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revista Estampas
 


Soledad Bravo
Con el Caribe a sus pies

Se cumplen 25 años del disco producido por Willie Colón que, con piezas de Milton Nascimento, Chico Buarque y Silvio Rodríguez sazonadas en rica salsa, terminó de colocar sobre la cima del éxito a esta arrolladora cantante. Por eso hoy quiere celebrar reeditando aquel carnaval en el que coincide una María con un vagabundo y todo lo demás...
María Elisa Espinosa. Fotos: Natalia Brand y Rodolfo Beer

Parece que Shakira está en celos. Y así lo
hace saber, no sin preocupación, Ana Sol,
la hija de Soledad Bravo, retrato vivo de la
madre en tiempos en que se estrenaba como cantante en la Facultad de Arquitectura de la
Uh, Uh, UCV.

Pero Shakira no está sola. En esa hectárea de terreno incrustada en las montañas del sureste caraqueño donde los Sánchez-Bravo erigieron ya hace años un refugio marca Fruto Vivas, también conviven como parte de la familia otros perros, y entre ellos Wimpi, postrada sobre una alfombra, dormitando bajo el arrullo de Canción del elegido de Silvio Rodríguez, pieza que se escoge al azar “para que vayamos entrando en calor”.

Pero de pronto un... “Si alguien me pudiera quitar esa música, lo agradecería inmensamente”, se le escucha decir a la Bravo, con esa misma voz prodigiosa que ha marcado su carrera, mientras desciende por unas escaleras vistiendo una de las tantas batolas —hechas también ya parte de su sello— que en este caso seleccionó para lucir en un segundo bloque de sesión fotográfica.

“Estás bella, Solita”, le dice entonces Antonio Sánchez, su esposo y manager, mientras se mueve presuroso para cumplir los deseos —¡música de fondo mejor no, por ahora!— de quien ha decidido celebrar con una reedición el estruendoso éxito obtenido hace justo 25 años con el disco Caribe, producido nada menos que por el gran Willie Colón, e incluyendo canciones de los igualmente estelares Chico Buarque, Milton Nascimento y Silvio Rodríguez.

¿Y cómo olvidar aquel impacto que produjo en 1982 oir y ver a Soledad Bravo sobre una tarima cantando y bailándole a Venezuela, España, Estados Unidos y otros muchos países tan especial selección de canciones de aquellos artistas, versionados por primera vez a ritmo de salsa? Eran apenas siete piezas: Déjala Bailar, Ese Negro, Vagabundo, Carnaval y Fantasía (de Chico Buarque), María María (de Milton Nascimento y Fernando Brandt) y Son Desangrado (de Silvio Rodríguez)... ¡Pero cómo pegaron!

¿Qué hizo tan exitosa esta producción? ¿Es acaso para usted el disco fundamental en su carrera?

“En realidad pienso que es el disco que más éxito ha tenido nacional e internacionalmente bajo el punto de vista comercial. Ya yo tengo 40 discos grabados y este es, efectivamente, un disco que caló mucho popularmente, tanto aquí como en otros países, y sí creo que marcó un hito en mi carrera, en el sentido de que yo no estaba acostumbrada a cantar música tropical. Cantaba mucho a los poetas españoles, los latinoamericanos, el folclore, los boleros..., pero de repente me bajó la loquera de querer cantar con Willie Colón porque quería bailar mis propias canciones y que la gente las bailara. Y así fue como se hizo este disco, que me dio por cierto mucha satisfacción, no solamente por sus resultados sino por todo lo que me enseñó... Lo disfruté enormemente grabando en Nueva York, donde me metí en lugares en los que nunca había estado, con músicos que nada que ver hasta ese momento… Yo tenía que hacer inspiraciones y todas esas otras cosas que hacen los salseros, y no tenía ni idea. No sabía cómo se hacía un montuno, un mambo, nada de eso. Fueron pequeñas revelaciones que me dieron la oportunidad de darle rienda suelta a una capacidad vocal que no sospechaba tener”.

¿Cree que se le pueda presentar hoy una oportunidad parecida y alcanzar el mismo éxito?

“Bueno, yo conocí a un hombre en una disquera que un buen día me dijo: ‘Lo que pasa, Soledad, es que yo tengo la experiencia de que el que ha vendido tanto un disco como tú vendiste éste, puede hacerlo de nuevo’… Pero yo no me he puesto a pensar en eso, ni mucho menos… Siempre he buscado hacer discos de características que tuvieran que romper mis propios esquemas”.

De toda su discografía, ¿tiene alguno en particular que le haya marcado?


