- El soltero codiciado
- El Monitor
- Mala, mala conducta
- Crece la vida

 CRONICA
- De cómics o historietas
- Luis Miguel
Charro de corazón
- De Italia con un twist
- Premios Rolex:
Laureados
de excepción
- Nicole Kidman elige el N°5
NUTRICION
- El gran aceite
de oliva
SALUD
- La pausa
que desvela
PSICOLOGIA
- Decirle adiós
a los miedos
FAMILIA
- Celos precoces
BELLEZA
- Efecto zig zag
BELLEZA
- Seducción masculina
TENDENCIAS
- Moda
TENDENCIAS
- Moda
TENDENCIAS
- Bazar
COCINA
- Cocinando
con manzanas
MASCOTAS
- Corrección a tiempo
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
E-viajes
 
 
 

Cosas de familia

El chico no soportó las exigencias de su estricto padre. Max Haines

Años atras vole a Houston, Texas, para investigar los crímenes de ese estado, con el fin de publicarlos en el Houston Post, el periódico recientemente adquirido por el Toronto Sun. Renté un carro en el aeropuerto.

Mientras completaba un formulario para alquilar un auto, el agente del lugar no pudo evitar darse cuenta de la dirección de mi casa en Toronto, Canadá. Se acercó y, confidencialmente, me dio unos consejos: "Usted sabe, señor, es distinto por aquí. De donde usted viene, si usted tiene un pequeño desencuentro con alguien, usted se baja de su carro y discute. No lo haga aquí. Aquí, el tipo en el otro carro tiene un arma en la guantera. Usted empieza a discutir y él empieza a disparar. No quiero problemas con mis carros rentados".

Sonreí. Había estado en el lugar cinco minutos y ya me estaban advirtiendo sobre armas. Realmente no era tan gracioso. La verdad es que en la mayoría de los hogares en EEUU existen armas. Están, literalmente, por todas partes. Lo que sigue es la historia de marido y mujer, su hijo, y el fácil acceso a una escopeta.

Bill Keeler era un tejano hecho y derecho. Aún más, era un personaje exitoso dentro de Texas. Bill obtuvo su diploma de ingeniero en la Texas A&M y se unió a la Atlantic Richfield Corp. en 1949. Para 1973, había trabajado en la compañía y había logrado subir de ingeniero junior a vicepresidente de investigación e ingeniería. Eso no era algo pequeño, ya que la Atlantic Richfield Corp. es una organización enorme con cientos de empleados ejecutivos muy capaces. Bill era un ejecutivo duro pero justo, un hombre callado que trabajaba duro y llevaba una vida ejemplar en su hogar.

La esposa de Bill, Anita, complementaba a su marido en todo sentido. Ella también era una persona emprendedora, que canalizaba sus energías de manera pareja entre su familia y varias obras de caridad. Anita era una trabajadora incansable para el programa Meals on Wheels (Alimento sobre ruedas), así como un miembro activo de la United Methodist Women (Mujeres metodistas unidas). Los Keeler tenían cuatro hijos, Barbara, 29, John, 25, Robert, 19, y el más pequeño, David, de 14.

Si había una familia que rezara junta, esos eran los Keeler. Se iban de campamento seguido y pescaban en familia. Iban a las actividades de unos y otros para contribuir con apoyo moral. Probablemente la única falla en la idílica vida doméstica de los Keeler tenía que ver con el hijo mayor, John. Cuando éste terminó la escuela secundaria, se sumó al ejército sin el consentimiento de sus padres. Luego de ser dado de alta, se casó inmediatamente, un paso que no fue aprobado por sus padres.
La familia entera asistía a la iglesia de forma regular. Iban a la Iglesia Metodista Unida Schreiber cada domingo. Bill pertenecía al club de campo Brookhaven, donde jugaba al golf todos los sábados.

David, el más pequeño, mostraba la misma garra y energía que le había asegurado el éxito a su padre. Iba a un colegio privado prestigioso, el St. Mark's School de Texas, donde sus notas eran sobresalientes. Tocaba el trombón en la banda escolar, era miembro del equipo de fútbol y consejero estudiantil.

Los asuntos en la casa de los Keeler tomaron un giro trágico en el verano de 1981.
Bill fue nombrado presidente de la Arco Corp, la subsidiaria más grande de la Atlantic Richfield. El nombramiento culminaba toda una vida de trabajo para la organización. Bill había llegado. Al mismo tiempo que su padre era promovido, el joven David se graduaba del 8vo. grado.

