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Matrimonio a primera vista

Sí existe el amor a primera vista y, no sólo eso, también aquellos que inmersos en ese hechizo se lanzan al agua de inmediato. Si alguien lo duda, aquí están cuatro historias que dejan claro que no todo lo instantáneo es fugaz.
María de los Angeles Herrera /Adriana Gibbs. Fotos: Natalia Brand

 

Kira González y Armando Ojeda
42 y 44 años
23 años de casados
Se conocieron en 1979 y a los cuatro
meses empezaron a vivir juntos

"Apenas la vi le eché el ojo", cuenta Armando. El tenía 19 años y ella 17. Y para su aflicción, ella tenía novio. Hubo el flechazo, pero al poco tiempo él se fue a Estados Unidos a estudiar. Cuando regresó lo primero que hizo, tras desembalar su maleta y dar los saludos familiares de rigor, fue visitarla. La invitó a una excursión a Turgua y al regreso del paseo, eran más que amigos. "No me limité a echarle los perros, diría que le solté la jauría completa", comenta Armando. "Sí -continúa Kira- lo nuestro avanzó a pasos agigantados". Corría el año 1981. "Nos empatamos en abril y ya en julio estábamos viviendo juntos. Yo estaba dispuesto a casarme, pero ella prefirió la convivencia para luego decidirse". Y a los cuatro meses se casaron sin pensarlo mucho.

Para ella, lo más difícil en el camino de fortalecer la relación fue el hecho de descubrir que él no era tan efusivo a la hora de expresar los sentimientos. "Las paradojas de la vida -acota Armando- pues ahora es diferente... soy yo el que anda botando la baba, mientras ella de cuando en cuando me dice que me quiere". Se miran y se sonríen.
Los componentes de una buena y duradera relación de pareja, de acuerdo con ambos, son el amor ("es el primer click", dice ella), la solidaridad y el respeto por la individualidad del otro. "Yo puedo irme a pescar con mis amigos sin problemas; en cambio, algunos de ellos tienen que hacer toda una antesala para lograr el permiso", cuenta él. "Es un trabajo en equipo -añade Armando- en el que los créditos no se los lleva una sola persona. Es un logro del día a día".

Han pasado 23 años y los dos aseguran seguir tan o más enamorados que al principio: "De ella me atrapó lo arrojada que es, y sigo enamorado por lo arrojada que sigue siendo", afirma Armando. "A mí me impactó su físico: me encantan sus ojos, y me siguen encantando. Además, con esas canitas en las sienes se ve fabuloso", dice Kira. Y acto seguido a este piropo... Armando se puso rojo.

 

Mariana Graterol y Yunen Arias
31 y 34 años
8 años de casados
Tres meses después de haberse conocido
él le propuso matrimonio

Ambos asistían a un curso de programación de computadoras y, por lo que Mariana llama "cosas del destino", faltando sólo tres clases para que finalizara, se vieron obligados a sentarse juntos. Hasta ese momento, sólo Yunen sabía de la existencia de Mariana, por una intervención que ella hizo en clases, y aunque lo cautivó su inteligencia, no podía acercarse porque su novia también asistía al mismo curso. Mariana recuerda que, en ese entonces -como ahora- le atraía el físico de Yunen: "El tenía un cuerpo bello, se veía serio, inteligente y su perfil...me encantaba".

El curso finalizó y la relación comenzó casi un mes después, y en esto Mariana tiene mucho que ver, pues lo invitó a pasar un fin de semana en la playa, a propósito de la celebración de su cumpleaños. Ese 28 de octubre de 1995 marcó el inicio de su noviazgo, y sólo dos meses después ya tenían planes de boda. "No fue algo que se pensó mucho. Surgió de pronto, como una idea medio loca, pero nos la tomamos en serio", recuerda Yunen, mientras Mariana cuenta las reacciones adversas que desató la decisión: "Todo el mundo pensó que estábamos locos. A la mamá de él, sobre todo, no le gustó la idea. Me llamó y me dijo que lo pensara mejor, que éramos muy jóvenes"; sin embargo, aclara que esto no la intimidó, porque ellos querían casarse sin importar las opiniones externas. Decidieron mudarse juntos y en junio de 1996 se lanzaron al agua, obviando la fiesta, los invitados y hasta el vestido de novia.

La arrancada fue difícil, confiesa Mariana: "Yo era más amiguera y a él no le gustaba salir mucho". "Además -acota Yunen- ella estaba demasiado apegada a su familia", al punto que tuvieron que recurrir a terapia para manejar estas diferencias, las cuales fueron superadas en el camino. Casi nueve años después de ese flechazo inicial, y con una pequeña de tres años en brazos, se muestran orgullosos de su apresurada decisión, porque -contra todos los pronósticos- disfrutan de la vida en pareja.