“La verdad es que no. Yo he tenido muchos hijos en esto de los discos, unos han salido muy intelectuales o están enrumbados en su carrera; otros han salido graciosos, como Caribe, por ejemplo; otros son profundos desde el punto de vista de cómo surgieron… Es decir, cada uno tiene su mundo al cual pertenece y los amo a todos; así que escoger alguno de ellos sería como escoger entre dos nietos, entre dos hijos, y eso es muy difícil”.

¿Dónde le falta cantar y con quién?


“Pues me faltan muchas partes del mundo y me faltan muchos con quienes… He cantado en muchos lugares del mundo, en teatros maravillosos, he grabado con gente maravillosa… ¡Y claro que me falta!, pero eso no importa… Pienso que todas las cosas que he hecho las he hecho porque las he necesitado. Ha sido siempre un impulso totalmente vital que tiene que ver con lo que me acontece sentimentalmente, espiritualmente, y todas esas cosas...”.

¿Cuál es la “canción necesaria” de la Venezuela de estos tiempos?

“Creo que no se trata de una canción. Pienso que en la Venezuela de estos tiempos la gente no necesita canciones que le muevan el espíritu ni el alma, aunque siempre son necesarias porque la música nos acompaña de día y de noche, en los momentos más trágicos, más felices, de más dolor, de más alegría… Sin embargo, pienso que lo que Venezuela necesita hoy es no pensar tanto en que todo lo vamos a solucionar por arte de magia; el venezolano tiene que luchar para conseguir las cosas que quiere, y cuando digo luchar significa no hablar… La lucha no tiene nada que ver con el canto; es una lucha por una Venezuela mejor, por una libertad, por una justicia, por todos los valores que nos han inculcado desde pequeños, y que si se están perdiendo hay que luchar para que no se pierdan”.

¿Alguna vez pensó que en Venezuela se iba a vivir esta división, esta polarización tan severa?

“No, eso nunca lo pensé. Nunca pensé que iba a haber dos países; siempre pensé que Venezuela era lo que era, con su pluralidad, pero nunca que iba a haber dos países tan encontrados”.

¿Y cómo se siente con eso?

“Mal, mal… Yo pienso que Venezuela tiene que estar más unida y que hay que luchar por eso. Hay que luchar por esa unidad”.

¿Qué puede ofrecerle a su público la Soledad Bravo de hoy que no podía ofrecer aquella que comenzó cantando en el Teatro Experimental de la Facultad de Arquitectura de la UCV?


“Cuando comencé a cantar le ofrecí al público un impulso vital que me caracterizaba por hacer cosas todos los días, siempre en una búsqueda permanente. Creo que la Soledad de hoy es una mujer ya madura, reposada, con mucha más experiencia, pero con sentimientos más profundos. Entonces en este momento eso es lo que yo puedo ofrecer, y al que le guste, que le guste, y al que no, pues no”.

¿Cómo están sus relaciones con aquellos colegas que políticamente comparten las ideas del presidente Hugo Chávez, y que por cierto son distintas a las suyas? ¿Hay una buena relación con ellos?

“Yo creo que la amistad es algo sagrado. Mi mamá decía, y mi abuela también, que ‘el cariño lo hace el roce’. Y, claro, yo pienso que cada quien puede pensar como le dé la gana y hacer las cosas como quiera. Yo quiero a todos los colegas y a todos los artistas con los cuales he compartido más allá de que pensemos distinto. En ese sentido, soy muy democrática; por esa razón no voy a dejar de querer a las personas”.

¿Y ellos la quieren a usted?

“¡Ah, no se los he preguntado! (jajaja)... Espero que sí, porque antes fue sábado que domingo (jajaja)”.

mespinosa@eluniversal.com

“Acabábamos de terminar el disco de música sefardita y estábamos por grabar el de boleros. Pero cuando llegamos a Caracas, después
de haber vivido cuatro años en Madrid, fuimos
al Poliedro, donde Willie Colón y Rubén Blades daban un concierto... Soledad quedó tan fascinada con Willie que nos pidió hacer
un disco producido por él, y fue así como terminamos en Nueva York… Eso fue en noviembre de 1981 y estuvimos grabando
hasta enero de 1982... El disco tuvo un éxito absolutamente arrollador, fue un disco muy
impresionante; lo presentamos en el Poliedro a finales de ese mismo año y todavía la gente nos pregunta constantemente por él, así que decidimos sacar este mismo mes una reedición especial, justo cuando se cumple un cuarto de siglo de haberlo hecho; aunque además estamos pensando organizar en algún momento de este año un concierto con el propio Willie y Soledad, hacer un revival para recordar los 25 años de la presentación que también se hizo en el Poliedro, que fue espectacular... Lo cierto es que ese disco unificó textos muy hermosos, textos que están en la más profunda tradición del reclamo y la protesta, pero hechos con la alegría del Brasil y del Caribe. Nunca ha salido otro disco como ese; este disco fue un disco deslumbrante, el disco perfecto. Fue como el hijo pródigo, que salió buen hijo, buen padre, buen amante… Y allí está, tú lo escuchas y es como si lo hubiéramos hecho ayer”.

