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Niños con problemas,
padres angustiados

Aunque muchas veces se trata de pequeños déficits solucionables en poco tiempo, la mayoría de los padres reacciona a la defensiva y de manera
arbitraria cuando se le informa que su hijo necesita ayuda.
Idalia De León

Un momento muy angustiante es el que viven los padres cuando son convocados por los maestros para indicarle que su niño presenta algún tipo de déficit. Aunque comúnmente el problema es corregible con dedicación y atención especializada, los representantes suelen reaccionar de manera inadecuada, lo cual le cierra al chico la posibilidad de nivelarse rápidamente con el resto de sus compañeros.

“Cada vez es más difícil encontrar padres que reciban positivamente el hecho de que sus hijos presentan algún tipo de déficit en relación con el resto de sus compañeros”, señala, no sin alarma, Niliam Narváez, licenciada en Educación y con amplia experiencia con niños en edad preescolar. El problema, desde la mirada de los educadores, radica no en la circunstancia en sí que presenta el niño, sino en la reacción negativa que suelen asumir los padres, así se trate de problemas solucionables. “La mayoría de las veces se trata de niños que no acatan las normas, que tienen déficit de atención, que son hirperquinéticos o que tienen problemas de lenguaje. Todos estos trastornos se remedian siguiendo, responsablemente, una serie de pautas emanadas de los especialistas”, señala Narváez, quien categoriza de las siguientes maneras las reacciones típicas de los padres:

l A la defensiva: Es la reacción más común. Cuando se les dice: “quiero conversar con usted”, se asustan. Por ejemplo, si se les comenta que el niño está siendo agresivo con otros responden: “Es que él ha llegado mordido a la casa, así que yo le digo que tiene que defenderse, que también debe morder”. También argumentan expresiones como: “Es que yo era igualito. No te preocupes que yo voy a hablar con él; es que él hace caso cuando yo le pego cuatro gritos”.

lNegación: Hay padres que rechazan de plano lo que se les está informando, así se les muestren evidencias de que el niño no se acopla a las pautas evolutivas de acuerdo a su edad. Por ejemplo, ante un caso de sospecha de autismo, una madre reaccionó esgrimiendo, simplemente, que su hijo estaba bien, que ella lo comparaba constantemente con otros.

l Sobreprotección: Detrás de las dos reacciones anteriores puede esconderse el deseo de proteger al niño de un posible trauma. Algunos padres argumentan que si se le somete a una terapia lo van a hacer sentir en desventaja con el resto de los niños de su edad.

Varias circunstancias rodean este problema y es lo que lo hace más complicado de solucionar. Uno de esos factores es que muchos de estos niños pasan la mayor parte del día lejos de sus padres. Desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde son atendidos en un maternal o guardería, lugares en los que interactúan con otros niños y manifiestan, lejos de la mirada de los padres, sus principales rasgos de personalidad. Si viven en ciudades dormitorio los niños hacen el trayecto de la casa al colegio durmiendo, de manera que el tiempo efectivo y de calidad que pasan con sus padres es reducido. Es por esta razón que, la mayoría de las veces, los padres no observan con detenimiento a sus hijos y terminan por depositar en los maestros responsabilidades que no les corresponden: desde cuidarlos todo el día, hasta resolver los problemas de conducta que puedan presentar. A todo esto se une el hecho de que, a juicio de la especialista, los padres suelen ser poco objetivos al momento de evaluar a sus hijos. “Como ser madre o padre toca el aspecto más sensible de todo ser humano, pues un hijo es un ser que nació de uno mismo, es difícil ser objetivo a la hora de evaluarlo. Por eso es tan común ver a las mamás alabando constantemente las gracias y los avances de su prole, pero no exponiendo sus limitaciones. Los padres sueñan con que sus hijos sean felices, que tengan una vida mejor que la de ellos, pero también tienen que saber que por esa misma razón deben poner cada cosa en su lugar”, relata Narváez.

En positivo
Un docente, desde la distancia que le proporciona la profesión, es capaz de identificar y adelantarse a imaginar quién será ese niño en el futuro; si tiene inclinaciones para ser docente, si será líder, pero también para saber si el niño no destaca en ninguna área, si tiene algún problema. Ahora bien, a los padres les corresponde estar alertas y apelar a su objetividad cuando observan a su hijo en su desenvolvimiento cotidiano. Un padre orientado positivamente, debería:

l Observar al niño y, de acuerdo a su experiencia, sentido común y evaluaciones basadas en comparaciones con otros pequeños, identificar si el suyo lleva un desarrollo normal de acuerdo a su edad.

l Ante alguna anormalidad, el representante debería entrevistarse con los docentes del niño y cotejar impresiones sobre su comportamiento o habilidades.


l Enfocar las estrategias a seguir para lograr que el chico supere, lo más pronto posible, el déficit y no seguirlo bombardeando con información inadecuada que sólo contribuye a retrasar su desarrollo.

l Encontrar el momento para nivelar al niño de acuerdo con pautas dirigidas por especialistas. Una o tres horas a la semana, mediante una sana relación mamá-especialista-colegio será suficiente para atajar el problema.

La mayor consecuencia de que un padre no quiera atender alguna deficiencia de su hijo, es que el problema puede ir creciendo como una bola de nieve. La experiencia da fe de que si el escollo no se atiende al momento se convierte en inmanejable con el paso de los años. “Cuando pasa el tiempo te encuentras con unos adultos que no saben expresarse, que no se adaptan a nada, que no tienen límites. Muchas veces no hay un déficit,  sólo se trata de reconocer cuáles condiciones debe tener el ambiente que rodea al pequeño para que éste desarrolle todas sus habilidades. Hay algunos padres que se angustian, aunque sólo se trata de hacer pequeños ajustes”, expresa la entrevistada.

Cuando una maestra le dice a los padres que tienen que poner atención en el área de lenguaje de sus hijos, por ejemplo, significa que deben buscar ayuda. Muchos representantes piensan que castigando al niño, premiándolo o suspendiéndole actividades, solucionarán el problema. Queda claro que hay situaciones que no puede controlar el niño, y otras que no puede controlar el padre, razón por la cual se requiere ayuda especializada.  l

ideleon@eluniversal.com

 

FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/CHRISTOPH WILHELM

 
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