Siempre niños
Son hombres y mujeres "hechos y derechos", pero, si por ellos fuera, deberían recibir un regalo el próximo Día del Niño. Cuatro personalidades de la televisión posaron para Estampas y mostraron su lado juguetón e infantil. Algo quedó claro: estos muchachotes no salen a la calle sin su niño interior
Por Efraín Castillo. Fotos: Natalia Brand
Juan Carlos Barry

Desde hace 18 años, este actor vive de la risa, pues forma parte del elenco de Radio Rochela (RCTV Internacional). Hijo del reconocido Charles Barry, uno de los fundadores de este legendario programa de televisión, Juan Carlos Barry creció viendo a su padre con un chiste a flor de boca, dentro y fuera del set de grabación. "Incluso después de regañarnos, mi papá siempre soltaba algo gracioso para hacer menos pesado el ambiente. Eso se lo agradezco, porque hizo mi infancia muy feliz".
Quizás por eso Barry se califique como un hombre divertido. "Yo he vivido siempre con el humor en mi familia. Mi padre nos enseñó a llevar la vida con alegría. Incluso, creo que ese sentido del humor me conecta con mi infancia, me hace ser un niño grande".
Barry también muestra su faceta de niño con su mayor afición. A sus casi cuarenta años, casado y padre de una hija de 14, confiesa volverse un muchachito cada vez que tiene enfrente una consola de videojuegos. "Yo no tengo vicios: no fumo, no bebo mucho y no voy a fiestas de noche por la peligrosidad de la ciudad, pero soy fanático del Playstation 3. Tú me ves todos los meses buscando los juegos más recientes y cuando compro uno, me la paso toda la noche jugando, como el propio niño". Tan niño que su esposa tiene que pelear con él para que la deje participar. "Sin querer compré el Playstation con un solo control y, por supuesto, yo ocupo la mayoría del tiempo usando el equipo. Mi esposa me regaña cada vez que puede, porque no le he comprado el segundo control que le permita a ella jugar conmigo. Juro que no lo hice con mala intención (risas)".
¿Tienes ese comportamiento en todas las facetas de tu vida?
"Como adulto, hay que asumir la vida con seriedad, con responsabilidad, y hay momentos para todo. Pero siempre debemos buscarle el lado positivo a las cosas. Siempre hay que llevar a pasear al niño que tenemos dentro".
¿Hay algún juguete que recuerdes de tu infancia?
"Una vez mi papá llegó al colegio donde yo estudiaba (que quedaba a dos cuadras de RCTV) vestido y maquillado como uno de sus personajes en Radio Rochela y con una caja enorme envuelta en papel de regalo. Cuando la abrí, encontré una pista de carros muy moderna. Para mí ese juguete fue especial no sólo por lo novedoso, sino por la oportunidad de ver a mi papá allí, haciéndome reír a mí y a mis amiguitos".
¿Si pudieras volver a los años de infancia, qué revivirías?
"Los momentos con mi padre y con mi madre. Los diciembres todos juntos en la mesa compartiendo, porque eran inolvidables. Los momentos en que papá y yo hacíamos mercado, en que ambos estábamos conectados en la cotidianidad, muy unidos, jugando. Creo que pediría que mi padre estuviera vivo y me llevara a los estadios de beisbol como lo hacía antes".
Lourdes Valera

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"SIGO SIENDO UNA NIÑA SOÑADORA" |
Lourdes Valera se inició en el mundo del teatro y la televisión cuando tenía sólo 12 años y, contrario a lo que muchos puedan creer, su precoz incursión artística no le robó ni un minuto de su vida ni su pensamiento de niña. "Yo me inicié en el teatro con una directora que nos exigía mucha disciplina. Sin embargo, para mí eso nunca fue un trabajo o una obligación, porque era maravilloso poder interpretar a los personajes de cuentos infantiles con los que soñaba".
Tanta inocencia tenía Lourdes en su niñez que su juego preferido era uno en el que su hermana y su tía la ponían a limpiar toda la casa. "Ellas me tenían de esclava todos los sábados, haciéndome creer que yo era Cenicienta y que el Príncipe vendría a rescatarme. Yo de gafa les hacía todas las labores domésticas, porque creía que me había quedado con el príncipe. Obviamente ese príncipe nunca venía, pero no importaba si la semana siguiente tenía que volver a limpiar la casa. Yo era feliz con mi fantasía".
