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ISA DOBLES
"Que se unan los extremos
en amor por la ciudad"

Periodista incansable, le encantaría entrevistar a Caracas, barrerla hasta debajo de las piedras, no dejarla más nunca, y caminarla con un poeta
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

Isa Dobles ha vivido varias Caracas. La primera la vio pasar antes sus ojos infantiles a través de la ventana. Así presenció los carnavales, las procesiones, los grandes visitantes de la ciudad, y las celebraciones y saqueos cuando murió Gómez.
Luego vivió la Caracas de la resistencia política, ésa en la que conoció a su padre a los seis años, pues él huía de la persecución. Con su madre fue una noche a La Charneca, esperaron hasta que en lo alto del cerro una luz se prendió y apagó tres veces: "Era papá, avisándonos que podíamos subir. Así lo hicimos, y al fin lo vi por primera vez".

Luego recuerda la Caracas del exilio familiar, en Barranquilla. A su regreso, años después, con su padre hecho gobernador, se adentró en la urbe gracias al periodismo, el mismo que más tarde la llevaría a su propio exilio político.

De nuevo en la forzosa distancia, en Costa Rica, añoró cada rincón de la ciudad, tanto que cerraba los ojos para imaginar El Ávila. "Ésta es una parcela muy importante de mi corazón -dice. Y la montaña es nuestro manto protector".

Ve a la capital como la matriz de una madre, siempre dispuesta a darlo todo. Por eso, aunque vivió una plácida temporada en Cuba, en una cómoda casa, con un empleo respetable y siendo - no es un secreto para nadie- muy amiga de Fidel Castro, jamás pensó en dejar para siempre la capital. Pudo hacerlo, pero no quiso. "Primero, jamás abandonaría mi ciudad; segundo, quedarme hubiera acuerpado el chisme de que yo era la amante de Fidel. Qué va, me había cuidado mucho para terminar siendo, a escondidas, la amante de un hombre importante".

"Sin rodeos, le preguntaría (a Caracas, en una entrevista imaginaria, de esas que tanto escribió): "¿Te hace falta dormir tranquila? ¿Te hace falta que te abracen y que te
hagan reír?"

En la actualidad, con 77 años, cuando ve la basura en las calles, siente que Caracas le grita: "¡Me estoy asfixiando! ¡Hagan algo!". Ella la escucha y le susurra: "Tranquila, aquí estamos los caraqueños, y sí haremos algo".

Por eso, sueña con brigadas voluntarias que salgan a barrer las calles. "Que en lugar de armas, tengamos escobas y lo limpiemos todo; que se unan los extremos de Caracas en amor supremo; que traigan flores de Los Andes y las siembren por todos lados; que hagamos de este lugar un nacimiento hermosísimo". Ésa, cree, será la venganza de los caraqueños: convertir cada esquina en un parque, y que otra vez dé gusto asomarse a la ventana y ver pasar la ciudad.

Periodista incansable, tras entrevistar a decenas de venezolanos notables en los últimos 40 años, desde Pancho Herrera Luque y María Teresa Castillo hasta Ramón J. Velázquez y Simón Díaz, le anima pensar en una entrevista imaginaria, de esas que tanto escribió, sólo que ahora el personaje no sería un ilustre del pasado, sino la Caracas de hoy. Sin rodeos, le preguntaría: "¿Te hace falta dormir tranquila? ¿Te hace falta que te abracen y que te hagan reír?".

Sigue fantaseando e imagina un último encuentro periodístico que la hace brillar de emoción: "Me encantaría descubrir la ciudad con un poeta: Imagínate, pararme en una esquina y pedirle: 'Viendo El Ávila a esta hora, hazme un poema'. Y luego, ir a Los Chorros y preguntarle: '¿Cómos sientes a Caracas aquí?'. Y subir a un edificio muy alto, ver las autopistas, y que me diga qué piensa. Llevarlo a La Charneca, donde conocí a papá: '¿Qué te dice la ciudad?'. E ir al Humboldt de noche, para ver los fantasmas y decirle: 'Mira a Caracas, allá abajo. ¿Qué escuchas? ¿Qué sientes?… dímelo en poesía".

.johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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