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Roland Carreño
"El mercado de El Cementerio
es una maravilla"

Ve a Caracas vestida de Christian Dior, si bien le sugiere Ághata Ruiz de la Prada, Ángel Sánchez y Carolina Herrera. Le parece nada dulzona, por eso la perfumaría con Samsara de Guerlaine
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

'Caracas tiene contrastes extraordinarios. Puedes estar a las 8:00 de la noche en un desfile suntuosísimo y, dos horas después, encontrarte en una urbe caótica y sin glamour: ése es el espíritu de la ciudad", dice Roland Carreño, crítico de moda, cronista social y, ahora, periodista de política.

De esas facetas, una en especial le muestra la cara menos conocida de la capital. Como reportero de Sociales asistió, y asiste aún, a fiestas de gala cada semana, experiencia que le permite cruzar los imponentes muros de las mansiones caraqueñas. "Es un privilegio visitar casas diseñadas por Gio Ponti o Jimmy Alcott, lugares donde fluye una Caracas amable, mientras en las calles reina la barahúnda", dice. Lo que lamenta es que quienes viven en esos "atalayas", se pierden la urbana experiencia de conversar desde la ventana, o sentir el olor de la pasta que cocina su vecino.

En la actualidad, co-anfitrión de Buenas Noches, espacio que transmite Globovisión, todos los días a las 10:00 pm, disfruta, gracias a la popularidad, una nueva relación con la capital. "Donde me ven, no importa que sea mediodía, la gente me dice: '¡Buenas Noches!'. Eso me parece simpatiquísimo".

Cada madrugada, al terminar el programa, recorre las calles desiertas, la autopista vacía, y una aseveración se repite mentalmente: "Esta ciudad es bella".

Peatón incansable, aprovecha los domingos para caminar por Caracas, contemplarla y pensar qué se puede hacer. Entonces la imagina unida desde Catia hasta Petare por un gran bulevar, hecha una sola urbe con La Guaira -enlazadas por el teleférico, la autopista y los túneles bajo El Ávila-, y celebrando cenas de gala en el Parque Los Caobos tras los conciertos en el Teresa Carreño.

A sus 41 años se define "mirón por naturaleza", y va por la calle detallando el buen y mal vestir capitalino. Con un refinado ojo que identifica a leguas la marca de cualquier prenda, Roland se divierte descubriendo el atuendo de los caraqueños, y reconoce, así, a una ciudad presumida que va al día con la moda de París y Nueva York.

Sigue mirando y se topa con un sitio ineludible, una mega tienda sin lujos, sin el blanco del neón ni la frescura artificial, pero que merece una reivindicación absoluta: "El mercado de El Cementerio es una maravilla". No lo niega, más de una vez ha comprado en sus atestados pasillos, porque "allí se consiguen cosas fabulosas".

Y, sobretodo, mira su urbe a través de la moda. La ve un día de mil colores y, al rato, recatada, elegante, como vestida del Christian Dior de la postguerra. En las noches es irresistible, misteriosa, y tan coqueta que asusta. Aunque, a pesar de su estilo, "si ella fuese un vestido, estaría muy mal cortado". Por eso, si pudiera asesorarla, la dividiría en tres secciones: la ciudad popular debería usar las divertidas prendas de Ágatha Ruiz de la Prada. La capital sobria, en cambio, se vería mejor de Ángel Sánchez y Carolina Herrera, para mostrar serenidad más allá del caos. Por último, hay zonas, dice, que se verían bien sólo de jeans, camisa arremangada, cinturón estupendo, y collarcito en el cuello.

En cuanto a olores, ésa es otra historia. "Caracas huele muy mal", lamenta. Entonces, literalmente, guarda silencio un minuto antes de afirmar: "Esta ciudad debería oler a Samsara de Guerlaine, un perfume de base jazminada con fuerza y elegancia". Sigue meditando, como verificando que su respuesta sea correcta, y añade: "También pensé en L'Air du Temps, de Nina Ricci, pero ése es muy dulzón para Caracas, le falta su tono cítrico inconfudible".

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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