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CRÍMENES MAX HAINES

¿Piensan que James era el verdadero asesino?

El acento cockney del sospechoso ayudó a los policías a capturar a un asesino

Pero, ¿era James Hanratty culpable? Esa es la pregunta que ha dejado perplejos
a los estudiantes de criminalística desde aquel
día de agosto de 1961, cuando se cometió el asesinato. Júzguelo
usted mismo.

Valerie Storie y Michael Gregsten eran empleados
del Departamento de Investigación Científica e Industrial en Slough, Inglaterra. Valerie tenía 23 años y era soltera. Michael tenía 37, estaba casado y era padre de dos niños. Durante cuatro años habían sido amantes y tenían un acuerdo. Michael amaba a Valerie, pero era muy unido con sus niños y nunca abandonaría a su esposa. Los amantes tenían un interés común en los rallies automovilísticos, y a menudo estaban juntos para dedicarse a su pasatiempo.

El 22 de agosto, Michael y Valerie bebieron una copa en Old Station Inn, en Taplow, cerca de Maidenhead. Trabajaban en los detalles de un rally de 130 kilómetros a través de Chiltern Hills. Alrededor de las nueve de esa noche salieron del bar y se dirigieron en su auto Morris Minor a un campo de maíz. Justo después de que se estacionaron, un hombre golpeó ligeramente la ventanilla del conductor. Mostró un revólver y dijo: "Esto es un atraco. Soy un hombre desesperado".

El hombre armado vacilaba y parecía sentirse inseguro. Valerie y Michael le suplicaron que tomara el auto y sus objetos de valor y los dejara tranquilos. Se rehusó. Luego de mucha discusión, exigió la llave del vehículo. Luego abrió una puerta trasera y subió al auto. Las horas transcurrían mientras Michael y Valerie le presentaban numerosos argumentos de por qué los debía dejar ilesos. Alrededor de medianoche, el intruso decidió que debían moverse.

Mostrando su vacilación, discutió muchas rutas antes de decirle a Michael que manejara hacia Slough. En el camino se detuvieron para echar gasolina, después de que el hombre les diera estrictas instrucciones sobre cómo comportarse. Si hacían un movimiento en falso, estarían muertos en un instante. El auto, con sus aterrados ocupantes, avanzaba aceleradamente por las calles del noroeste de Londres. En una ocasión se detuvieron para comprar cigarrillos para Michael. Durante todo el tiempo, el hombre armado mantuvo el cañón del revólver contra la parte de atrás de la cabeza de Valerie. La chica advirtió algunos detalles. Su secuestrador hablaba con acento cockney. Anduvieron toda la noche en el vehículo, más allá de St. Albans hasta un paraje aislado cerca de Luton, irónicamente llamado Colina del Muerto.
El hombre desesperado les dijo a sus cautivos que debía dormir algo. Primero amarró las muñecas de Valerie a la manilla y una puerta del Morris. Luego le pidió a Michael que pasara una mochila de ropa al asiento trasero. Michael pasó la mochila por encima del asiento. Mientras lo hacía, el hombre le disparó dos veces a la cabeza.

Valerie gritó histérica: "¡Le disparaste, bastardo! ¿Por qué lo hiciste?". El hombre respondió: "Me asustó. Se movió demasiado rápido". Valerie le imploró al hombre que buscara a un médico. La única respuesta de su captor fue: "Quédate tranquila, ¿quieres? Estoy pensando".

Valerie había logrado liberar sus manos de la manilla de la puerta, y el asesino lo sabía. Él le dijo que se volteara y le diera la cara. Eso hizo. Justo en ese momento, la total oscuridad fue iluminada por las luces de un auto que pasaba. Por primera vez, Valerie pudo ver perfectamente al asaltante. Éste le ordenó: "Bésame". Ella se rehusó, pero finalmente cumplió la orden mientras observaba fijamente el cañón de la pistola de su torturador.

Valerie notó que el hombre estaba perfectamente afeitado. Éste le ordenó que se pasara al asiento de atrás. Como ella se resistió, él le dijo bruscamente: "Contaré hasta cinco. Si no has venido, te dispararé". Valerie obedeció y fue violada. Luego le dijo que arrastrara el cuerpo de Michael desde el asiento delantero hasta un punto a pocos metros detrás del Morris.

El asesino obligó a Valerie a mostrarle cómo manejar el Morris. Ella caminó hasta el cuerpo de Michael. El agresor vino hasta su lado y le dijo: "Creo que mejor te golpeo en la cabeza o te dejo sin sentido; de lo contrario, irás a buscar ayuda".

