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Estómago en movimiento
Acidez, reflujo y dolores en el tórax
son síntomas que no sólo se asocian a trastornos digestivos
pasajeros, también pueden ser la expresión de una
hernia hiatal, mal poco conocido que afecta a millones de personas
en el mundo. Conozca las implicaciones de esta afección y
sepa cómo prevenirla. María
de los Angeles Herrera
La hernia hiatal es un padecimiento del que
muy pocos hablan, pero que ha logrado una gran incidencia mundial,
especialmente en los países donde abunda la comida chatarra.
Se estima que cerca de 20% de los estadounidenses cuentan con este
trastorno, que implica la movilización del estómago
hacia el tórax, ocasionando acidez, dolor fuerte en el pecho,
reflujo y -en casos de mayor gravedad- hasta una disminución
sustancial de la capacidad cardíaca, debido a la compresión
del corazón. La obesidad, la presencia de crisis de estreñimiento
la adicción al tabaco e, incluso, el envejecimiento, son
factores que pueden llegar a determinar la presencia de este tipo
de hernia, por lo que debe estar atento para evitar ser víctima
de ella.
Mal
poco conocido
Según el gastroenterólogo Paul David García
Cortez, la hernia hiatal es "el desplazamiento del estómago
desde el abdomen hacia el tórax, lo cual ocasiona que el
contenido gástrico ascienda hacia el esófago".
Para que tenga lugar ese movimiento, el órgano digestivo
debe colocarse por encima del hiato diafragmático, que es
el espacio donde confluyen el estómago y el esófago.
En una persona sana, explica García Cortez, los músculos
del hiato son muy firmes y resistentes; por lo que se cree que este
tipo de hernia puede ser consecuencia del debilitamiento del tejido
de soporte, especialmente si ocurre en niños o en personas
menores de 30 años; de lo contrario, lo más probable
es que la enfermedad sea producto de la incidencia de ciertos factores
de riesgo, como obesidad central o gran concentración de
grasa abdominal, consumo excesivo de alcohol, adicción al
tabaco y la presencia de estreñimiento crónico. Adicionalmente,
la página web española Salud y Alimentación
señala que el aumento sustancial de la presión abdominal
-provocado por "toses violentas o vómitos repetidos
durante periodos largos de tiempo, embarazos y esfuerzos intensos"-
también influye en la aparición de este padecimiento.
Muchos pacientes desconocen que poseen una
hernia hiatal debido a que sólo unos pocos presentan síntomas.
Generalmente, la enfermedad está asociada al reflujo gastroesofágico,
por lo que ocasiona acidez, sensación de ardor o dolor en
la región torácica, molestias en la garganta, gases
y problemas digestivos generales, que pueden ir desde falta de apetito,
hasta náuseas. Los síntomas usualmente se tornan más
intensos a medida que avanza la noche, período durante el
cual se pueden presentar ataques de tos, ronquera e, incluso, episodios
asmáticos, debido a que el reflujo ocasiona el ascenso del
ácido y de los líquidos biliares, corriendo el riesgo
de que entren en contacto con las vías respiratorias y afecten
tanto las cuerdas vocales como la región pulmonar. En casos
severos, que no han recibido ningún tipo de atención
médica, pueden presentarse complicaciones, como hemorragias
digestivas y dificultad para deglutir los alimentos.
Un escalón a la vez
Si siente pesadez luego de comer, constantemente sufre de reflujo,
le cuesta conciliar el sueño debido a repetidos episodios
de tos nocturna y, además, le duele el pecho es muy probable
que padezca de hernia hiatal. Lo primero que debe hacer es acudir
a un gastroenterólogo para que le practique un examen general
y ordene algunas evaluaciones complementarias, como la radiografías
de abdomen con contraste o la de esófago baritado, que demuestran
claramente la presencia de la hernia; adicionalmente, está
la endoscopia, examen que permite la observación directa
del esófago y el estómago a través de un tubo
flexible de fibra óptica, que es insertado por vía
oral.
Una vez confirmada la presencia de la hernia,
es necesario controlar el reflujo y la acidez estomacal, mediante
el suministro de antiácidos o de medicamentos especializados
que regulen la producción de estas sustancias abrasivas,
como la ranitidina y los llamados inhibidores de bomba de protones,
entre los cuales está el omeprazol, que -según afirma
García Cortez- tienen una mayor efectividad. Por otra parte,
algunos casos ameritan la indicación de prokinéticos,
fármacos destinados a "aumentar el vaciamiento del estómago,
para impedir que el líquido ascienda" y fortalecer el
hiato, contribuyendo a que recupere su función natural.
Estos medicamentos deberían minimizar
los síntomas de la hernia, en caso contrario la solución
implicaría el uso del bisturí. De igual forma, los
pacientes que sólo presentan mejoría durante el tratamiento
y al dejarlo tienen recaídas, o aquellos cuya función
cardiorrespiratoria se ve limitada por la presencia de la enfermedad,
obligatoriamente deben someterse a una cirugía para poder
eliminar este padecimiento.
Tome las riendas
No todo depende de los medicamentos que le recomiende su médico.
Es necesario que comprenda que llevar una alimentación balanceada
-que incluya todos los grupos de alimentos- y evitar tanto el sedentarismo
como la adicción a ciertos hábitos, entre ellos el
consumo de alcohol y el cigarrillo, son fundamentales para disminuir
la presencia de los síntomas y mantener a raya la enfermedad.
No olvide que si la hernia hiatal es producto del sobrepeso, es
imprescindible que acuda a un nutricionista para que lo asesore
antes de iniciar un régimen alimentario y un programa de
ejercicios que le permitan eliminar esos kilitos que le sobran.
Adicionalmente, es importante que sepa que
los síntomas empeoran al estar acostado o agachado, debido
a que estas posiciones modifican el centro de gravedad del cuerpo
y favorecen el ascenso del estómago; por ello, debe evitar
inclinarse bruscamente luego de comer y a la hora de ir a la cama,
es necesario que utilice almohadas suficientes para proporcionarle
a su tórax una elevación de 30° ó 40°,
respecto a la posición de sus pies. Tampoco es recomendable
que utilice ropa ajustada ni cinturones, ya que aumentan la presión
en la zona abdominal. l
mherrera@eluniversal.com
| Al
pie de la letra |
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l Realice tres comidas diarias,
siempre a una hora fija.
l No ingiera alimentos luego
de las siete de la noche y acuéstese, mínimo,
dos horas después de haber cenado.
l Mastique bien cada porción
de comida y no se exceda en las cantidades.
l Evite, en la medida de
sus posibilidades, las harinas y grasas, esto incluye desde
un simple pan blanco o un ponqué horneado, hasta la
salsa de tomate, los embutidos y la comida rápida en
cualquiera de sus presentaciones.
l No ingiera alimentos con
condimentos picantes o cítricos; tampoco se recomiendan
los enlatados ni las meriendas ricas en colorantes.
l No se exceda con los lácteos,
sobre todo los que no son descremados, y respecto a los aceites,
utilice -preferiblemente- el de oliva, aunque también
funcionan los de girasol y maíz, pero sin reutilizar.
l Reduzca al mínimo
el consumo de café y alcohol. Respecto al cigarrillo,
es recomendable su eliminación permanente, al menos
durante el tratamiento.
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Fuentes: http://www.latinsalud.com/
http://saludyalimentacion.consumer.es/hernia/
http://medlineplus.gov/spanish/
http://www.enbuenasmanos.com/
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