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Venezolanos gordos:
un asunto que pesa

Actualmente, 30 por ciento de la población con problemas de sobrepeso, debe sus grandes proporciones a dos factores: sus malos hábitos alimentarios y las llamadas dietas “milagrosas”.
Pablo Blanco

Las diminutas franelas femeninas y las casuales camisetas masculinas están muy de moda en esta tierra de
vanidades y calores. Lamentablemente, podría pensarse que los abultados abdómenes que estas prendas dejan al descubierto, también forman parte del fashion en cuestión. El asunto no es broma. Según entendidos en la materia, ha aumentado el número de venezolanos con problemas de peso, una terrible realidad que muchos aún no perciben como un verdadero problema de salud sino como el eterno desperfecto físico que impide obtener la anhelada figura de la celebridad del momento.

La oferta de regímenes alimentarios, pastillas y recursos cosméticos, supuestamente efectivos, se ha incrementado, pero, al parecer, no los resultados que prometen. El análisis de Doménico Petrarca, médico cirujano con postgrado en Nutrición y conferencista, así como el de Jessica Díaz Nagel, psiquiatra de la Unidad de Estudios y Terapia Cognitiva y Sexual, sumados a informaciones suministradas por el Instituto Nacional de Nutrición, conforman la estructura de este trabajo en el que se presenta, someramente, al lector, reflexiones sobre la raíz de este problema.

Foto: www.latinstock.com/HOWARD PYLE

Obesos artificiales

Por experiencias propias o ajenas, los individuos han podido comprobar un hecho casi matemático: quien se somete a una estricta dieta, una vez que la termina, recupera su peso inicial e, incluso, llega a aumentar el doble de sus medidas corporales promedio. Estas personas forman parte del grupo de lo que Petrarca llama los “obesos artificiales”. Se trata de hombres y mujeres que con sólo tener esos clásicos “kilitos de más” se someten a fuertes regímenes, sucesivamente, hasta llegar a desarrollar, involuntariamente, un trastorno de la conducta alimentaria, entiéndase: anorexia, bulimia u obesidad.

“Por mis investigaciones puedo estimar que 30 por ciento de las personas obesas en Venezuela pertenecen al grupo de los ‘artificiales’. Sin embargo, en el país no se tienen registros sino subregistros de la población adulta con problemas de peso y eso forma parte de las causas del problema. El tema sigue siendo tratado, incluso por algunos médicos, como un asunto estético o de moda, en estos tiempos en los que la Organización Mundial de la Salud se refiere a la obesidad como una epidemia. A diferencia de lo que ocurre en Europa o Estados Unidos, aquí no existe ninguna compañía de seguros que contemple la obesidad como una afección. Eso ya dice bastante. Yo me declaré enemigo número uno de las dietas. No puede ser que la salud se quiera franquiciar, o que se pretenda vender en una tienda de ropa. Si el asunto fuera tan fácil de resolver, existirían franquicias y pastillas ‘mágicas’ para tratar, del mismo modo, la neumonía o la bronquitis. Es fundamental que la persona con problemas de peso entienda por qué está gordo e, igualmente, si llegara a rebajar, debe tener muy claro por qué rebajó. La gente no puede permitirse ir a un lugar en el que el médico le dé un papelito y unas goticas sin explicarle, exactamente, lo que se está haciendo con su organismo. En todo consultorio donde se vendan productos, usted debe salir corriendo porque eso no es un consultorio, es un negocio”.
Punto aparte merece el sector más necesitado, afectado por la desnutrición. “La clase D de la población está conformada, en su mayoría, por venezolanos, aparentemente obesos que en realidad están desnutridos. Se alimentan de carbohidratos por una cuestión netamente económica. En la mayoría de sus comidas diarias predominan las sopas de harina o las llamadas ‘fritangas’ ambulantes, las cuales inevitablemente, aumentan sus proporciones corporales, especialmente, su abdomen”, agrega Petrarca.

El mito del gordito de azúcar

En un examen de laboratorio en el que se mida cómo está la insulina del individuo, se pueden comenzar a determinar las causas de un problema de peso. Esta hormona, producida en el páncreas, es necesaria para transportar el azúcar de la sangre hacia otros tejidos corporales donde se necesite para ser usada por el organismo como energía. También ayuda al cuerpo a metabolizar (procesar) los carbohidratos, las grasas y las proteínas. Una gran ingestión de carbohidratos y azúcares puede responder a altos niveles de insulina. “Comer, compulsivamente, es una de las principales características de los individuos que tienen altos niveles de insulina. Pero, ¿por qué se llega a comer compulsivamente? Volvemos al punto anterior: por una estricta dieta”, comenta el especialista. Pero, aparte de este indicador, existen otros factores que inciden en la contextura corporal del venezolano promedio. La evaluación, que debe ser llevada a cabo por el médico o nutricionista clínico de confianza, debe incluir otros aspectos como la genética del individuo (y su predisposición a la obesidad) y la manera en la que se le ha educado, en el entorno familiar, con respecto a su alimentación. “Hay que erradicar la idea, muy criolla, del ‘gordito de azúcar’, del niño que, sobreprotegido por la madre, tiene un sobrepeso que es visto, erróneamente, como un signo de buena salud”. 

