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¿Por
qué uno solamente?
Las razones que llevan a tomar la decisión de traer un
solo niño al mundo, pueden variar en cada caso, pero
al parecer, el factor económico suele imponerse sobre
los demás motivos. El conflicto queda claro: la manutención
de un chico acarrea gastos fijos por mucho tiempo, lo cual genera
cierto temor ante la duda de no poder garantizar su manutención
adecuadamente.
Por otra parte, hombres y mujeres deciden, hoy en día,
posponer cada vez más la decisión de vivir en
pareja, y consecuencia, el proyecto de tener un hijo empieza
a competir con la edad de los futuros padres. Muy rara vez,
una pareja que ronde los 35 años se aventure en el proyecto
de concebir un segundo hijo, dadas la responsabilidad que implica
la crianza de un muchacho en esa etapa de sus vidas. En efecto,
otro de los aspectos que condicionan la formación de
familias unigénitas, es el estilo de vida independiente
característico de los tiempos que corren; donde ella
y él trabajan, y tienen su tiempo comprometido con estudios
o actividades relacionadas con el desarrollo profesional, lo
cual no deja mucho tiempo para hacerse cargo de más de
un hijo.
Los problemas de fertilidad no suelen ser frecuentes dentro
de la lista de motivos para tener un solo niño, pero
el tema del divorcio sí aparece como condicionante. Una
pareja puede, concientemente, decidir tener un solo chico con
el fin de evitar que sean más los que sufran ante una
posible situación de separación.
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Único y sin problemas
Idalia De León
Consentidos y malcriados son los adjetivos
que más se le atribuyen a los niños que crecen sin
hermanos, sin embargo, nuevos estudios arrojan luces sobre el tema,
dejando claro que la condición no es tan problemática
como se ha creído.
Siempre han cargado con mala fama. Se les
teme y no falta quien les saque el cuerpo. Se les atribuye toda
suerte de malcriadeces y hay quienes afirman que no son felices.
Pero, como suele suceder, no es verdad todo lo que se dice, y en
el caso del hijo único una nueva teoría afirma que
crecer sin hermanos no es tan perjudicial como se creía en
el pasado.
El tema se coloca nuevamente en la palestra debido a que cada vez
son más las parejas que deciden que con un niño basta
y sobra. El fenómeno del hijo único llegó para
quedarse, y es por eso que los especialistas inician investigaciones
partiendo de nuevas premisas, con el fin de aliviar a aquellos progenitores
que se sienten preocupados por la supuesta inconveniencia de dejarle
a una sola personita la responsabilidad de ser la alegría
del hogar.
Puede resultar tranquilizador saber que no son pocos los que afirman
que el hijo único puede crecer de una manera completamente
normal, tan normal como los que se crían en compañía
de hermanos. Estos niños que siempre fueron señalados
con el dedo por tener, presuntamente, rasgos en su personalidad
distintos a los que nacen en familias numerosas, han debido cargar
con el peso de ser considerados malcriados, tímidos, solitarios,
consentidos, dependientes y agresivos. Sin embargo, que un niño
desarrolle este tipo de conductas dependerá de varios factores
inherentes a la crianza en sí y no únicamente al hecho
de que reciba un trato exclusivo por parte de sus padres.
En el libro El hijo único, las psicólogas María
Elena López y María Teresa Arango señalan que
algunos de los rasgos de personalidad antes mencionados y atribuidos
a estos pequeños pueden obedecer a factores hereditarios,
patrones impuestos por los padres, o sencillamente por la forma
como lo estén criando. Porque, por ejemplo, si un muchacho
se acostumbra a recibir todo aquello que solicite, muy probablemente
aprenderá a sentirse poderoso, a creer que es él quien
manda, conducta que puede presentarse también en niños
que crecen al lado de varios hermanos.
Destacan las autoras que uno de los sentimientos que más
experimentan los padres es la culpa. Piensan que su niño
es infeliz por no tener hermanitos, y que ellos, los padres, son
los culpables de dicha insatisfacción. Esta creencia los
podría volcar a llenar los vacíos que supuestamente
está dejando la ausencia de una familia más grande.