Y es que Valera dice que siempre ha sido una soñadora. De hecho, el juguete que más recuerda es una muñeca bailarina que le regaló su papá a los seis años y que conservó hasta los 15. "Para mí esa muñeca era un símbolo de libertad y de todo lo que yo quería ser. Bailaba de verdad, era de baterías y se movía, levantaba las piernitas y daba vueltas. Aunque era bizca no me importaba, porque cuando yo jugaba y la miraba sentía que era capaz de volar".
¿Conservas en ti esa niña que soñaba con el príncipe?
"Todos conservamos algo de niño y lo más importante es dejar que ese niño salga en algún momento. Sin ser toda la vida un irresponsable o un inmaduro, es importante tener ese niño despierto, darle vida y oírlo, porque cuando somos adultos nos llenamos de tantas responsabilidades que le tapamos la boca y no lo dejamos decirnos las cosas importantes".
¿Qué cosas de niño deberían conservar los adultos?
"La espontaneidad, la capacidad de riesgo. Los niños son irresponsables y eso los hace libres. A veces nos atamos a cosas que nos quitan libertad y deberíamos permitirnos no ser tan duros con nosotros mismos. Además, los chamos son honestos. Ríen, lloran y gritan porque lo sienten. Ojalá pudiéramos quitarnos las caretas".
¿Te sientes una niña grande?
"A veces sí, porque soy ingenua para algunas cosas y no quiero perder esa ingenuidad. A mí todavía hay cosas que pasan que me sorprenden mucho".
Andreína Álvarez

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"SOY INOCENTE
Y TRAVIESA" |
"Siempre fui la payasa", es lo primero que recuerda Andreína Álvarez cuando habla de su infancia. "Y lo sigo siendo", confiesa con una sabrosa carcajada. La actriz y animadora que por estos días promueve los descuentos de una popular tienda, co-anima Bailando con los gorditos en Súper Sábado Sensacional (Venevisión) y se ríe de la obesidad en una obra de teatro, siente que no ha dejado atrás a la niña traviesa que regañaban las monjas en el colegio. "Agradezco la formación que recibí en ese colegio, pero por razones obvias el estilo de educación limitaba mucho mi carácter extrovertido. Por eso me volví una niña rebelde, pero sana", se apresura a decir. "Yo era la que organizaba las bromas de mi grupo, siempre estaba alegre y me gustaba que la gente a mi alrededor estuviera feliz. Era tan tremenda que una vez organicé una expedición a lo Dick Tracy para descubrir los 'misterios' que 'ocultaban' las habitaciones de las monjas. Al final me dio mucha emoción comprobar que eran cuartos muy sencillos, con un crucifijo y una pequeña cama como en la comiquita Heidi".
Ni se les ocurra pensar que Andreína peinó Barbies o coleccionó peluches, como una pequeña convencional. Lo de ella fue siempre la adrenalina. "Como era 'malandrita' desde chiquitica, siempre esperaba la hora del recreo para jugar 'quemado', algo bastante violento para una niña. Luego canalicé mi energía a través del kicking ball y el baloncesto. Eran juegos varoniles, pero los disfruté mucho".
Sin embargo, en esta alocada muchachita siempre hubo algo de ternura. La suficiente para atesorar con mucho cariño unos muñecos Pin y Pon "a los que se les hacía una casita en miniatura" (¿se la imaginan en esos menesteres?) y una muñeca tipo bebé llamada Repollito. "Me gustaba mucho, a lo mejor porque se parecía a mí. Era súper cachetona y regordeta".
¿Te sientes una niña grande?
"Totalmente. Creo que 90% de mi vida está manejado por mi niño interior, ése que no tiene malicia. A veces mi mamá me pide que aprenda a desconfiar, que no sea tan inocente o pendeja".
¿Qué características de los niños deberían tomar los adultos?
"La verdad y la sinceridad. Los adultos vivimos con el temor del que dirán, mientras que los niños simplemente son ellos mismos, sin poses, y por eso son tan transparentes y mágicos. Uno siempre vive cohibido de hacer muchas cosas, mientras los niños nada más se preocupan por ser felices".
¿Qué conservas de tu niñez?
"La travesura. En mi casa sigo siendo la payasa, hago bromas hasta de los momentos difíciles, porque creo que eso ayuda a aligerar las cargas. En mi trabajo, creo que mi fortaleza como animadora y actriz es la de atreverme a hacer cosas que pudieran parecerle ridículas al común de la gente y disfrutar sin vergüenza haciéndolas. Dentro de una familia de abogados, tenía que salir una oveja negra. Y esa fui yo".
