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Hacedores
de Estampas
Idalia De León. Fotos:
Julio Osorio
Mariahé Pabón,
periodista a quien le correspondió la primera transformación
importante de la revista, y Luis Bisbal, fotógrafo veterano
que aún labora para El Universal, nos dan su testimonio
sobre su paso por la revista, que celebra por estos días
su primeros cincuenta años.
Una
directora inolvidable
Cada domingo, la periodista Mariahé Pabón cumple con
el ritual de leer Estampas. Desde hace unos meses viene observando
el logotipo de portada que reza Estampas 50 años,
e inevitablemente recuerda que en esa mitad de siglo de historia
de la publicación, ella conformó una parte importante
del eslabón. Mariahé llegó a Estampas
en 1983 y su presencia y la del equipo que la acompañaba
en el directorio, anunciaban los vientos de cambio y de evolución
que viviría la revista. Era la primera vez que Estampas
presentaba una cara visible, con nombre y apellido, en el área
de coordinación.
Mariahé tuvo que enfrentarse al reto de llevar a cabo algunas
transformaciones que consideraba necesarias para la modernización
de la publicación. "Empezamos a cambiarle la fisonomía
a la revista, a buscar fotógrafos, llamé a mis amigos
y así armé un equipo", relata la periodista,
quien salta de un recuerdo a otro como quien hace zapping
de la memoria.
Se preocupó, primordialmente, por dividir la publicación
en diferentes secciones fijas; es decir, por que existiera siempre
un espacio para los temas de salud, de cine y entretenimiento, así
como para una entrevista con algún personaje, por ejemplo.
Logró armar una agenda de colaboradores de primera línea
que le permitió dar ese primer giro importante en la evolución
de la revista, lo cual, sin embargo, le llevó un poco más
de un año. Cuenta que en esa época, la mayoría
eran pichones de periodistas, a quienes les encantaba escribir aunque
no se les pagara, o no se les pagara bien. Igualmente, recuerda
con claridad meridiana el ingreso de Andrés Palacios al equipo
de Estampas: "Ese fue mi gran descubrimiento. El se
acercó a la redacción porque se había ganado
el Premio Guiness por haber hecho el crucigrama más grande
del mundo. Le hicimos una entrevista y después le pedí
que se quedara con nosotros. Palacios es una maravilla, tiene mucha
facilidad y talento para hacer crucigramas".
La veterana periodista reconoce su tránsito por Estampas,
como un momento importante en su trayectoria profesional; no en
vano pasó 11 años coordinando la revista, récord
todavía intacto en la historia de la publicación.
Dice que ella y su equipo se encontraban en el café de la
esquina, allí hacían la reunión de pauta, y
entre un café y otro inventaban los temas a publicar. Y es
que el particular estilo de trabajar ya venía determinado
por la rutina de Mariahé, quien al asumir la responsabilidad
de la publicación, no abandonó su trabajo en la redacción
el periódico, donde desde hacía un año se encargaba
de la sección de Ciencia y Medicina. Así que, a las
cinco de la tarde, cuando cerraba su página en el periódico,
se iba a Estampas donde trabaja hasta pasadas las 11:00 de la noche.
"Era algo como artesanal, disfrutamos mucho de esos días.
Todos en el equipo teníamos un sueño en la cabeza.
Anhelábamos hacer reportajes desde París, poder viajar
con un fotógrafo, hacer trabajos sobre viajes. Pero más
allá de eso, de lo que pretendíamos, a la gente le
gustaba el resultado del esfuerzo", certeza que se confirmaba
una y otra vez con las misivas que semanalmente recibían
de los lectores.
De todos esos buenos momentos rescata uno muy importante: Recibir
el Premio Nacional de Periodismo. A pesar del orgullo y de la emoción
que implicó tamaño reconocimiento, confiesa que el
equipo se sintió un poco avergonzado con el premio, porque
pensaban que no estaban haciendo un trabajo de calidad como el que
ellos aspiraban. "En esa época nos comparábamos
con revistas como Vogue y sentíamos que nos faltaba
mucho". Sin embargo, su balance es que en medio de grandes
dificultades hizo "una revista maravillosa, con gente maravillosa.