Entraría en la escuela secundaria en el otoño. Los dos felices eventos se celebraban dentro de la familia.

Bill Keeler siempre había querido que su familia fuera exitosa. De alguna forma, muchos de ellos lo eran. Pero ahora, como presidente de la compañía más grande, esperaba perfección de todos sus hijos, desde el más grande hasta el más pequeño. Bill todavía permanecía callado y calmo en público, pero en privado se agitaba ante cualquier falla por parte de David.

Por otro lado, David, feliz por entrar al colegio secundario, sentía que las trabas paternales debían ser relajadas. Muchos de sus amigos tenían citas y salían hasta tarde. Bill Keeler sentía que no era un comportamiento responsable para el hijo del presidente de la compañía más importante. Al comienzo del verano, David, a veces, se escapaba de la casa con sus amigos. El 11 de julio, el chico y algunos de sus amigos causaron un disturbio en el Six Flags de Texas, un parque de diversiones local. Como resultado, los jóvenes fueron llevados a la oficina de seguridad del parque, donde se descubrió que habían robado souvenirs. La policía de seguridad llamó al padre de David, quien manejó hasta allí, recogió a los chicos y los llevó a la casa. Bill Keeler contuvo su temperamento y no dijo nada frente a los amigos de su hijo.

Esa tarde, dos de los amigos de David, Debra Avant y su hermano, se quedaron a dormir en casa de los Keeler. Bill y Anita nunca dijeron nada sobre el comportamiento de David en el parque de diversiones frente a los invitados. A la mañana siguiente, un domingo, cuando los pequeños hermanos Avant se fueron a su casa para vestirse antes de ir a la iglesia, Bill Keeler le dio rienda suelta a su ira.

Sólo conocemos el testimonio de David de lo que ocurrió esa mañana, pero no hay razón para no creerle. Cuando Debra y Don Avant se fueron, Bill comenzó a gritarle a su hijo sobre el incidente del robo. Bill empujó a David dentro de su cuarto y lo tiró en la cama. Todo el tiempo gritándole a su hijo. Anita, a veces, se sumaba a la perorata.
Eventualmente, el temperamento de Bill se calmó y le dijo a su hijo que se vistiera para ir a la iglesia. Juntos, la familia no tan feliz, fueron a los servicios de la iglesia. Al terminar, Bill y Anita se retrasaron, porque era su turno de contar el dinero de la recolección. David se fue para la casa ni bien terminaron los servicios.

David fue directamente a donde su padre guardaba la escopeta semiautomática. Quince minutos más tarde, Bill y Anita llegaron a la casa. David los encontró adentro. Disparó siete tiros. Bill cayó muerto en el hall. Milagrosamente, Anita todavía estaba viva cuando apareció su hija Bárbara, media hora más tarde luego de ir a nadar en la piscina de la familia. Bárbara se acercó a su padre y se dio cuenta de que estaba muerto. Fue hasta donde su madre, quien murmuró: "Lo hizo David." Unas horas más tarde, Anita Keeler murió.

Luego de dispararle a sus padres, David se subió a su bicicleta y se fue. Planeaba escapar, pero cambió de idea. Estando a unos ocho kilómetros de su casa, se acercó a un auto de policía estacionado y les dijo a los oficiales: "Acabo de disparar y matar a mis padres".

A David se lo llevaron a la estación de policía de Dallas. No tenía intención alguna de evadir su crimen. Le dijo a los oficiales de la investigación que había matado a su padre por ser estricto y llamarlo desgraciado. Su madre murió por haber estado de acuerdo con su marido.

Como David Keeler tenía menos de 15 años, el Estado de Texas lo consideró un ofensor joven, cuya pena máxima no podía exceder la encarcelación en un centro de detención más allá de sus 18 años.

Luego de oír su sentencia, el abogado de David dijo que siempre se le había exigido excelencia. Cuando fue menos de lo que su padre esperaba, fue criticado con dureza. Reprimió sus emociones hasta que estalló ese domingo fatídico. Evidentemente, el juez que presidía fue influenciado por esta línea de razonamiento y sintió que el tratamiento era mejor que el confinamiento. David fue enviado a Timberlawn, un hospital psiquiátrico privado.

El 29 de diciembre de 1982, en su cumpleaños número 18, David fue dado de alta de Timberlawn. Como lo estipula la ley de Texas, su antecedente juvenil fue sellado. Al darlo de alta, fue capaz de pedir su parte de la herencia de su padres por 1,32 millones de dólares. l

Ilustraciones: David Márquez

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso