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El primer día
con el pie derecho

Es un día que temen tanto padres como hijos. A los primeros se les parte el corazón, a los segundos los agobia la ansiedad. He aquí algunas recomendaciones para saber qué hacer para que el primer día de escuela sea positivamente inolvidable. Idalia De León

La escena del niño llorando en la puerta de la escuela, es una imagen que se repite cada año en los diferentes planteles educativos del país y del mundo. La primera vez que un chico acude a la escuela es, ciertamente, una experiencia imborrable. Sin embargo, la diferencia está en hacer que ese día sea inolvidablemente positivo y no lo contrario.

En la mayoría de los casos, la reacción natural de los chicos, en su primera incursión con su educación formal, es llorar y negarse a alejarse de sus padres. Aunque muchos pequeños se quedan felices en la escuela y se muestran complacidos con la experiencia, existen otros (la mayoría) que se indisponen, se muestran malcriados y no paran de llorar. “Lo que el niño siente -refiere la terapeuta familiar, Cecilia Cortés de Mundaraín- es miedo a lo desconocido. El desarraigo de su entorno cotidiano, el estar en un lugar donde no está mamá, ni su camita ni sus juguetes, le produce ansiedad.”

Sin embargo, el trauma del primer día puede desaparecer o atenuarse si los padres, con la debida antelación, comienzan a tomar medidas que contribuyan a aliviar la ansiedad que suele presentarse desde los días previos al inicio de las clases y que recrudecen “el primer día”. Lograr suavizar esa angustia, exige, tanto de mamá como de papá, una actitud amorosa pero firme, que le transmita al niño la idea de que el mundo exterior, así no estén ellos para protegerlo, es un lugar seguro donde hay otras personas que lo pueden cuidar y querer.

Lea con atención estas sugerencias y póngalas en práctica en la medida de sus posibilidades. No olvide, igualmente, que buscar ayuda profesional puede ser el mejor remedio cuando la situación se escapa de las manos.

l Procure hablarle al niño, en los días previos al inicio de las clases, sobre el lugar a donde irá, de lunes a viernes y por varias horas del día. Recálquele, que en ese sitio no estará ni mamá ni papá, pero que habrá una maestra que lo tratará con afecto. Convérsele sobre los nuevos amiguitos que conocerá, y sobre las actividades que desarrollará y lo que aprenderá.

l Llévelo a conocer el centro educativo antes de que se inicien las clases. Muéstrele el aula de clases y demás instalaciones. Procure hacerle familiar el espacio en el que pasará la mayor parte del día.

l Hágalo participar en la compra del uniforme (morral, lonchera) y de los útiles escolares.

l El “gran día”, procure salir a tiempo de casa. No es aconsejable que la experiencia del “primer día” vaya acompañada de estrés.

l Procure que intervenga en la preparación de la lonchera. (No olvide que ésta debe contener alimentos de los cinco grupos básicos).

l Acompáñelo hasta la puerta del salón (si las normas de la escuela lo permiten). Esta práctica la puede ejecutar por varios días hasta que el niño haya entrado en confianza y ambos no lo consideren necesario.

l No es recomendable quedarse consolándolo al niño por mucho rato. Lo mejor es darle un abrazo cariñoso, decirle alguna frase amorosa y despedirle con la promesa de que se verán en la tarde. Nunca se vaya a escondidas, pues el mensaje que le está enviando puede ser leído como: “Te estoy abandonando”. Siempre es mejor enfrentar el momento.

l Muestre su mejor cara. Mantenga una actitud positiva y confiada. No refuerce su desaliento.

l Quedarse merodeando la escuela no es buena idea. Difícilmente le transmitirá seguridad a su hijo si le descubre rondando el recinto. Le hará pensar que el lugar en el que lo está dejando es poco confiable.

l No lo complazca si le pide dejarle en casa. Explíquele que usted lo acompañara a la escuela. Haga énfasis en todo lo bueno que le ofrecerá el recinto educativo. Sólo acceda a dejarlo en casa si se trata de un motivo de fuerza mayor.

l No subestime lo que el niño siente. Piense en lo que significa para él separarse de su entorno familiar.

l Involucre al papá del niño en todo el proceso . La figura paterna representa, en el individuo, los patrones, las normas, el mundo exterior, el desarrollo profesional, la manera como la persona se presenta en la vida fuera de la familia. Por esto, es muy importante que el padre acompañe al pequeño en este pequeño gran paso.

l Si en el lapso de un mes el chico presenta una actitud renuente y se niega a quedarse en la escuela, lo mejor es consultar a un especialista. En primer lugar, la institución educativa podría sugerir algunas soluciones, si no, lo aconsejable es recurrir a un terapeuta externo.

l Piense que el “primer día” será, muy probablemente, más difícil para usted que para él.

ideleon@eluniversal.com

Cuidado con lo que dice

Es muy frecuente que los padres, en su afán de tranquilizar a sus hijos, recurran a métodos poco recomendables. Comúnmente expresan frases que, lejos de alentar al pequeño, lo frustran, humillan y alimentan su desazón y molestia. Evite comparar al niño con otros: “Mira cómo aquel niñito no llora, va a pensar que eres un tonto”, o frases como: “Tu maestra no te va a querer si sigues llorando.” No convierta a la maestra y a los futuros compañeros de clases de su hijo en los malos de la película. Tampoco lo chantajee con expresiones como: “Si no lloras te doy un regalo cuando salgas de la escuela”.

Tome conciencia de que su pequeño está pasando por un momento difícil y que debe contar con su comprensión y afecto. Opte siempre por frases alentadoras, positivas.

Aprender jugando
Para reforzar en el niño toda la información que le ha suministrado sobre la escuela, hágalo participar en un juego de roles. La idea es que usted, momentáneamente, ocupe el lugar de la maestra e intente construir una situación similar a las que se presentan en el aula de clases. Motívelo a que le transmita cómo reaccionaría ante cada situación; por ejemplo si un niño le pega, toma algunos de sus juguetes, o si derrama acuarela en su cuaderno de trabajo. Después, coloque al chico en el rol de la maestra, y procure que él construya la reacción o el comportamiento de ésta, ante determinada situación. En primer lugar, el niño aprenderá a colocarse en el lugar del otro, pero también identificará las diferentes experiencias que puede vivir y afrontarlas de manera más natural y con menos angustia.

 

 

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