Todo fue lindo, y yo sigo queriendo a Estampas". Al
final, un homenaje a un amigo entrañable: "El aporte
del periodista Manuel Manzano fue fundamental, porque él
era un hombre muy culto, muy ordenado y muy creativo. El gran porcentaje
de éxito de esa revista, en el momento en que yo estuve,
debo decirlo, es de él".
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La revista de todos
Cuando se me encomendó que
tratara de darle un vuelco a Estampas, el vuelco me lo di
yo en el corazón, porque era lo que siempre había
soñado: transformar una revista que en el pasado había
sido una gran publicación, donde los grandes escritores
de una época y diseñadores de fama la habían
convertido en la Biblia dominical de la familia.
Con la ayuda de diagramadores como Cristina González
y Francisco Arteaga, se trató de darle una fisonomía
diferente con fotografías hechas por grandes fotógrafos
como Mónica Trejo y Miguel Angel Alonso. Las páginas
centrales fueron siempre de moda, y con un corresponsal de
lujo desde París: Marina Ruiz. Se cuidó mucho
la sección de cocina y se conservaron Los crímenes
más sonados de la vida real, los cuales, después
de un tiempo, se dejaron de publicar a raíz del viernes
negro, pues nos había dólares para pagarlos.
La protesta de los lectores fue multitudinaria y no tuvimos
más remedio que repetir los que se habían publicado
20 años atrás. Fue el doctor Andrés Mata
quien revivió rápido esa sección tratando
de que se modernizara la revista. El quería hacer algo
como Vainity Fair, pero los costos superaban los sueños.
La gran estrella de Estampas fue, sin duda alguna, Lutecia
Adam, con su sección de consejos de salud y belleza
por medios alternativos. Una gran adquisición fue la
de Andrés Palacios, autor del crucigrama que aún
sigue en la revista. Entre los colaboradores figuraron con
columnas y reportajes fijos: Sebastián de la Nuez,
Faitha Nahmes, Manuel Bermúdez, Eloy Yague, Fausto
Verdial, Jorge Villalba, Manuel Manzano, Rosalía Romero,
Juan Carlos Zapata, Gregorio Montiel Cupello, Roberto Duque,
Julio César Venegas, Mariana Zapata, Daniela Mazzucato,
Guliana Chiappe, Wolfgang Gil, Connie Colmenares, Oscar Yanes,
Pedro J. Díaz y Josefina Urdaneta. Con pocos recursos,
disfruté mucho escribiendo mi columna semanal "Yo,
tu, él" y tratando con gente maravillosa que me
dejó grandes lecciones.
Estampas ha sido siempre una revista para la familia. Este
es y seguirá siendo su target. Sólo le deseo
a esta cincuentona que siga siendo la revista preferida de
los lectores dominicales de El Universal.
Mariahé
Pabón
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Imágenes
pioneras
Desde los tiempos en que el fotógrafo
Luis Bisbal trabajó para Estampas hasta ahora, son
muchas las cosas que han cambiado. Eran días donde un cándido
empirismo guiaba el quehacer de una revista que no llegaba todavía
a su primera década. De manera que a Bisbal, alternado su
labor como fotógrafo en la redacción de El Universal,
le correspondió participar, por unos cinco años, en
los inicios de una publicación que no se sospechaba llegaría
algún día a cumplir medio siglo.
Cuando empezó a hacer trabajos para Estampas, la revista
estaba bajo la coordinación de Innac, agencia que funcionaba
bajo las órdenes de Luis Alfredo Chávez. Transcurrían
los años sesenta, y eran los días cuando la sede de
El Universal quedaba ubicada en el edificio Ambos Mundos,
entre las esquinas de Conde y Principal.
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| Luis Bisbal
recorrió Caracas y buena parte del país, buscando
la mejor foto para Estampas |
Como
fotógrafo veterano de hechos noticiosos, constató
que la diferencia entre el trabajo de redacción y el de la
revista le resultaba muy particular, pues si en el periódico
los eventos casi siempre son inesperados, en la revista se podía
trabajar con antelación, y programar una foto que se publicaría
días después, recuerda Bisbal, quien hoy en día
se desempeña en la Fundación Andrés Mata, después
de haber pasado años como jefe de Fotografía del periódico.
Sin embargo, por aquella época,
las cosas se hacían de una manera que hoy le provoca más
que una sonrisa. "Chávez nos decía: 'Yo necesito
que esta semana te dediques a hacernos una portada de Estampas.
