| Llegó
la hora de las tareas
Quizás
no sea la actividad favorita de los niños —ni de sus
padres—, por todas las exigencias que implica, pero una estrategia
de estudio que funcione puede ayudar a que el proceso sea mucho
más llevadero. Raúl
Chacón Soto
Se aproxima el reinicio de las clases por lo
que el momento es adecuado para hablar de un asunto que se ha convertido
en un verdadero dolor de cabeza para muchos padres: las tareas.
Todos saben que el buen desempeño de un niño en la
escuela va a depender, en gran medida, de la calidad de la interacción
entre el propio niño, los maestros y la familia. Las tareas
son, precisamente, y como lo asegura la psicóloga y educadora
Sandra Perel, el puente que une estos tres eslabones. De allí
su relevancia. A su juicio, es muy importante para los padres mostrar
interés en esta actividad, porque es un perfecto vehículo
de diagnóstico para ver cómo van las cosas con su
hijo en el colegio. “Si el pequeño no tiene la menor
idea de lo que le están pidiendo, se está frente a
un signo de alarma”. Del otro lado del puente, la tarea también
le servirá a los profesores para monitorear el grado de comprensión
de la materia. “Ellos podrán evaluar si lo que ha aprendido
trasciende las puertas del aula”, dice Perel. Si hay problemas
al momento de realizar el trabajo escolar, pues entonces algo está
pasando en el proceso, y hay que determinar en cuál eslabón
está la falla.
Las tareas son consideradas como una experiencia positiva que alienta
a los niños a aprender. Se sabe que mientras más tiempo
dediquen los muchachos a su realización, más alto
será su rendimiento. Las razones son muchas, y es que no
sólo les ayudan a repasar y practicar lo que han aprendido
en el aula, sino que les permiten prepararse para la clase del día
siguiente, los hacen más diestros en el manejo de los recursos
para la investigación (libros de consulta, diccionarios,
enciclopedias, Internet) y les dan la oportunidad de estudiar la
materia más a fondo. Por si fuera poco, tanta bondad se extiende
mucho más allá de las aulas, puesto que el pequeño
también desarrolla la capacidad de trabajar por su cuenta
(lo que quiere decir, autonomía e independencia), el sentido
de responsabilidad por el aprendizaje, la autodisciplina y el desarrollo
de la iniciativa.
A
los padres, o al miembro de la familia que sea el responsable de
vigilar la realización de las tareas en casa, le corresponde
un papel vital en lo que respecta a la adquisición de hábitos
de estudio, al desarrollo del interés por el aprendizaje
y a la facilitación de un ambiente adecuado para la realización
de la tarea. Los padres deben sentarse con sus hijos para ver si
estos son capaces de cumplir con lo que se les ha pedido. La dedicación,
obviamente, dependerá de la edad del pequeño. “Si
la tarea está bien diseñada —debe corresponder
al nivel académico del niño y servir como reforzamiento
de lo enseñado en clase—, y el niño —con
dos o tres años de escolaridad— no tiene ninguna dificultad
en especial, debería hacerla solo”, asegura Perel.
Si se trata de pequeñines que apenas están dando los
primeros pasos por la escuela, el adulto, obviamente, debe dedicarle
mayor tiempo y atención, para asegurarse, precisamente, de
la asimilación de ciertos hábitos que todavía
no han tenido tiempo de aprender.
La especialista advierte que, bajo ningún
concepto, debe asociarse a la tarea con castigo. “Un padre
nunca debería decir: ‘estás castigado hasta
que no termines’. La manera correcta es: ‘cuando termines
vas a tener tiempo de ver televisión. Igualmente, los maestros
no deberían asignar tareas extra al que se haya comportado
mal en la clase. Si lo llegara a hacer, estaría convirtiéndolas
en un castigo en vez de un reforzamiento”. También
alerta sobre la posibilidad de que el proceso de realización
de los trabajos escolares se convierta en un drama. “Si las
tareas alteran la relación entre madre (o padre) e hijo,
se está frente a otro signo de alerta. Si ello sucede, es
preferible que se busque ayuda de otra persona del grupo familiar
o de un profesional para que dé asistencia. En estos casos
hay que asegurarse de que no hay dificultad en el niño, después
de haber ido a la escuela, y hablado con los profesores”.
Pero no se asuste. En la mayoría de
los casos, la sangre no llega al río. La experiencia de acompañar
a los hijos en su proceso de aprendizaje es enriquecedora e insustituible.
A continuación, la especialista da algunos consejos para
embarcarse en la aventura con los mejores augurios posibles.
| Cuidado
con las tareas dirigidas |
Cada
día aparecen más centros donde se inscriben a
los niños para realizar lo que se conoce como tareas
dirigidas. Según Perel, estas "guarderías
de tareas" no solventan las dificultades de aprendizaje.
