La chica del calendario
Se llama Dita von Teese y actualmente es considerada la reina de los cabarets parisienses y artífice del resurgimiento del género teatral burlesque. Flamante esposa del roquero Marilyn Manson, su imagen retro es hoy solicitada por las más cotizadas revistas y diseñadores de moda. Idalia De León
Cuando se tiene la sensación de que ya se ha visto todo, aparece una figura como Dita von Teese. Un personaje —decimos bien— que se inventó al calor de su obsesiva admiración por la estética de los años cuarenta, en especial, de la que impusieron las llamadas pin-ups, las chicas del calendario que se hicieron famosas al mostrar sus formas en fotografías sugerentes, burlando el conservadurismo que caracterizó la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos.
Muchos escucharon su nombre por primera vez cuando se publicitó su matrimonio con el cantante de rock Marilyn Manson en 2005. Sin embargo, este hecho de su vida privada sólo representa la guinda de la torta, pues Von Teese ya era, por sí misma, una personalidad en el jet set, considerada como la nueva reina de los cabarets y una showgirl cotizada que se había acostumbrado a sorprender a grandes diseñadores y revistas de moda que hoy la consideran su musa.
En la semana de la moda de París y Nueva York, en los 50 años de la revista Playboy celebrados en 2005, y en escenarios como el famoso cabaret Crazy Horse Paris, la artista ha mostrado su show para convencer al mundo de que todavía hay espacio para el vaudeville, y que las plumas, los sombreros y las medias de rejilla son bien recibidos cuando hay distinción y calidad. No en vano, 80 por ciento del público que va a los espectáculos de Dita son mujeres: “Muchas lo hacen porque les gusta la idea de celebrar su propia sensualidad. Están interesadas en un acercamiento alternativo a la belleza y a lo que se considera sexy”, comentó recientemente la diva, quien nunca se ha desnudado completamente ni en sus espectáculos ni en producciones fotográficas, pues dice tener la cualidad de saber ocultar lo que no se debe mostrar.
En su sitio oficial de Internet, Dita se presenta como la estrella internacional del burlesque, género teatral estadounidense caracterizado por el uso del humor de doble sentido y por los atuendos ligeros con los que se presentan al público las voluptuosas actrices responsables de esta picaresca actuación. Y sí, Von Teese encontró en los años cuarenta un medio —y un modo— de vida muy bien recibido por público siempre dispuesto a disfrutar de la belleza femenina, una belleza que se exhibe en su página web, en revistas como Vogue, Interviú, Playboy o Harsper’s Bazaar, y shows de cabaret, donde luce adornada únicamente, claro está, con delicados encajes y ajustados ligueros. Su show más comentado la muestra sumergida en una gran copa de martini. A ella sólo la cubren, estratégicamente, diamantes de la casa inglesa Garrard y bueno... el martini. Su última travesura fue la sesión fotográfica, de acento sadomasoquista, que hizo junto a la actriz Scarlett Johansson (Perdidos en Tokio) para la revista Flaunt de septiembre.
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"La curvilínea de piel de alabastro le está dando al burlesque una segunda vida con mucha clase"
—VANITY FAIR |
En frasco pequeño
Mide 1,55 metros, tiene 34 años y desde niña sintió fascinación por la época en la que brillaron Hedy Lamarr y Rita Hayworth. En la preadolescencia descubrió que le llamaban la atención, más de la cuenta, los atuendos —sobre todo los íntimos— que lucían Sally Rand y Betty Page, las más reconocidas pin-ups estadounidenses, así como la imagen de las damas de finales del siglo XIX. A partir de entonces, empezó a coleccionar prendas de vestir —ya suma unos 350 sombreros y 400 corsés— y películas que le transmitieran todo el universo que, a los ojos de ella, era particularmente sensual y femenino.
