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LA CARACAS DE ...

Gustavo Dudamel
¨ Cuando salgo, quisiera llevarme
a Caracas en la maleta¨

Tras dejar Barquisimeto, a los 17 años, Gustavo Dudamel hizo de la capital
su hogar. Desde entonces, esta urbe se convirtió en el centro de su vida,
donde ha aprendido a identificar cada lugar con un movimiento musical

Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand


Aunque nació en Barquisimeto, "idolatra" a Caracas, una ciudad que, asegura,
lleva su propio ritmo de vida: agitada, hiperactiva, siempre con mil compromisos
por cumplir. Gustavo Dudamel, director musical de la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, no olvida los días en que, de paso hacia el oriente venezolano, recorría con sus padres la autopista Francisco Fajardo, principal arteria vial de la capital. "Lo que siempre me impresionó fueron los anuncios publicitarios.
Me encantaban los colores, las luces", cuenta, y era tal su fascinación que incluso atesoraba un afiche en el que se señalaban todas las vallas de Caracas. Tampoco olvida, de aquella época, la visión de una urbe repleta de brillo que se asomaba lentamente a medida que bajaba por Tazón. "Me fascinaba la luz de esta ciudad", dice.

A la capital se mudó a sus diecisiete años, cuando fue nombrado director de la Orquesta Nacional Infantil y Juvenil (que actualmente es la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar). Entonces su vida dio un vuelco, y comenzó para él una etapa profesional que lo ha llevado no sólo a dirigir a la "Bolívar", sino también a la Sinfónica de Gothemburg, la Filarmónica de Londres, la de Israel y la de Los Ángeles. En estas idas y venidas ha ganado el Premio de Dirección Gustav Mahler, el Anillo
de Beethoven y el Echo Klassik 2007; asimismo ha tocado en la Scala de Milán,
en la Philharmonie de Berlín, en los Proms de Londres y en el Vaticano, donde
dirigió un concierto en honor al Papa Benedicto XVI
con motivo de su cumpleaños número ochenta.

Entre estos reconocidos escenarios, el Teatro Teresa Carreño tiene un significado especial para Dudamel: lo conoció siendo niño en una visita guiada, y con el tiempo se convirtió en parte fundamental de su día a día. Allí, en el intermedio de un concierto al que asistió como espectador, conoció a Eloisa Maturén, su esposa.

"Yo la vi entre el público y pensé: '¡¿Quién es esa muchacha?!'. Al rato
se me perdió, pero en el intermedio la encontré en el bar de la Sala Ríos Reyna; nos conocimos, y claro, como yo dirigía al otro día, la invité al concierto. Ella fue y comenzamos a salir. A los siete meses le pedí que
se casara conmigo", cuenta alegremente.

En efecto, Eloisa aceptó, contrajeron nupcias en la capilla de la UCAB y entonces Caracas dejó de ser sólo el recuerdo de una fugaz autopista llena de publicidad, para convertirse en un sinfín de memorias y ocasiones en la nueva vida del joven músico.

"Algo especial de esta ciudad es que se parece mucho a una sinfonía, pues tiene su allegro, su movimiento andante, su scherzo y su presto; aunque yo creo que se mueve más en presto", dice refiriéndose al movimiento más rápido de la música. Sin embargo, acota: "Si uno sube a El Ávila siente la quietud de la ciudad. Desde allí, la melodía de Caracas, para mí, se parece al último movimiento de la Tercera Sinfonía de Mahler, un adagio de treinta minutos llamado 'Lo que me dice el amor'. Pero cuando uno baja… yo le pondría el último movimiento de la Séptima de Beethoven:
un allegro vivace bien rápido", dice sonriendo. "Es que la ciudad no para", remata.

En consecuencia, son muchos los detalles que extraña de Caracas cada vez que sale de ella, y nunca falta la melodía del Concierto en Si menor de Haendel que a través de sensaciones lo trae de vuelta a esta metrópolis. "Esa pieza la tocábamos mucho cuando yo me mudé, y cada vez que la escucho mi mente vuela hasta acá". Por eso, cuando sale en sus largas giras por el mundo, Dudamel quisiera empacar algunas cosas de la capital: "Quisiera llevarme mi orquesta, mi maestro, el teatro… es más, si fuera por mí me llevaría en la maleta a Caracas completica".

 

 
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