"Lo que voy a decir quizás no vaya a gustar demasiado...
entiendo que se manda a los pequeños a estos lugares
porque el papá está muy ocupado para atender al
niño, pero en estos casos no se podría asegurar,
ni siquiera, que se esté garantizando el desarrollo de
los hábitos de organización. Para hacerlo tendrían
que contar con personas realmente capacitadas y conque el radio
alumno-profesor sea tan pequeño que le permitiera a éste
supervisar esos hábitos... Si se trata de un niño
con dificultad, lo más probable es que allí le
ayuden a hacer la tarea, pero no van a resolver el problema.
La única manera es que ofrezcan atención psicopedagógica,
así sí podrían rehabilitar la dificultad.
Si no lo hacen, sólo se trata de pañitos calientes.
|
Buenos consejos
l
El hábito se debe generar
desde el principio. “La idea
es que la familia sirva como modelo de trabajo. Una buena manera
de lograrlo es dando el ejemplo. Los pequeños son capaces
de imitar lo que hacen los mayores. Así, cuando ven que en
la casa todos realizan labores especiales a las 4:00, ellos sacan
sus libros a esa hora. Siéntese a revisar las cuentas, termine
algo pendiente de la oficina, lea un libro... enséñeles
cómo se trabaja de manera organizada. Lleve todo lo que necesita
a su mesa de trabajo, y él verá que también
tiene que llevarlo todo para no pararse varias veces”.
l
Deles destrezas de organización.
“Los niños venezolanos, según pruebas de desarrollo
cognitivo, presentan pocas destrezas de anticipación y planificación.
Estos son rasgos que también caracterizan a los adultos.
Siempre se tiende a hacer todo a última hora, y eso genera
estrés. ¿Qué se puede hacer? Se puede trabajar
con un calendario, con agendas o corchos, donde se les enseña
a los pequeños la cantidad de horas o de días que
tiene para hacer determinado trabajo”.
l
Establezca un horario. Este
punto está relacionado con el anterior, pero por su extensión
se ha desarrollado aparte. “La tragedia disminuye si logras
establecer una hora para cada actividad del pequeño. En este
punto no hay ‘prescripción médica’. Algunos
niños funcionan muy bien después del colegio, pero
otros necesitan distraerse, ver televisión, hacer actividades
extracurriculares. Los padres deben sentarse con sus hijos para
elaborar juntos el horario. Lo primero es tomar en cuenta los propios
hábitos de la casa, por ejemplo, la hora de las comidas,
los momentos que están todos reunidos. Después se
va llegando a un acuerdo mediante preguntas: ‘a esta hora
hay que comer, prefieres ver televisión antes o después,
a qué hora pasan tu programa favorito, prefieres jugar más
tarde o más temprano. Los padres dirigen el proceso, pues
tampoco se trata de dejar las tareas para muy tarde como probablemente
quisieran todos los niños”. Una vez alcanzado el acuerdo,
Perel recomienda hacer un contrato escrito que será firmado
por todos los integrantes de la familia. “Este horario se
pega en el cuarto, en la cocina. Incluso puedes regalarle un reloj,
para luego recordarle que llegó la hora... De esta manera
estarán desarrollándole las destrezas de anticipación
y planificación que no tienen y sus aptitudes temporoespaciales”.
l
Elabore una lista de chequeo.
“En el caso de algunos niños
funcionan muy bien las listas de chequeo que se colocan en el bulto.
Esto permite una mejor organización y previene lamentables
olvidos, ya que de nada vale hacer bien la tarea y dejarla olvidada
en casa. Si se decide por esta opción, hay que hablar con
la maestra para que también haga el monitoreo una vez el
niño esté en la escuela”.
lAcompáñelos
según la edad. “Cada
edad requiere un tipo de ayuda diferente. En los primeros tres grados
la ayuda debe dirigirse hacia la creación de hábitos
de estudio: es la hora de la tarea, qué debe llevar a la
mesa, cómo organizarse en la hoja, respetar el margen, colocar
la fecha... hay que hacer hincapié en la apariencia. Con
los más grandes, se baja la guardia. Con ellos el hincapié
es en el contenido. Lo curioso es que la atención vuelve
a ser importante cuando se empieza el bachillerato. El joven se
encuentra con diferentes exigencias, de más de diez profesores,
y a veces hay que ayudarlos a ‘coger mínimo’”.
l
La tarea la hacen ellos.
