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| foto: www.shutterstock.com / Lerche&Johnson |
Cómo solucionar
sus problemas
DE SUEÑO
Conseguir que el niño duerma de un tirón
es el sueño de muchos padres. ¿También es el suyo? Entonces
le vendrán muy bien
estas pautas para
que todos en casa
pasen buenas noches
El bebé es capaz de dormirse solo, no hay que enseñarle a hacerlo; prueba de ello es que en el útero materno pasaba mucho tiempo dormido y nadie le ayudaba a dormirse. Entonces, ¿por qué hay tantos problemas relacionados con el sueño infantil? El quid radica en que el pequeño sabe dormirse solo, pero no estar solo. Y, además, influyen otros factores: la edad, el temperamento, si le duele algo, si tiene frío o calor, si lo hemos acostumbrado a rutinas inadecuadas... A continuación le contamos cómo solucionar las dificultades de sueño más habituales.
1. QUIERO COMER DE MADRUGADA
Laura, de tres meses, se despierta todas las noches a las dos y a las cinco de la madrugada. ¡Tiene hambre!

foto: www.shutterstock.com / Chapko Danil Vitalevich |
| La capacidad para dormir de un tirón depende más de la MADUREZ cerebral del bebé |
Durante su vida intrauterina, el bebé recibe alimento continuamente. Al nacer tiene que aprender a comer con intervalos. Por primera vez sentirá hambre, una sensación desoladora y desconcertante, muy desagradable para él. Al principio pedirá las tomas con mucha frecuencia, cada dos o treshoras, pero, poco a poco, el tiempo entre ellas se irá alargando.
Si su hijo se despierta por hambre a horas intempestivas de la noche, retrase su última toma del día todo lo posible. Pruebe a dársela un poco antes de acostarse usted, por ejemplo, a las 11.
Es probable que así aguante hasta las cuatro o las cinco de la mañana y que luego ya no se despierte hasta las 10. Aunque no es seguro. El motivo es que la capacidad para dormir de un tirón depende más de la madurez cerebral del bebé que de la sensación de saciedad. Hay pequeños que con siete semanas ya duermen desde las 11 de la noche hasta las seis de la mañana y otros que con 12 meses todavía piden una pequeña toma por la noche.
En su primer medio año de vida, muchos niños se despiertan buscando el calor y la intimidad de los padres, además del alimento. Téngalo en cuenta, sea muy comprensiva con su pequeño y cuando le despierte de madrugada, consuélese pensando que al año de edad muchos bebés duermen ¡12 horas seguidas por la noche!, además de dos o tres siestas cortitas durante el día.
2. TIENEN EL SUEÑO INVERTIDO
Pablo, de tres meses y medio, duerme mucho durante el día y poco por la noche (tiene el sueño invertido).
En el útero no hay días ni noches, así que los bebés no distinguen entre ellos. Para ayudar al suyo a diferenciarlos procure que las tomas nocturnas sean más cortas y menos "divertidas" que las diurnas y déselas en penumbra. Así entenderá que la noche es para dormir.
También es recomendable que introduzca un ritual para cuando le acueste por la noche: el baño, una canción, cerrar las cortinas de su cuarto delante de él... Así empezará a asociar estos actos con el sueño nocturno. Durante el día puede dormir en el salón, con claridad y expuesto a los ruidos habituales de la casa, pero por la noche acuéstelo en un lugar tranquilo y oscuro.
A las seis semanas el bebé ya tiene un ritmo relacionado con el ciclo luz-oscuridad. Según una reciente investigación holandesa, el bebé, a las tres semanas, duerme seis horas y media por el día y ocho horas y media por la noche. A los tres meses la proporción es de cinco horas por el día y 10 por la noche. Y entre los seis y los 12 meses, tres horas por el día y 11 por la noche. Como puede comprobar... ¡sus noches van siendo cada vez más largas!
3. SÓLO SE DUERME EN BRAZOS
Ana, de cuatro meses, se duerme con el vaivén de los brazos de su mamá, pero en cuanto ésta la deja en la cuna, se despierta y pide de nuevo que la carguen.
Según un estudio realizado por la Unidad del Sueño del Hospital Quirón, de Valencia (España), sobre una muestra de 3.000 bebés con edades comprendidas entre seis y 12 meses, 45% se duermen solos. En los países nórdicos, 98%. ¿Por qué esta diferencia? Es una cuestión cultural: en estos países no existe la costumbre de mecer al niño para dormir, se le acuesta siempre despierto. Si no logra dormirse, sus padres le ayudan yendo a verle, por ejemplo, pero no lo hacen de antemano. En otras palabras: no se anticipan a lo que el bebé puede necesitar ni le acostumbran a dormir con ayuda. El niño tiene recursos para dormirse solo, como chuparse el dedo o "cantarse" hasta que le entra el sueño.