 

Gladys Alvarez
y Nerio Román Salazar

42 y 45 años
18 años de casados
Dos encuentros fueron suficientes
para que él pidiera su mano

"Con un hombre como ese yo quiero compartir la vida", cuenta Gladys que le dijo a una compañera de trabajo apenas vio a Román, el día que le dio una inducción en la empresa en la que ambos laboraban. El, por su parte, quedó impactado cuando la conoció, pero en seguida lo transfirieron a otra ciudad y fue imposible concretar una salida. Una fiesta de la compañía permitió que se reencontraran y dos semanas más tarde se dio la primera cita. Siete días después, él se presentó en casa de Gladys, acompañado por su mamá, para conversar seriamente sobre el futuro de la relación y allí empezaron los preparativos de la boda, con una cuenta bancaria conjunta incluida, en la que se hacían depósitos periódicos: ella desde Caracas y él desde Machiques.

El enlace, tal y como lo habían planificado, no se pudo llevar a cabo debido a la repentina muerte de la madre de Gladys. Ante este hecho, ambos decidieron adelantar la ceremonia, pero como ella no estaba en condiciones de abandonar a su padre, durante los primeros seis meses de casada tuvo que permanecer en la capital, mientras él la aguardaba en Machiques.

Lo más difícil del comienzo fue la distancia, aunque para Román fue más complicado: "Yo la veía sufrir por la muerte de su madre y tenía que tratar de hacer las cosas más sencillas para ella". Pero en lo cotidiano Gladys tuvo que adaptarse a la organizada forma de ser de su esposo: "Que si las camisas guindadas de derecha a izquierda para poder rotar la ropa... las latas nuevas detrás de las viejas en el gabinete de la cocina...". Confiesa que aún no ha aprendido del todo, y que por eso -a estas alturas- "él no abre mis gavetas".

Su clave para mantener una buena relación de pareja radica en la tolerancia, el respeto de los espacios y, sobre todo, en saber sortear las crisis: "No tomar decisiones desesperadas, ni la salida más fácil -añade Román- porque con éstas es imposible construir un hogar".


Valentina Castillo
y José Antonio Rodríguez

34 y 35 años
12 años de casados
Al día siguiente de haberse reencontrado
en una fiesta, él le propuso matrimonio

Se habían conocido varios años atrás, pero fue en una fiesta donde se reconocieron y se encantaron el uno al otro. Ambos venían de noviazgos duraderos y aseguran que esa noche que se reencontraron sintieron "un feeling muy especial". "Al día siguiente me propuso matrimonio y no sólo eso, le puso fecha a la ceremonia: 9 de julio. Era enero, recuerdo. Yo le dije que sí, sabiendo que los seis meses de noviazgo serían también el tiempo para preparar la boda", cuenta Valentina. Como era de esperarse, familiares y amigos se quedaron atónitos con el anuncio. "A mí me preguntaban que si me pasaba algo... que si estaba embarazada, que si había alguna razón oculta para tan precipitada solución", dice Valentina. Tras los primeros meses desapareció el asombro. "Todos nos prestaron apoyo -prosigue ella- y es que José Antonio se hace querer mucho, al punto que en mi casa fue adoptado por mamá como el varón que no tuvo".

"A mí me enganchó su extraordinario sentido del humor. Yo presentí en ella a una amiga y, ahora, tras estos años compartidos me mantiene atraído no sólo el hecho de seguir siendo una excelente compañera, pues recientemente he descubierto que también es muy buena madre", afirma José Antonio.

La rapidez con la que llegaron al altar no fue la misma a la hora de tener hijos. A los seis años de casados decidieron empezar a buscar uno. Nació el primogénito y en breve nació una pequeña. Para ella, los secretos del éxito de una pareja son la paciencia, la tolerancia y la comprensión mutua. Para él, son claves la comunicación y el buen humor: "Ni ella ni yo creemos en ese cliché que dice que el matrimonio es una lotería. La relación de pareja hay que trabajarla para lograr que sea agradable la convivencia", afirma él. Continúa ella: "Creo que en la pareja uno aprende hasta de los desencuentros. Cuando discutimos le digo a José que un matrimonio pleno está hecho de peleas y reconciliaciones, y que así los dos constatamos que somos una pareja viva". l

 

Ver también en Encuentros:
- Vicente Fernández. La voz de México

- Con ellas quiero decir... te quiero
- Púrpura: El nuevo tono del amor

 
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