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Prolapso
Buenas nuevas

No compromete la vida, pero sin duda el prolapso es uno de los problemas que más preocupa a las mujeres que han tenido partos vaginales, pues les impide disfrutar a plenitud de su sexualidad. Antes, sólo los casos más severos podían optar por una intervención quirúrgica; hoy, el láser emerge como una solución para atacar la enfermedad desde su aparición.
María de los Angeles Herrera

Cristina tenía 35 años y luego de dos partos vaginales trabajosos comenzó
a sentir que su satisfacción sexual
iba en descenso, debido a que
—de alguna manera— sus
músculos ya no se contraían lo suficiente durante la penetración. Suponiendo que su condición era totalmente normal y venía dada
por la edad, dejó pasar un par
de años hasta que durante un examen
de rutina, su ginecólogo se percató de que tenía prolapso vaginal y rectal de segundo grado. “¿Prolapso? —pensó horrorizada—, pero si eso sólo le pasa a las personas mayores”. Salió del consultorio bastante deprimida, luego de que su médico la regañara por no haberlo consultado antes: había pasado por alto algunos síntomas importantes, entre ellos los escapes involuntarios de orina, sobre todo mientras realizaba esfuerzos físicos como subir escaleras, y también su reciente dificultad para ir al baño, situación que ella había atribuido a un estreñimiento pasajero causado por sus continuos ataques de estrés.   

Como Cristina, millones de mujeres en todo el mundo padecen de prolapso, una enfermedad causada por el debilitamiento de las estructuras musculares que dan soporte a los genitales femeninos y a todos los órganos circundantes, incluyendo la vejiga, la uretra, el recto y el útero. Paúl Piñero, ginecobstetra de la Policlínica Metropolitana, explica que “la vagina está rodeada por una malla muscular y esa misma malla que abarca los genitales externos sirve también de sostén para el resto de las estructuras que la rodean. Si tienes una casa a la cual le fallan las bases, la casa se viene para abajo. En los genitales pasa lo mismo: si esta malla muscular se debilita, las estructuras que ella sostiene van a descender”.

Contrario a lo que muchas personas piensan, el prolapso no es una condición natural de la vejez —como tener canas o arrugas— ni tampoco es exclusiva de esta etapa de la vida. Si bien es cierto que el diagnóstico puede darse de forma tardía, debido a que es común que se consulte sólo cuando los síntomas son severos, las más jovencitas —que tienen incluso cerca de 25 años— ya empiezan a sentir los embates de la afección, luego de que sus músculos perineales —también llamados del piso pélvico— reciben el impacto de un parto vaginal laborioso. Según Piñero, lo que ocurre es que con la edad los síntomas se hacen más notorios, lo cual motiva la visita a un especialista.

Dos en uno

Debido a la cercanía entre la vagina y la vejiga, lo primero que suele aparecer es un prolapso de esta última, enfermedad que en el entorno médico recibe los nombres de cistocele o colpocele anterior, y que está caracterizada por la incontinencia urinaria en distintos niveles, que pueden variar desde unas cuantas gotitas de orine, cuando la mujer tose, se ríe o estornuda, hasta una pérdida tan importante de fluidos que la persona se vea obligada a utilizar una toalla sanitaria o, incluso, un pañal a diario para poder controlar las micciones involuntarias.   

Pero el prolapso de vejiga pocas veces viene solo. El especialista advierte que “con frecuencia está asociado al prolapso de recto, también llamado rectocele o colpocele posterior”. Cuando la mujer ejerce presión, se abomba la pared posterior de la vagina y cae hacia afuera, formando una especie de cavidad donde, muchas veces, se depositan las heces, dificultando su expulsión normal. En la mayoría de los casos la mujer no nota mayor variación, con excepción de un poco de dificultad a la hora de defecar; pero cuando el deterioro del músculo es severo, puede ocurrir que se vea obligada a introducir un dedo en su vagina para aumentar la presión en la parte posterior y facilitar la evacuación.

