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Albis Muñoz
En primera persona
Idalia De León
Fotos: Julio Osorio
Las circunstancias la llevaron a encabezar el organismo cúpula empresarial de Venezuela en momentos históricos y comprometidos. Hoy, esta mujer empresaria
y gremialista,
le cuenta a Estampas la historia de su vida.

Puertas adentro

¿En qué ocupa su
tiempo libre?

"En leer poesía o escuchar música. Joan Manuel Serrat me gusta mucho, también oigo música clásica. Me gusta leer literatura, en especial la poesía del español Pedro Salinas".
¿El último libro que leyó?
"Leo y releo mucho a Khalil Gibrán, Julio Cortázar, Rómulo Gallegos. Ahora estoy releyendo Pobre Negro".
¿Una película?
"Isadora, la que narra la vida de Isadora Duncan. Me impresionó mucho y me sigue impresionando esa película".
¿Una virtud?
"Pienso que soy una persona humilde".
¿Un defecto?
"La gula, ¡me encanta comer!".
¿Un pecado confesable?
"Los pecados no se confiesan
y si se confiesan no se hacen
públicos".
¿A quien no le daría la mano?
"No. Pienso que la condición
humana obliga al trato con todo
el mundo".
¿Cuál rasgo infantil conserva?
"La alegría".
Un ritual diario
"Ejercicios de relajación. Los practico mañana y tarde. Me ayudan mucho
a manejar el estrés".
¿Qué personaje de la historia le hubiera gustado conocer?
"A José Antonio Páez, por su
reciedumbre, por ese empuje que
demostraba cuando quería hacer algo. Siempre me impresionó de niña ese 'Vuelvan caras...' Ese frenarse y decidir volver y luchar por lo que se quiere".
Algo de lo que se arrepienta
"De nada en la vida. Si volviera a nacer volvería a transitar por los
mismos caminos que he andado".
¿Cuál es la palabra que mejor describe al país?
"Oportunidades".
Su mayor temor
"Al dolor físico".
¿La familia?
"Ese es mi gran sacrificio. Casi no los puedo frecuentar".
¿Su mayor ambición?
"Viajar, conocer otros países.
He viajado a Nepal, China, Japón. Conozco casi toda América del Sur...".
¿En cuál país, distinto a Venezuela, le gustaría vivir?
"Si no fuese Venezuela me gustaría vivir en Venezuela. No me quiero ir de mi país".
¿Qué es lo que hace que Venezuela siga siendo
el lugar?

"La gente. Los venezolanos somos abiertos, alegres. Nosotros no nos cerramos al mundo, y esa es una cualidad que no se ve en cualquier país. Eso tú lo puedes palpar en el tema de las religiones. ¿A ti te importa la religión de una persona? Tú te haces amigo de ella y después es que averiguas. Somos de mentalidad abierta".
¿Una recomendación
para Venezuela?

"Todos los venezolanos tenemos
que hacer un examen de conciencia y determinar claramente qué queremos y cuál es la responsabilidad de cada quien. El día en que todos
podamos, mayoritariamente, tener un compromiso con algo, ese día el país saldrá adelante. Los jóvenes, por ejemplo, tienen que asumir un compromiso porque en la medida de que lo tengan encontrarán las oportunidades. El problema es que siempre hemos estado esperando a que las oportunidades lleguen. Mi generación, quienes nos formamos en los sesenta, tuvimos que buscar el bienestar, y la mayoría lo logramos mediante el estudio. Es verdad que las cosas eran distintas, pero aún así pienso que las oportunidades hay que buscarlas. Hace 20 años, en las aulas de la Universidad Central, yo le dije a un profesor, un poco en broma, un poco en serio, 'dentro de 20 años las mujeres mandaremos en este país'. '¿Y por qué?', me preguntó. Yo le dije: 'sume cuantas mujeres hay en las aulas de la Universidad Central, y eso sigue siendo así'".
¿Le gustaría ser presidente
de la República?

"La única presidencia que me interesa es la de Fedecámaras".
¿Qué le agradece a la vida?
"La vida misma".

I Nací en Mérida el siete de mayo de 1947. Siempre digo que soy gocha de nacimiento y guara de corazón, pues a los 17 años me fui a Barquisimeto, ciudad donde terminé bachillerato y estudié mi primera carrera universitaria. En esa ciudad yo pasé los años más felices de mi vida.
Mi madre se llama María Bolivia de la Santísima Trinidad Maldonado Paredes y mi padre Juan Crisóstomo Muñoz Maldonado. El tenía un negocio de transporte y otro de carpintería, y de eso vivió la familia por mucho tiempo. Nosotros éramos ocho hermanos pero un varón murió pequeño. La última de mis hermanas es fruto del segundo matrimonio de mi mamá.
Mi papá nació en Ejido, cerca de la ciudad de Mérida, y mi madre en un pueblo que está hacia el sur, el cual se llama Lagunillas. Ese lugar tiene una laguna denominada Urao que, por cierto, tiene muchas historias; de manera que yo me crié escuchando relatos al estilo Macondo. Tal vez por eso me guste tanto la literatura y los cuentos de Gabriel García Márquez.
En Mérida estudié en un colegio de niñas, en el Rivas Dávila, no era de monjas como en los que estudiaron mis hermanas, pero igualmente tenía sus normas. En esa época vivíamos en una casa, y en vacaciones siempre íbamos a la de mis abuelos, quienes tenían una hacienda que cultivaba café.
Yo tenía cinco años cuando falleció mi padre; pero debo decir que fui una niña muy mimada, pues mi papá me consintió mucho en los pocos años que compartimos. Con su muerte, una tía paterna me acogió con mucho amor, porque sabía que era la niña de los ojos de mi padre, ella se esforzó en suplir su falta. Sin embargo, la historia es un poquito triste en algún sentido. Mi padre murió de manera trágica el 20 de abril de 1953 y mi madre, que estaba en estado, dio a luz el 20 de diciembre. La situación fue muy dura pero yo diría que la familia manejó la circunstancia de manera adecuada. El chofer de mi padre lo mató para robarlo, pero nosotros nunca supimos la verdad sino cuando ya habían transcurrido muchos años. La familia mantuvo esa información alejada de nosotros.
De manera que mi madre, que era una niña bonita, que sólo había estudiado hasta cuarto grado, y que venía de un hogar con ciertos recursos, quedó a la deriva con cinco niños y una barriga. Los negocios de mi padre se perdieron por deudas, así que mi madre se vio en la obligación de sacar a la familia adelante. Se propuso terminar sus estudios de primaria y más adelante se inscribió en la escuela de enfermería. De manera pues que, cuando el segundo de mis hermanos entró en primer año de bachillerato, mi mamá también estudiaba de noche ese mismo curso. Es una mujer muy inteligente, muy luchadora y puso mucho empeño en que todos nosotros estudiáramos. Yo crecí viendo a mi mamá trabajar día y noche.
Aun así, y pese a ese hecho, siento que tuve una infancia privilegiada. Por ejemplo, nunca me castigaron, yo no supe lo que era eso. Era tremenda, eso sí, pero era buena estudiante. Mi relación con mis hermanos varones fue muy buena, lo cual me ha ayudado mucho en la vida pues aquí en Fedecámaras, por ejemplo, la mayoría son hombres. Con las hembras ha sido igual. En la adolescencia nace mi segunda hermana, quien se pegó mucho conmigo porque mi mamá, al perder a su segundo esposo, se deprimió mucho. La niña me decía mamá y cuando yo me casé ella se fue conmigo. Es prácticamente mi hija.

