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Diego Luna
Al otro lado
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En el film La Terminal el actor mexicano aterriza con buen pie en Hollywood.
En una conversación cuenta cómo fue la experiencia de la mano de Steven Spielberg.
Simon Banner.Los Angeles. Especial para Estampas

Tiene 24 años y la mitad de su vida la ha pasado ante las cámaras de televisión, cine, o sobre las tablas del teatro. El resto del mundo lo descubrió después que protagonizara junto a su amigo Gael García Bernal la sexy road movie Y tu mamá también del director Alfonso Cuarón. El éxito del film le abrió al trío mexicano las puertas de Hollywood. Aunque García Bernal todavía no ha sucumbido a la tentación, Cuarón, por ejemplo, dirigió Harry Potter y el prisionero de Azkabán, y Luna se acaba de anotar un éxito con su papel en la nueva producción de Steven Spielberg La Terminal. En la cinta, el actor azteca es un empleado del aeropuerto de Nueva York con una pasión secreta y una cierta inclinación a romper las reglas. El encantador y despeinado Luna, cuyos últimos créditos incluyen Frida, habló con nosotros acerca de cómo ha sido eso de aprender inglés y de cómo una cerveza fría a veces es mejor que una limosina.

¿Cómo te llegó el guión de la película?
“De la manera usual. La única diferencia es que era Steven Spielberg, y la primera vez que te envían un guión de Spielberg, eso sí que es algo muy especial. El día que fui a la audición, después de una jornada de trabajo para otra producción aquí en Los Angeles, me sentí terrible porque no había tenido tiempo de aprenderme los diálogos. Me sentía como un idiota”.

Pero obtuviste el rol...
“Al principio pensé que había perdido la oportunidad. Me deprimí mucho por eso. Tres semanas después me llegó la llamada diciéndome que había logrado el papel y me acuerdo que estuve dando brincos como por media hora. Fue muy importante para mí, tenía el chance de conocer a uno de los directores de cine que más admiro”.

¿No te puso nervioso conocer a Spielberg?
“La verdad es que me alegro de que el primer encuentro con él fuese una conversación por teléfono. En el momento me puse tan nervioso que comencé a comerme el cabello, que para esa época tenía largo”.

¿Qué fue lo que más te sorprendió de trabajar con él?
“Que improvisamos. Un día me dijo: ¿te gusta el fútbol? Entonces, de repente, estábamos jugando fútbol en el medio de la terminal y eso se convirtió en una escena del film”.

¿Qué aprendiste de esta experiencia?
“Sé que muchas personas lo han dicho antes, pero es que Spielberg es como un niño cuando está haciendo una película. Sólo con observarlo te das cuenta de cuánto disfruta el proceso, y de cómo es el chico más feliz que pueda existir cuando está filmando”.

El set de La Terminal era enorme... una reconstrucción de un aeropuerto. ¿Cómo fue caminar por él la primera vez?
“¡Sí! (risas). Cuando llegué a lo que yo creía era el set donde íbamos a filmar, empecé a decir: ‘¡Guao!, ¡esto es enorme!, ¡es sorprendente! Entonces fue cuando me aclararon que ese no era el set principal. Y fue de verdad increíble cuando lo vi. Todo funcionaba: escaleras mecánicas, ascensores, todo trabajaba perfectamente. Las tiendas, por ejemplo, eran de verdad y estaban abiertas. Eso lo hizo mucho más sencillo para los actores, no tenías que imaginarte las cosas. Después de media hora en la terminal se te olvidaba que era un escenario”.

Tú llegaste a Hollywood después de trabajar en películas de bajo presupuesto. ¿Es muy distinta la experiencia a participar en superproducciones como La Terminal?
“Sí, es muy diferente. Todavía pienso que un film no se vuelve mejor porque estén a tu disposición trailers espaciosos o porque la comida sea superior. Lo único que realmente importa es la historia que estás contando y cuanto interés pones en esa historia. En México, algunas veces, tienes que esperar hasta dos y tres años para hacer una película, así que cuando finalmente se está filmando lo que sientes es pasión por lo que estás haciendo y no estás pensando en lo que vas a comer en el almuerzo o si podrás disfrutar en algún momento de un masaje”.