“Revise con los niños la primera pregunta y explíqueles
cómo hacerlo. Deben aprender el trabajo independiente. Luego,
puedes hacer un monitoreo en el medio y otro al final. Les puedes
decir: ‘ya voy a volver. Si te trancas puedes avisarme’”.
l
No tema recurrir a la técnica
de los cinco amigos. “Cada
vez que a su pequeño se le olvide algo puede llamar a un
amigo diferente para que le recuerde la tarea. Se habla de cinco,
para que pueda llamar a uno distinto según el día
de la semana que sea necesario hacerlo. Así no sentirá
que está molestando demasiado”.
l
No olvide felicitarlos. “Hágales
saber que lo hicieron bien cuando así lo hicieron. Valore
el esfuerzo y no tanto la calidad de lo hecho. Nunca borre lo que
ellos le muestran. Si lo que hicieron fue horrible, respire profundo
y hábleles de la mejor manera. Selecciones los errores con
los que va a pelear y deje pasar otros. Siga con el monitoreo del
problema y sáquelo a relucir en otra oportunidad. Cuando
están bravos no es el mejor momento para regañarlos”.
lEvite
distracciones hasta donde pueda. “Se
insiste mucho en que hay que eliminar los elementos de distracción,
pero hay niños que trabajan mejor con un poco de ruido a
su alrededor. No hay que ser inflexible con esta norma”.
l
Relacione las tareas con la vida
cotidiana. “Los niños
le darán más importancia a lo aprendido si ven la
utilidad del conocimiento en las actividades de su día a
día. Así, las fracciones, por ejemplo, pueden asimilarse
mejor si se explican mientras se cocina en casa o se va a comprar
a un automercado”.
l Evite
el copy and paste. “En
estos días los niños son receptores pasivos de la
información por lo que los maestros deben ser muy cuidadosos
con las tareas que mandan. En muchos casos, los pequeños
se limitan a cortar y pegar información de Internet y no
se leen la información. Por eso es recomendable que si no
tienen problemas para escribir, se les pida que entreguen los deberes
escritos a mano. También se podría evitar esta tendencia
al facilismo si se les pidiera algo más elaborado que una
simple biografía”.
l
Desarrolle la memoria del trabajo.
“Con este concepto se entiende la capacidad que tiene una
persona para darse cuenta de lo que está haciendo mientras
lo está haciendo. El niño debería ser capaz
de saber lo que ha ce en función de lo que le falta y de
lo que le sobra. Los pequeños con déficit de atención
carecen de esta memoria, por lo que sus padres deben ayudarlos a
desarrollarla”.
Repasados todos los consejos de la educadora,
no debe olvidar que una de las funciones más importantes
de los padres es la de brindar un refuerzo positivo a los hijos.
Una felicitación o un gesto de cariño nunca está
de más. Asegúrese de que su hijo sabe que usted piensa
que está haciendo un buen trabajo. Ellos lo necesitan. l
rchacon@eluniversal.com
| En
el caso de niños con dificultades |
Es
común encontrar en el aula de clases cierto porcentaje
de niños con dificultades para escuchar, hablar, procesar
información, escribir, leer o calcular. En estos casos,
la psicóloga y educadora Sandra Perel asegura que lo
ideal es recurrir a un profesional que evalúe al pequeño
y determine un perfil de sus fortalezas y debilidades. “La
idea es que, utilizando esas fortalezas, supere las debilidades.
Por ejemplo, si tiene problemas de secuencia, pero buena memoria,
puedes ayudarlo, con el uso de ésta, a superar su dificultad.
El maestro debe colaborar en ese sentido. En vez de mandarle
20 divisiones a un pequeño con problemas para calcular,
podría asignarle sólo tres o cuatro. De lo que
se trata es que, una vez en casa, los padres se concentren
en la resolución de esos ejercicios con el propósito
de que su hijo entienda, y así darle su justo valor
al esfuerzo”. Lamentablemente, en los colegios venezolanos
hay pocas posibilidades para niños que se desvían
de la norma. Se debe atender a la diversidad y entender que
no todos tienen las mismas habilidades.
Otros casos de desviación del desarrollo son los
de los niños con déficit de atención
y los pequeños de alta dotación superior. Los
primeros, como se sabe, son los que no pueden prestar atención
por largos períodos. “Estos hijos frecuentemente
‘sacan de quicio’ a sus padres. La recomendación
es dividir la tarea en tres o cuatro partes, de 15 minutos
cada una, alternándolas con alguna actividad placentera
que el padre pueda controlar. Sería, entonces, 15 minutos
de trabajo por 15 de descanso. Los segundos son los niños
brillantes. “Ellos son como unos globos de helio, y
las tareas son como un plomo que les impide el vuelo. A los
padres, en este caso, les corresponde hacer el esfuerzo de
crearles el hábito de la constancia en el tiempo. Deben
decirle al hijo: ‘aunque estés sobrado tienes
que hacerlo, porque es tu deber y porque los niños
del mundo tienen que hacerlo, y bien. Hay que respetar los
hábitos porque son los que generan la responsabilidad
después”. A estos niños les cae muy bien
actividades extracurriculares para relacionarlos con pares
con intereses comunes. |
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