Este sistema tiene muchas ventajas: el pequeño va desarrollando sus propios métodos, cada vez más sofisticados, y no adquiere malos hábitos, en ocasiones muy difíciles de erradicar (mecerle, darle la mano, dormirle con el sonido de la tele, pasear...). Un estudio americano demostró que a los niños les cuesta más dormirse solos que a las niñas y que ellas, a los 12 meses, duermen más que ellos. Se desconocen las causas de estas diferencias.

foto: www.shutterstock.com / Zdorov Kirill Vladimirovich |
| Algunos lloran cuando ven a sus madres SALIR del cuarto... es el miedo a la separación |
4. TENEMOS QUE ACOSTARLO EN NUESTRA CAMA
Ángel, de cinco meses, es incapaz de dormirse solo en su cuna. Sin embargo, concilia el sueño enseguida cuando sus padres lo meten en la cama grande con ellos.
Para algunos padres, dormir con el niño es lo más natural, mientras que otros no lo ven bien o prefieren preservar su intimidad de pareja. Y entre los expertos en el sueño infantil también hay opiniones contrarias: unos lo recomiendan, ya que el contacto físico con los padres da seguridad al pequeño (lo que más adelante favorece su independencia), mientras que otros lo consideran una temeridad debido al riesgo de muerte súbita. Por este motivo la Academia Americana de Pediatría lo desaconseja durante los primeros cuatro meses. Ante estas posiciones antagónicas, cada familia debe encontrar la situación que le resulte más adecuada, de acuerdo con sus convicciones. En cuanto a las pautas para reducir el riesgo de muerte en la cuna, son éstas: acostar al bebé boca arriba o de lado; no abrigarle demasiado; evitar las almohadas; utilizar pijama-manta o saco-manta para que el pequeño no pueda taparse la cabeza con las sábanas y mantas y, en caso de dormir en la cama con él, no tomar alcohol, somníferos o drogas.
5. LE ASUSTA DORMIR SOLO EN SU HABITACIÓN
Adrián, de seis meses, no quiere quedarse solo en su cuarto. La única manera de calmarle y lograr que se duerma es trasladar su cuna al cuarto de sus padres.
Para el niño no es malo dormir en el dormitorio de sus padres: así se beneficia de la seguridad y de la tranquilidad que le transmite sentir su cercanía y escuchar sus voces. Y esto, al contrario de lo que suele pensarse, le hace más independiente.
Tampoco hay riesgo de que no quiera dejar el cuarto paterno: todos los niños tienen ganas de crecer y ser autónomos. Hacia los tres años el niño empieza a depender menos de sus padres y está preparado para pasar la noche en su cuarto. Muchos niños dan este paso antes y dormir en la habitación paterna sólo es algo temporal. Según el estudio del Hospital Quirón, 80% de los bebés duermen en la habitación de sus padres durante su primer año.
6. LLORA CUANDO ME VOY DE SU CUARTO
Eric, de siete meses, se dormía sin problemas en su dormitorio, pero lleva unos días que rompe a llorar desconsolado en cuanto ve que su madre sale de su cuarto.
Es un problema muy frecuente que empieza a darse a partir de los seis meses y que puede prolongarse hasta los dos o, incluso, los tres años. Es el miedo a la separación. El niño piensa que las personas sólo existen en la medida en que él las percibe, así que en cuanto su madre sale de su campo de visión, piensa que se ha esfumado para siempre. Es el mismo miedo que le hace llorar al despertarse en mitad de la noche.
Para ayudar a su hijo a superar este temor: deje una luz piloto encendida (al ser tan suave, no interferirá en su sueño) y mantenga la puerta de su cuarto entreabierta, para que oiga el ruido que hace mientras prepara la cena, recoge la ropa, habla por teléfono... Sentirle le reconfortará. Si llora, acuda a su lado, tranquilízelo y dígale que volverá al cabo de unos minutos. Cumpla siempre su palabra. Si le reclama antes, regrese al cuarto, dele otro beso y repita la acción hasta que esté tranquilo o dormido. Así entenderá que puede contar con usted y que no desaparece aunque no le vea. También puede optar por quedarse con él hasta que se duerma. Si llora en mitad de la noche, vaya y cálmele.
7. SE DESPIERTA MUY A MENUDO
Jorge, de 13 meses, se queda dormido tranquilo, pero se despierta varias veces a lo largo de la noche.
Los despertares nocturnos son muy frecuentes entre los nueve meses y los tres años. Las causas son numerosas: al niño le cuesta asimilar las impresiones vividas a lo largo del día y por eso su sueño se vuelve intranquilo. Además, la fase en la que el cerebro procesa estas experiencias, la del sueño REM (rápidos movimientos oculares), ocupa en los niños una parte mayor del total del sueño. Es la fase del sueño ligero, de la que es más fácil despertarse. Entre una fase REM y otra hay una fase No-REM, de sueño profundo, más corta en el niño que en el adulto. Estos despertares casi continuos son el motivo principal por el que los padres deciden poner un colchón o la cuna del pequeño al lado de su cama. Otras parejas optan por dormir en el cuarto del niño, alternando las noches. Muchas veces ayuda que los hermanos compartan la habitación (es comprensible, al tener compañía los miedos disminuyen). En todos los casos, los despertares nocturnos son un problema temporal.
Para dormir bien, el niño necesita tener sensación de seguridad, no sólo por la noche, sino también por el día. Por eso, si durante la vigilia pone a su hijo los límites necesarios, las noches serán mejores. Manténgase firme con las normas. Su autoridad le protege, hace que se sienta seguro y esto le ayuda a dormir más tranquila y profundamente.
DE 0 A SEIS MESES: DISTINGUIR EL DÍA Y LA NOCHE
• Acuéstelo en un moisés, más pequeño que la cuna. Sentir los límites del lugar donde se encuentra le da seguridad y le relaja.
• Mantenga su cuarto a 22ºC.
• Alterne las posiciones boca arriba y de lado.
• Acostúmbrelo a dormir por el día en el salón, con cierta luz y expuesto a los ruidos habituales de la casa, y por la noche a oscuras y en silencio.
• Ponga un despertador cerca de su moisés o cuna. Escuchar el tic-tac del reloj le calmará porque le recordará
los latidos de su corazón, que oía en el útero. También es buena idea dejar un pañuelo suyo en su cabezal (el olor, que le resulta muy familiar, le hará sentirse acompañado).
• Si se despierta por sus movimientos incontrolados de piernas y brazos, pruebe a envolverlo en una sábana finita, que no le dé calor, pero vigile que no le tape la cabeza.

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DE SEIS A 12 MESES:
EL RITUAL NOCTURNO
• Si todavía no lo ha hecho (a veces es difícil regular el horario de un bebé menor de seis meses), establezca un ritual para acostarlo (el baño, el tetero, un cuento...). Le facilitará la transición de la actividad al descanso.
• Observe los síntomas de sueño, como frotarse los ojos y chuparse el dedo. Una conducta muy enérgica también puede ser señal de agotamiento.
• Evite los juegos bruscos antes de dormir.
• Recibir muchos estímulos durante el día dificulta el sueño. Procure que sus días no estén sobrecargados.
• Para que duerma y coma mejor, le irá bien seguir un ritmo fijo de sueño, vigilia y comidas. Utilice un solo sistema para calmarle, siempre el mismo, como mecerle durante un ratito antes de llevarlo a la cuna para que se duerma del todo. Diferentes métodos le alteran.
Cuando su bebé esté durmiendo procure ALTERNAR
las posiciones boca arriba
y de lado |
DE 12 A 24 MESES:
EVITAR HÁBITOS INCORRECTOS
• No permita que el ritual para dormir se alargue (más agua, otra vez pis...). Muéstrese cariñosa y a la vez decidida con su hijo, así le transmitirá seguridad.
• Cambiar un mal hábito es más fácil si lo hace paso por paso. Si su hija sólo se duerme si le toca el pelo, dele un sustituto, un peluche al que pueda acariciar.
• Elija con su pareja el método que van a utilizar para ayudar a su hijo a dormir mejor, como acudir a verle cada ciertos minutos (alargando los intervalos), acostarlo con su hermanito... A las dos semanas debe funcionar bien; si no, tendrán que probar con otro.
• Si su hijo tiene sueño, pero no puede dormirse, dele un masaje antes de acostarlo.
DE 24 A 48 MESES:
ADIÓS A MALOS SUEÑOS
• Si su hijo se despierta llorando, dele agua y explíquele que ha tenido una pesadilla. Si estos episodios se repiten cada noche, coloque un colchón al lado de su cama, hasta que los malos sueños pasen.
• Ésta también es la edad de los terrores nocturnos: el niño llora y grita muy asustado y, a veces, se levanta, aunque sigue dormido. Si su hijo los tiene, acuda a su lado, quite de su alcance los objetos con los que puede hacerse daño, abrázelo (si se deja), y háblele suave hasta que se calme.
• Evite que vea la tele antes de acostarse. El movimiento y el colorido de las imágenes excita demasiado a los pequeños.
• Cuando le cambie a la cama (hacia los dos años), reduzca su espacio con peluches y coloque una barrera de seguridad. Si se levanta, acuéstelo de nuevo tantas veces como sean necesarias. Así entenderá que no va a lograr salirse con la suya.
© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. derechos de el universal.
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