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Téngalo en cuenta
l Repare la más mínima fuga. Una gota por segundo, en un grifo que no cierra del todo, son 30 litros al día.
l No descongele los alimentos con el chorro de agua.
l Al regar las plantas no use el chorro.
l Riegue el jardín al anochecer, preferiblemente con un aspersor giratorio.
l No lave el carro con manguera, pues de esta forma está utilizando unos 500 litros de agua para una tarea que se puede realizar con muchos menos. Cuando se utiliza esponja y tobo se gasta menos de 50 litros.

El desafío del agua
Raul Chacón Soto
Cada vez hay menos en el mundo y se consume más. Venezuela, con toda su riqueza hídrica, no se queda atrás, pues es abundante donde pocos habitan, y escasa, donde se concentra la población. Estos días de sequía son buenos para darse cuenta -¡por fin!-, de que hace falta cuidarla. No la malgaste.

Este es el Año Internacional del Agua Dulce. Así fue declarado, oficialmente, por las Naciones Unidas. La designación no hace más que confirmar la prioridad que se le está dando en el mundo a la solución de uno de los problemas más acuciantes que desde ya enfrenta el hombre: la escasez de agua a escala mundial. El propio director general de la Unesco, Koichiro Matsuura, lo ha dicho: "De todas las crisis sociales y naturales, la de los recursos hídricos es la que más afecta nuestra supervivencia y la del planeta". Está en lo cierto. Alarmantes resultan las cifras que se dieron a conocer a finales de febrero como respaldo de esta afirmación. Según el Informe de la ONU sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, en el peor de los casos, a mediados de este siglo, siete millardos de personas sufrirán de escasez de agua en 60 países. Si se tomaran las debidas precauciones, serían, de todas maneras, dos millardos las personas afectadas, en 48 naciones. Hoy, asciende a 1.200 millones la cifra de quienes no tienen acceso al agua potable.
El futuro no luce halagador aunque todavía resultaría exagerado prever visiones apocalípticas al estilo de la película Mad Max (¿se luchará por el agua en el futuro?). Se dice en el informe una verdad que no sorprende a nadie: los recursos hídricos disminuirán constantemente por causa del crecimiento de la población, de la contaminación y de los cambios climáticos. La cantidad y calidad del agua siguen deteriorándose (cada día se vierten dos millones de toneladas de desechos en ríos y lagos) y, por si fuera poco, la demanda se ha duplicado en los últimos 50 años. La conclusión es tajante: "En los próximos 20 años, el promedio mundial de abastecimiento de agua por habitante disminuirá en un tercio".
Semejantes conjeturas han movilizado a medio mundo. Apenas el pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua y al día siguiente finalizó el Foro Mundial del Agua, en Kyoto, Japón, donde el tema de la socialización del transparente líquido (todos los ciudadanos del mundo tienen derecho al agua) cobró inusitada importancia, frente a otras posturas que defienden la explotación de este importante recurso mediante procesos de privatización. "La gestión del agua debe ser hecha de forma económicamente viable, ambientalmente sustentable, pero teniendo como proposición básica que sea socialmente justa. El agua es un bien común no sólo de los seres humanos, sino de todos los seres vivos". Así lo ha dicho Leonardo Morelli, representante de la organización Global Water Partnership. ¿Cuál criterio prevalecerá en el futuro? Todavía no se sabe, pero ya se están dando formidables batallas y otros foros -paralelos a los oficiales-, podrían ser escenarios de enfrentamientos.
Discusiones, encuentros, estrategias, planes... miles de funcionarios buscan la manera idónea de hacerle frente al problema, y mientras tanto, millones de personas (¿incluyéndolo a usted?), en todas partes del mundo, siguen despilfarrando el agua como si nada, inconscientes de la gravedad del problema... millones que no cierran los grifos mientras se cepillan los dientes, toman una larga ducha, lavan los platos, el perro o los carros, riegan las matas o el jardín, o sencillamente, dejan pasar los años sin arreglar el bendito goteo del lavamanos. Miles de millones de litros que se van por desaguaderos sin haber cumplido otra misión que la de haber corrido alegre por entre tuberías para finalmente terminar en las cloacas de la ciudad. Como bien se dice en el polémico informe, sólo 2,53% del agua de todo el planeta, es dulce. De ese porcentaje, las dos terceras partes corresponden a agua inmovilizada en glaciales y nieves perpetuas. Así que lo que queda en forma de lagos, ríos y lagunas es menos de 1%, lo que se antoja muy poco.
En cuestiones legales se dice que el desconocimiento no justifica el incumplimiento de una ley. Debería pensarse de la misma forma en el caso del despilfarro del agua, aunque aquí no podría hablarse con propiedad de desinformación, pues es mucho lo que se ha venido diciendo sobre la necesidad de conservarla y de usarla con propiedad. Pareciera que sólo en períodos de sequía (y de racionamiento) la población toma medidas para hacer un uso racional del líquido que le es escaso. Tal racionalidad parece quedar a un lado durante el resto de los días, quizás porque para una gran mayoría la presencia del agua, cada vez que se abre un grifo, es tan normal, tan cotidiana, tan instantánea, que se hace difícil creer que, quizás un día no muy lejano, no esté allí, al girar la llave que inútilmente abrirá el paso.