De todas formas, debe ser muy agradable que te recoja una limosina...
“Es gracioso, porque estaba hablando con mi padre por teléfono después de la premiere de La Terminal y justamente le decía que todo esto era un poco raro para mí. Tú sabes, ser parte de esta superproducción, tener esta enorme limosina, pero al final igual te vas por tu propia cuenta a casa y tienes que levantarte al día siguiente a las siete de la mañana para ofrecer entrevistas. Incluso si la limosina fuese diez veces más grande, todavía me tendría que levantar a las siete... No me estoy quejando, pero a veces lo único que realmente necesitas es una rica cerveza y un chinchorro frente a la playa, y eso es mejor que cualquier otra cosa”.

A ti te conocen en México desde hace mucho tiempo. El resto del mundo supo de ti a través de Y tu mamá también. ¿Este tipo de reconocimientos qué significan para ti?
“A veces es raro. Como esta entrevista, por ejemplo. ¿Por qué a la gente le importa lo que yo tenga que decir? Pero venir aquí y trabajar con Steven Spielberg... ¡mi vida es grandiosa! Además de La Terminal, acabo de finalizar un film llamado Criminal, donde tuve el chance de compartir con Maggie Gyllenhaal y John C. Reilly, lo que fue una tremenda experiencia. De repente, también, puedo lograr que algunas cosas se den en mi país, y eso es realmente increíble. Es decir, los actores en México tienen que esperar y esperar, y hacer muchas veces una televisión terrible para poder pagar la renta al final de mes, hasta que les llegue un proyecto que valga la pena. Así que si tienes la libertad de hacer que tus propias películas se den, eso es maravilloso”.

¿Cómo se siente la gente en México con tu éxito? ¿Están felices por ti?
“Me tratan muy bien cuando estoy allá. Pero es gracioso porque ellos saben todo acerca de mí y es diferente. Tú sabes, vienes aquí y la gente te dice: ‘¡Oh!, ¡tú hiciste Y tu mamá también! En México ellos se saben toda la historia. Como, por ejemplo, que he hecho filmes que no han tenido ni una pizca de éxito”.

¿Hasta los momentos, te sientes limitado en Hollywood por la percepción de que, quizá, sólo puedes interpretar a un latino?
“Bueno, creo que eso también podría ser una limitación para los actores norteamericanos. Ellos no pueden interpretar a un latino. Si llego al punto en que puedo trabajar con mi acento y pretender ser un norteamericano o un británico, sé que mis oportunidades van a ser mucho mejores. Pero no voy a sentirme infeliz por quien soy porque eso también es muy duro. El inglés no es mi lengua materna y no es muy fácil hacerlo”.

Pero tu inglés es muy fluido, ¿has tomado clases?
“Cada vez que promuevo una película mejora porque son como seis horas de lecciones intensivas. Tienes que comunicar lo que realmente estás pensando”.

¿Y cómo te sientes en Los Angeles? ¿Vives aquí ahora?
“No, vivo en México. Son sólo tres horas de vuelo, así que es muy fácil venir, y yo no me veo aquí sentado esperando a que llegue un trabajo. No me gusta la idea de que este lugar sea todo acerca de las películas. ¿Te imaginas que nadie te ofrezca un papel por un año y que tú estés todavía aquí viendo a los demás trabajando y conduciendo autos a través de calles que se llaman Avenida de las Estrellas? Eso sólo te recuerda que tú no tienes trabajo. Además, mis amigos están en México y mi padre vive allí. Así que mi hogar está todavía al otro lado de la frontera”.
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