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Foto: www. shutterstock.com / Emin Kuliyev

FAMA Y PRIVACIDAD: JUEGO PERVERSO

Son muchos los que hacen lo que sea para obtener el codiciado premio
de la fama. Incluso, no pocos tienen que renunciar a su propia intimidad para salir del anonimato. ¿Tienen derecho los personajes públicos
a la privacidad? Un periodista, un abogado y dos famosos debatieron
con Estampas sobre este tema

Por Efrain Castillo


Britney Spears
Fotos: Archivo

Ocurrió el pasado 30 de enero y todo el mundo fue testigo en vivo y directo: Britney Spears caminaba por una oscura calle de Los Ángeles, con la mirada perdida y su pequeño perro en brazos. Tratando de buscar tranquilidad en el banco de una plaza, se sentó y acarició a su mascota. Miró hacia el frente y casi en tono de súplica dijo unas pocas palabras que apenas se entendían entre los sollozos: "¡Por favor, déjenme sola… Por favor, se los pido… Sólo estoy caminando!". En su rostro se reflejaba el destello de decenas de flashes de cámaras que no paraban de disparar y que dejaban ver sus ojos hinchados de tanto llanto. Britney Spears lucía exhausta y a punto de desvanecerse, pero entre quienes la rodeaban poco o nada de eso importaba. Y es que su tragedia personal es también la telenovela del momento, la que siguen millones de televidentes, la que miles de lectores devoran en revistas y diarios. Su intimidad ya no es suya. Ahora es propiedad del fotógrafo y reportero que más habilidades tengan para conseguir de ella un pedazo de noticia, un titular que se venda al mejor postor. Ahora su privacidad es de dominio público, como si haber sido la "princesa del pop" y la cantante juvenil más vendedora de discos significara renunciar al bien más preciado de un ser humano: su individualidad, su mundo interior.


Nicole Richie
Foto: Archivo

La tragedia televisada de Britney Spears es mucho más que la historia del auge y caída de una estrella. Es quizás el punto de partida más reciente para debatir acerca de los límites entre periodismo, derecho a la información y vulneración de derechos fundamentales como la honra personal. La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce, en su artículo 12, que "nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación". ¿Hasta qué punto puede aplicarse este criterio ante las celebridades? ¿Han perdido los personajes públicos su derecho a ser personas?"Depende de cómo el personaje público lleve su vida privada", es lo primero que responde sobre el tema el periodista venezolano Aquilino José Mata, con casi 37 años de experiencia en la cobertura de la fuente de espectáculos. "Hay gente famosa a la que le encanta exponer cuanto acontecimiento ocurra en su vida (desde bautizos hasta romances y rupturas) y a la que a veces le gusta más hablar de las cosas íntimas que de su propia carrera artística. Todo para mantener la atención de los medios y seguir vigentes en la memoria de la gente".

Y es que para nadie es un secreto que la fama y el reconocimiento público son objetivos sociales. Una encuesta, realizada por el canal infantil Nickelodeon y reseñada por el diario El Mundo de España, reveló que tres de cada cuatro niños de ese país no quieren ser deportistas, artistas, médicos o bomberos: sólo quieren ser famosos. Por su parte, el diario inglés The Independent reveló que para los niños menores de 10 años, ser una celebridad es lo mejor del mundo. "Hoy, los niños quieren ser famosos y, lo que es peor, sus padres también quieren que sean famosos. Los maestros han percibido con horror que los padres no inculcan a sus hijos la idea del estudio, el esfuerzo o el cultivo de una vocación profesional, sino que, subyugados por la propuesta televisiva del famoseo (sic) gratis total, les empujan, si pueden, hacia el atajo fácil de la televisión, el cine, la publicidad, la moda, las revistas, la canción o los concursos en su versión de triunfo rápido, gloria barata y dinero fácil", reseña la página web www.elmundo.es.


