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El carnicero
de Hanover

El horrible cuento de uno de los más diabólicos asesinos de Alemania. Max Haines

SI ESTUVIERA LEYENDO por casualidad esta narración desagradable antes de tomar su desayuno, sería aconsejable que la dejara para otro momento. Por otro lado, si se siente fuerte para aguantarlo, por favor léala.

El cuento de terror que hoy nos ocupa trata sobre Fritz Haarmann, un hombre único en cuanto tenía tres motivos distintivos para asesinar: recibía gratificación sexual, simplemente disfrutaba al matar, y también asesinaba por dinero.

Fritz nació en Hanover, Alemania, en 1879. Su padre era un fogonero en el ferrocarril alemán, pero abandonó su trabajo cuando la madre de Fritz recibió una herencia suficiente para mantener a la familia de seis hijos, el menor era nuestro Fritz.

Las tres hermanas Haarmann se dedicaron a la beneficiosa pero precaria ocupación de prostitución. Un hijo, Wilhelm, fue internado en una institución cuando atacó a una niña de 12 años. Creen que les estoy llevando a pensar que todos los Haarmann eran malas semillas, déjenme añadir que uno de los hijos tenía una vida normal con una buena reputación. Y por último estaba Fritz.

Cuando llegó a la adolescencia, Fritz se convirtió en un joven bastante atractivo. A los 16 años, ingresó en una academia militar. Un día mientras se celebraba un desfile, le dio una especie de ataque. Algunos archivos indican que su desmayo fue el resultado de una insolación. Tras el incidente, Fritz abandonó la academia.

A los 17 años, Fritz fue acusado de actos indecentes contra niños y fue enviado a un Asilo Provincial en Hildesheim. Seis meses más tarde, se escapó y pasó dos años vagabundeando por Suiza, antes de regresar a Hanover y unirse a las fuerzas armadas. Fritz permaneció en la armada hasta 1903. Después de terminar, practicó cualquier tipo de vicio imaginable. Robó, cometió actos indecentes y pasó más tiempo en la cárcel que fuera de ella. Cuando se inició la Primera Guerra Mundial, Fritz fue confinado en prisión donde pasó la guerra entera. Fue liberado en 1918 en una Alemania llena de confusión.

En Hanover, Fritz encontró una ciudad llena de timadores, ladrones y asesinos, todos con intención de explotar a una población hambrienta y harapienta. El centro de las actividades ilícitas era la estación central de ferrocarril y el mercado de Schieber al otro lado de la calle. Aquí, por una suma de dinero, uno podía comprar literalmente cualquier cosa de las miles de pequeñas tiendecillas donde los charlatanes mercadeaban con sus artículos. Entre los vendedores y compradores estaban las prostitutas, los ladronzuelos, los pervertidos y los fugitivos de la justicia.

Hanover verdaderamente atraía la escoria. Fritz echó un vistazo y en seguida se sintió en casa.

En menos de seis meses se había establecido en dos profesiones. Prosperó como carnicero y también actuaba como informante de la diezmada fuerza policial de Hanover. Fritz Haarmann había encontrado su nicho en el mercado. Se las arregló para rebajar los precios de sus competidores carniceros, haciéndole muy popular entre sus clientes. Su trabajo semioficial de policía le ganó el apodo de Detective Haarmann.

Para el mundo exterior, Fritz parecía incluso estar desarrollando actos caritativos. Se le conocía por ser muy amistoso con los niños sin casa. En muchas ocasiones, despertaba al pobre vagabundo, con la promesa de una comida y un colchón, llevando al infeliz hasta su cálida habitación. Los niños nunca abandonaron la carnicería con vida.

Es imposible relatar lo que ocurrió exactamente a todas las víctimas de Fritz. Sería suficiente suponer que todos siguieron la misma suerte que el primero.

Friedel Rothe de 17 años se escapó de casa y se dirigió directamente al mercado de Schieber. Dos días más tarde, su madre recibió una tarjeta de él. Los Rothe estaban seguros de que si encontraban a su hijo le podrían traer de vuelta a casa. Se perdonaría todo. Un amigo de Friedel les contó a los Rothe que su hijo había visitado a un amigo en el 27 de Cellarstrasse. Así es como los Rothe terminaron llamando a la puerta de Fritz Haarmann.