Y dicho con todas sus palabras, el remedio podría resultar
peor que la enfermedad.
Un aspecto a considerar por los progenitores es que deben dejar
de ver a sus hijos únicos en desventaja con los demás
y con el mundo que los rodea. Mirar el medio vaso vacío no
es una buena alternativa en estos casos -y en ningún otro,
claro está-, por lo que el esfuerzo debe orientarse en revertir
o darle una mirada más positiva a los factores supuestamente
contraproducentes en la crianza del niño. Que un chico deba
permanecer solo por mucho tiempo no es necesariamente un aspecto
negativo. Conviene pensar que crecer entre adultos, le permitirá
desarrollar su creatividad e ingenio al tiempo que va formándose
una personalidad autosuficiente e independiente, lo cual, a su vez,
irá armando el rompecabezas que retratará su propio
mundo interior. Un hijo único tiene muchas posibilidades
de hacerse de una alta autoestima pues recibe el afecto que necesita.
En todo caso, los padres deben estar atentos a no caer en algunos
excesos. Que la vida actual esté obligando a los niños
a ser ingresados en guarderías desde muy temprana edad resulta
favorable para el chico, porque desde pequeño aprenderá
a interactuar con otros como él, y a saber que, aunque sus
padres pueden contenerlo y satisfacer sus necesidades, siempre hay
otro espacio donde él debe aprender que el mundo no gira
en torno suyo.

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Prevenidos al
bate
El hecho de que los padres concentren
su energía y amor en una sola personita contribuye
a desencadenar en el niño actitudes que podrían
no favorecer su socialización y su crianza en general.
En este sentido hay que estar atento para no caer en algunos
excesos, y más bien propiciar ambientes que faciliten
y ayuden en la formación de una estructura de personalidad
apoyada en bases sólidas y transparentes. A continuación
algunos puntos que no deben
pasarse por alto:
l
Como el hijo único no tiene la necesidad de luchar
por ganar un espacio dentro de su
casa, y tampoco conoce de pugnas por conseguir un juguete,
es importante que usted se preocupe por incorporarlo en actividades
con otros niños de su edad, con el fin de que aprenda
a compartir, a saber que no todo le corresponde por derecho
y que en
muchas ocasiones deberá competir y negociar para lograr
un objetivo.
l Haga un esfuerzo para
no involucrarse en los problemas que el pequeño enfrente
con sus pares. Es común que los progenitores intenten,
a toda costa, evitarle experiencias frustrantes al chico,
sin embargo, la sobreprotección es una conducta que
en nada favorece el buen desarrollo de la madurez emocional.
No pierda de vista que si hoy el niño está bajo
su tutela, el día de mañana tendrá que
desenvolverse solo con las herramientas que aprendió
en su niñez. Además, usted no estará
siempre a la disposición para socorrerlo.
l Las expresiones de afecto
hacia los pequeños nunca están de más,
pero escúchese
y esté atento a lo que sus palabras podrían
estarle enseñando al niño. Por ejemplo,
no es lo mismo felicitarlo por sus buenas calificaciones que
decirle "no hay otro como tú",
o "eres el mejor de todos". Evite colocar a su hijo
en una situación de exclusividad.
l Es común que
cuando se tiene un solo hijo se pretenda, inconscientemente,
colmarlo de todas las posibilidades educativas que estén
a la disposición, pues subyace el deseo de que esta
"única creación" sea casi perfecta.
Esté alerta y no caiga en la tentación de inscribir
al niño en muchas actividades extracurriculares (música,
deportes, computación). Su hijo único no debe
ser necesariamente un sabelotodo.
l No tema poner límites.
Dígale "no" cuando usted lo considere necesario.
Tenga presente que los límites en sí mismos
no son malos, más bien facilitan el proceso de adaptación
a la sociedad, pues ésta se estructura sobre la base
de normas y reglas que deben cumplirse. La recomendación,
claro está, también se aplica a quienes tienen
más de un vástago.
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