No sé si porque ando metida de cabeza en la escribidera de Voltea pa’ que te enamores, o viceversa, pero se me ocurrieron unas preguntitas, una suerte de encuestita que me provocó compartir. Un juego
que no le va a quitar sino unos minutitos pero cuyo resultado puede que lo deje pensando unos minutos más. A ver: ¿sería usted capaz de quedarse callado, desde el primer trago hasta que le traigan la cuenta, si comparte la mesa de un restaurante con un amigo o amiga?, ¿le diría a una compañera nueva del trabajo lo mal que le queda la ropa que carga justo antes de entrar a una reunión?, ¿se instalaría durante horas con sus mejores amigas a descuartizar verbalmente y sin piedad a su mejor amigo?, ¿permanecería usted leyendo el periódico si por su sala pasara una desconocida en pantaleta y sostén?, ¿le comentaría a la esposa de un pana lo desabrida que le quedó la comida que se pasó toda la tarde cocinando para usted?, ¿si un conocido suyo llegara a su casa en la nochecita, luego de una extenuante jornada laboral, tendría usted el valor de no preguntarle cómo le fue?, ¿si usted, por ejemplo, supiera qué cosas le sacan la piedra a un colega al que le tiene afecto, tendría sentido hacérselas cada vez que se le presente la oportunidad?, ¿haría usted chistes ácidos en una reunión sobre los esposos o las esposas de sus amigos presentes?, ¿le grita usted al taxista que lo está llevando a algún lugar porque va muy lento o muy rápido o sencillamente no maneja como usted considera que se debe manejar?, ¿dedica usted múltiples horas al mes al ejercicio sistemático de hacerles críticas destructivas y en sus caras a sus mejores amigos o a sus amigos lejanos o a los compañeros de trabajo o a la gente que sencillamente va pasando?, ¿si ve a una mujer llorando se esmera en hacerle ver cómo es que lo que le está pasando es culpa de ella misma y sus torpezas?, ¿si ve a un hombre consternado aprovecha para reclamarle alguna cuenta pendiente del pasado?, ¿toma usted decisiones que afecten la vida de sus amigos sin consultarles?, ¿si un amigo o amiga llega a su casa con otra persona sería usted capaz de ser tan sincero como para plantar una cara de cañón haciendo evidente cuán desagradable le resulta que haya traído a alguien?, ¿tortura usted a sus vecinos, amigos, colegas, empleados, conocidos, dedicándose a hacerles o decirles cosas que sabe los harán profundamente infelices?, ¿pelea usted cada vez que puede con sus amigos?, ¿deja usted sin contestar las preguntas que le hacen en la oficina?, ¿deja usted sin saludo a la conserje o a la cajera del automercado sólo porque hoy está de mal humor?, ¿entraría usted en un juego peligroso o, incluso, perverso con un amigo o amiga a ver quién destruye primero al otro?, ¿sería usted capaz de traicionar a sus amigos de la peor manera posible?, ¿se iría usted con los hijos de sus amigos sin decirles a dónde se los lleva ni a qué hora vuelve, sabiendo que por eso sus amigos van a sufrir como unos perros?
Lo lógico es que su respuesta a la mayoría de estas preguntas haya sido un rotundo ¡ni de broma! Con sus amigos, compañeros o simples desconocidos usted sería incapaz de comportarse así. Pero, ¿con su pareja? Vuelva a leer las preguntas anteriores cambiando al amigo, colega o desconocido por su marido o su mujer. Inténtelo de nuevo y descubra cuántas de esas cosas le hace o le haría o le vive haciendo. ¿Por qué a los otros ni de broma y a la pareja sí?, ¿sólo porque las parejas nos dan las herramientas? ¿Por qué insistir en ser pareja de alguien a quien le hacemos y nos hace esas cosas? ¿Usted diría que porque la ama y no podría vivir sin ella?, ¿en serio? Si a usted le pareció absurdo el juego lo felicito. Debe tener una pareja sanísima. Si no, ¿no es como para pensarlo? Digo yo. l
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