Guillermo Canache

El actor y animador de Televen creció en Mérida rodeado de naturaleza, del clima templado y de muchos muchachos que, como él, corrían en busca de aventuras. Sin embargo, para él su infancia es símbolo de televisión. "Yo era (bueno, soy) fanático de las comiquitas japonesas, como Mazinger Z, Gladiador, Galáctico y Meteoro. Todo esto que llegaba a Venezuela yo me lo 'tripeaba'. Y me lo sigo 'tripeando'". Guillermo también recuerda un juguete que le sirvió de compañero de batalla durante ocho años. "Yo tuve un Hulk grande que era súper especial porque resistió todas las batallas de mi infancia. Fue congelado, sumergido, quemado, lanzado de un pent house y el tipo siguió allí conmigo. Realmente era 'el hombre increíble'. Creo que fue el mejor juguete que un niño podía tener".
Unos cuantos años han pasado. Canache ha crecido varios centímetros y tiene una hija de ocho años por la que tiene que comportarse como adulto. Sin embargo, es precisamente su hija la que lo mantiene conectado con su espíritu infantil. "Yo realmente no he crecido. Todo hombre tiene un niño por dentro y quienes lo asesinan se vuelven seres que sólo desean su propio beneficio. Debemos crecer como seres sociales, asumir responsabilidades, pero no olvidar cómo nos fascina sorprendernos con detalles simples".
¿Qué conservas de tu pensamiento de niño?
"Sentir que la mayoría de las personas son buenas y la enorme capacidad de soñar. Yo creo que soy actor por eso. Porque de alguna manera puedo jugar a soñar, sin daños a terceros".
¿Qué consejos infantiles deberían seguir los adultos para ser más felices?
"Olvidar las diferencias. Los niños se unen sin importarles si son blancos, negros, judíos, cristianos, altos o bajos. Simplemente juegan".
Si fueras niño ¿qué pedirías?
"Que por un breve instante todos fuéramos niños... Me encantaría ver a nuestro país gobernado por un niño. Te aseguro que estaríamos mucho mejor".
efcastillo@eluniversal.com
| Un día en el parque |
| La sesión fotográfica en el parque Bimbolandia de Caracas fue una experiencia divertida para este cuarteto. Andreína Álvarez se conoce las vueltas del Gusanito de memoria, porque muchos de sus cumpleaños se celebraron en este lugar. Juan Carlos Barry se escapa a cuanta montaña rusa consigue para empotrar en ellas su humanidad de un metro noventa y pico, cada vez que visita a sus hermanas en Florida (Estados Unidos). Lourdes Valera conoció Disneylandia de adulta y confirma lo que muchos dicen: "uno se vuelve muchachito otra vez". Guillermo Canache le tenía fobia a estas instalaciones cuando era chamo -"porque una vez me perdí en un parque"-, pero con el tiempo le agarró tanto gusto a los carritos chocones que ahora son su aparato preferido. "Hago catarsis con ellos, porque puedo golpear a otros sin que me castiguen", dice medio en broma, medio en serio. Todos sonrieron a la lente y pudieron sentirse niños a sus anchas, sin complejos ni vergüenza. ¿Cuál será el encanto que encierran estas atracciones? Al menos para este grupo, saber que el día a día está lleno de carruseles, tiovivos y carros chocones. "Como un parque de diversiones, la vida está hecha para disfrutarla -reflexiona Canache-, pero con nuestra actitud, la transformamos en algo traumático". Para Andreína Álvarez, el asunto se resume de esta forma: "la vida es la perfecta montaña rusa. Hoy puedes estar en el punto más alto y mañana tener un bajón. Lo importante es que la montaña rusa siempre esté en funcionamiento y que uno pueda montarse tantas veces como sea necesario. Aunque a veces te marees… y hasta vomites". |
Agradecimientos
Atracciones Bimbolandia
Avenida Los Próceres, Valle Abajo.
Teléfonos: (0212) 693.9189 /9652
www.atracccionesbimbolandia.com.ve
parquebimbolandia@cantv.net
Ver también en Encuentros:
- Francisco León. "Quien no arriesga, no gana"
- Renato Capriles. Mucho que contar, mucho que cantar
- Pekín 2008
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