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El negocio del secuestro

El secuestro es un crimen reprensible. Cuando un grupo de sujetos deciden tomarlo como vocación, el desastre no puede estar muy lejos. Max Haines

Arthur Pried y sus cuatro hermanos tenían un taller mecánico en White Plains, New York. Eran tiempos difíciles en 1937 y la entrada de dinero del taller apenas mantenía a las familias Pried. Por eso fue un shock tan fuerte cuando, unos pocos días antes de Navidad, Hugo Pried recibió una llamada telefónica advirtiéndole que su hermano Arthur, de 32 años, había sido secuestrado. El que llamaba pedía $200.000.

Hugo amaba mucho a su hermano, pero él y su familia tenían pocas posibilidades de juntar esa cantidad de dinero. Le dijo a los secuestradores que debían haber secuestrado al hombre equivocado, ya que los Pried simplemente no eran millonarios.

Cuando los secuestradores se percataron de esta inesperada realidad comenzaron a regatear con Hugo. Finalmente regatearon la suma de $1.800 y se pusieron de acuerdo. Hugo juró que no le contaría a nadie. Se reuniría con los secuestradores a las 10.00 pm en punto, en un restaurante designado.

Apenas terminó la conversación Hugo hizo dos llamadas. Informó a la esposa de Arthur, Gertrude, que su marido estaba en manos de los secuestradores. Gertrude estaba perpleja. Su mayor preocupación financiera hasta ese momento en su vida había sido reunir el dinero suficiente para pagar la renta cada mes. Su segunda llamada fue a la policía.

De alguna forma los periódicos descubrieron la historia y la publicaron en la edición de la tarde. Hugo fue al restaurante para encontrarse con los captores de su hermano; ellos no fueron. Hugo temía que lo del periódico hubiera asustado a los secuestradores. Estaba en lo cierto. Arthur Pried nunca regresó.

El secuestro de Pried obtuvo mucha publicidad. Como resultado aparecieron cinco estudiantes de secundaria dando su versión de los hechos. La noche del secuestro habían visto como una coupe cortaba camino a un sedan en la calle. Un hombre saltó de la coupe blandiendo un revólver. Se metió dentro del sedan y ambos carros desaparecieron. Todo había tomado apenas unos segundos. Los estudiantes sólo podían agregar que la licencia de la coupe empezaba con 7N, mientras que la licencia del sedan comenzaba con las letras BM. El sedan de Arthur Pried tenía una licencia que empezaba con BM.

Tres meses después de la desaparición de Arthur, Benjamin Farber fue secuestrado. Benjamin y su hermano, Irving, tenían una compañía de carbón. Si bien no eran tan pobres como la familia Pried estaban lejos de ser ricos. Irving recibió una llamada telefónica exigiéndole $200.000. Irving les dijo que no tenían forma de reunir tal cantidad. Un regateo a la vieja usanza tomó lugar. Finalmente cerraron el acuerdo en $ 2.000. Inmediatamente el hermano de Benjamin llamó a la policía. Como había charlado durante un tiempo prolongado con el que llamó fue capaz de describir la voz del secuestrador como particularmente metálica.

Luego de varias llamadas se arregló el lugar para dejar el dinero. Irving debía llevar el paquete de dinero al puente de Williamsburg, tenía que pararse en un punto específico y lanzar el dinero como para que cayera del lado sur de la Quinta Avenida.
Irving hizo lo que se le dijo sin la interferencia de la policía. Minutos luego de que el dinero fue dejado su hermano Benjamin fue arrojado desde un auto en Manhattan.
Al ser interrogado Benjamin pudo decir muy poco. Sus oídos habían sido rellenados con algodón y sus ojos habían sido cubiertos desde el momento del secuestro hasta su liberación. Cuatro hombres jóvenes habían estado involucrados en el rapto. Lo habían llevado a un escondite. El FBI estaba bloqueado. Nada como esto había ocurrido antes.

