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VITRINA y nostalgia

Muy bien pudiera decirse "qué tiempos aquellos" cuando
se mira al pasado y se constata que las grandes firmas mundiales
de la moda estuvieron presentes en no pocas glamorosas
tiendas de la capital venezolana.

Por Mayte Navarro

Sobria vitrina de Betty Modes

Hacer un recuento de la moda venezolana es buscar en los archivos del pasado y encontrarse con un país que dejaba su ingenuidad pueblerina para sumarse a la vida cosmopolita. Los grandes almacenes crecieron alrededor de la Plaza Bolívar, centro neurálgico de la ciudad. Hacia el este comenzaban a desaparecer las haciendas para dar paso a las primeras urbanizaciones.

Lo hecho en Francia se había ganado las preferencias del venezolano y en ello tuvo su responsabilidad Antonio Guzmán Blanco, porque su admiración por París lo llevó a construir edificios y jardines que recordaban a la capital gala. Con el tiempo otras influencias internacionales llegaron a Caracas. Así, el neón se apoderó de las avenidas comerciales, dándoles un toque estadounidense; lo testimonia la aparición de importantes tiendas donde llegaban los artículos que estaban de moda en Nueva York.

Una historia de lujo
Caracas ostentó la fama de ser la ciudad suramericana de mayor movimiento comercial en los años cincuenta en proporción con el número de habitantes. Entre las tiendas se encontraban las de "artículos para señoras" -no sólo eran trajes, bolsos y zapatos, sino también sombreros, guantes y pieles- y las casas de telas, provistas de mercancía que llegaba directamente de Europa, que constituían una verdadera delicia para las costureras, quienes copiaban de los figurines los trajes de diseñadores importantes.

Las grandes boutiques se reunieron, primero, en el centro de Caracas. Así tenemos que Galería La Parisien, una tienda apertrechada de productos franceses, se encontraba de Cruz Verde a Velásquez. Oscar Yanes, el mejor cronista de la ciudad, señala que lo francés tenía su éxito garantizado en Caracas porque todas las mujeres querían parecer francesas.

Estas casas de moda no sólo contenían piezas de colección sino que ellas mismas, por su decoración, eran espectaculares. Adornaron la ciudad con sus estudiados avisos luminosos.

Izquierda: Tienda Versailles, de Gradillas a Sociedad
Derecha: Vista de la Gran Avenida de Sabana Grande

A las grandes fechas para los estrenos, además de Navidad y el Año Nuevo, también se sumaba la Semana Santa, como lo indica un aviso publicado en el diario El Universal de 1940, por el almacén La Moda Americana, donde se ofrecían trajes, pantalones, blusas, abrigos de piel y sombreros, además de artículos para niños.

De Sociedad a Camejo se encontraba Novedades Mundiales con piezas finas llegadas de toda Europa. Marlene Modas era una tienda especializada en sombreros, accesorio indispensable para toda mujer elegante. Anunciaban hasta el nombre del barco donde llegaban los tocados a La Guaira, además de ufanarse de tener los más caros de toda la ciudad. Traían las marcas Elizabeth, Fortune y Groyden.

Más popular fue El Gallo de Oro, uno de los grandes anunciantes de su tiempo (los años cuarenta). Su lema era "El almacén de ricos y pobres". Allí las novias obtenían las mejores telas para sus atuendos, así como espectaculares encajes de Bruselas y tiras bordadas de Suiza para el trousseau.

La Segunda Guerra Mundial influyó negativamente en el comercio con Europa, por lo que la confección estadounidense tuvo su ascenso en esta tierra de gracia. Jharods, de Camejo a Pajaritos, se enorgullecía de poseer las mejores marcas de Nueva York.

Otra tienda que tuvo su momento de gloria, la Compagnie Francaise, renovaba en cada temporada su colección de trajes y de pieles. Cuando llegaba diciembre era tiempo de mings y zorros plateados que se veían en las celebraciones de centros sociales como el tradicional Club Paraíso y el Caracas Country Club. Más tarde, cuando los comercios comenzaron su mudanza al este y Sabana Grande se transformó en el nuevo centro comercial de Caracas, apareció la Peletería Canadá, que no se limitaba a la venta sino que también remodelaba las pieles y las guardaba en su nevera.

Margarita Tovar formó parte del equipo que fundó la célebre tienda Versailles, que se encontraba de Gradillas a Sociedad. Ella recuerda: "La parte de atrás de la tienda colindaba, pared a pared, con la casa del Libertador. Por allí desfilaba toda Caracas. Vendíamos la cristalería más hermosa de la ciudad, pero también ofrecíamos carteras y otros accesorios de las prestigiosas casas Dior, Givenchy y Chanel". Versalles perteneció a Jimmy Thermiotis, quien hoy continúa vinculado al mundo de los perfumes, a través de Paneco.

