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El arte
de preservar tejidos

José Carlos Fernández desarrolla un oficio de artesanos prácticamente único en el país. La reparación y conservación de alfombras hechas a mano, un arte que aprendió de su familia, se convirtió en su razón de vida y en un compromiso que procura preservar una tradición milenaria. Idalia De León. Fotos: Natalia Brand

El conocedor de alfombras es como un marchante de pinturas. Es un profesional al que difícilmente se puede engañar. Tiene el ojo educado, la sensibilidad y la necesaria información para identificar la autenticidad de la pieza que tiene en sus manos. Es un aprendizaje que exige años de estudio, dedicación y pasión por el oficio. Es un mundo vasto, lleno de curiosidades, de historia, pero sobre todo, de belleza, pues cada alfombra hecha a mano es única; lo es tanto que, para el buen entendedor, una mirada, un reconocimiento de la pieza a través del tacto, es suficiente para identificar su biografía aproximada: lugar de origen, antigüedad y los materiales utilizados en su confección.

Esta es una de las pasiones de José Carlos Fernández, pero lo que más le emociona es lograr que cada alfombra trascienda en el tiempo y se convierta en un objeto con valor de antigüedad. Una tradición familiar lo introdujo en un oficio en el que ya suma más de 25 años de experiencia. En su taller de reparación de alfombras, en el que sólo trabajan cuatro personas, incluyéndolo, se respira un aire casi monástico, donde cada quien asume, con concentración religiosa, la tarea de recuperar alfombras que pueden tener más de 300 años o que han pasado por más de cuatro generaciones. El taller se llama Pazyryk, palabra que designa la alfombra oriental que fue hallada en Siberia meridional durante 1947, la cual data de los siglos IV y V antes de Cristo, y que constituye una prueba de que este tipo de arte decorativo trasciende en el tiempo.

Quien se aproxime por primera vez y con ojos curiosos a esta labor reaccionará con sorpresa frecuentemente, pues no es fácil entender cómo ese objeto al que en Occidente se le suele dar un uso intenso y “despreocupado”, es una pieza que adquiere más valor con el paso del tiempo, y que quien la posea debe propinarle el mismo cuidado que a una pieza de museo. “El valor de la alfombra se mide por la cantidad de manos que intervienen en su elaboración, en cuán artesanal es el proceso; pues en su confección pueden participar desde una a cuatro personas. Las mujeres y niños tejen y anudan. Los hombres son los responsables de teñir y trasquilar la lana. También, con los años, la lana adquiere una pátina que la hace más bella”, refiere Fernández.

La voz del
experto

Quien incursiona por primera vez en la compra de una alfombra debe
tomar en cuenta, según José Carlos Fernández, una serie de factores
para no caer en trampas muy comunes en este negocio.

l El valor de una alfombra se identifica de acuerdo con cinco parámetros: origen, diseño, calidad de los materiales, de los tintes y del trabajo técnico.

l Nunca vaya solo a comprar una alfombra, sobre todo si está interesado en piezas originales hechas a mano. Hable con personas que ya tengan experiencia en este ramo, indague el mercado, solicite asesoría y, preferiblemente, hágase acompañar por un experto al momento de la compra. No todos los que venden alfombras saben del tema. Sólo un experto le indicará si los materiales son auténticos, si el algodón es algodón, y si la seda es realmente seda. Igualmente, no siempre se puede confiar en el certificado de autenticidad que suministran algunas casas. “Desafortunadamente, no es garantía de nada, pues el papel aguanta todo”, señala Fernández. Sepa que hay gente que compra como nuevas alfombras y después se enteran de que están reparadas o de que tienen colores corridos.

l Una vez que se haya decidido por algún modelo específico no se apresure a efectuar la compra. La mayoría de las casas especializadas del país ofrecen el servicio de préstamo por un día, con la finalidad de que usted compruebe como luce la alfombra con la luz de su casa y con el resto del decorado.

l La alfombra debe ser lo primero que se adquiera cuando se va a decorar un ambiente. Siempre es más fácil elegir un mobiliario que combine con la alfombra, y no lo contrario. Recuerde que no se trata de una tela de tapizado que se puede cambiar ni de la pintura de una pared. La alfombra está llamada a permanecer mucho tiempo.

l Las mejores alfombras artesanales proceden de Irán, y algunas de Turquía y Afganistán. Evite comprar las que venden en los bazares, pues en esas ventas comúnmente se expenden productos procedentes de fábricas.

Por todo esto, él y su equipo se sienten responsables de la tarea que han asumido. Tienen conciencia de que están poniendo sus manos en una tradición que de alguna manera los trasciende. “Se trata de cuidar una costumbre de más de 2.500 años. Muchas de las alfombras que se elaboran en Irán (denominadas usualmente como persas), por ejemplo, siguen prácticamente los mismos patrones de confección de siglos atrás”, refiere Fernández, quien sale al paso con una anécdota que refuerza sus palabras e ilustra bien la importancia que tenía en una época el preservar incólume una tradición:

“Alrededor de 1850 se empezaron a utilizar, en diferentes regiones de Oriente, tintes químicos para teñir la lana. Rápidamente se demostró que dichos tintes no soportaban bien el paso del tiempo, pues las alfombras perdían los colores originales. Por esta razón, los Sha prohibieron su utilización y ordenaron volver a los tintes minerales y vegetales, así como cerrar y quemar los telares de aquellos que insistieran en la utilización de tintes químicos e, incluso, cortar las manos de los tejedores”.