“De niña solía ver los musicales de los años treinta y cuarenta, y me encantaba su elegancia. En mi propio proceso de búsqueda de cualquier cosa relacionada con el estilo de aquel tiempo, coleccioné vestidos, fotografías y revistas, y también me topé con el fetichismo y el erotismo de aquellas épocas, incluso del siglo anterior. Allí vi imágenes que me interesaron mucho y quise recrearlas”, cuenta esta menuda mujer que además hace todo lo posible por no verse completamente en el espejo de Bettie Page, una de sus fuentes de inspiración, quien nunca tuvo los derechos de las fotos que le tomaron y hoy, anciana, no goza de una vejez próspera.
Pero si bien tiene muy claro que no quiere caer en desgracia como la Page, sí buscó, en su célebre pollina pelinegra, inspiración para crear su imagen, o, sería mejor decir, el personaje Dita von Teese. Así que, después de haberse comido las verdes y las maduras como stripper, decidió aplicar las nociones de ballet que aprendió en la infancia en su espectáculo burlesque —género que había caído en decadencia durante la posguerra— para proporcionarle un nuevo aire libre de vulgaridad y estilo, a decir de los que han tenido el elitesco privilegio de ver su espectáculo en vivo.
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"Además de ser increíblemente bonita, es
alguien que da personalidad
a la ropa"
—STEFANO PILATI, DIRECTOR CREATIVO DE YVES SAINT LAURENT |
Decidió teñir su cabello de negro y cambiar el nombre que le pusieron sus padres allá en Rochester (estado de Nueva York), donde nació el 28 septiembre de 1972. Así que Heather Renée Sweet quedó en el olvido para dar paso a Dita, nombre que tomó prestado de la actriz de cine mudo y de origen polaco Dita Parlo. El apellido Teese se lo debe a un error en una publicación, pues originalmente la artista quería denominarse Tease (que traduce burla). El Von es una concesión que le pareció “cool”.
Genio y figura
Cualquiera que se dé un paseíto por Internet y pretenda ver fotos de Von Teese ataviada con jeans a la cadera y ropa de moda debe saber que su empresa es imposible. Cada evento de moda al que es invitada, cualquier estreno en Hollywood, siempre la encontrará impecablemente ataviada a los años cuarenta y cincuenta. El estilista español Llongueras jamás podrá soñar con poner sus manos en el ordenado cabello de Von Teese, y Calvin Klein jamás podrá convencerla de que el estilo urbano le sienta mejor. Ante semejante actitud y forma de presentarse al mundo, sólo otro personaje como el cantante de rock Marilyn Manson podía darle la talla a Dita. “Nuestras personalidades en el escenario no están lejos de lo que somos en la vida real. Si de mí se trata, puedo decir que arreglarme me causa mucho placer”, aclara Dita, ante las imágenes tan elaboradas que ambos se han construido con el tiempo.
En diciembre de 2005 decidieron casarse, lo cual hicieron respondiendo, por supuesto, a esa necesidad de mostrarse como seres de otro tiempo. La boda fue en el Castillo Gurteen en Irlanda y la ofició un seglar, el director de cine, nacido en Chile, Alejandro Jodorowsky. El, de Galliano; ella, con un traje púrpura de Vivienne Westwood. Quienes estuvieron presentes no pueden dar fe de si el novio —quien siempre se sintió cómodo con lo satánico y quien ha sido calificado de depravado y obsceno- sufrió algún tipo de alteración ante los compases del Ave María, tema que insólitamente se dejó escuchar durante la ceremonia. Tampoco se pudo precisar quién de los dos llevaba más maquillaje ni mucho menos quien tardó más ocupándose de sus afeites. Diez páginas de la revista Vogue de marzo de 2006 regalaron a los ojos de quien quisiera ver, el esplendor y el lujo que se derrochó en esa noche de la que fueron testigos unos 60 invitados.
¿Que si tendrán hijos? Más de un blog de Internet especula sobre el futuro de la pareja y no faltará quien se pregunte si el mundo necesita hijos de este par. Ahora, lo que sí queda claro es que Dita von Teese parece tener madera e inteligencia para salir inmaculada de más de un traspiés conyugal y seguir inventándose su mundo que hoy conforma la inmensa iconografía que ha creado de pin-up del siglo XXI, donde destacan su Chyrsler de 1939 y su linda cocina rosada en la que es fácil imaginársela como Julianne Moore en el film Las Horas. •
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