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SPFW 2004
La
moda que viene del sur
Durante siete días
São Paulo se convirtió en la capital de la moda mundial.
Estampas formó parte de la fiesta y hoy cuenta parte de lo
que pasó en Brasil. Mario Aranaga.
São Paulo / Enviado especial. Fotos: Cortesía Press
Code / AP
En Brasil todo es superlativo.
Durante siete días se presentaron más de 55 desfiles.
Fueron 200 los modelos que caminaron por las cuatro pasarelas de
la Bienal. El equipo de estilistas, maquilladores, peluqueros y
asistentes formaba un batallón de 400 personas. Solicitaron
credencial más de 5.000 periodistas, y fueron atendidos casi
1.000, entre reporteros brasileros, corresponsales internacionales,
fotógrafos, camarógrafos y asistentes. 300 personas
se encargaron del mantenimiento. 100 porteros, 80 agentes de seguridad
y 100 bomberos vigilaron el recinto del parque Ibirapuera. Un promedio
diario de 90.000 personas visitó el espacio público
donde se realizaron los shows. Todo por la módica suma de
dos millones de dólares.
 

Con
lentes oscuros
Aunque el cielo esté gris casi permanentemente, estoy en
São Paulo, el Nueva York de Latinoamérica, y es un
regalo abrir los ojos por las mañanas y encaminarse a golpe
de furgoneta, aunque sea a contemplar algunos horrores, que también
existen en este mundo de la moda. Esta temporada (presentación
del próximo otoño invierno) las cosas están
más complicadas. Ahora los diseñadores compiten por
encontrar el lugar más insólito, chic o impactante,
para mostrar sus colecciones. El problema es que en esta ciudad,
como en todas las grandes capitales del mundo, la originalidad suele
estar peleada con lo cotidiano; es decir, que decididos a buscar
lugares, lo insólito siempre queda o muy lejos o no tiene
estacionamiento, o lo que es peor, está en el centro... y
los periodistas tenemos que andar a la carrera para llegar a tiempo
y ver el desfile. Así que uno llega sudado, entra a empujones,
con la invitación en la boca y a duras penas se instala en
su asiento. Y luego a esperar, media hora, tres cuartos...
Estoy en primera fila, todo un
privilegio. Mis vecinos, casi todos con lentes oscuros, miran y
toman nota, o toman nota y luego miran. Sin embargo, hay algunos
personajes que no llevan lentes oscuros, ni falta que les hace,
porque la verdad es que ni miran por encima del hombro, simplemente
no te miran.
El editor de la revista Vogue
Portugal sí que lleva lentes oscuros, negrísimos.
Lo tengo en frente, tan enfrente, que podríamos unir nuestras
manos y cargar a Gisele (la modelo) en la sillita de la reina. No
procede.
Como toca esperar, repaso los
looks de los invitados, periodistas, celebridades y compradores
-siempre son los mismos, por cierto-. Ya se han retrasado una hora
y todavía no han retirado el plástico de la pasarela.
Intento imaginar qué miran los ocultos ojos de las celebridades
y repito en voz alta lo que pienso -malísima costumbre-,
¿cómo se puede ver un desfile con lentes de sol?,
mi vecina, oye y responde: "Es por los focos. No es esnobismo,
no. Es que la luz destroza la córnea. Yo misma me resistía
a ponérmelos, pero al final...". Mientras me lo dice
se ajusta los suyos, unos ultimísimos Armani. ¿Quién
sabe?, quizás en el mundo de la moda todo tiene otro tono
cuando nadie sabe qué es lo que se mira.
"¡Qué Gisele
nada!"
Esa fue la frase lapidaria que Erika Palomino, columnista y principal
fashion victim de la moda brasilera, escribió en la Folha
de São Paulo sobre el definitivo primer día de desfiles
de la semana de la moda paulista. Curiosamente la modelo brasilera
Gisele Bündchen, la grande, la única, las más
bella de las bellas, pasó sin pena ni gloria -30 mil dólares
mediante-, ante el huracán -también brasilero, por
cierto-, Rodrigo Santoro. El hecho es que periodistas, fanáticos
y público en general se rindieron ante la presencia del joven
actor y olvidaron un poco a la consentida super modelo.
Ella, sin embargo, hizo de la suyas.
En la sala había más de
100 periodistas, la mayoría de los medios nacionales. Todos
esperábamos con paciencia las declaraciones de la modelo,
invitada especial de la cerveza Brahma Light al gran evento de la
moda latinoamericana. Luego de mucho retraso, Gisele apareció
rodeada, como siempre, por un batallón de guardaespaldas,
asistentes y organizadores. Los fotógrafos y camarógrafos
enloquecieron -también, como siempre-, y reinó la
confusión. Minutos después, y con un llamado oportuno
por parte del organizador, se hizo el orden. Gisele no dijo mucho,
lo que sí comentó -sentada delante de una pared llena
del logo de la cerveza-, es que a ella no le gustaba nada artificial,
mucho menos los aditivos químicos y procesados: "yo
no como nada light, prefiero los alimentos naturales, orgánicos.
Considero que es lo mejor para mi cuerpo. Esas cosas artificiales
no pueden ser saludables...". Minutos después de su
declaración, ante la mirada incrédula de los responsables
de la marca y algunas risas de los periodistas locales, ella, muy
tranquila, agregó: "Para mí siempre es un placer
desfilar en la Bienal, adoro Brasil y creo de corazón en
nuestra moda, estoy segura de que muy pronto estará en todas
partes del mundo y será reconocida como una de las mejores".
Relajada y sonriente se levantó y salió disparada
para el camerino de la marca Zoomp. Mientras Gisele salía
de la sala con su séquito detrás, un fotógrafo
inglés me dijo: "Qué importa lo que diga, es
tan bella".

Gisele Bündchen y Rodrigo Santoro
durante su participación en la SPFW 2004
| Las
cuatro fantásticas Dentro
de las cincuenta modelos más
poderosas del mundo, por su facturación, están
22 brasileras, un verdadero récord. Estas son las más
buscadas. Gisele, es aparte. |
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Isabeli
Fontana. 21 años
Número 9 del mundo
Campañas: Dior, Prada, Valentino, Yves Saint Laurent,
Miu Miu, Diesel
10.000 dólares por desfile en Brasil
450.000 dólares por sesión fotográfica
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Leticia
Birkheuer. 17 años
Número 12 del mundo
Campañas: Armani, Max Mara, Plein Sud, Von Ducht, Dolce
& Gabbana
2.000 dólares por desfile en Brasil
300.000 dólares por sesión fotográfica
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Liliana
Ferrarezi. 15 años
Número 21 del mundo
Campañas: Armani, Versace, Dior,
Marc Jacobs, Givenchy
1.500 dólares por desfile en Brasil
200.000 dólares por sesión fotográfica
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Ana Beatriz
Barros. 21 años
Número 37 del mundo
Campañas: Victoria´s Secret, Chanel,
La Perla, Sports Illustrated
1.500 dólares por desfile en Brasil
200.000 dólares por sesión fotográfica
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| Lindos,
pero... Los modelos
masculinos no ganan tanto dinero como
las mujeres, pero el mercado cada día crece más.
Estos son los cuatro modelos brasileros más internacionales
del momento. |
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Caco Ricci . 20 años
Campañas: Valentino, Versace, Gucci, Dsquared, Dolce
& Gabbana, Guess
500 dólares por desfile
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Thiago Gass. 18 años
Campañas: Versace, Armani, Prada,
Miu Miu
500 dólares por desfile
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Mauro Salvatore. 18
años
Campañas: Diesel, Guess, Lucky Brand
400 dólares por desfile
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Alex Shultz. 17 Años
Campañas: Versus, G-Star, Disel, Levi´s
400 dólares por desfile
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En el backstage
La
misión era constatar la fama del fenómeno de las pasarelas
mundiales; en otras palabras, quería conocer -sin intermediarios-,
a esa leyenda llamada Naomi Campbell, la modelo negra más
famosa del mundo, la número 6 del ranking de las más
ricas y la única que a sus 33 años sigue desfilando
sin parar. Su fama la precede: insoportable, malcriada, impuntual,
grosera, caprichosa...
Logré entrar a su
camerino personal haciéndome pasar por un silencioso asistente
del maquillador; imposible que un periodista tuviera acceso. En
el pequeño pero impecable espacio convivían solamente
una percha con tres modelos del mismo traje de baño verde
-única pieza que luciría en el desfile-, una docena
de minibotellas de Moët Rosé, una mesa de maquillaje
con su respectiva silla y, por supuesto, un gran espejo.
Naomi llegó con tan
solo cuarenta minutos de retraso, debió ser por el helicóptero
-su exclusivo medio de transporte mientras está en São
Paulo-. Cuando entró a su camerino tenía lentes oscuros,
una cartera Hermès en piel de cocodrilo, y vestía
unos jeans superbajos y una camiseta blanca donde se podía
leer Black Power... sin comentarios.
Altísima, flaquísima
y con mucha actitud, la modelo saludó al maquillador y se
sentó, se quitó los lentes y la franelilla, y le dijo
en perfecto portugués: "estou pronta".