Nueva época
La Gran Avenida de Sabana Grande reunió durante casi dos décadas (las de los cincuenta y sesenta) los establecimientos más glamorosos. Perfumes, cristales, joyas y vestuario se exhibían en sus vidrieras que no sólo constituyeron el sitio obligado para las compras, sino que también fueron lugar de contemplación en los paseos dominicales. Uno de los salones de moda más antiguos y conocidos de Caracas se llamó Krysthian y se encontraba en esta avenida. Allí estaban los diseñadores más famosos del mundo: Patou, Schiaparelli, Diminutives, Martini, Fredy Greenberg.

En esa misma cuadra se hallaba Gathmann Joyerías Unidas que importaba marcas como Rosenthal, Sevres, Hauchenreuther, Heirich, Gerent y cristalería de Bohemia. En cuanto a joyería eran los representantes de Longines. Muy cerca estaba la Joyería Hernández con cristalería exclusiva y marcas como Zenith, Omega y Lanco. Completaba el circuito de la elegancia Betty Modes, con una decoración Art Deco tardío. Su renglón principal lo constituyó la representación del calzado Miller y las carteras Josef y Koret.

El gran evento del año 1954 fue la inauguración de la sucursal de la Casa Dior en Caracas. Para su apertura vino el propio Monsieur Dior. La tienda estaba ubicada en la avenida Francisco de Miranda, entre Chacao y Campo Alegre. En esa época Dior tenía en Venezuela una de sus mejores clientelas -imposible no nombrar a Mimí Guevara de Herrera. Vecina a esta boutique estaba otro icono de la moda, Cartier, un local realmente fastuoso, donde se veían las mejores joyas que, en aquella época, se lucían en cualquier fiesta y sin ningún temor. Entre sus clientas estaba Elena Bueno de Vallenilla, esposa de Laureano Vallenilla Lanz. Fueron verdaderos templos que desaparecieron con la demolición del edificio en la época de los sesenta.

Al llegar las boutiques, éstas asumieron la representación de las grandes casas. Nombres como Alfa per lui y Alfa per lei registraron en su inventario las firmas de Ungaro, Pucci y Pierre Cardin.

La tienda Adam's vio morir la avenida principal de Sabana Grande y presenció el nacimiento del boulevard en los años dorados de la riqueza "saudita", por lo que abrió una sucursal en el Centro Comercial Chacaíto y, posteriormente, otra en Margarita, en pleno auge de la zona franca, lo que permitió que la isla tuviera un espacio para Cartier. Por allí desfilaban hombres y mujeres de la televisión. Era la época de Ermenegildo Zegna y las damas perseguían la etiqueta de Valentino.

En ese mismo Centro Comercial Chacaíto, el sitio in de los setenta, donde vendían los productos Mary Quant originales, se instaló Yves Saint Laurent, ubicado en la esquina suroeste.

Su vidriera mostraba accesorios y prendas prêt-á-porter.Causó sensación la primera vez que se vio en ella el mítico esmoquin femenino, que tan bien lució en alguna fiesta Leonor García Serrano, para esa época de Zambrano de Velasco.

En aquellos días también causaba furor la boutique Le Premier Étage. Fueron famosas sus prendas francesas, entre las cuales se colaban firmas como Rocco Barrocco, uno de los italianos más influyentes de los ochenta, junto a Gucci, todo un ídolo de las venezolanas de entonces. En el departamento de accesorios destacaban las carteras Cartier.

Pero no todo era alta costura. Los jeans dejaban de ser prendas para las horas rudas y se transformaban en indispensables. El templo de estos pantalones se llamó Carnaby, nombre que hizo de la bandera británica su identificación. Allí se encontraban las mejores marcas. Con el tiempo la piratería contaminó sus estantes y comenzó a declinar. Imposible dejar afuera a la francesa Minouche, su boutique estaba atestada con piezas de las últimas colecciones presentadas por las grandes casas de moda del viejo continente. Patricia Ravellard se encontraba entre sus mejores clientes.

El viernes negro -aquel fatídico 18 de febrero de 1983- le infirió el primer sablazo a estos locales, hiriéndolos de muerte. La mercancía comenzó a decaer de la misma forma en que se esfumaban los dólares del bolsillo del venezolano. El "Caracazo" le dio el puntillazo mortal y el tiro de gracia lo disparó el actual control de cambio. Entre los nombres que lograron sobrevivir con dignidad figura Casablanca, hoy la representante de casas de la talla de Armani, Cavalli, Chanel, La Perla, y que dio a conocer a Adolfo Domínguez.

Los petrodólares de hoy han permitido que Louis Vuitton aparezca en el directorio comercial de la ciudad y que los diseñadores venezolanos peleen su espacio.

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