El caso Venezuela
En lo que concierne a recursos hídricos, estas tierras también han sido bendecidas. Según las cifras dadas a conocer por las Naciones Unidas, el país ocupa el puesto 23 entre los de mayores reservas de este líquido en el mundo. Hay tanta agua que cada venezolano tiene la garantía de 51.021 metros cúbicos al año. Venezuela está por encima de muchos países desarrollados en una lista que encabeza Groenlandia (con un promedio de más de 10 millones de metros cúbicos por persona al año), y que cierra Kuwait (con sólo 10 metros cúbicos por persona al año). Peor posición le corresponde al país cuando la lista se hace en función de la calidad del líquido. Bajo este criterio, Venezuela ocupa el puesto 54, lo que deja entrever los problemas de contaminación que destruyen ríos y lagos en el vasto territorio.
Tanta agua y, sin embargo, tantos problemas. Más allá de la inconveniencia del racionamiento ocasionado por la larga temporada de sequía, no se debe olvidar que una de las razones por las cuales los venezolanos experimentan tantos problemas con el abastecimiento de agua, es que, paradójicamente, el mayor número de habitantes se ha asentado justamente en las zonas donde hay menos recursos hídricos, mientras que en la parte sur del país, debajo de la línea que marca el Orinoco (85% de la escorrentía superficial se produce en los estados Bolívar y Amazonas), es pequeña la densidad poblacional. En Caracas la situación es particularmente difícil. Como las fuentes están alejadas de la ciudad, el agua que surte a los capitalinos llega gracias a un complejo y vulnerable sistema. "Operamos con siete embalses... y contamos con 14 estaciones mayores de abastecimiento... la energía eléctrica requerida para el funcionamiento de nuestras 14 estaciones de bombeo, equivale a la consumida por una ciudad de las dimensiones de Barquisimeto". Así lo afirma José María de Viana, quien era presidente de Hidrocapital en 1999, en el libro Agua para la vida... y agrega: "el agua es un bien escaso... laboriosamente transportado a lo largo de centenares de kilómetros de tuberías, bombeado a una altura de mil metros sobre el nivel del mar". Se trata de más de 150 kilómetros de tuberías de gran diámetro (dos metros), y de 4.000 kilómetros de tuberías en la red de distribución. Una intrincada red que requiere, además, de 83 estaciones de bombeo. Un dato que es bueno recordar cada vez que se abre un grifo en casa.
Por estos días de racionamiento quizás se vigile un poco más el uso del agua, pero lo cierto es que, como dice la actual presidenta del organismo, Jacqueline Faría, los caraqueños (y venezolanos en general), son bastante derrochadores a la hora de usar el líquido. En una reciente entrevista declaró que, en este país, el consumo promedio es de 250 litros diarios por persona, mucho mayor que el promedio mundial que alcanza los 100 litros al día. "En algunas zonas se consume mucho más, hasta 450 litros por persona". Quizás tanto desperdicio se deba, justamente, a la abundancia, pero tarde o temprano, se verán las consecuencias de no haber corregido a tiempo tantos malos hábitos de consumo. Aunque como siempre se ha dicho, más vale tarde que nunca.

rchacon@eluniversal.com

Es hora de empezar
Al lavar los platos
l Llene el recipiente o el sink de agua y enjabone allí los platos.
l Nunca deje la llave abierta. Hacerlo significa un consumo de unos 100 litros de agua.
l Use la menor cantidad posible de detergente, así no sólo necesitará menos agua para enjuagarlos (ahorrará entre 200 y 500 litros al mes) sino que gastará menos dinero en jabón.

Al lavarse los dientes
l No deje la llave abierta mientras se cepilla los dientes. Cuando lo hace se van por el desaguadero 20 litros del líquido por minuto.
l Es una medida que quizás sea extrema, pero lo mejor es usar un vaso para enjuagarse.

En la regadera
l Quizás no lo sabe, pero cuando se baña se gastan 20 litros de agua por minuto. ¿Cuánto tarda usted? Lo mejor es dejar las sesiones de canto para otras ocasiones. Una reducción de uno o dos minutos puede ahorrar hasta 1.200 litros al mes. Vale la pena. Ah, y cierre la ducha cuando se esté enjabonando. Esta práctica ahorra otros 700 litros al mes.
l Puede instalar regaderas de bajo flujo o bajo consumo, Hay una prueba sencilla para saber si es necesario hacer el cambio: mida el tiempo que tarda en llenar un cubo de tres litros con el agua de la regadera. Si se demora menos de 20 segundos, piense en sustituirla.
l Deje los baños en la tina para ocasiones especiales.

Al rasurarse
l Lo mejor es que los hombres de la casa no se rasuren cuando se estén bañando o con la llave abierta. En una rasurada de tres minutos se pueden desperdiciar hasta 50 litros de agua.
l Algunos recomiendan usar un pequeño recipiente para enjuagar allí la afeitadora, una práctica con la que se pueden ahorrar hasta 10 litros de agua al día.

Al lavar la ropa
l En cada ciclo de la lavadora se utilizan 60 litros de agua. Por eso lo que se recomienda es que sólo se lave con cargas completas (nada de tres trapitos nadando en ese mar de agua)
l Los más extremistas dicen que el agua de desecho se puede utilizar para regar el jardín o el patio de la casa.

Al utilizar la poceta
l Cada vez que acciona la palanca se fueron ocho litros de agua. Así que no use el inodoro como basurero. Tire la basura del baño en la cesta y los cigarrillos en el cenicero.
l Puede instalar un sistema de doble descarga. Con él se puede ahorrar agua, pues permite escoger entre dos volúmenes diferentes de descarga (6-8 litros o 3-4 litros), o, sencillamente, parar voluntariamente el proceso al pulsar un botón.
l Vigile que no se quede botando el agua.

 
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