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Fotos: www.shutterstock.com/Victoria Alexandrova

¿Has agotado ya tu capital solar?

Es importante saberlo, porque de este
sistema defensivo
depende, en gran
medida, el estado
del ADN de tus
células y tu grado
de fotoenvejecimiento

Por Sonia Fornieles

Esta expresión, capital solar, se ha puesto muy de moda últimamente, y no es otra cosa que un mecanismo de defensa que tiene la piel para protegerse de las agresiones del sol. Es decir, cada persona posee un sistema de protección que permite reparar los daños provocados por la exposición solar. Cuando este sistema defensivo se pone en marcha, la piel consume melanina, queratina, vitaminas... que el propio cuerpo va reponiendo según se gastan, pero llega un día en que esas reservas se agotan y perdemos la capacidad de protegernos del sol. Julián Sánchez Conejo-Mir, presidente de la Academia española de Dermatología (AEDV) y jefe de dermatología del Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla, explica claramente en qué consiste: "La piel es como una bolsa llena de monedas, y cada moneda es una hora de exposición solar. Cada persona, cuando nace, tiene asignadas unas monedas, y la cantidad es mayor o menor en función del fototipo de piel. A lo largo de la vida las vamos gastando, así que el estado de nuestra piel depende de lo bien que las administremos". Dos personas de la misma edad y características físicas pueden tener diferente capital solar, si una ha tomado el sol sin protección en su infancia y ha padecido quemaduras solares y la otra no?

¿Cómo sabes que se está terminando?
La piel no es como un teléfono celular de prepago que te avisa cuando "tu saldo está próximo a agotarse", pero sí nos envía señales que podemos interpretar para esmerarnos en el ahorro de esas monedas solares que nos quedan. "El sol envejece la piel, independientemente de la edad de la persona. El colágeno se pierde y tenemos la epidermis menos elástica, comienzan a aparecer pequeñas manchas, arrugas prematuras... O sea, el cuerpo nos avisa de que nos estamos consumiendo la dermis (capa profunda de la piel por debajo de la epidermis y sobre la hipodermis) por una excesiva exposición al sol", comenta Conejo-Mir. Es posible detener este proceso tomando las medidas adecuadas, y a veces revertirlo "con ayuda de láseres, medicina antiedad... y, por supuesto, tomando precauciones no sólo al ir a la playa sino también al pasear, ir al campo, hacer deporte...".

¿De qué protegerse?
La respuesta no es tan obvia como crees -del sol- ya que sus rayos también pueden alcanzar nuestra piel indirectamente cuando se refleja en determinadas superficies. Por ejemplo, ¿sabías que en el agua rebota 20% de la radiación solar; en la hierba 10%; en la arena de 15% a 25% y en la nieve 85%? Con lo cual, sobre cualquiera de estas superficies, además de la radiación directa del sol, tendremos una ración extra de rayos ultravioleta.

Los días nublados también son un poco tramposos, ya que las nubes no dejan pasar ni el calor ni la luz, pero sí que abren la puerta a los UVA y UVB; los primeros son causantes del envejecimiento cutáneo, los segundos, de las quemaduras solares, y ambos del cáncer de piel.

La mayoría de los protectores solares de última generación, además de prestar atención a nuestra piel y protegerla, escarban un poco más y protegen nuestras células, concretamente su ADN. Según los laboratorios La Roche Posay "los rayos UVA son capaces de dañar indirectamente las células cutáneas a través de los radicales libres. Éstos atacan el ADN celular y causan deficiencias que aceleran el envejecimiento e, incluso, provocan la aparición de melanomas". La especialista Eulalia Mateu explica cómo las cremas mantienen a salvo nuestras células. "Los protectores que llevan sustancias antioxidantes en su composición protegen el núcleo de las células de la acción de los rayos solares. Entre estos ingredientes se encuentran la vitamina C, la E o precursores de éstas".


foto: www.shutterstock.com/Dash

 

EL SOL, RAYO A RAYO
Tener una insolación no es lo mismo que quemarse, y esto último tampoco es igual a fotoenvejecer (piel ajada a causa de un exceso de luz solar). Las tres cosas pueden ir acompañadas, pero cada una de ellas es "obra" de un tipo de radiación concreta. Los rayos infrarrojos (IR) son los responsables de la sensación de calor. Si nuestro sistema de regulación de temperatura corporal se satura por un exceso de IR estaríamos hablando de una insolación, y existiría riesgo de deshidratación. Si pasamos mucho tiempo al sol, sin protección, la piel no tiene tiempo de fabricar melanina para protegerse de los rayos UVB y acabamos por quemarnos. El FPS que aparece en los envases de crema nos indica la protección frente a esta radiación.

Las pequeñas grietas que se hacen en la piel de personas jóvenes, los léntigos (manchas marrones), la falta de elasticidad... son consecuencia directa de la degradación de las fibras de colágeno y elastina de la dermis que provocan los rayos UVA. La protección contra los UVA ha de estar especificada en los envases y debe ser, como mínimo, un tercio de la anterior. Por ejemplo, en un SPF 50 (para UVB) la protección frente a UVA que ese producto aportaría como mínimo sería de 16.6 (50/3) y para un SPF 40, de 13.3 (40/3).

Pero no todo es malo, estos rayos, aparte de dar color a la piel, estimulan la síntesis de vitamina D, disminuyen la presión sanguínea, mejoran la calidad del sueño, ahuyentan la depresión y aceleran la cicatrización de heridas.

MELANOMA: IDENTIFÍCALO
Hay que saber diferenciar entre peca, léntigo, lunares y melanoma para evitar falsas alarmas. Un lunar es una acumulación de células pigmentarias (melanocitos). Puede ser diferente según la zona del cuerpo en la que esté. Según Conejo-Mir "todos tenemos lunares". El melanoma es un tumor maligno. Se desarrolla sobre un lunar, pero también puede surgir espontáneamente. Es una agrupación de melanocitos malignos, y la causa principal es la exposición al sol. El diagnóstico precoz permite curar 100% de los melanomas, de acuerdo a los especialistas. Es muy importante saber localizarlos, así que apréndete el ABCDE del melanoma.
Asimetría: A diferencia del lunar el melanoma es asimétrico.

Borde: Es irregular.
Color: No es homogéneo, presenta claroscuros.
Diámetro: Superior a 6 mm.
Evolución: Usualmente es un lunar que cambia de forma, tamaño, color...

Todo esto puede resumirse, según Carlos Guillén, jefe del servicio de dermatología del Instituto Valenciano de Oncología en la "teoría del patito feo. Si miramos la espalda de un paciente con muchos lunares y tiene uno muy diferente al resto éste sería el sospechoso".

CUESTIÓN DE FILTROS
Son el alma de una crema solar ya que de ellos depende la calidad de la protección. Hay dos tipos de filtros: químicos y físicos. Los primeros, también llamados orgánicos, están formados por partículas de pequeño tamaño que penetran en la piel. No protegen frente a todas las radiaciones sino que, dependiendo del filtro elegido, anulan los UVA o los UVB, por este motivo se utilizan combinados entre sí. Los segundos han sido formulados con partículas grandes, que no penetran en la piel y dejan sobre el cuerpo una pantalla blanquecina (hace años casi todas las lociones con FPS alto usaban estos filtros) que refleja los rayos. Están indicados para bebés y personas fotosensibles. Hay cremas que combinan ambos tipos de protección.

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