Durante el proceso Naomi habló poco, pero fumó y bebió
bastante; cuando el maquillador había terminado con los ojos
(de un color verdaderamente indescriptible), la modelo sacó
de su bolso cuatro teléfonos celulares y los puso sobre la
mesa, mientras le comentaba con naturalidad a mi salvoconducto -el
maquillador-, que había bajado una talla, porque se sentía
muy gorda y no le había gustado nada como lucía en
traje de baño la temporada pasada. Mientras hablaba estiró
una pierna y comprobó el tono muscular, sonrió satisfecha
y agregó: "el ballet es increíble". En ese
momento toco la puerta Amir Slama, el diseñador de la firma
Rosa Chá y amigo personal de Naomi, besos y más besos
y la señal de que todo estaba listo y debíamos salir.
Para terminar, la modelo pidió que le cepillaran de nuevo
el cabello; un poco de gel para las puntas marcó el final
del encuentro. Mientras salíamos, el diseñador le
preguntó sobre los accesorios que quería ponerse para
el show, a lo que Naomi contestó: "sólo quiero
usar esta pulsera, me trae buena suerte". Y ya lo creo, una
sola salida en la pasarela de la firma de traje de baños
le dejó setenta mil dólares.
| Manda el jean
Una de las tendencias más
claras de la temporada fue la versatilidad del tejido índigo.
El jean gastado, repujado, teñido, bordado y en diferentes cortes
marcó definitivamente las nuevas propuestas. Camisas, chaquetas,
faldas y pantalones siguieron la "dictadura" de un tejido que
se resiste a pasar de moda. Las combinaciones son infinitas
y los accesorios se diseñan especialmente para disfrutar una
convivencia grata entre las piezas de jeans. |
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| Jeans en números |
Producción
anual en Brasil: 300 millones
de metros
lineales
Número de países
compradores de jeans brasileros: 25
Mejores compradores: Argentina, Colombia,
Holanda, Chile y Venezuela.
70% de las piezas (masculinas
y femeninas)
exportadas por Brasil son de jean.
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"El jean transita de la riqueza a la pobreza con una
naturalidad y sofisticación envidiadas por otras telas,
sin perder el sentido de la moda"
-RENATO
KHERLAKIAN, DISEÑADOR DE LA MARCA ZOOMP
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Con las bellas
Como una legión de aparecidas, las muchachas van llegando
desordenadamente al camerino. "Oi", "bom dia",
un desorden juvenil que se diluye mientras el diseñador y
sus asistentes intentan que las tallas coincidan, que los zapatos
sean los adecuados y los colores queden bien con la piel y con el
cabello. Las modelos se prueban en silencio. Una sonrisa cómplice
o una mirada furtiva al espejo, aprueban o reprueban; pero da igual,
se tienen que poner lo que otros escogieron para ellas. Mientras
tanto, en el departamento de "latonería y pintura"
los "mecánicos" van preparando cepillos y pinceles,
postizos, rollos y potes de cuanta fórmula cosmética
existe. "¿Qué tal una cola de caballo?"
dice uno, "¿por qué no le cortas las puntas?,
dice otro. "Por favor, hay que taparles las ojeras", dice
la coordinadora del show, "¡en el composite era
totalmente distinta¡", exclama; el maquillador principal
le responde: "no te preocupes le subimos un poco la cejas y
todo resuelto". Es curioso, pero todos hablan como si modelos,
periodistas y camarógrafos no existieran. Y las caras de
las niñas, eso sí es un poema...
En un rincón una
de las new faces -modelos nuevas y muy jóvenes-, intenta
conciliar el pánico del último minuto con una botellita
de Moët Rosé. Mientras, las más experimentadas,
y que ya están listas, hablan por teléfono, fuman,
se toman otra baby Moët, o conversan entre ellas.
La hora se acerca. Los
patitos feos son ahora cisnes resplandecientes o muñecas
cibernéticas, seductoras roqueras o glamorosas starlettes.
Ya la magia está lista.
La coordinadora hace una seña y todas se forman en orden
como un pelotón bien entrenado, le dan una mirada a la cartulina
que manda; en este caso se lee: sexy, poderosa, pantera, elegante,
agresiva, seductora... esa es la actitud en la pasarela. De lejos,
las muchachas hacen una fila inquieta, una última mirada
escudriñadora al espejo, y fin de la conversa animada, de
las risas y las bromas, otro trago y silencio.
"¡Listas!, un minuto", grita la coordinadora; se
oye la música y comienza el show. Veinte
minutos después, todo se acaba, alegres y risueños
todos rodean a la verdadera estrella, el cansado diseñador.
Gritan, lo aplauden, lo besan.
Para las modelos, el reloj del siguiente desfile acaba de ponerse
en marcha. Se cambian, con evidente menos cuidado, y desaparecen
tan desordenadamente como llegaron. l
Ver también en Encuentros:
- Venezuela en lo más alto
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