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ROMÁN CHALBAUD
Laureado cineasta
y prolífico guionista,
si viviera doscientos años todavía tendría temas para seguir haciendo películas sobre la realidad capitalina
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
Por alguna razón, el día en que llegó a Caracas la ciudad tembló. Él, un jovencito de Los Andes, entre inocencia y confusión pasó la noche en la plaza del Nuevo Circo junto a su madre y un montón de desconocidos. Venía de Mérida, un largo viaje de tres días y tres noches hasta la capital, y fíjense qué bienvenida. Así comenzó su relación con Caracas, una que se vivificó gracias al cine y se profundizó en la constante comunicación entre el artista y su ciudad… sin embargo, una relación en la que, dice Román Chalbaud, aún todo está por hacer.
"Es que esta ciudad ofrece tantos temas… no entiendo cómo los jóvenes escritores los ignoran", se lamenta uno de los cineastas más prolíficos del país. "Yo siempre tuve en Caracas la materia prima de mi obra. De ella salía todo, los personajes, las tramas, las anécdotas", señala. Y en efecto, desde Caín Adolescente (su primer largometraje, donde se refleja el Carnaval, la Semana Santa y la Navidad caraqueña) hasta El Caracazo (basada en la revuelta popular de 1989), la capital está presente casi sin falta a lo largo de sus 19 películas, 20 producciones para televisión y 18 obras de teatro.
"Es que su temática es inagotable -dice-, y eso que no ando como Sherlock Holmes con una lupa buscando ideas por la calle: ellas llegan solitas; de dos o tres amigos que conozco se me ocurre un personaje, o alguna noticia de la prensa se convierte, después, en el final perfecto de una obra. Y todo está en Caracas", apunta.
| "De dos o tres amigos que conozco se me ocurre un personaje, o alguna noticia se convierte en el final perfecto de una obra. Y todo está en Caracas" |
Entonces se remonta a los años mismos de su infancia, cuando descubrió en el cine su incomparable diversión, su lugar de descanso, inmejorable espacio para las horas de ocio. "Con decirte que cuando me raspaban un examen, el castigo de mamá era: 'Román no va al cine hoy'". Eso era lo peor que podían hacerme. Pero mi abuelita, que me quería mucho, decía al rato: 'Voy a visitar a Las Silva y me llevo a Romancito', y era mentira, nos íbamos al cine a escondidas a ver películas francesas", cuenta, a sus 77 años, como la gran travesura.
Así conoció todos los cines de la época: Principal, Ávila, Rialto, Ayacucho, Continental, Hollywood, Dorado, América, Coliseo, y uno que quedaba "lejísimo", el Boyacá, ubicado a unas cuadras de Parque Central. Y sin que suene a cliché, dice con seriedad, los cines de antes eran mejor que los de ahora.
En ese tiempo dividía sus días en dos: estudiar (primero en la Experimental Venezuela y, luego, en el Fermín Toro), y ver películas. Aquello fue, sin duda, una suerte de iniciación en lo que sería el destino dichoso de su vida.
Años más tarde, trabajando en la Televisora Nacional, halló su inspiración en el propio entorno del edificio. "El canal quedaba en la avenida Victoria, rodeado de muchos barrios, entre ellos La Charneca. Convivíamos con esas realidades, y en ellas encontré quién sabe cuántas historias", confiesa.
En lo que respecta al presente, vive una Caracas algo intermitente, pues cuando está grabando algún proyecto debe dedicarle el máximo de atención al trabajo, y poco queda para salir o gozar de la gastronomía capitalina que tanto le gusta. No obstante, su urbe siempre está allí, aunque no en la misma dimensión que en otrora.
"Ya no voy mucho al cine, es que pasan muy malas películas", dice, y lamenta de nuevo que los temas caraqueños estén puestos a un lado… "allí está todo lo que hay que contar. Si yo viviera cien o doscientos años más, todavía tendría temas en Caracas para hacer películas, por eso te digo y lo digo veinte veces: aquí todo está por hacer".
johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Omar Viñas
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