Valerie le suplicó que la dejara con el cuerpo de Michael. Le prometió que no haría nada que lo pusiera en peligro. Pareció creerle y regresó al vehículo

Repentinamente se volteó e hizo cuatro disparos en rápida sucesión. Volvió a cargar y disparó otras seis veces. De los 10 tiros que hizo, cinco
le dieron a la pobre mujer. Una de las balas le dio en la columna vertebral,
lo que le paralizó las piernas.
Se hizo la muerta mientras el hombre movía su cuerpo con uno de sus pies. A las 6:40 a.m., un estudiante de la Universidad de Oxford que realizaba un sondeo del tránsito la encontró.
La joven, gravemente herida, fue transportada de emergencia al
hospital y de inmediato comenzó la persecución del asesino de Michael Gregsten.
Ese mismo día, el Morris manchado de sangre se encontró abandonado a unos
67 kilómetros de la escena del crimen. Al día siguiente, un limpiador que trabajaba
en autobuses en el sur de Londres encontró un revólver Enfield calibre 38 y cinco cajas de municiones debajo del asiento trasero de uno de los buses. Era el arma homicida.

Valerie se debatía entra la vida y la muerte en el hospital general de Bedford y no pudo ser interrogada durante siete días. Cuando estuvo en condiciones de ayudar
a la policía, dio una descripción de su agresor. A partir de su información y mediante un retrato hablado, Scotland Yard distribuyó una imagen del asesino. Seis semanas después del asesinato, el 6 de octubre, Scotland Yard recibió una llamada telefónica de un hombre que se identificó como Jimmy Ryan. El hombre, en realidad, era
James Hanratty.

Hanratty tenía 25 años de edad y se había metido en problemas toda su vida. Lento para aprender, no sabía leer ni escribir a los 15 y fue calificado de retrasado mental. Su oficio era ser ratero. Los médicos de la cárcel lo consideraban psicópata. Hanratty le dijo por teléfono a un inspector de Scotland Yard que él lucía como el hombre solicitado y que deseaba hablar con alguien de autoridad a fin de aclarar todo el asunto. Aseveró que tres compinches estaban con él en el momento del asesinato, pero no le daría sus nombres al inspector porque eran individuos que recibían joyas robadas.

El 11 de septiembre, un gerente del hotel Vienna en Londres descubrió dos casquillos calibre 38 en una habitación que había estado ocupada por un tal J. Ryan la noche del asesinato. Ambos proyectiles habían sido disparados por la misma arma que había cegado la vida de Michael Gregsten. Entretanto, Hanratty siguió llamando a Scotland Yard, pero rehusaba entregarse. El 9 de octubre fue visto en Blackpool y lo detuvieron.

En esta ocasión, a cada uno de los hombres que formaban una fila les pidieron que dijeran: "Quédate tranquila, ¿quieres? Estoy pensando". Uno de los sospechosos tenía un acento particular. Específicamente un acento cockney. Ese hombre era James Hanratty, quien fue arrestado de inmediato y acusado del asesinato de Michael Gregsten.

Durante el juicio, Valerie Storie, sentada en una silla de ruedas, narró su noche de horror con lujo de detalles desde el estrado. Uno de los principales testigos de la fiscalía era Charles France, quien compartía el alojamiento con Hanratty en el momento del asesinato. France, quien también era criminal, testificó que mientras andaba en un autobús con Hanratty, éste le había preguntado si el asiento trasero de un bus era un buen lugar para ocultar una pistola. Allí fue exactamente donde se encontró el arma homicida.

Un guardia de la prisión, Alfred Eatwell, testificó que había alcanzado a oír una conversación entre Roy Langdale y otro reo en la cual Langdale afirmó que Hanratty le había confesado que él era el asesino de Gregsten. Después de que la fiscalía cerró su caso, James Hanratty cambió la versión que había dado durante los últimos meses. Declaró que no había estado con tres colegas la noche del asesinato. Juró que había viajado a Rhyl esa noche y se había alojado allí en una posada. El veredicto era predecible. Hanratty fue encontrado culpable de asesinato. Lo ahorcaron el 4 de abril de 1962.

Desafortunadamente, nos queda una interrogante: ¿qué hacía un ratero urbano como Hanratty en un maizal aislado? Nunca había usado un arma en toda su carrera criminal ni le habían acusado de cometer algún delito sexual. Además, miles de personas tienen exactamente el mismo acento cockney de Hanratty.

En la celda donde esperó la muerte, James Hanratty escribió: "Estoy por recibir el castigo por el crimen que cometió otro, pero lo enfrentaré como un hombre".

Traducción: José Peralta
Ilustraciones: David Márquez
davidmarquez@cantv.net

 
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