Sobrepeso quinceañero  

Ciertamente, los hábitos alimentarios se adquieren
en el hogar durante la infancia. A propósito de ello, cabe resaltar que en Venezuela, este sector de la población está aumentando de peso a una velocidad preocupante. Un estudio llevado a cabo por la Dirección del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (Sisvan) del Instituto Nacional de Nutrición, reveló que, entre 1990 y 2005, los niños menores de dos años (lactantes) han aumentado sus niveles de sobrepeso de 23,1 por ciento a 26,9 por ciento, respectivamente. Durante el mismo lapso, el grupo de los preescolares (conformado por niños entre dos y seis años) aumentó su sobrepeso de 7,9 por ciento a 11 por ciento. Los escolares (niños y adolescentes entre 7 y 14 años) subieron sus niveles de sobrepeso de 9,7 por ciento a 15,8 por ciento. En las entidades federales, las cifras están divididas de la siguiente forma: el índice más alto de sobrepeso lo tienen los lactantes, preescolares y escolares del Distrito Capital con 19,29 por ciento de sobrepeso. En los estados Falcón, Sucre, Nueva Esparta, Amazonas y Portuguesa, el número sobrepasa 17,5 por ciento (considerado, igualmente, un nivel muy alto). Le siguen, muy de cerca, las poblaciones de Zulia, Bolívar, Carabobo, Aragua, Miranda y Vargas con un rango de sobrepeso que oscila entre 15,3 y 17,5 por ciento, considerado también un nivel alto. En Táchira, Mérida, Guárico, Anzoátegui y Delta Amacuro estos niños y adolescentes tienen un sobrepeso estimado entre 13,7 y 15,2 por ciento, lo cual es considerado un nivel medio. El índice más bajo lo tienen, según la información suministrada por el INN, los estados Trujillo, Lara, Barinas, Apure, Cojedes, Monagas y Yaracuy con menos de 13,6 por ciento de sobrepeso.

Foto: www.latinstock.com/HOWARD PYLE



Según lo explicado por los voceros del INN, los índices anteriores se obtienen de la combinación de parámetros como el peso que debe tener el niño o adolescente para su talla, y el peso y la talla que debe tener para su edad. En cuanto a las causas de la tendencia, en el caso de los lactantes, se atribuye a la sustitución de la lactancia materna por la leche en polvo; de allí que se lleven a cabo, constantemente, campañas en pro de la primera. En cuanto al sobrepeso de niños y adolescentes, responde a una marcada costumbre de comer, repetidamente, en establecimientos de comida rápida, en los cuales, predominan los alimentos con altos contenidos de grasas saturadas. En el mismo estudio se destaca que el obeso infantil y el niño o niña malnutrido, tienen predisposición a la obesidad en la adultez.   

La chuchería de las cinco 

Es cierto que alguien puede rebajar 10 kilos en un mes; quizás le sea muy fácil gracias a un “gurú” de las regímenes. Pero no es lo más sano.  “Con las dietas ‘mágicas’, el individuo comienza a caer, involuntaria y progresivamente, en una gran hipocresía. Se le prohíben los carbohidratos y entonces desayuna sólo frutas, almuerza pollo a la plancha con vegetales y cena exactamente lo mismo. Pero cuando su organismo no puede aguantar más ese régimen, llegan las cinco de la tarde y la persona engulle una gran barra de chocolate. En esa acción está la clave del problema. El paciente comienza a darse golpes de pecho diciendo que no aguantó las ganas y que no tiene fuerza de voluntad. Atribuye su conducta a una supuesta ‘ansiedad’ que le genera el estrés y eso no es, necesariamente así. A las cinco de la tarde, el organismo está pidiendo lo que no se le dio al mediodía: la glucosa, necesaria —como se mencionó anteriormente— para cumplir el metabolismo. Si se eliminan los carbohidratos, entre otras cosas, se produce una gran baja de azúcar, conocida clínicamente, como hipoglicemia, la cual genera, síntomas muy parecidos a los de esa ‘ansiedad’ que se menciona tan arbitrariamente. Con esto no quiero decir que no haya personas que no coman por ansiedad. En efecto, hay muchos que creen conseguir en la nevera un ansiolítico y lo que están es engordando cada vez más. Y hay también los que combinan ambos factores: un gran número de jueces, políticos y ejecutivos, dada su carga laboral diaria, creen que sus niveles de ansiedad van a ser reflejados en una manera compulsiva de comer y optan, equivocadamente, por someterse a estas dietas estrictas, convirtiéndose, por ende, en obesos”, comenta el especialista.     

Rellenito y ¿feliz?

