchell relató cómo había perdido todo su dinero en un sanitario, le ofrecieron una pequeña cantidad de dinero para ayudarlo a salir del apuro. John se rehusó al principio, pero luego dejó que le dieran el dinero. Insistió en anotar el nombre y la dirección de la joven pareja, de forma que pudiera pagarles por su gentileza.

Cinco días después, John Mitchell se presentó en el apartamento de sus benefactores en el Bronx. La mujer de la casa estaba sola, pero cuando reconoció a John, lo dejó entrar. Le explicó que había logrado conseguir empleo, pero necesitaba algunos dólares para sobrevivir hasta el día de paga. La mujer no tenía dinero en la casa, pero le dijo que su esposo regresaría en unas pocas horas. Le preparó un sándwich a John, quien dijo que tenía dolor de cabeza. Mientras ella ponía un frasco de aspirinas en la mesa de la cocina, John se le acercó por detrás, la agarró por el cuello con una especie de llave de lucha libre y la arrastró al dormitorio.

Las manos de la mujer estaban atadas con una de las corbatas de su esposo y en la boca tenía un pañuelo. Después de violarla, John se llevó todo lo que había de valor en el apartamento.

Tres meses después, el ladrón atacó de nuevo. En esta ocasión se presentó como Joe Mitchell, de Boys Town. Le dijo a una mujer que había conocido a su esposo mientras pedía cola y lo esperaría hasta que regresara a casa del trabajo. Permaneció allí dos horas antes de pedir una aspirina. Usando el mismo método, ató a su víctima, le puso un pañuelo en la boca y robó el apartamento. No violó a la mujer, afortunadamente.

El 4 de febrero de 1941, John Pappas, un adinerado importador, regresó a su apartamento en un tercer piso en Grand Concourse, en el Bronx, y encontró a su esposa muerta en la cama. Había sido estrangulada. John se había casado un año antes en Alejandría, Egipto. Su esposa poseía una belleza exótica, pero era sumamente tímida. Le dijo a la policía que ella nunca abandonaba el apartamento sin compañía. Las provisiones las entregaba una vez a la semana uno de sus amigos. Su esposa no tenía familiares ni amigos en Estados Unidos.

John quedó estupefacto en la escena del crimen, la cual indicaba que su esposa conocía a su asesino. En una mesa, había dos copas parcialmente llenas de vino y dos tasas vacías con restos de café. A un lado había una bandeja de galletas y un vaso de agua. Cerca de allí, sobre otra mesa, había un frasco de aspirinas. Una lámpara se había caído en el piso. Los anillos de la señora Pappas le habían sido arrancados de los dedos, y otras joyas habían desaparecido del apartamento. El asesino había introducido un pañuelo en la boca de su víctima y usado su propia corbata para atarle las manos. Había amarrado una toalla alrededor de su garganta. La mujer no había sido violada.

Las huellas digitales tomadas de la copa no coincidían con ninguna de las personas que normalmente tenían acceso al apartamento de los Pappas ni el FBI tenía registro alguno de las mismas. Los detectives estaban seguros de que el violador y ladrón denunciado se había graduado de asesino. Sencillamente había demasiadas similitudes en los tres casos -los frascos de aspirinas, los pañuelos y las corbatas.

Debido a que una víctima había sido violada y las demás no, surgió la hipótesis de que el motivo de los tres crímenes era el robo. La violación fue una idea pensada a posteriori. La señora Pappas quizás fue asesinada porque no cumplió con las exigencias del intruso.

Un día después del asesinato, los investigadores se enteraron de que un hombre había tratado de entrar en otros tres apartamentos del vecindario, pero había sido rechazado.

Los detectives se comunicaron con el padre Flanagan, de Boys Town, para preguntarle sobre alguien llamado Joe o John Mitchell que había sido residente de este conocido albergue juvenil. El sacerdote respondió que ese hombre era un impostor; y habló de una postal enviada por éste a Boys Town. Sin duda, la tarjeta había sido escrita para impresionar a una posible víctima. Decía: "Querido padre Flannigan, le escribo unas pocas líneas para decirle que estoy bien y espero que usted y el resto de los chicos también estén bien. Por favor, no se preocupe por mí porque me están cuidando las mejores personas que haya conocido. Le escribiré los detalles en una carta que le enviaré luego. Hasta pronto". La tarjeta estaba firmada "Gerry".

La señora Jensen fue encontrada MUERTA en su apartamento. Había sido atada con una corbata

El padre Flanagan, ansioso de lograr que el impostor saliera de circulación, señaló que su nombre había sido escrito mal y que cada vez que aparecía la letra "r", parecía una "v" invertida.

Ocho días después del asesinato de la señora Pappas, el hombre atacó de nuevo con trágicas consecuencias. Un conductor lo recogió mientras pedía cola entre Newark y Trenton. Le dijo al hombre que se llamaba John Mitchell, de Boys Town. Mitchell luego se presentó en la residencia del hombre en Filadelfia cuando su esposa estaba sola en casa. Una vez adentro, violó a la mujer -que estaba embarazada-, robó todo lo que había de valor que pudiera transportar y se marchó. Como resultado del violento hecho, la víctima perdió a su bebé.

El 3 de marzo de 1941, la señora Elizabeth Jensen, de 34, fue encontrada muerta en su apartamento del Bronx. Había sido atada con una corbata y le habían metido un pañuelo en la boca.

Debido a que los dos casos en que se había cometido asesinato estaban ubicados a apenas un kilómetro y medio de distancia, se decidió enviar a los detectives a inspeccionar hoteles y pensiones en Nueva York en busca de todo hombre que usara los nombres con los cuales se había identificado el impostor de Boys Town. Era una tarea colosal, pero rindió fruto de inmediato. El mismo día que los oficiales comenzaron a investigar, descubrieron que un hombre que coincidía con la descripción del asesino a menudo se hospedaba en el Mills Hotel, de la Séptima Avenida. El hotel fue sometido a vigilancia por si acaso el sospechoso se presentaba. Como se esperaba, el sujeto entró al vestíbulo y pidió una habitación, registrándose como G. Kolosky, de Harrisburg, Pensilvania. Cuando los detectives verificaron el registro, observaron la reveladora "v" invertida en la palabra Harrisburg. La policía supo que éste era su hombre.

Kolosky fue llevado a una estación de policía y lo revisaron. Le consiguieron un documento de identidad, el cual revelaba que realmente era George Joseph Cvek. Admitió su identidad, pero negó cualquier conocimiento de algún crimen. Cuando le dijeron que sus huellas coincidían con las encontradas en un vaso de agua en el apartamento de los Pappas, su resistencia se vino a bajo y confesó haber cometido ese asesinato.

Cvek se rehusó a discutir el asesinato de la señora Jensen o cualquier otro de sus crímenes, aunque todos estaban de acuerdo en que él era el culpable. En mayo de 1941, Cvek fue enjuiciado y condenado por el asesinato de la señora Pappas. Al año siguiente fue ejecutado en la silla eléctrica de Sing Sing.



Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso