EL REINO
DE TERROR
DE 
Es la serie de TV con más nominaciones a los premios Emmy 2006 que serán entregados el 27 de agosto en Los Angeles y uno de los programas más vistos en la tierra del Tío Sam. En Venezuela también ha ganado un gran número de adeptos. Pero que nadie se llame a engaño: dentro de su emocionante trama late un oscuro corazón que refleja la ambigua moral del Estados Unidos del siglo XXI. Mikal Gilmore

En el despiadado mundo de 24 nadie está seguro. Esto se evidenció en el final de la primera temporada de la serie de Fox en 2002, cuando el personaje principal del programa, el agente antiterrorista Jack Bauer (un hombre entregado, aunque cruel en el fondo, interpretado magistralmente por Kiefer Sutherland), encontró a su esposa, Terri, asesinada a balazos por alguien en quien confiaba y con quien trabajaba, pero que había estado suministrando información a los terroristas durante todo el tiempo. Bauer sostuvo a su esposa cerca de él y lloró amargamente. Ese final —que no se había planificado originalmente— cambió todo sobre 24 y el futuro de la serie. “Fue una declaración de que no se trata de una fantasía heroica estadounidense: es una tragedia”, dice Joel Surnow, uno de los creadores del programa. También presentó el horror de los meses posteriores al 11 de septiembre de 2001, un acontecimiento que ocurrió cuando se habían filmado seis episodios de la primera temporada, bajo una óptica íntima y clara: ahora en este mundo no hay victorias seguras. Los mejores esfuerzos pudieran no terminar con los mejores resultados. Ese era el pensamiento que predominaba en Estados Unidos en ese entonces, y todo no haría más que agravarse en los años siguientes —tanto en el EEUU dentro de 24 como fuera de él.
Sin embargo, hay otro tema más perturbador que ha surgido a lo largo de la vida del programa. No sólo todos los personajes de 24 están en peligro, sino que, algo más importante, todos son prescindibles por el bien del colectivo. La serie pregunta: ¿Cuánto vale una vida si se compara con el destino de miles de personas? ¿Quién es prescindible por el bien público? ¿Y quién tiene la facultad de decidir en estos asuntos? En ninguna parte transmitió 24 este problema de manera más indeleble que en un incidente cerca de las últimas horas de la tercera temporada, probablemente la mejor del programa. El terrorista en esa ocasión era un ex agente británico, Stephen Saunders, cuya visión del mundo cambió radicalmente después que Bauer lo creyó muerto y lo dejó en Kosovo tras una misión de asesinato. Saunders ahora estaba dispuesto a emplear un virus altamente letal de acción rápida como medio para presionar al presidente David Palmer para que renunciara a las distintas formas en que EEUU había sembrado sufrimiento en numerosas naciones menos poderosas en todo el planeta. Saunders ya había liberado el virus en un hotel de Los Angeles para demostrar sus efectos cuando se entera de que el director regional de CTU, Ryan Chappelle, ha realizado progresos en cuanto a descubrir información privada que el terrorista no quería que se conociera. Entonces, exige que el presidente silencie a Chappelle ordenando su asesinato. Palmer decide que no tiene opción, salvo acceder a la sombría demanda de Saunders y ordena a Jack Bauer llevar a cabo el asesinato.
Cuando Bauer lleva a Chappelle a un patio de trenes vacío, lo obliga a ponerse de rodillas y pone una pistola en la temblorosa cabeza del hombre; es un momento casi inimaginable, desgarrador. Prácticamente rompe todas las reglas de una serie dramática de TV, pero, algo que resulta más importante aún, dentro de la estructura de la historia la ocasión representa una derrota de todo aquello en lo que Bauer cree. “Dios me perdone”, dice, y luego aprieta el gatillo. En ese espantoso momento, tanto Bauer como el presidente Palmer han violado todo lo que ellos esperaban defender. Han ejecutado sumariamente a un hombre que compartía su causa y han permitido que su temor al terrorismo los obligue a traicionar los valores fundamentales de la democracia estadounidense. Palmer y Bauer, sin embargo, lo hacen porque en el mundo de la trama el bien moral superior no era la opción aceptable; cometieron un asesinato a fin de evitar un gran número de muertes. Con todo, no hay nada noble ni redentor en lo que hicieron. Ambos hombres han perdido su alma. Deberán pagar por ello, y de hecho lo hacen.
EN LA BUSQUEDA DEL SHOCK
Momentos como el asesinato de Ryan Chappelle crean un drama impactante y apremiante, y eso es, por supuesto, lo que 24 busca más. Pero dado que el meollo de la serie tiene que ver con terrorismo, no podemos evitar encontrarlo en aspectos problemáticos de nuestros tiempos. De hecho, a veces las realidades políticas se han colado en el programa de maneras sorpresivas y proféticas. La segunda temporada comenzó con la presentación de un sospechoso que es torturado en Seúl en beneficio de agentes de inteligencia estadounidenses —un ejemplo efectivo de ejecución extraordinaria. Sin embargo, esto fue antes de que las prácticas de la CIA de esta naturaleza hubieran sido descubiertas, y antes de que los secretos Guantánamo y Abu Ghraib comenzaran a conocerse. En la segunda mitad de esa misma temporada, miembros enojados y temerosos del gobierno de Palmer —especialmente su belicoso vicepresidente— exhortan al presidente a lanzar un ataque contra países del Medio Oriente basándose en evidencia manipulada. Todas estas escenas se escribieron y se filmaron antes de la invasión de EEUU a Irak. “Eso fue una experiencia surrealista para nosotros”, dice el productor ejecutivo y escritor Howard Gordon. “Creamos esa historia antes del discurso de Colin Powell en la ONU, por lo que nos encontramos en esta extraña danza con la realidad. No estábamos seguros de quién guiaba”.
Esto no quiere decir que ejemplos como éstos signifiquen que la política de 24 sea liberal o busque criticar al gobierno de Bush. Algunos observadores, de hecho, consideran que ocurre lo contrario. En una reciente edición de Time, Joe Klein afirmó: “El mensaje del programa no es muy sutil: podemos ganar esta guerra, pero sólo si dejamos que nuestros héroes hagan el trabajo por cualquier medio necesario”. Pero cuando se le pregunta al creador de la serie sobre los puntos de vista políticos de 24, se obtienen respuestas neutrales. “Hemos hablado y hablado sobre ello”, indica Gordon. “En el cuerpo de escritores hay un verdadero espectro político. Hay muchos debates enérgicos y candentes detrás de bambalinas. Diría que somos de la política de una historia interesante, una historia que funcione, y todos subvertimos nuestra política individual, realmente, en favor de lo que se sienta que satisface más. Esto puede ser un poco mercenario, pero es la verdad”.
Robert Cochran, otros de los escritores del programa, está de acuerdo. “Nos han criticado por considerarnos un programa conservador, y asimismo gente de la derecha nos tilda de izquierdistas de Hollywood”, señala. “Pensamos que no hacemos ninguna declaración política. Construimos situaciones que no tienen una respuesta clara. Si alguien dice: ‘Veo por qué ese personaje hizo eso, pero no sé si debió hacerlo’, eso nos parece perfecto”, agrega Joel Surnow, otro de los creadores y productor ejecutivo de 24. “No somos políticos; lo que somos es incondicionales. Hemos comprendido que la gente no ve el programa en espera de victorias —lo ve por los reveses y las interferencias”.
Independientemente de cuáles sean los puntos de vista de 24, el programa no se detiene en ellos. La serie funciona de acuerdo a una versión acelerada de la premisa de la bomba de tiempo: algo realmente pavoroso ocurrirá en cuestión de horas —o para ser más precisos, una cosa pavorosa tras otra ocurrirá— a menos que Jack Bauer y otros tomen acciones decisivas. Bauer no vacila en amedrentar, atacar o torturar a la gente que encuentra —incluso personas que conoce y le preocupan— si piensa que hacerlo ayudará a evitar un desastre. Sus acciones frecuentemente son desagradables, pero las situaciones del programa exigen acciones resueltas. En el mundo real, la clase de acciones que Bauer realiza son un lugar común y casi nunca urgentes; también son en gran medida ineficaces. Por supuesto, 24 no aborda la inutilidad de la guerra contra el terrorismo de ninguna forma directa. Asimismo, sin importar cuántos terroristas Jack Bauer detenga o mate, el terrorismo no se detiene. La supervivencia del programa es testimonio de un fracaso mayor.

CHLOE
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AUDREY Y BUCHANAN |
¿Por qué, entonces, es 24 el drama político-moral central de nuestro tiempo? Es por la forma en que el programa representa el dilema de EEUU. Jack Bauer es valiente y a menudo generoso, y pudiera estar haciendo lo que considera necesario en el momento, pero cuando tortura o ejecuta sumariamente a personas —que frecuentemente no son ciudadanos estadounidenses—, él también estaría adoptando una versión de terrorismo. Es difícil encarar este hecho, pero no se puede eludir —es la simulación hiperbólica de las actividades de agentes estadounidenses que muchos creen han ocurrido regularmente, ocultas de los ojos del público, pero no de la ficción. 24 es incluso más perturbador cuando aborda la arrogancia y las ambiciones del poder. Los asesinos del ex presidente Palmer y del agente del CTU Michelle Dessler al inicio de la actual temporada, así como el sacrificio de rehenes en el aeropuerto de Notario, California, y la transferencia de enormes cantidades de gas neurotóxico a manos asesinas, no fue trabajo de terroristas internacionales. Fueron acciones de estadounidenses, entre ellos uno con un alto cargo en el gobierno que estaba decidido a expandir la hegemonía de EEUU. En el sexto episodio hay un esclarecedor intercambio entre el presidente Charles Logan —quien se estremece al enterarse de todo esto— y su jefe de gabinete, Walt Cummings, el hombre que ayudó a planificar estos desastres desde dentro de la Casa Blanca. “¿Entonces todo lo que ocurrió hoy era sólo para matar a algunos terroristas?”, pregunta el presidente. “No”, responde Cummings, “la meta es crear evidencia —pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva en Asia central. Es necesario. Ello finalmente nos dará un pretexto para aumentar nuestra presencia militar en la región y garantizar así el flujo de petróleo para la próxima generación”. Cuando Logan le dice a su jefe de gabinete que es un traidor por estas intenciones, Cummings replica: “No, señor presidente, soy un patriota que hace lo que sea necesario para garantizar la seguridad y el bienestar de esta nación… Deje que las cosas sigan su curso. De lo contrario, su gobierno se verá implicado y su presidencia será destruida”.
24 gira en torno a los peligros que enfrenta EEUU, tanto adentro como afuera. La bomba aún hace tic-tac cuando cada capítulo llega a su fin, pero lo que se ha perdido en la hora anterior a veces cuenta tanto como lo que se había tratado de evitar. Ese momento en que Jack Bauer obliga a Ryan Chappelle a arrodillarse y le dispara por orden del presidente también podría ser una metáfora de cuán lejos podría llegar la democracia estadounidense para destruirse a fin de protegerse. Al hacer que los espectadores enfrenten tal perspectiva, 24 nos lleva a un territorio más rico y perturbador de lo que pudiera lograr cualquier drama didáctico. Al verlo, no estamos lejos de Jack Bauer cuando hala del gatillo. Estamos con él mientras el reloj continúa su tic-tac hacia horas aún más oscuras. No hay un final fácil a la vista para nuestro actual drama. Si se llega al final de un día, comienza al día siguiente. •
Coordenadas: 24 es transmitido en Venezuela
por Fox, los lunes a las 10:00 pm
ROLLING STONE MAGAZINE. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: JOSE PERALTA
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