Pese a toda la carga histórica, el desafío que implica conservar alfombras no lo asusta. Por eso ha recorrido medio mundo visitando museos, ha estudiado arte islámico y, como descendiente de españoles, gentilicio de harta tradición en alfombras, ha absorbido todo lo que éste ha podido proporcionarle.

“Cuando una alfombra es hecha a mano el trabajo de restaurarla tiene que estar a la altura del proceso que la concibió; es decir, no se puede perder de vista el procedimiento que se aplicó desde que se seleccionaron los mejores hilos, hasta que se hizo la última puntada. Una alfombra puede tardar dos o tres meses en hacerse. De manera que cuando tienes en tus manos un trabajo que ha implicado todo este proceso, tienes que tener un criterio de restauración para poder ofrecerle al cliente que le devolverás la alfombra lo más parecido posible a su estado original”, señala.

Dice que restaurar únicamente alfombras hechas a mano no es un capricho. Explica que una máquina puede hacer al día mil alfombras, pero reparar una puede llevar semanas o años, de manera que la relación de costo-calidad de trabajo es una pérdida para el dueño. Por otra parte, las alfombras industriales tienen un período de uso limitado, y el valor que tiene sólo se limita al costo que se pagó por ella y al disfrute que implicó para el dueño usarla durante un período determinado, nada más. La pieza no se revaloriza con el tiempo. “Por el contrario, la alfombra hecha a mano, cuando supera los cien años, se convierte en una antigüedad, va ganando valor. También hay que tomar en cuenta ciertos factores para que verdaderamente adquiera el máximo nivel de conservación, lo que permitirá que, en efecto, tengas una buena inversión”.

Reconocer unas de otras siempre es difícil, pero al final la experiencia ayuda en el momento del compromiso. Básicamente, se pueden encontrar alfombras hechas por tribus nómadas de Turquía, y las denominadas alfombras de provincia, la mayoría de Irán. Después están las de factoría que fabrican países como China, que aunque elaboran piezas originales y con diseños que corresponden a su cultura, también copian las alfombras iraníes. “India y Pakistán tienen fábricas donde puede haber unas 300 personas haciendo diseños repetidos, lo cual contribuye a que se pierda el valor artístico. Actualmente, la mayoría de las tiendas en Estados Unidos trabajan con alfombras de esas regiones, porque en cuanto a stock, diseño y moda, son comercialmente atractivas”, refiere el experto.

Si bien es cierto que gracias a la inmigración europea que llegó al país después de la posguerra, en Venezuela existe una buena selección de alfombras orientales, y que hay personas que tienen criterios de colección y de selección muy interesantes, lamentablemente, según sostiene Fernández, la mayoría de la gente no tiene el conocimiento de cómo se debe reparar una alfombra, y tampoco se preocupa por ver si el resultado del trabajo que le están haciendo a su pieza es lo más parecido a lo que tenía cuando la compró. “Por esto, el nivel de compromiso es mayor, pues la tarea también exige explicarles qué pieza tienen en sus manos, cuál es el problema que tiene y si hay solución. Siempre invito a la gente al taller, porque mientras más aprenda, hay menos posibilidad de engaño, y a la larga estarán en la posibilidad de exigir”.

“Yo no reparo alfombras que hayan sido reparadas por otros”, destaca enfático, y la razón es que a veces cuesta más enmendar lo que hicieron otros que reparar el daño que trae originalmente la alfombra. “Hay talleres que usan fibras que no son originales. En vez de usar lana auténtica, utilizan fibras acrílicas, el algodón es de segunda. Utilizan coleto, pabilo, por ejemplo, con lo cual sólo desvirtúan la pieza que tienen en las manos”.

Al final, una recomendación para quienes tengan posibilidades. “Con el tiempo la tradición de las alfombras artesanales va a desaparecer porque las nuevas generaciones en esos países ya están prefiriendo optar por otros medios de vida. De manera que yo recomiendo invertir en alfombras auténticas”.l

Coordenadas:
Taller de alfombras Pazyryk.

Telfs.: 782.6965 / 0416 612.3074

Algunas recomendaciones
l Acostúmbrese a rotar la alfombra, exponerla al sol y aspirarla cada tres meses. Estos procedimientos contribuyen a mantener a raya a la polilla, la cual suele proliferar en época de lluvia. Sepa que este insecto puede vivir en forma de larva de tres meses a cuatro años cuando el clima es propicio. La polilla se alimenta de la lana de la alfombra y, además, se lleva bien con la oscuridad y la humedad.

l El algodón, uno de los materiales de los que está hecha la alfombra, se pudre si recibe excesiva humedad. Cuide que la alfombra no sea objeto de inundaciones.

l Si la alfombra es de seda, evite colocarla en un lugar donde esté expuesta demasiado al sol. Si es inevitable, muévala para que el desgaste sea uniforme. Las de seda hay que tenerlas en lugares donde no se circule mucho pues son muy delicadas. En un vestier es una buena idea.

l Los derrames de líquido deben atenderse al instante para evitar que la alfombra se manche (no se debe esperar más de 20 minutos), lo cual suele no tener remedio. Se recomienda utilizar un papel absorbente o una toalla limpia y procurar retirar el exceso de líquido desde los bordes hasta el centro de la mancha para evitar que esta se expanda. Puede ayudarse con
un secador de pelo.

 


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