| iPod
El "walkman" del siglo XXI
El reproductor de música digital
que salió al mercado hace poco más de tres años
se está convirtiendo en un verdadero icono cultural, fiel
reflejo de los recientes cambios en los estilos de vida. La manera
de consumir música parece estar cambiando... para siempre.
Raúl Chacón Soto
“Nada sera como antes”. Ninguna
frase expresa mejor el impacto que parece estar provocando el iPod
en el mundo del consumo de la música. Es tal el revuelo que
ha causado este pequeño reproductor de música digital
que ya hasta la revista Newsweek le ha dedicado recientemente la
portada, con un extenso reportaje al que le pusieron el sugestivo
título de iPod Nation (Nación iPod),
haciendo referencia a la extraordinaria receptividad que el público
de ese país le ha dado al nuevo producto estrella de la compañía
Apple. Y es que en Estados Unidos, como en los principales países
de Europa, es cada vez más frecuente toparse en la calle
con los ya célebres audífonos blancos que delatan
al portador como un podster, es decir, un feliz propietario
de un iPod. Quizás sea cierto que la tendencia es más
visible en las grandes ciudades como Nueva York y Los Angeles, o
en lugares donde abunda la población juvenil, como en los
campus universitarios, pero ya ningún observador pone en
duda que se está ante la presencia de un verdadero fenómeno,
similar al que se produjo con la llegada del walkman a finales del
siglo pasado. Pronto, según los entendidos, un iPod será
tan popular como el viejo consentido de Sony. Por ahora, y como
bien lo dicen en Newsweek, ha logrado alcanzar ese lugar
donde un producto de consumo se convierte en un icono, una mascota,
un indicador de estatus, una parte indispensable de la vida de quien
lo lleva (y ya son más de tres millones en Estados Unidos).
Los primeros en darle su bendición han
sido las grandes estrellas del cine y de la música. Es el
caso de la compositora Denise Rich —le encanta porque puede
llevar toda su obra consigo a donde quiera que vaya—, de Will
Smith, quien ha confesado su arrobamiento por el que considera el
descubrimiento del siglo tanto a Jay Leno como a la revista Wired,
y de Gwyneth Paltrow, quien habló de su Pod-love para la
revista Vogue. La lista es mucho más larga e incluye, por
ejemplo, al productor de la serie The O.C., Josh Schwartz,
quien ha comentado: “Es lo que nuestra audiencia usa y lo
que nuestros personajes usarían”. De que son un indicador
de estatus, no hay duda; y si la hubiese, habría que mencionar,
entonces, los accesorios que grandes gurús de la moda se
han encargado de diseñar para el mejor lucimiento de los
pequeños aparatos, como el bolso rosado de Fendi —tributo
de Lagerfeld a la nueva tendencia, donde se puede llevar hasta 12
iPods—, que está a disposición del público
por 1.500 dólares. También el dispositivo especial
que permite al usuario manejar su nuevo juguete mientras conduce
su otro juguete (un flamante BMW) con entera comodidad. No todo,
gracias a Dios, ronda por esas nubes, porque lo que sobran son opciones
para acompañar al reproductor; entre ellas, cornetas exteriores
y micrófonos. Frivolidades aparte, muchos se estarán
preguntando qué es un iPod y por qué ha causado semejante
revuelo. Siga leyendo.
Toda su música
en el bolsillo. ¿Se ha imaginado alguna vez poder
cargar consigo toda su colección de música adonde
quiera que vaya? Pues con un iPod puede hacerlo. A pesar de su pequeño
tamaño —similar al de una caja de cigarrillos, aunque
la versión mini se parece al de una tarjeta de crédito—,
el aparatito puede almacenar la increíble cantidad de 10
mil canciones. ¿Puede creerlo? Toda la música que
le gusta puede tenerla al alcance de su bolsillo (esta frase hay
que tomarla con cuidado porque el top of the line cuesta
400 dólares). Ello explica la fuerte relación que
el usuario suele establecer con el producto. Dicen en el trabajo
de Newsweek: “Cuando las personas compran un iPod,
usualmente se obsesionan, hablan incesantemente sobre listas de
canciones y mezclas, no dejan de fijarse en la vida de las baterías
y sienten pánico de sólo pensar en la posibilidad
de perder a su nuevo amigo digital”.
