“Ataide, un elefante del circo, nunca está atado y no se escapa. Le pregunté al entrenador, ‘¿porqué no era libre?’, a lo que me respondió: ‘porque le pasa lo que a mucho de nosotros cuando fuimos pequeños. A ese elefantito lo tenían atado fuertemente de una pata con una cuerda y él halaba y halaba porque quería ser libre. Se lastimó su pata y le causó una profunda herida, pero no sólo a su pata sino también a su cabeza, hasta el punto de que nunca más intentó tratar de escapar. Ahora, tiene una cuerda imaginaria por el temor que siente, y no lo deja escapar’”.
Existen personas que tienen sus vidas tan perfectamente organizadas que les es imposible considerar la posibilidad de incluir algún cambio en la rutina que han mantenido y repetido en los últimos años. Tal vez porque alguna vez aprendieron que la vida era simplemente una experiencia para satisfacer una serie de necesidades básicas, o para conseguir una serie de metas personales y alcanzar un cierto status o nivel de vida material, construyendo así un supuesto espacio de confort y seguridad en el que desean transcurran sus días.
Pero lo cierto, es que aun viviendo en esta supuesta zona de confort y de haber logrado una serie de objetivos, esperando sentirse felices y plenos al haberlos conseguido, en algún momento de sus vidas descubren que continúan sintiendo una especie de vacío interior, que no los deja sentir la paz y la alegría que siempre soñaron disfrutar. Y ante esta situación, la lista de necesidades personales, como ese libro por leer, ese café con nuestra pareja, esas vacaciones soñadas, la hamaca que nos invita a descansar… van quedando en el olvido porque no son importantes y tampoco urgentes.
La vida se ha convertido en una interminable lista de cosas por hacer, y a pesar de emplear todo nuestro tiempo para realizarlas, nunca se acaban. El deber siempre se enfrenta al querer en nuestra vida diaria, y cuando nos tomamos algún momento de disfrute o descanso, experimentamos un gran sentimiento de culpa o de angustia que nos produce actuar por placer, en lugar de hacerlo por deber.
Hemos sido programados para vivir ocupados la mayor parte del tiempo, hasta el punto en que, si ya cumplimos con el trabajo, los compromisos o las responsabilidades que teníamos, la mente se encarga de traer el recuerdo de aquel asunto pendiente, del cual debemos ocuparnos de inmediato, sacrificando el poco tiempo libre que tenemos. Hay personas que se fabrican ocupaciones y actividades, que no tienen capacidad de disfrutar del tiempo libre, sin culpa y con tranquilidad.
Vale la pena que revisemos nuestro estilo de vida, y nos preguntemos qué podemos hacer para simplificarlo y ganar un tiempo de calidad que nos permita disfrutar más de las cosas sencillas, pero esenciales de la vida.
Casi sin darnos cuenta, la rutina, el estrés y las presiones causadas por un exceso de responsabilidad hacen que le demos más valor a las cosas superficiales y materiales pensando que de esta manera nos vamos a sentir bien aunque sea momentáneamente, mientras que postergamos los viejos sueños y el deseo de compartir con las personas queridas o de realizar actividades más sencillas y relajantes, para otro momento de la vida. Los vacíos existenciales no pueden llenarse con cosas ni con un exceso de actividad o consumiendo productos que te hagan evadir la realidad; por el contrario, es bajando la velocidad de tus días y reduciendo el número de actividades como podemos volver al encuentro con nosotros mismos y con nuestras verdaderas necesidades.
Encontrarle un sentido trascendente a nuestra vida hará que valga la pena cada pequeño o gran esfuerzo dirigido a conseguir el bienestar, la tranquilidad y la libertad esencial que nos lleven a ser auténticos, seguros y determinados para disfrutar más la vida y compartir lo mejor de cada uno de nosotros con las demás personas. No tiene sentido que continuemos afectándonos por las cosas que suceden afuera, mucho menos por los comentarios negativos o temerosos que hacen correr los demás, sin asegurar la veracidad de los mismos.
Para algunas personas perder la actividad o el ritmo de trabajo que llevaban en los últimos años, puede significar quedar deshabilitados en todos los aspectos de su vida, perdiendo la motivación, la pasión y el entusiasmo. Cuando una persona se retira, es muy conveniente que mantenga cierto tipo de actividad mental y física, para no perder la vitalidad, la claridad mental y la juventud del espíritu, tan necesarias para descubrir y disfrutar de los nuevos aspectos que tiene una nueva etapa en la vida. Recordemos que la verdadera juventud es la del espíritu, y se mantienen en la medida en que tenemos buena actitud, energía, entusiasmo y ganas de vivir cada día.
QUERIDA MAYTTE. Me encanta leer tus artículos en la revista, a veces me parece que me los escribes para mí. Tengo una pareja muy especial, nos llevamos bien y ya tenemos dos años juntos; sus padres viven en otro país y por esa razón no los había conocido. Mi suegra vino a visitarnos hace 15 días y me ha sido muy difícil la relación con ella. El es hijo único, así que me gustaría mejorar la comunicación, para que él se sienta tranquilo. ¿Me puedes dar algún consejo? P. L.
Si tu relación de pareja los incluye a ellos, es preferible que aprendas a conocerlos y aceptarlos como son para que puedas relacionarte bien con ellos. Lo mejor que pueden hacer es fijar unos acuerdos entre ustedes dos como pareja, de manera que mantengan una misma posición frente a ellos, así sabrán que su hijo te quiere y que está dispuesto a apoyarte en cualquier situación. Intenta que no te vean como alguien con quien deben competir por el amor de su hijo, después de todo puedes ser un poco más tolerante y permitir que compartan algunas actividades o momentos con él, ya que no viven cerca. Descubre cuáles son las cosas que le gustan a tu suegra y conversa con ella acerca de sus intereses; ten algún detalle casual, invítala a tomar un café, tráele unas flores o simplemente dale una llamadita de vez en cuando.
Evita competir con tu suegra para mostrarle a tu pareja que sabes cocinar o hacer las cosas mejor que ella, porque esto creará una fricción entre ustedes y lo pondrá a él en la posición difícil de tener que elegir entre tú o su madre. Piensa que el tiempo que estará con ustedes es muy corto y que no vale la pena causar enfrentamientos o propiciar discusiones que no cambiarán su manera de ser o de actuar.
HOLA, MAYTTE. Tengo una hija de 16 años, siempre ha sido una buena muchacha, pero últimamente hemos tenido algunos problemas con ella, ha bajado sus notas en el colegio, se la pasa hablando por teléfono y en la casa se ha vuelto callada y ausente; todo esto desde que está con un grupo nuevo de amigas que me parece que no le convienen. Cuando hemos tratado de hablar con ella, se molesta y dice que no es así. ¿Cómo podemos hacer para que ella comprenda que esas amistades pueden ser dañinas para ella sin que se sienta perseguida por nosotros? F.R.
Las amistades pueden ser peligrosas cuando son conflictivas, agresivas o cuando se aprovechan de otras personas, cuando quiebran su código moral, manipulando para que hagan cosas que atentan contra su vida, su salud, su moral o su dignidad. Una buena clave para saber si ella se siente a gusto en compañía de sus amigas es revisar a conciencia cuáles son los verdaderos sentimientos que experimenta cuando están reunidas; si siente culpa, temor o rechazo, debe alejarse de ellas. A veces el tener una baja estima, o sentirse inseguro o rechazado por algunas personas, tímido hacer amistades, puede ser la causa por la que este tipo de personas llegan a tener tanto poder sobre otras; la necesidad de formar parte de un grupo hacen que dobleguen sus principios y cambien su comportamiento para ser aceptados. No te preocupes, los valores que le inculcaron están adentro de ella y la llevarán a reflexionar y a elegir nuevos amigos. Háganla sentir querida, aceptada y parte de la familia, ayúdenla a hacer nuevas amistades y reacuérdenle que esas cosas nos pueden pasar a todos; lo importante es aprender siempre algo de esas experiencias para que no se repitan.
HOLA, MAYTTE. Tuve una relación de tres años y medio con mi pareja, nos iba muy bien, hasta que quedé embarazada, pero al saber la noticia me dejó. Yo continúo con mi embarazo. Sé que hay muchas mujeres que han pasado por esta situación y han salido adelante. No puedo entender cómo después de repetirme tantas veces: “!Te quiero mucho!”, él haya pasado al olvido total. La soledad es muy triste. R.R.
Comprendo tu situación. Hay hombres muy inmaduros e irresponsables. Quien no se hace cargo responsablemente de un hijo es una persona desalmada; alguien así, no merece tu sufrimiento y mucho menos tu amor. Necesitas aceptar lo sucedido, aunque sea difícil y doloroso, para poder pasar la página y concentrar toda tu atención en el bebé que pronto nacerá y te acompañará a vivir. Eres una mujer valiente que merece ser feliz y atravesar por esta etapa con mucha fortaleza y confianza en ti misma y en la Divinidad. Estoy segura de que contarás con el apoyo de tus familiares y amigos, y lo más importante, con tu determinación de salir adelante. Es difícil creer que alguien puede tener un hijo y olvidarse de él como si no existiera, pero así es. Cuídate mucho, aliméntate bien y recuerda que tu estado emocional afecta a tu bebé directamente, por eso es muy importante que dejes de sufrir y que le hables mucho, dándole la bienvenida a tu vida y a este mundo. Si percibe tu amor, será capaz de superar la ausencia de su papá cuando nazca. No sabemos lo que nos depara la vida más adelante, así que aprende a vivir el momento con la certeza de que todo está muy bien.
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