Paris Hilton
Foto: Archivo

Partiendo de esta realidad, parece obvio que muchos estén dispuestos a hacer lo que sea para ser reconocidos, incluyendo exponer su vida privada. Los casos de Paris Hilton (la heredera de la cadena de hoteles Hilton) y Nicole Richie (la
hija del cantante Lionel Richie) son harto conocidos. Ninguna de las dos ha destacado
en alguna actividad, pero ventilar ante la prensa sus aventuras y desventuras privadas las hicieron famosas ante el mundo y las llenaron de dinero. "El reconocimiento social no se consigue ya a través del verbo hacer, sino a través del verbo aparecer", aseguran los españoles Mercedes Odina y Gabriel Halevi en su libro Factor
Fama
, publicado en 2004.

La misma Britney Spears que hoy ruega que
la dejen en paz, hizo todo para que los medios
de comunicación supieran y cubrieran acontecimientos de su vida personal, incluyendo su fugaz matrimonio en Las Vegas, su segundo enlace, sus embarazos y sus alocadas fiestas sin ropa interior. "Si un famoso ventila desde el primer momento su vida privada, no tiene derecho a salvaguardarla, porque él ha dado pie para que
hurguen en ella", apunta, nuevamente, el periodista Aquilino José Mata.

¿Todo lo de un artista es noticia?
Francisco León, ex Míster Venezuela, es una de las víctimas recientes de violación a la intimidad de un personaje público en nuestro país. La divulgación en Internet de un video privado del animador y cantante puso en evidencia lo frágil que puede ser la frontera entre lo que pertenece a la intimidad de un famoso y hasta dónde debe llegar el periodismo. "Somos seres humanos como cualquier otro y uno de nuestros derechos es la privacidad. ¿Dónde queda ese derecho cuando se exponen o multiplican comentarios amarillistas a lo largo de los días luego de que sale a la luz la situación íntima de una persona? ¿Dónde está la responsabilidad de quienes son profesionales de la comunicación? Yo creo que es un punto para analizar y debatir, porque hay una gran responsabilidad allí".

"El periodista tiene derecho a informar las
actividades de un personaje público,
pero no puede entrar en su vida privada"

- Carlos Nieto, abogado

Daniela Alvarado lamenta
que no haya límites que
definan cuándo
un elemento de la vida
de un personaje público
es propio o es de la gente

Francisco León confiesa haber
aprendido una lección en su caso:
"Hoy siento mucho respeto
por el ser humano, porque
sé lo que significa
una violación a la privacidad"

En esto concuerda Daniela Alvarado, una de las artistas jóvenes más reconocidas de la actualidad, para quien,
a veces, la fama en un peso difícil de llevar. "Yo una vez le escuché decir a Al Pacino que todo lo que rodea a la fama viene con el paquete
y que no puedes hacer más nada cuando te llega.
La pérdida de privacidad
es el precio principal que tiene la fama, pero, además, en todos los sentidos.
No puedes estar en un
sitio público porque la gente te mira como si fueras un fenómeno de circo, lo cual
es extremadamente desagradable. Hay que vivir dándole explicaciones a la gente sobre tu vida y eso no es posible. Desde por qué te pintaste el cabello hasta por qué engordaste, muchos se creen con derecho a entrometerse en tu propia vida. También debo decir que me encuentro con mucha gente bellísima, amable, respetuosa, que muestra señales de cariño y respeto, porque admira tu trabajo, pero hay otra que se siente con el derecho a meterse en tu vida privada y eso no lo tolero".