Queremos paisajes andinos, aragüeños'. Con esta indicación,
el periodista y yo nos dedicábamos a buscar algún
paisaje en la geografía nacional. Nos íbamos en nuestro
carro particular, y empezábamos a rodar hasta que encontráramos
algo que nos gustara. Esto nos llevaba unos tres días, pero
en otras ocasiones la faena era ida por vuelta". A veces, hay
que decirlo, llegaban a la redacción de la revista con las
manos vacías, y tenían que correr para inventarse
una portada con el retrato de alguien, de alguna modelo cualquiera,
la cual no podía retratarse con el torso desnudo ni de escotes
exagerados, pues en ese sentido, la línea editorial era muy
estricta. "Así que la responsabilidad de la foto era
exclusivamente nuestra, imagínate. Hoy en día esto
es impensable en una revista", recuerda.
Así eran las cosas en esa época, muy distintas a las
de ahora, recalca el fotógrafo veterano, para quien uno de
sus recuerdos más significativos, fue haber tenido la oportunidad
de haber retratado a Indira Ghandi, quien durante su visita a Venezuela
se entrevistó con el presidente Raúl Leoni, en La
Casona.
Dice también, que al igual que hoy, la gente leía
muchísimo la sección llamada Los crímenes
más sonados de la vida real. "Supe de personas que
compraban Estampas por esa sección. Era algo asombroso".
De esa época, Bisbal también evoca el ambiente familiar
que se respiraba en la redacción de la revista, y la presencia
de dos colaboradores de la publicación con quienes tuvo la
oportunidad de trabajar: Vinicio Romero Martínez y Graciela
Shael Martínez, pero en general, aclara el entrevistado,
"yo tengo un recuerdo muy agradable de todas las personas que
han pasado por este diario". l
Todos para uno
A través de los 50 años
de historia, Estampas ha vivido diferentes etapas de
crecimiento que permitieron moldearla a los tiempos que corrían,
y enfocarla hacía el futuro. Este proceso obligado de
evolución que garantizó su exitosa permanencia
en el tiempo, fue llevado de la mano por diferentes personas
que aportaron su experiencia en el desarrollo de la revista.
La primera transformación importante se desarrolló
durante la gestión de Mariahé Pabón, período
en el cual se llevó cabo el primer rediseño de
Estampas. Una vez concluido su ciclo dentro de la publicación,
tomó las riendas la periodista Norys Vásquez quien,
por espacio de cuatro años, dirigió los destinos
de la revista dominical de El Universal. Durante su paso
por Estampas, Andrés Correa Guatarasma fungía
como redactor de planta, mientras que a la lista de colaboradores
se incorporaron periodistas como María Consuelo de Lleras,
Doménico Chiappe, Angela Oraá y José Abinadé.
A la lista de columnistas se sumaron el reconocido escritor
Denzil Romero, la endocrinóloga Daniela Jakubowicz, y
la hoy conocida
astróloga Adriana Azzi, entre otros.
Llegó el color
En 1997, con la llegada de Patricia
Guzmán a la dirección de Estampas, se
presentó a los lectores la nueva cara de la revista,
que implicó no sólo una redistribución
de las secciones y de los espacios publicitarios de la publicación,
sino la llegada del color. Hasta los momentos, el color, que
había limitado su presencia a la portada y a los avisos
de la contraportada, ahora tomaba todas las páginas
de la revista llenándolas de dinamismo y claros visos
de modernidad. Este rediseño abarcó un cambio
en el logotipo y en la línea editorial, pues se inició
la publicación de temas de tendencias, y de grandes
reportajes de
actualidad. Las secciones fijas de Salud, Belleza y Moda cobraron
un nuevo aire. Para ese momento, la coordinación de
la revista estaba en manos de Mario Aranaga, y el equipo periodístico
lo conformaban Enmar Pérez, Vanessa Levy y Alfredo
Meza. El diseño era de Adriana Romero y Marvic Ruíz.
Ya con la llegada del nuevo milenio, Estampas vuelve
a relanzar su imagen, y pasa a adoptar
la personalidad gráfica y de contenido que hoy la identifica.
Los bloques redaccionales de Protagonistas, Vivir Mejor, Cocina,
Horóscopo y Humor conforman actualmente la estructura
de la revista que actualmente marcha bajo la dirección
de Mario Aranaga.
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