| Mente sospechosa
Frances Stewart pensó, erróneamente, que Charlie coqueteaba con las mujeres del pueblo.
Max Haines
Cuando el bueno de Charlie Silver se casó con Frances Stewart no hubo nadie en Carolina del Norte que se opusiera. De hecho, era una buena excusa para que la gente de la montaña se reuniera y llenara sus barrigas.
En 1830, en los montes de Carolina del Norte, el único evento social que sobrepasaba una boda era un funeral.
Frances era bella, delgada, con cabello rubio, complexión pálida y una figura que detenía hasta a un oso gris. Frances podía hacer guisos y cocinar y mantener muy satisfecho al marido en la cama. ¿Qué más podría desear un hombre?
Charlie era un buen partido también. No era haragán para cazar. Sobre todo, Charlie era muy conocido por ser el que animaba las fiestas. Si le dabas a Charlie un vaso lleno él tocaría y cantaría hasta el amanecer.
Cuando construyó un hogar grande y primitivo para su esposa, el muchachón predijo que el suyo era un matrimonio que iba a durar. Un año más tarde, Frances dio a luz a Nancy, una beba saludable. Desde el comienzo, Charlie adoró a su pequeña hija.
El 22 de diciembre de 1831, Charlie pasó el día cortando madera. La cacería tomaría todo un día y Charlie se aseguró de que Frances tuviera en la casa suficiente madera.
Al día siguiente, Frances caminó hasta la granja de los padres de Charlie. Antes de irse mencionó que su marido se había ido a cazar. Esa misma tarde regresó a la granja de sus suegros. Esta vez la angustia se mostró en su cara. Charlie no había regresado. Uno debe recordar que un hombre, incluso armado, se enfrentaba con muchos peligros durante la noche en los bosques en esa época. Siempre intentaban llegar a la casa antes del anochecer. Frances tenía miedo de que Charlie hubiera tenido un accidente o hubiera sido atacado por un animal.
El día de Navidad fue celebrado por toda la gente de las montañas. Por todos, menos por las familias de Charlie y Frances. Tenían poco que festejar: Charlie no había regresado.
El día después de Navidad, los amigos y vecinos se juntaron para buscar a Charlie. No lograron encontrar al hombre desaparecido.
En las regiones más primitivas, algunas personas acudían a un psíquico, al que generalmente consultaban para localizar a los caballos que se escapaban o iban en busca de consejo sobre si la cosecha iba a ser buena.
Un hombre llamado Williams era el psíquico de la gente de la montaña. El padre de Charlie, John Silver, fue en busca de Williams para que lo ayudara. Williams tomó una bola de cristal atada a una vara. La bola estaba suspendida sobre un mapa de la zona montañosa. Fue ubicada directamente sobre la cabaña de Charlie Silver. Si todo salía bien, según Williams, la bola oscilaría hacia el lugar donde Charlie Silver sería hallado.
No ocurrió nada. La bola no se movió. Se mantuvo directamente sobre el hogar de Charlie Silver. Williams estaba avergonzado. Todo lo que podía sugerir era que Charlie podría haber sido asesinado en su propia casa.
Mientras tanto, otro hombre se interesaba por la casa de los Silver. Un viejo trampero, Jake Cullis, visitaba a Frances. Mientras Frances observaba, el astuto viejo quitó algunas cenizas de su chimenea. Luego echó algunas cenizas en agua. “Burbujas de grasa”, dijo Jake Cullis. Frances se puso histérica.
Cullis se marchó de la casa y buscó en el jardín tierra removida. Y, claro, el suelo había sido excavado recientemente cerca del pozo. Cullis excavó y se topó con unos pedazos de huesos y una hebilla, luego descritos como pertenecientes a Charlie. Se buscó un poco más. Varios huesos más y dientes fueron descubiertos.
Pronto el sheriff W.C. Butler estuvo en la escena. Arrestó a Frances y la llevó a la prisión en Morganton, el lugar más cercano.
Luego de varios días, Frances se presentó a juicio por el asesinato de su marido. El hacha con la que Charlie había cortado la madera el día anterior a su desaparición se puso como evidencia. La evidencia circunstancial era alarmante. Frances fue hallada culpable y sentenciada a la horca. Una mujer nunca había sido colgada antes en Carolina del Norte.
Mientras Frances permanecía en la cárcel, uno de sus hermanos, un notorio grabador de madera, la visitó. Una vez en la prisión, estudió la primitiva puerta de su celda. Luego, de memoria, grabó una llave de madera y se la pasó de contrabando a Frances.
Una noche Frances abrió la celda y salió caminando de la cárcel. Un tío la estaba esperando afuera con una camioneta. Rápidamente, el largo cabello rubio de Frances fue cortado. Se le dio ropa de hombre y parecía que su escape había sido un éxito. De todas maneras, antes que el día terminara, Frances estaba de vuelta tras las rejas.
Frances nunca confesó el crimen a las autoridades, pero mientras esperaba en prisión durante el caluroso verano de 1833, le contó a una amiga lo que se cree es verdad. No podía revelarse hasta después de su muerte.
Luego de cortar la madera el 22 de diciembre, Charlie se recostó en el piso frente a la chimenea. La pequeña Nancy estaba jugando sobre su pecho. Poco después Charlie se quedó dormido. Suavemente, Frances retiró a la pequeña del pecho de su padre y la puso en su cama. Luego, la mujer tomó el hacha filosa y la dejó caer con todas sus fuerzas sobre el cuello de su marido. Charlie no murió fácilmente. Frances observó mientras se retorcía en agonía hasta que no pudo soportarlo más. Nuevamente bajó el hacha sobre Charlie hasta que se quedó inmóvil. Toda la noche estuvo ocupada cortando partes del cuerpo de su marido. Cada parte fue puesta cuidadosamente en el fuego hasta que fue consumida. Las cenizas resultantes fueron puestas en el jardín en un hoyo que había excavado. Borró todos los rastros de su marido.
¿Por qué habría hecho algo tan terrible? Fue por culpa de esas mujeres sin vergüenza, siempre alrededor de su hombre, cantando y bailando. Nadie podía decirle a ella que su hombre no jugueteaba con esas mujeres.
Se informó que la amiga de Frances no tuvo el coraje de decirle que Charlie nunca había mirado seriamente a otra mujer durante su corta vida de casado.
El 12 de julio de 1833, Frances fue culpada públicamente, la primera mujer en ser ejecutada en Carolina del Norte. l
Ilustraciones: David Márquez |