Este nuevo amigo digital no es más
que una pequeña computadora de funciones limitadas con un
disco duro que permite almacenar gran cantidad de archivos (canciones
especialmente, aunque también libros digitales), envuelto
en un estuche blanco (Apple ha dejado el color para la versión
mini) de diseño atractivo. El iPod no es el primer reproductor
de música digital en el mercado, pero los predecesores tenían
muy poca capacidad de almacenamiento (se repetían las mismas
canciones una y otra vez) o eran muy grandes e incómodos,
con controles nada fáciles de manejar. Su poder, su facilidad
de uso y su estilo son las características que le han permitido
reinar en el nuevo mercado, a expensas de Sony, la empresa que no
ve de muy buen agrado que se identifique al iPod como el Walkman
del siglo XXI. Las características anteriores eran, justamente,
las que Steve Jobs, CEO de Apple, y su equipo, buscaba hace ya algunos
años para un nuevo producto que revolucionara la manera de
consumir música.
La historia es interesante, por lo que vale
la pena resumirla: En 1997, cuando Jobs regresó a la compañía
que ayudó a fundar, se encontró con la ausencia de
planes para muchas áreas. Una especialmente desasistida era
la de la música. Sabía que la música digital
constituía una verdadera revolución, pero no estaban
preparados para ello. Una primera decisión fue crear el almacén
de música de los iTunes, un site donde los usuarios pudieran
descargar (legalmente) canciones de sus músicos favoritos.
A pesar de contar con centenares de miles de canciones de las compañías
más importantes del mundo, no se registraban las ventas deseadas.
¿El problema? No había dónde escucharlas. La
nueva decisión fue, entonces, crear un reproductor que reuniera
tres características básicas: Una conexión
realmente rápida a la computadora que permitiera descargar
rápidamente canciones; una sincronización clara con
el software iTunes, que facilitara la organización de la
música, y una interface que fuera muy simple de usar (los
controles que finalmente operará el usuario). Como ya se
sabe, el resultado sorprendió a todos.
Las ventas no estuvieron mal durante el año
del lanzamiento, pero mejoraron notablemente una vez el iPod dejó
de ser exclusividad de los usuarios de Macintosh. Al correr en Windows,
el mercado se abrió, y se abrió mucho más cuando
aumentó la oferta de canciones en el iTunes Music Store,
un site que rápidamente se convertiría en el favorito
de quienes prefieren bajar música por Internet. La tienda
digital ha probado que muchos están dispuestos a pagar por
hacerse de sus canciones favoritas —de hecho, es una luz en
el panorama sombrío que vaticinaba tanta descarga ilegal
por Internet—, al punto de que recientemente alcanzaron la
extraordinaria cifra de 100 millones de temas vendidos.
Lo logrado por el iPod y la tienda iTunes
cobra mayor relevancia si, como dicen los especialistas, dentro
de unos diez años la mayoría de las personas (en los
países desarrollados) obtendrán su música de
Internet. Por supuesto hay voces contrarias. Hay quienes dicen que
al público no le gustará andar cargando con los bloques
de tanta música, y preferirá el intercambio de discos.
Otros hablan ya del fin de la era de los CD’s y con ella,
del concepto de álbum como se ha entendido hasta la fecha.
El debate está abierto. Por lo pronto, los tres millones
de dueños del iPod no sólo tienen la posibilidad del
acceso a su entera colección de música y CD’s,
sino el sentimiento de pertenecer a una sociedad que está
transformando la manera en que se consumirá música
en el futuro. l
rchacon@eluniversal.com
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