Según lo explicado por Petrarca, las personas con problemas de sobrepeso esconden una gran infelicidad. “Son individuos que pueden aumentar sus niveles de frustración si se les generan unas expectativas, con respecto a su peso, que, sencillamente, no van a ser cumplidas”. La doctora Jessica Díaz Nagel aporta su visión como psiquiatra. “Los estados emocionales displacenteros tienden a ser ‘resueltos’, por algunos, con la ingestión de ciertos alimentos, como chucherías, tortas y refrescos. Muchas personas con sobrepeso pueden presentar alguna condición psiquiátrica que aún no se les ha diagnosticado como la depresión o un trastorno de ansiedad. Son individuos a los que les es más fácil tener una fachada de despreocupación que abordar su situación. En todo caso, para cerciorarse qué ocurre con un paciente específico, se le debe preguntar qué es lo que piensa al respecto. Por ejemplo: ‘¿Qué opinas de tu peso?’, ‘¿estás satisfecho con tu peso?’, ‘¿qué opinas de ti mismo en el ámbito físico?’. Si obtenemos respuestas como: ‘Si soy gordo, nadie me querrá’, ‘ser gordo es ser débil’, ‘si estoy pasado de peso, no puedo hacer lo que me gusta’, estamos ante la presencia de una persona que, seguramente, tratará de evitar los llamados ‘alimentos prohibidos’ (las frituras, etcétera) y que, probablemente, va a sucumbir, posteriormente, a los mismos, comiéndolos de forma exagerada”. 

Sexualidad inhibida

Según la doctora Díaz, ideas como: “Yo soy gordo (a) y feo (a)”, o “a nadie le parece excitante un gordo” corresponden a algunas personas con problemas de sobrepeso que, entre otras acciones, tienden a aislarse del sexo opuesto. Si tienen pareja, les costará excitarse sexualmente y, en consecuencia les costará también tener orgasmos, ya que ese tipo de pensamientos genera inhibición ante una pareja. Y si, como consecuencia del sobrepeso, la persona presenta arteriosclerosis, puede afectarse la irrigación sanguínea de su área genital (las arterias “tapadas” no son sólo las del corazón), produciendo disfunción eréctil en los hombres y dificultades en la excitación en mujeres.l 


pblanco@eluniversal.com

Asuntos de especialistas

Trate de desechar las ideas de los llamados “gurús” del peso y, antes de tomar ninguna medida, consulte con su médico o nutricionista clínico de confianza. Pregúnteles exactamente por su condición de salud, pida que le expliquen a qué se debe su sobrepeso y qué tratamiento se va a aplicar para atacarlo. 

Recuerde que los parámetros del llamado Indice de Masa Corporal
(la relación del peso de la persona con su edad y estatura) deben, siempre, contemplar las medidas de su perímetro abdominal, las cuales se toman por separado.  
No someta su organismo a cambios drásticos de contextura. Aunque no hay reglas fijas para todos los individuos, lo recomendado por la Organización Mundial de
la Salud es no rebajar más de cuatro kilos en un mes.

Los únicos medicamentos aprobados por la Federal Drugs Administration (FDA) de Estados Unidos para tratar los problemas de sobrepeso son la silutramina
y el orlistat. No obstante, recuerde que el tratamiento farmacológico debe ser suministrado bajo estricta vigilancia médica y en forma multidisciplinaria; incluyendo el área conductual (o psicológica) y, sobre todo, tomando en cuenta sus
procesos metabólicos.  

Si está angustiado

Si el tema del peso le preocupa mucho, le causa angustia, dificultades en sus relaciones interpersonales, o algún otro problema emocional, además de su doctor o nutricionista clínico, consulte al psiquiatra
Un paciente con problemas de sobrepeso va desde el que se siente gordo sin estarlo efectivamente hasta el que, en efecto, es obeso, lo cual incluye un amplio universo de personas

Coma con hambre

No coma por obligación.
Reconozca la necesidad de
comer, coma con hambre. Antes de ingerir algún alimento,
pregúntese a usted mismo: “¿Realmente tengo hambre?”
Procure registrar el sabor de la comida
Coma con placer, no con sentimientos de culpa
El cuerpo humano funciona con un reloj biológico perfecto. Cuando usted logre comer con hambre en la mañana, al mediodía y en la noche, su organismo no le pedirá la típica chuchería vespertina
Cuando sienta ganas de devorarse una chuchería o un dulce, hágase consciente de lo que va a hacer, de que realmente le provoca comérsela. Si lo hace de esta forma, su organismo se acostumbrará a “avisarle” cuándo es el momento de
hacerlo. Por lo general, la frecuencia pasa a ser esporádica y no diaria y
compulsiva

Fuentes consultadas

Doctor Doménico Petrarca, cirujano y conferencista.
Telf.: (0414) 433.6042. Correo: apetrarca@cantv.net 

Doctora Jessica Díaz Nagel, psiquiatra. Centro Profesional Santa Paula. Telfs.: 986.8286. Correo: jessicadiaznagel@yahoo.com  

Instituto Nacional de Nutrición. Dirección de Información y Relaciones Públicas. Telf.: 483.4769. Correo: innprensa@inn.gob.ve

 

 

 
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