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Víctima por pura coincidencia
Max Haines
¿Cuántas veces ha oído usted decir que una persona
"estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado"?

Desgraciadamente, pasa con frecuencia. Personas totalmente inocentes son víctimas de asesinatos.
El 8 de diciembre de 1944, el capitán Ralph Douglas Binney, de 56 años, un oficial naval británico con muchas condecoraciones, estaba cruzando tranquilamente una calle en Londres, Inglaterra. Douglas Binney, miembro de carrera de la Marina, había dejado de ser militar activo, después de 30 años de servicio, pero al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el Ejército volvió a necesitarlo y le destinó a Gallipoli. Ulteriormente, fue condecorado por su valentía y volvió a Inglaterra.
Al cruzar la calle a la hora de la comida, el capitán Binney se quedó sorprendido al ver a un hombre pasando a toda prisa con una bandeja de anillos. El individuo había salido de una joyería de la calle Birchin y se había metido precipitadamente en un automóvil de color oscuro, que le esperaba al borde de la acera. Otro hombre iba al volante.
Siguiéndole los pasos iba el gerente de la joyería, gritando y soplando un silbato. Binney, y otros peatones, se quedaron allí clavados, mientras la inesperada situación se desarrollaba ante sus ojos.
Las ruedas del vehículo giraron cuando éste arrancó, chocando directamente con el capitán. Tras el impacto se oyó un ruido ensordecedor y Binney salió despedido hacia la calle. El conductor del vehículo, al ver que el cuerpo del capitán le cortaba el paso, pasó por encima de él y se dio cuenta de que podía torcer un poco más adelante. De nuevo, volvió a pisar el acelerador, pasando por encima de Binney por segunda vez.
Los testigos se quedaron horrorizados al ver que el peatón atropellado ya no estaba en la calle. De alguna manera, quedó atrapado debajo del vehículo. Después, los testigos contaron que podían oírlo gritar pidiendo ayuda.
El vehículo desapareció a toda prisa por el puente de Londres. Había recorrido una distancia de aproximadamente 2,2 kilómetros cuando el hombre, atrapado en el automóvil, salió despedido, cayendo en la calle. El capitán Binney estaba en muy malas condiciones. Fue trasladado de urgencia al Hospital Guy's, pero fue demasiado tarde para salvarle la vida. Luego de tres horas durante las cuales los médicos hicieron todo por salvarle, murió como consecuencia de sus heridas.
En poco tiempo, la zona estaba llena de policías. Varios testigos oculares de la tragedia describieron a los dos hombres del automóvil, pero sus descripciones eran tan generales que resultaron inútiles. Todo el incidente había transcurrido en tan sólo unos minutos y la mayoría de la gente, que había salido del trabajo para comer, sólo había visto brevemente a los dos fugitivos.
Aproximadamente una hora después del robo, el carro en el que se dieron a la fuga fue encontrado abandonado en la calle Vine, a medio kilómetro más o menos de donde el capitán Binney había salido despedido del vehículo, el cual había sido robado un poco antes ese mismo día, en esa zona.
Como el automóvil había sido robado cerca de una joyería y había sido abandonado por allí, la policía pensó que los ladrones eran delincuentes del barrio y que lo conocían bien. Destacaron a algunos agentes, vestidos de paisanos, por los pubs, en un intento por obtener pistas sobre la identidad de los ladrones.
Entre tanto, el gerente de la joyería les contó a los detectives que el ladrón había robado las joyas y se había ido corriendo. Efectivamente, un solo ladrón había irrumpido en la tienda de Thomas Wordley en la calle Birchin y había roto una vitrina de exposición con un hacha. Se había marchado con una bandeja de anillos y con el hacha. Los detectives dragaron el río Támesis por la zona donde se había abandonado el vehículo robado por si los fugitivos habían arrojado el hacha al río, pero no se encontró el arma.
Experimentados agentes de policía se reunían para discutir qué delincuentes de la zona podían intentar robar una joyería a plena luz del día en una calle atestada de peatones. Se les ocurrió pensar en los hermanos Jenkins. Thomas estaba casado, vivía en un barrio muy duro y se ganaba la vida mediante actividades ilegales. Charles imitaba a su hermano mayor. Los dos hombres pertenecían a una banda conocida localmente como Elephant Boys (Los chicos elefantes).
Los detectives se presentaron en casa de Thomas, donde les notificaron que se había marchado el 9 de diciembre, un día después del robo. Este acto le convirtió en principal sospechoso. A otro miembro de la banda Elephant, Ronald Hedley, de 26 años, un criminal que decía que los hermanos Jenkins eran sus mejores amigos, también hacía tiempo que no se le veía por donde solía estar.
Las Navidades se aproximaban. Pese a los bombardeos, los ciudadanos de Londres lograron celebrar las fiestas. Detectives vestidos de soldados visitaban pubs, intentando obtener alguna pista sobre el paradero de los Jenkins y Hedley. En un pub en Working, la obtuvieron. Thomas Jenkins estaba en el lugar bebiendo con unos amigos. Cuando los soldados revelaron su verdadera identidad, Jenkins los acompañó sin rechistar a una comisaría de policía.
Con ayuda de Thomas, se pudo localizar a Hedley en una dirección en la calle Jamaica, en Bermondsey. Aunque proclamaron su inocencia, los dos hombres fueron acusados de robo y, dos semanas después, de asesinato.
El 12 de marzo de 1945, ambos hombres fueron juzgados. Hay que recordar que el tema principal de los medios de comunicación era la guerra. Las fuerzas aliadas habían cruzado el Rin. Los periódicos estaban plagados de historias heroicas de militares luchando y muriendo por su patria. El juicio de dos ladrones de poca monta casi no llamó la atención.
Todos los testigos dijeron que habían visto el robo y el vehículo que golpeó y atropelló dos veces el cuerpo de Binney, que la segunda vez se quedó enganchado en el automóvil. Además, varios de los testigos identificaron a los acusados: eran los hombres que habían visto darse a la fuga en el vehículo.
El abogado de la defensa hizo testificar a los acusados. Individualmente negaron estar implicados en el robo y en el asesinato. Durante el juicio, se reveló que Jenkins no sabía conducir. Esto no le sirvió de mucho al desdichado porque el fiscal mantenía que Jenkins era el ladrón que llevaba el hacha y Hedley el conductor del vehículo para darse a la fuga.
Tras deliberar tan sólo una hora y 20 minutos, Thomas Jenkins fue declarado culpable de complicidad en un homicidio. Ronald Hedley fue declarado culpable de asesinato. Jenkins fue sentenciado a ocho años de cárcel. Hedley a la pena capital. Dos días antes de su ejecución, su sentencia fue conmutada a cadena perpetua.
Hoy día, cada año se sigue condecorando con la medalla Binney a un ciudadano, que se estime ha realizado un acto de gran heroísmo durante los 12 meses precedentes. Con la entrega de la medalla se rinde un tributo perpetuo al capitán Ralph Douglas Binney.

 
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