II Dije que era guara de corazón y es por mi larga permanencia en Barquisimeto. Un hermano se casa con una muchacha de allí, de la familia Lovatón, y a partir de ese momento yo empiezo a entusiasmarme con la idea de irme también a Lara. Pero fue un acontecimiento en especial lo que terminó por apresurar mi decisión. Cuando tenía 15 años pasé una temporada hospitalizada en Caracas debido a que me dio una especie de hemiplejia que paralizó la mitad de mi cuerpo. Se creía que la causa era un tumor, pero el problema obedeció a una caída que sufrí cuando pequeña y que los médicos creyeron haber resuelto completamente. Pero el caso fue que en la adolescencia se manifestó esa dolencia por algún movimiento brusco que realicé mientras jugaba voleibol, deporte que practicaba por esos días. Una vez que me dieron de alta y regreso a Mérida mi familia empezó a decirme que no siguiera estudiando porque supuestamente la vida de estudiante me afectaría. En ese momento me sentí muy presionada por mis allegados, de manera que cuando mi hermano decide casarse en Barquisimeto yo vi en ese hecho mi salvación. Me fui al Estado Lara, estudié Matemáticas en la Universidad Pedagógica de Barquisimeto, y me gradué summa cum laude a los 21 años. ¡Menos mal que no podía estudiar...!
Me decidí por Matemáticas porque me gustaban mucho los números, pero debo decir que de la misma manera y en la misma proporción me gusta la literatura. Siempre fui muy lectora y creo que mi amor por las letras es por influencia de mi padre, quien nos reunía para leernos poesía. De hecho, cuando presenté los exámenes de admisión en Barquisimeto pude elegir entre Literatura y Matemáticas; al final decidí por esta última, pero, paralelamente, me puse a hacer teatro. Estuve cinco años con el grupo teatral Triángulo, el cual dirigía Omar Arriechi. Ganamos el Segundo Festival de Provincia con una obra de Eugene Ionesco, El rey ha muerto, viva el rey, y con esa misma pieza representamos a Venezuela en el Festival de Manizales, en Colombia. Eso fue en 1969. Fui protagonista en varias obras, y creo, ciertamente, que fui una buena actriz.
Todavía siendo estudiante mi mamá se enfermó y decidí que dejara su trabajo y se trasladara a Barquisimeto. No teníamos recursos para mantenernos cómodamente, pero aún así tomamos esa determinación. Yo daba clases de Matemáticas a niños de bachillerato y otro de mis hermanos trabajaba como técnico de refrigeración. Al final toda la familia se terminó instalando en el Estado Lara. Después me vine a Caracas a realizar el postgrado de Matemáticas, lo cual coincidió con el cierre de la Universidad Central de Venezuela. Por esto decido estudiar Economía en la Universidad Santa María. Allí me gradué cum laude.
Por otra parte, debo decir que no fue fácil adaptarme a mi vida en Caracas, no me sentí cómoda en los primeros tiempos. Sufrí años porque a mí me gusta mucho la naturaleza, los animales, las aves, el contacto con la tierra, y aquí con tanto cemento, no me sentía bien. Sobre todo me afectó el poco contacto con los vecinos.
En esa época empiezo a dar clases, yo era menor que mis alumnos, el más joven de ellos tenía 23 años y yo apenas 22. Pero ese aspecto no fue un problema, más bien fue una grata experiencia. Sin embargo, falta un detalle. El cierre de la UCV también coincidió con otro hecho importante en mi vida. Me enamoré y me casé. Estuve 15 años felizmente casada y llevo como 16 felizmente divorciada. No puedo quejarme de mis años de casada, pero fui yo quien tomó la decisión del divorcio.

III En mi época de estudiante de Economía fue cuando mis hermanos y yo creamos la primera empresa y que, por cierto, cerramos el año pasado. Se llamaba Repuestos Munich, y vendía autopartes para vehículos marca Volkswagen. Yo estaba muy ocupada porque estudiaba, daba clases de Matemáticas en la Escuela Técnica del Norte y en el Liceo Andrés Bello, atendía el negocio y estaba casada. Después creamos otras compañías en diferentes rubros, dos de asesoría económica a empresas. En total fueron seis, de las cuales tuve que cerrar dos por la situación del país.
Mi primer contacto con la Cámara Nacional de Importadores de Repuestos Automotrices (Canidra) fue cuando el Gobierno decidió no reconocer la deuda externa privada. A partir de esa coyuntura nos involucramos mucho con Consecomercio y con los importadores de repuestos. En el año 1985, Enrique Esmidri, quien era presidente de Canidra, me convence para que entre a la directiva de la organización. Pero el primer gremio con el cual me involucro no es empresarial sino gremial, y fue con el Colegio de Economistas de Venezuela. Incluso aspiré a algunas de las planchas con un grupo que tenía diferentes tendencias, pero que buscaba rescatar al Colegio que se encontraba muy penetrado por los partidos políticos. Yo participé de manera independiente, armamos una plancha pero no ganamos.
En Canidra hice carrera rápidamente, ya en 1989 era presidenta. Después ingresé al directorio de Consecomercio, organismo que presidí entre los años 1999 y 2001. Allí creé la comisión de estudios legislativos, en los momentos que se estaba discutiendo la reforma a la Ley Orgánica del Trabajo, igualmente estuve en varias comisiones. La experiencia gremial de Consecomercio fue muy rica, porque entre otras cosas, cuando yo llego allí, todavía estaban suspendidas las libertades económicas, vale decir que Consecomercio fue la institución que tuvo 28 años luchando por recuperarlas. Después fue el salto a Fedecámaras donde fui electa como segundo vicepresidente para los años 2001 y 2003.
¿Qué tan fuerte ha sido para mí tener que dar la cara en la coyuntura actual del país? No me he sentido presionada y debe ser porque vengo de presidir un organismo como Consecomercio. También ayudó la experiencia que hemos tenido con el doctor Carmona, con Carlos Fernández. No ha sido sorpresivo para mí, porque de alguna manera estaba mentalizada, pero ha sido fuerte en el sentido de que mi tiempo está muy reducido para hacer las cosas que a mí me gustan. Ya no me queda mucho tiempo para leer, y el que me queda lo tengo que dedicar a leer sobre aquello que necesito estar informada. Ya no puedo estar en mi casa oyendo música como me gusta, o ya no puedo salir a caminar, a pasear por el campo. Tengo menos tiempo para mí y para mi familia.

 

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