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Nos gustaría
que la felicidad y el amor nos acompañaran a vivir toda la
vida... Muchas personas han llegado a pensar que son una utopía;
tal vez marcados por el dolor de una ruptura, y que sólo
existen en la mente de aquellos que los desean.
Estoy segura que
cuando te casaste lo hiciste pensando en que sería para siempre
y tal vez hoy te encuentres como una persona que me escribió
hace poco y que acaba de tomar la decisión de divorciarse
de su esposo después de muchos años de casados. Tienen
un hijo, una casa que consiguieron con el esfuerzo y el trabajo
de ambos y una cantidad de recuerdos y momentos compartidos con
ilusión y sentimiento.
La primera reacción
es pensar que todo es una pesadilla y que realmente no te está
sucediendo. Más tarde viene la negación acompañada
de un gran sentimiento de confusión: Esto no me está
pasando a mí, tiene que haber una equivocación en
alguna parte... aun, cuando tu cabeza fría y sin sentimientos
te muestra los hechos. Lo próximo es el dolor, esa sensación
que pareces no aguantar dentro del pecho, que te quita el sueño,
las ganas de comer, te roba la alegría y hasta las ganas
de vivir. Por último aparece el temor, ese sentimiento que
se alimenta de todos tus pensamientos negativos, de las imágenes
nefastas de todo lo que supones que te ocurrirá a ti y a
tus hijos producto de esta separación. Es así como
el sufrimiento se instala en tu interior avivado por el círculo
que se genera entre tus pensamientos y temores.
Te conviertes entonces
en la resistencia más fuerte a vencer, pues cada vez que
algún ser querido se acerca para compartir contigo palabras
alentadoras y positivas, respondes o piensas: Es que no comprenden
lo que siento, es que no están en mi situación.
Tienes razón
de sentirte adolorido y molesto con la vida, después de todo
esta es una de las pérdidas más grandes que puedes
experimentar, sobre todo si estabas enamorada de verdad, tenías
la fantasía de que era recíproco y que sería
para siempre. Aun así, estoy segura de que llegará
ese instante mágico en que te sientas lo suficientemente
fortalecida como para cerrar ese capítulo de tu vida, trabajar
el perdón, pasar la página y comenzar a vivir de nuevo
con confianza y alegría.
Yo sé que
en este momento observas frente a ti un panorama incierto y que
desconfías del efecto real que tienen mis palabras y las
de todas las personas que tratan de apoyarte para que salgas de
nuevo a la superficie de la vida, es natural, te tomará tiempo
comprobarlo. Estoy segura que lo superarás y que en un tiempo
te preguntarás por qué no te diste cuenta de todas
las señales que estuvieron presente durante la última
etapa de la relación. ¡Gracias a Dios, todo pasa!
Definitivamente es
diferente la situación, cuando eres tú quien toma
la decisión de separarse con serenidad y responsabilidad;
quiero decir habiendo tratado de solucionar los conflictos o las
diferencias entre los dos y sin haberlo logrado. En cambio, si lo
haces porque el comportamiento de tu pareja te obliga a tomar una
decisión como esa, tu dolor será parecido al de la
persona que abandonan en contra de sus sentimientos.
Vamos, ¡tú
puedes levantarte de ahí! Vive tu duelo con intensidad, llora
todo lo que necesites, hazlo hasta que ya no te queden lágrimas.
Comparte tu tristeza con tus amigos verdaderos o con tu familia
si sabes que puedes apoyarte en ellos, porque no te enjuiciarán,
no te presionarán para que rectifiques tu decisión,
sino que comprenderán y respetarán tu proceso dándote
el cariño y la protección que necesites.
Hay personas que
silenciosa y estoicamente soportan el dolor sin darse el permiso
de liberarlo y pedir ayuda para superarlo. Espero que no seas tú
una de esas personas. Mereces otra oportunidad, concédetela
con gentileza.
Para recordar:
- Lo más importante para la estabilidad de tus hijos es tu
recuperación emocional.
- Deja de darle vueltas una y otra vez
en tu cabeza a los recuerdos amargos. No te sientas víctima.
- Es natural que experimentes temor de
continuar tu vida solo.
- Si tu decisión es terminar,
no guardes expectativas de continuar con la relación, porque
así te harás menos daño.
- No involucres a tus hijos en el proceso.
No los obligues a tomar partido. Ambos seguirán siendo sus
padres.
- Cada vez que te asalten los miedos,
repítete a ti mismo: "Yo puedo superar esta situación
por difícil que sea", "Yo puedo continuar adelante
con mi vida", "Vamos a estar muy bien". La repetición
de frases afirmativas y positivas te ayudará a tener la fortaleza,
el valor y la confianza para salir adelante.
- Recuerda que nunca estás solo,
la presencia de Dios te acompaña siempre. Piensa que tienes
la oportunidad de madurar y descubrir un nuevo significado del amor
y la felicidad, que tendrás la oportunidad de compartir con
tus hijos cuando te vuelvas a enamorar. l
maytte@maytte.com
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