La explicación del porqué ambos prolapsos están asociados resulta bastante lógica. Afirma Piñero que “la vejiga y el recto son estructuras que están sostenidas por la misma malla muscular y por ende al relajarse el tejido se aflojan ambos”; sin embargo, la mujer generalmente resiente las molestias causadas por uno solo de los prolapsos, aquel que le cause mayor incomodidad.  

A tiempo

Múltiples partos —especialmente si son traumáticos—, poca calidad del tejido muscular pélvico —más frecuente en mujeres blancas y de raza asiática—, edad avanzada —debido a que la reducción de los niveles de estrógeno influye en el tono muscular— y aumento de la presión abdominal, como consecuencia de obesidad, afecciones respiratorias crónicas o actividad física excesiva son algunos de los factores que pueden determinar la aparición de un prolapso, enfermedad que suele ser “diferente en cada mujer —sentencia el ginecobstetra—, pues todo va a depender del daño que haya sido causado a la musculatura”.

Durante la etapa más incipiente de la afección, las estructuras internas descienden —sobre todo la vejiga— pero no llegan a salir de la vagina, en estos casos la mujer sólo refiere una disminución de su satisfacción durante el acto sexual. En el segundo nivel las estructuras llegan a salir de la vagina, pero únicamente cuando la persona realiza un esfuerzo físico, como cuando se agacha, ríe, estornuda o tose; durante esta etapa se refiere incontinencia urinaria en distintos grados y, eventualmente, puede aparecer dificultad para evacuar, debido a la presencia de un prolapso rectal asociado. En el tercer —y último— escalón, los órganos internos permanecen expuestos fuera de la vagina aún cuando la mujer esté en estado de reposo, y es en este instante, precisamente, cuando suelen acudir al médico, pues las pacientes presentan dolor en el bajo vientre y notan una especie de bulto en el área genital que, en ocasiones, les genera dolor durante el coito.

Respecto a los niveles de incidencia, según el especialista, “todos los libros dicen
que el prolapso grado II y III  lo padece cerca de 10 por ciento de la población femenina a nivel mundial, pero del prolapso grado I hay muy pocas estadísticas, porque la gente normalmente no consulta”. ¿La razón? Pocas conocen la importancia de un diagnóstico oportuno, pues el prolapso es una enfermedad que de no ser tratada a tiempo puede generar complicaciones capaces de afectar la calidad
de vida y la sexualidad femenina: como durante el prolapso la abertura vaginal es mucho mayor a lo habitual, la penetración de gérmenes causantes de infecciones es mucho mayor; adicionalmente, la mujer tiene más riesgo de padecer de sequedad genital, ya que la vagina es una cavidad que debe permanecer cerrada para conservar su característica humedad. Por otra parte, en casos más avanzados, la inflamación derivada de las infecciones y la resequedad puede generar dolor al mantener relaciones sexuales y, a futuro, incluso un prolapso del útero.
   
En combo

Hace 15 años que el ginecólogo estadounidense David Matlock, el mismo que pertenece al equipo del espacio Dr.90210, transmitido por E! Entertainment Television, decidió utilizar un bisturí de láser para evitar el excesivo sangrado vaginal durante las intervenciones quirúrgicas de los genitales femeninos y, desde entonces, muchos han sido los profesionales alrededor del globo que se han sumado a su técnica, luego de cursar estudios y realizar prácticas intensivas en el Laser Vaginal Rejuvenation Institute, un centro de estudios creado por Matlock para dar a conocer su innovadora propuesta.

Un año ha transcurrido desde que Paúl Piñero —el único venezolano certificado por Matlock— comenzó a realizar la intervención en Venezuela y ya son muchas las beneficiadas con este sistema que —a diferencia de la intervención quirúrgica tradicional— sí ofrece una solución para quienes se encuentran en el primer estadio de la enfermedad.

