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Para mantener
el cáncer a raya

En momentos en que los casos de cáncer están en aumento, los pescados con alto contenido de grasas son más vitales que nunca. John Briffa

Ultimamente, ha habido una ola de noticias desfavorables sobre nuestra salud, por lo que es gratificante leer informes recientes que indican que la muerte debido a ciertos tipos de cáncer (de mama y colon) están disminuyendo. Sin embargo, los datos que indican que la incidencia de cáncer muestra una tendencia ascendente contrarrestan la alegría de estas buenas nuevas. En los últimos 30 años se ha registrado un aumento de la incidencia de cáncer de aproximadamente 20% en los hombres y 30% en las mujeres.

Aunque la detección y tratamiento tempranos parecen estar ayudando a reducir los decesos causados por algunos tipos de cáncer, parece que nuestras probabilidades de sucumbir a esta enfermedad van en aumento.

Las causas del cáncer son complejas. Se cree que uno de los factores que pueden generarlo es la creciente cantidad de químicos sintéticos y potencialmente tóxicos que impregnan nuestra alimentación y el ambiente. Otra causa podría ser la disminución de la ingesta de nutrientes que brindan protección contra el cáncer. Los niveles del mineral selenio en la dieta, por ejemplo, han disminuido considerablemente en las últimas décadas.

Asimismo, en años recientes, algunos científicos se han concentrado en los ácidos grasos Omega 6. De éstos, el más abundante en la dieta se conoce como el ácido linoléico, que se encuentra en aceites vegetales tales como los de girasol, cártamo, maíz y soya. Dentro del organismo, el ácido linoléico puede convertirse en otra grasa, el ácido araquidónico, que a su vez puede transformarse en sustancias que tienen efectos cancerígenos incluyendo la prostaglandina E2 y el ácido hidroxieicosatetraenoíco.

Algunos científicos señalan que el exceso de grasa Omega 6 (en alimentos tales como la comida rápida y los alimentos procesados) puede ser un factor que genere cáncer. Afortunadamente, parece que puede obtenerse una protección relativa incrementando el consumo de ácidos grasos Omega 3.

Se ha demostrado que estas grasas derivadas del pescado ponen un freno a la conversión de ácido araquidónico en prostaglandina E2 y ácido hidroxieicosatetraenoíco que pueden generar cáncer. Los ácidos grasos Omega 3 también parecen reprimir los efectos cancerígenos del estrógeno. Esta acción puede ser significativa en la protección contra tipos de cáncer que “dependen” de las hormonas, tales como los de mama, útero y próstata.

Varios estudios han revelado ciertas vinculaciones entre una mayor ingesta de grasas Omega 3 y la reducción del riesgo de cáncer. Entre los pescados ricos en estas grasas que han de incorporarse a la dieta figuran el salmón, la trucha, la caballa, el arenque y la sardina. Otra opción es tomar aceite de hígado de bacalao en una dosis de dos cucharadas pequeñas diariamente. Además de ser rico en ácidos grasos Omega 3, este aceite proporciona vitamina D, que parece tener importantes propiedades de protección contra el cáncer. Las pruebas sugieren que comer más pescados de este tipo o suplementos de aceite de pescado brinda considerables posibilidades de mantener el cáncer a raya. l

 
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