Fotos: Antonio Sánchez

 

Aló...
¿Willie?

La venta en Venezuela de 300 mil copias de Caribe le hicieron merecer a Soledad Bravo seis discos de oro, “pues para entonces no existían los de platino”,
según bien se ocupa de precisar
Antonio Sánchez, mientras que a nivel internacional sus admiradores llegaron
a comprar más o menos el mismo
número de longplays de pasta,
“que para entonces
era lo que
había”, como también apunta con acento nostálgico y argentino el manager y esposo. Y precisamente es él quien da cuenta sobre cómo fue que se llegó a concretar esta producción, que en definitiva ha representado el mayor éxito alcanzado hasta ahora por la artista...

 

Fotos: Antonio Sánchez

 

12 preguntas solitas

Gracias a la vida. ¿qué?

“¿Te parece poco?”.

¿Cuál es el principio que nunca sacrificaría?


“Principios hay muchos, pero la verticalidad, la honestidad… Yo nunca digo de esta agua no beberé, pero hay principios que uno no puede vencer”.

¿Por qué cosa le gustaría ser perdonada?


“Por todo, por todo”.

¿Cuál es el objeto más valioso que tiene?

“No me gusta hablar de objetos, prefiero hablar de personas, de prendas preciadas.
Y prendas preciadas son mi hija, mis nietos, mi esposo… Esas son mis prendas más preciadas”.

¿Cuál es la palabra que mejor describe
a Venezuela?


“Caos”.

¿Y a Cuba?

“Dictadura férrea”.

¿Qué es lo más duro que le ha tenido
que decir a una persona?


“No te quiero”.

¿El talento que más envidia?

“La ejecución de un instrumento
musical como el piano”.

¿Su mayor antojo?


“Uuuufff… Mi mayor antojo es pasar
una tercera edad feliz y para eso
se necesita una Venezuela diferente”.

¿Y su peor vicio?

“Fumar”.

¿Cómo se siente ahora que la tildan
de “escuálida”?


“Bueno, yo creo que con este peso no podría entrar en esa categoría de escuálida (jajaja)”.

Hay mucho rojo en su casa. ¿No le perturba
en este momento ese color?


“No, no… Es que yo siempre digo que
a mí el rojo no me lo quita nadie (jajaja)”.

 

Cuatro décadas
en compañía

Aquella joven nacida en 1943 en Logroño, España,
de cabello lacio y oscuro y con guitarra en mano, “descubierta” por Sofía Imber en el teatro de la
Facultad de Arquitectura de la UCV cuando se presentaba en la obra Amor de don Perlimplín
con Belisa en su jardín
, de Federico García Lorca, cumple también este año cuatro décadas cantando profesionalmente, aunque no fue sino mucho después de 1967 cuando, según asegura la propia Soledad Bravo, se llegó a percatar “de que tenía una carrera”.  

¡Y sí que la tiene! En su repertorio ha incluido canciones en francés, del folclore suramericano y venezolano, canciones de amor y de protesta (a estas últimas las llamaba “canciones necesarias”), música sefardita, boleros… Toda una variedad de piezas —buena parte de ellas siendo versiones y traducciones realizadas por la propia Soledad— que la colocaron sobre la tarima de reconocidos teatros a nivel mundial, siendo reforzada además por la resonancia de figuras fundamentales como Violeta Parra, Rafael Alberti, Atahualpa Yupanqui, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Paco Ibáñez...

Hoy, con 63 años cumplidos, una hija
propia y dos de su marido, que para
los efectos son de ambos, más
los cuatro nietos que la mantienen
ocupada y feliz en su jardín,
a Soledad Bravo no le queda sino
concluir que la vida vale, ¡y mucho!

 


Ver también en Encuentros:
-Soledad Bravo Con el Caribe a sus pies
- Miguel Bosé ¨Los chicos no crecemos, ¿eh?¨

- Meteoro llegó a los 40


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