Tanto Alvarado como León coinciden en que la mejor manera que tiene un famoso de evitar la publicación de un asunto íntimo es la discreción y la reserva. Por ello también colocan en manos de los personajes públicos la responsabilidad de no convertirse en artículo de las revistas de chismes. "En estos días leía unas declaraciones de Javier Bardem -apunta León-, en las que decía que prefería mantenerse al margen de lo que fuera exponer su intimidad, precisamente porque es un artista que sólo hace un trabajo y que no tiene necesidad de decirle a la gente cuál es su comportamiento entre cuatro paredes. La gente siempre va a querer saber más de ti, pero es preferible guardarse un poco". Alvarado agrega: "Lamentablemente, hoy día no hay límites que definan cuándo un elemento de la vida de un personaje público es propio o es de la gente. Por eso uno tiene que aprender a cuidarse. Uno tiene que ser más inteligente y guardarse sus propias cosas, no decir nada, no involucrar en tus cosas personales a nadie que no sea de tu familia, para no dar pie a que se metan en ellas. Si tienes una relación, tenerla en las cuatro paredes de tu casa. Yo no hablo de mi vida privada por más que lo intenten los periodistas. Y lo hago porque eso es asunto mío y de mi familia".

La palabra ética también entra en juego, por lo menos para Aquilino José Mata. "Como periodista, creo que hay que comenzar preguntándose qué le interesa y qué no le interesa a la gente. Yo estoy de acuerdo con el derecho a la información, pero ¿qué le puede importar a una persona si un actor se está revolcando en una playa con fulana o fulano en una foto privadísima que le sustrajeron? Yo pienso que hay muchísimas cosas más interesantes (la reseña de un evento, de una carrera, de una actuación), que los aspectos sórdidos o de la vida privada de cada quien. A lo mejor hay un grupo de lectores al que le interesa el asunto, pero ahí entra la responsabilidad profesional del comunicador y bajo esa responsabilidad pienso que no se le puede dar basura a nuestra audiencia, hay que dignificar la fuente y elevar su nivel informativo".

El derecho a la defensa
La Constitución venezolana es clara: "Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, intimidad, propia imagen, confidencialidad y reputación", señala el artículo 60 de la carta magna. Sin embargo, el mismo texto legal habla del derecho a la información como otro de los bienes consagrados. ¿Hay alguna contradicción entre ambos planteamientos? "El hecho de ser un personaje público no te convierte en un bien de la humanidad. Como todos los ciudadanos y ciudadanas de este país, el famoso tiene derecho a hacer su vida propia sin que nadie se inmiscuya en ella", señala el abogado, especialista en derechos humanos, Carlos Nieto. Además, el Código Penal Venezolano tiene tipificados como delitos la difamación e injuria, cuando se ofende la dignidad de la persona o se revelan datos de su intimidad que podrían someterlo al escarnio público.

"No se puede utilizar el derecho a la información para difamar, no se puede usar el derecho a la información para decir que una persona es drogadicta u homosexual o cualquier cosa que pertenezca a su vida privada. El periodista tiene derecho a informar las actividades de un personaje público, pero no puede entrar en su vida privada, a menos que ese aspecto íntimo tenga un efecto sobre la vida pública o constituya un delito. De resto, la vida privada es sagrada".

En el año 2004, la Corte Europea de Derechos Humanos emitió una sentencia que sentó jurisprudencia, al menos en el Viejo Continente, respecto a la divulgación de detalles íntimos de personajes famosos. La Corte falló a favor de la Princesa Carolina de Mónaco, quien había rechazado la publicación en revistas alemanas de fotografías de sus actividades familiares domésticas. "Toda persona, incluso muy conocida por el gran público, debe poder beneficiarse de una esperanza legítima de protección y respeto a su vida privada, por lo que debe haber un equilibrio entre la protección de la vida privada y la libertad de expresión. El factor decisivo de este equilibrio debería ser la contribución de las fotos y artículos publicados a un debate de interés general," reflejó la sentencia, según reseña de la página www.lukor.com.

Sin embargo, el abogado Carlos Nieto advirtió que en Venezuela son muy pocos los personajes públicos vinculados al medio artístico que deciden enfrentar un juicio cuando un periodista ha vulnerado su privacidad. Incluso, reconoció que, en dos oportunidades, sus defendidos decidieron no seguir adelante en demandas por difamación e injuria. La razón: prefirieron mantener una relación amor-odio con el medio para no perder su fama. "Muchos dependen del medio de comunicación para subsistir artísticamente, porque son la ventana para presentarse ante el público del cual necesitan reconocimiento".