“La cirugía, evalúa Piñero, estaba dirigida a reconstruir las estructuras que dan sostén a la vagina, lo cual implicaba devolver la vejiga o el recto a su sitio y fortalecer los músculos que le dan sostén… pero el sangrado durante la operación hacía que los médicos trabajaran apurados y las condiciones quirúrgicas no eran ideales, por eso los resultados no eran tan buenos como esperaba la paciente”. Con el uso del bisturí de láser, hay un desempeño mucho más preciso en el área vaginal, debido tanto a la delgadez del bisturí como a la reducción del sangrado lograda con la técnica. Por otra parte, el método Matlock —como algunos le llaman— permite una rápida recuperación frente a la cirugía tradicional: uno o dos días de hospitalización y tres semanas de reposo frente a una intervención ambulatoria y cerca de cinco días de permiso suelen ser aspectos determinantes para las afectadas. Finalmente, las heridas sanan más rápidamente, debido a la cauterización automática del láser, y los cuidados posteriores —lavado con agua, jabón y antiséptico— son los mismos de cualquier otra intervención.

En su página web, Matlock explica que la técnica de Rejuvenecimiento Vaginal con Láser (LVR, por sus siglas en inglés), ofrece resultados inmediatos, que van más allá del control de la incontinencia urinaria. Paúl Piñero, por su parte, no duda en afirmar que “los resultados de esta técnica vienen en combo”, ya que se logra “reducir los diámetros internos y externos de la vagina, remover el exceso de mucosa vaginal, reforzar el cuerpo perineal y aumentar la fuerza y el control muscular de la cavidad”. Como valor añadido, la mujer incrementa su satisfacción sexual durante la penetración y se mejora notablemente el aspecto estético de la vagina, pues se corrige de forma inmediata la flacidez de los labios.


mherrera@eluniversal.com

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Recuperación en marcha

La realización de los ejercicios de Kegel puede ayudar
a que las mujeres que presentan una relajación leve de su musculatura pelviana puedan recuperar el tono perdido; por ello lo ideal sería que desde la adolescencia ya se empezara a realizar el entrenamiento. Puede llevarlo a cabo en cualquier posición —de pie, sentada o acostada—, pero recuerde que la constancia es clave: practíquelos al menos tres veces al día y en tres meses observará cambios sustanciales en la fortaleza de sus músculos.  

Mientras se lleva a cabo la micción interrumpa el flujo de orina y trate de mantener la vejiga contraída durante el mayor tiempo posible.
Vacíe su vejiga
Apriete sólo el ano
Contraiga sólo la vagina
Comprima el área genital completa

Para realizar esta práctica correctamente, deberá llevar a cabo cinco ejercicios de cada uno, a razón de cuatro segundos de contracción seguidos de cuatro de relajación.
La idea es alcanzar los cinco minutos de entrenamiento, para lo cual puede ir aumentado gradualmente el tiempo en que sus órganos permanecen contraídos hasta llegar a los 10 segundos. 

Tome en cuenta que aumentar la frecuencia diaria de su entrenamiento no le permitirá obtener resultados más rápido, por el contrario, podría causar fatiga muscular y, en casos más severos, incrementar la pérdida de orina producto del prolapso.

 
Piso pélvico en aprietos

¿Ha tenido en alguna oportunidad sensación de peso en la zona genital?   

SI               NO


¿Alguna vez se le ha escapado un poco de orina al subir o bajar escaleras o mientras ríe, estornuda, tose, corre o salta?

SI               NO

Al interrumpir bruscamente el flujo de orina ¿se le escapan algunas gotas?   
   
SI              NO

¿Ha tenido últimamente dolor durante las relaciones sexuales? 


SI              NOs

En caso de responder afirmativamente a dos o más de estos cuestionamientos, usted debería consultar al ginecólogo para que, cuanto antes, inicie la recuperación de su piso pélvico.

Fuente

www.sogiba.org.ar

 

Fuente consultada

Paúl Piñero. Ginecobstetra. Policlínica Metropolitana. Telf.: 908.0624.

 
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