Pasaron cuatro meses. Dos adolescentes, Norman Miller y Sidney Lehrer, venían del cine y estaban esperando que cambiara el semáforo cuando fueron abordados por los secuestradores. Un minuto más tarde estaban en la coupe Packard de los secuestradores con cinta sobre sus ojos. Los dos chicos podían oír la banda de Tommy Dorsey en la radio. El vocalista estaba cantando “Una canasta, una canasta amo mi canasta amarilla”.

Luego de viajar varias millas la radio se apagó y el carro se detuvo repentinamente. Sydney sintió el cañón de la pistola en su espalda mientras fue retirado bruscamente del vehículo. Un billete de un dólar fue puesto en su mano con las instrucciones “Coge un taxi, rata. Dile al viejo de Miller que nos pondremos en contacto con él”. El auto desapareció a toda velocidad.

El padre de Norman, Charles Miller, fue contactado. El patrón familiar se repitió. Los secuestradores pidieron una suma exorbitante de dinero, pero accedieron a bajar el precio. Esta vez regatearon hasta llegar a $18.000. Charles Miller pagó y su hijo fue devuelto ileso.

Ahora, el FBI tenía varias pistas con las cuales trabajar. La Columbia Broadcasting Corp tenía una transcripción del programa de Tommy Doresy. La canción había comenzado 46 minutos pasados la medianoche. Norman Miller le dio a los investigadores una aproximación de cuanto habían andado en el auto hasta el escondite de la pandilla. De esta forma los agentes fueron capaces de determinar las otras extremidades del círculo dentro del cual podría estar situado el escondite. Norman también le dijo al FBI que había escuchado campanas, y lo que pensó que eran bolas de billar golpeándose entre ellas. También relató que cuando los hombres recibieron el rescate de $18.000 estaban felices y mencionaron que primero tuvieron la idea de secuestrarlo cuando vieron a su padre en las carreras. Mientras que los agentes del FBI buscaban una sala de pool o una iglesia dentro de los límites del área sospechada. Se llegó a la conclusión de que los secuestradores podían ser jugadores de caballos regulares.

Como Saratoga se reunía entonces en el norte de Nueva York, agentes del FBI viajaron al famoso y viejo pueblo en busca del carro de los secuestradores.
Por supuesto que vieron el Packard coupe con la licencia 8C-6500. Se chequeó a quien pertenecía. El dueño era Dennis Gula de Brooklyn, N.Y. El número de la licencia del año anterior había sido 7N-900. Luego de investigar a Dennis Gula se supo que era un hombre muy trabajador, un ciudadano honesto que regenteaba un bar con sala de pool en el Hall Ucraniano de Brooklyn. A una calle había una iglesia. Gula no parecía sospechoso, pero su hijo, Demetrius, quien normalmente usaba el Packard, era otra cosa.

Demetrius ganaba un pequeño salario asistiendo a su padre. De todas formas vivía mucho más allá de lo que le permitían sus ingresos, generalmente perdiendo cientos de dólares al día en las carreras de caballos.

El FBI mantuvo a Demetrius bajo vigilancia. Pronto descubrieron a sus tres amigos. Steve Sacoda, quien en ese momento estaba en prisión por quebrantar su libertad condicional. Los otros dos hombres cercanos a Demetrius eran John Murphy y Willy Jacknis. Los cuatro tenían antecedentes policiales. Sacoda tenía una voz metálica muy particular.

Más allá de ver a sus secuestradores por un tiempo corto, las víctimas fueron capaces de distinguir a los cuatro hombres en las fotos de la policía.
Los cuatro hombres fueron detenidos. Demetrius fue el primero en confesar. Los otros hicieron confesiones parciales. Todos contaron la misma historia respecto del destino del primer secuestrado, Arthur Pried. La banda había entrado en pánico cuando leyeron los informes del secuestro en el periódico. Arthur estaba prisionero en el sótano del Hall Ucraniano. Apenas Sacoda oyó que el secuestro era del conocimiento público le disparó a Pried en la cabeza. El cuerpo luego fue puesto en el horno.

Los cuatro hombres fueron juzgados y sentenciados por asesinato. Cada uno fue ejecutado en la silla eléctrica de Sing Sing. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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