Es aquí donde otro factor entra en juego: los millones de dólares que reciben muchos artistas por contar sus intimidades. En Europa, Estados Unidos, México o Argentina es una práctica común que las celebridades vendan sus intimidades a las revistas y programas sensacionalistas de la llamada "prensa rosa". Por ejemplo, Luis Miguel habría cobrado tres millones de dólares por presentar a su hijo ante la Revista ¡Hola!. "Hay personas que cuando cobran se olvidan del derecho a la intimidad y cuando no cobran se acuerdan mucho del mismo derecho, sin tener en cuenta que la dignidad no es cuestión de dinero, sino solamente de eso, de dignidad", dijo el paparazzo español José Susperregui al portal www.terra.com en el año 2006, luego de anunciar la salida al mercado de un libro para entender su oficio. Además, en España, programas de chismes como Donde estás corazón ocupan los primeros lugares de sintonía y atrapan, en cada edición, a por lo menos 2,9 millones de televidentes.

El morbo de una audiencia interesada en hurgar en la vida privada de otros en lugar de mirar la suya podría ser la explicación del éxito de estos shows o del de las revistas de chismes. "La gente está cansada de la política o de la situación económica y tiene suficiente de sus propios problemas", confesó la periodista española Rosa Villacastín al The Times de Inglaterra, cuando le preguntaron sobre el triunfo de este formato. "Yo lamento mucho el morbo de la gente por las cosas sórdidas -apunta Daniela Alvarado. Creo que muchos buscan ver en la persona famosa lo que no tienen en su propia vida", a lo que Francisco León agrega: "Creo que mirar las miserias ajenas te hace olvidar las propias. Es mejor ver la paja en el ojo del otro que quitarse de encima las que están en los nuestros". El paparazzo José Susperregui deja esta reflexión: "Pocas profesiones están tan denostadas como la del paparazzo y, sin embargo, nadie cierra la página de la revisa para no ver esas imágenes. Nadie lee las revistas, pero todo el mundo está enterado".

"Otro factor entra en este juego: los millones de dólares que reciben muchos artistas por contar sus intimidades"

Lo cierto es que para el periodista Aquilino José Mata, al final se trata de cambiar las perspectivas de la gente. "Mientras haya medios y periodistas que exploten ese tipo
de información, habrá lectores dispuestos
a comerse ese material. Hay un público
que se engancha con eso, pero, por responsabilidad social, tenemos que buscar alternativas. Yo creo que hay cosas muchísimo más interesantes que estimularle el morbo a la gente".

Un morbo que le dejó una gran lección a Francisco León, para quien la vulneración de su vida privada le cambió las perspectivas. "Para mí significó muchísimo dolor, aunque mucha gente no lo sepa. Pero gracias a eso, hoy siento mucho respeto por el ser humano, porque sé lo que significa una violación a la privacidad. Cada persona tiene sentimientos y hay un corazón en cada uno de nosotros que puede ser vulnerado por distintas causas. Y no debemos jugar con eso porque todos somos humanos y a cualquiera le puede pasar".

Mientras tanto, en el mundo se están imprimiendo millones de ejemplares con la última tragedia del famoso de turno y decenas de personajes públicos están cobrando miles de dólares por confesar su último amorío a un programa de TV. Y es que esta rueda sigue girando, precisamente, porque muchos prefieren seguir aplicando una vieja máxima de la que se hizo eco el escritor inglés Oscar Wilde: "Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen".

¿Hasta dónde llegaría usted por ser famoso? "La vanidad humana supera al temor", confesó alguna vez al diario El País un periodista del corazón.

Fuentes
www.terra.com
www.lukor.com
www.formulatv.com
www.elmundo.es
www.aceprensa.com
www.analitica.com
www.elpais.com
www.timesonline.co.uk
www.independent.co.uk

efcastillo@eluniversal.com

 

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- Chino y Nacho. En busca del crossover
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