Con la policía a su lado, los Rothe sufrieron un shock al encontrar a Haarmann llevando a cabo un acto sexual con un joven. Un registro casual de sus cuartos no descubrió evidencia alguna del desaparecido Friedel Rothe. Sabemos que la búsqueda fue rutinaria porque, cuatro años más tarde, en su juicio por asesinato, Fritz declaró, "En ese momento cuando la policía me arrestó, la cabeza del chico Friedel estaba escondida envuelta en papel de periódico detrás del horno. Más tarde la tiré al canal".

Mientras tanto, Fritz fue enviado a prisión durante nueve meses por indecencia. Una vez liberado, se trasladó y continuó con sus actividades asesinas en un lugar nuevo.
En 1919, conoció a Hans Grans, un joven de buena presencia y con cara de ángel. Fritz y Hans se convirtieron en amigos cercanos, Ahora, con un socio, era incluso más fácil atraer a chicos jóvenes hacia su casa durante bastante tiempo. Ciertamente, Grans sabía de los asesinatos de su compañero. Más tarde, Fritz acusaría a Grans de ser un cómplice de buena voluntad en todos sus asesinatos.

Desde 1919 a 1923, Fritz, junto a Grans como cómplice, atrajo niños a sus habitaciones. Aquí, eran asesinados. Cada pieza de ropa de las víctimas era vendida en el mercado, con excepción de ciertos objetos que le gustaban a Grans. Estos se los quedaba para su propio uso.

Durante este tiempo, se esparcieron rumores por el distrito de que se vendía carne humana en el mercado. La sospecha cayó sobre Fritz Haarmann, principalmente debido a su asociación con jóvenes y también porque sus precios de la carne siempre eran los más bajos. Nadie hacía nada con respecto a la sospecha. Eso es lo único que era, únicamente sospechas.

¿Cómo mató Fritz con impunidad durante tanto tiempo? Existían varias condiciones que favorecían sus acciones infames. La perturbación de la postguerra alemana llevó a una actitud de dejar pasar la actividad criminal. La policía estaba desesperada sin suficientes agentes. Por último, estaba la ocupación de Fritz. ¿Qué era más natural que un delantal sangriento o un cuchillo sangriento en una carnicería? Fritz actuaba abiertamente. En retrospectiva, los vecinos le recordaron trasportando cubos de sangre por los pasillos. Nadie pensaba mucho sobre ello. Después de todo, él era un carnicero.

El 17 de mayo de 1924, unos jóvenes que jugaban en las orillas del Río Leiner encontraron un cráneo humano. Doce días más tarde, se encontró otro cráneo más abajo del río. En julio, unos niños que jugaban por el río encontraron un saco con huesos humanos y un cráneo. Noticias de los horrorosos hallazgos se esparcieron como el fuego. Había un asesino suelto. Tal vez esos rumores sobre alguien que vendía carne humana eran, después de todo, auténticos.

Ciudadanos se reunieron por cientos para observar las aguas del Río Leiner. La policía registró las aguas sucias. No fueron decepcionados. El primer día recuperaron 500 huesos humanos. Los médicos estaban de acuerdo que eran de cuerpos pertenecientes a chicos jóvenes.

Inmediatamente se sospechó de Fritz. La policía importó detectives que no eran conocidos por el sospechoso. Cuando observaron a Fritz y a un niño en la calle, los detectives intervinieron. Fritz dijo que el joven había viajado en un tren sin boleto.

El joven acusó a Fritz de un acto indecente. La policía vio una oportunidad para llevar a los dos a la cárcel mientras registraban las habitaciones de Fritz.

Se encontraron piezas de ropa salpicadas de sangre y en seguida fueron rastreadas hasta los muchos niños desaparecidos. Una pared de la habitación de Fritz estaba endurecida con sangre humana.

Bajo un interrogatorio extenso, Fritz confesó de 30 a 40 asesinatos. No podía recordar el número exacto. Su juicio por asesinato masivo reveló evidencias sensacionales de canibalismo y el descuartizamiento de humanos. Las evidencias que señalaban la venta de carne humana fueron suprimidas. El gobierno alemán pensó que la condena por asesinato masivo era suficiente.

Hans Grans fue declarado culpable de asesinato y sentenciado a cadena perpetua. Fritz Haarmann, uno de los asesinos más prolíficos y viles de toda la historia, fue declarado culpable de 24 asesinatos de chicos jóvenes. Recibió la sentencia de muerte. Fue decapitado por una espada en 1925. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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