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Javier Valcárcel
“Sueño con ser un  galán”

El actor que personifica a Chorlito en la telenovela Amor a palos tiene como meta protagonizar un dramático estelar. He aquí sus reflexiones en torno a su carrera, su futuro, sus gustos y creencias Pablo Blanco

“Tenemos 30 minutos, ¿no?”, pregunta eufóricamente el actor Javier Valcárcel, aún ataviado con el look de su personaje Chorlito, el aprendiz de abogado, asistente del protagonista Juan Coronel, en la telenovela Amor a palos, transmitida actualmente por RCTV en horario estelar. Viene de grabar varias escenas, por lo cual lo acompaña su enorme y distintivo copete ¿gótico?, construido con base de laca, su traje de junta directiva y sus zapatos deportivos “al rojo vivo”. Trae consigo el infaltable bolígrafo que presiona constantemente mientras habla, el “caparazón” de lo que fue un reloj plateado de lujo, un sofisticado aparato “manos libres” y unos lentes fashion.

Nació el 23 de septiembre, hace 35 años, en La Habana, Cuba, pero se siente venezolano gracias a los 25 que tiene de residencia en el país. Se formó en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo e inició su carrera sobre las tablas. En televisión tiene una importante trayectoria en telenovelas, en las que, casi siempre, “por casualidad”, según explica, le ha tocado encarar papeles característicos: el mochito de Cruz de nadie, el joven con retardo mental de La Cuaima, el homosexual de Mujer con pantalones, el villano de Mujercitas. En esta oportunidad habló de su actual éxito televisivo, de sus gustos y disgustos. La entrevista sobrepasó los 30 minutos y también la goma de mascar que el artista degustó durante todo el encuentro, propia también de su personaje, cabe decir. 

De Chorlito a Jesucristo 
¿Cómo construiste a Chorlito? ¿Existe alguien así en la vida real?
“Me inspiré en Daniel Espinoza, el mánager de la cantante Kiara. Siempre me llamó la atención la manera en la que alarga las palabras al pronunciarlas. También he tomado cosas del actor Roberto Messuti, quien tiene salidas muy ‘sobradas’, las cuales yo parodio. El look sí es una propuesta mía, casi en su totalidad”. 

Ya se está definiendo la sexualidad del personaje...
“Sí. Al principio de la telenovela había ciertas alusiones a cierto carácter ‘ambiguo’ de Chorlito. Pero no es gay, su amor se debate entre Rocío (Juliet Lima) y Selena (Brenda Hanst)”.

¿Qué sucede con la vida sentimental del actor?
“En estos momentos estoy solo. Si esta entrevista sirviera para conseguir pareja, pues genial (risas)”.

¿Quién es tu alter ego? 
“Yo creo que mi estilo de actuación se parece al de Giovanni Ribisi, un excelente artista nacido en Los Angeles. Hizo el papel de Frank Buffay Jr., el hermano de Phoebe Buffay (Lisa Kudrow) en la serie Friends. También estuvo en la cinta Perdidos en Tokio, entre muchas otras. El es como mi alter ego, salvando las distancias de fama. Hasta nos parecemos físicamente”.

¿Es cierto que antes eras gordo?
“No era gordo. Digamos que para estar en televisión estaba ‘gordito’. Hasta los veintitantos años el metabolismo me ayudó, pero después de los 30 comencé a pesar 10 kilos de más. Posteriormente, rebajé más de 20 kilos, me pasé. Bueno, uno vive de la imagen. Además, algún día me encantaría ser el galán de una telenovela”. 

¿Es una meta?
“Sí, chico, ¿por qué no? Lo que pasa es que no tengo el fenotipo. Es que, según mi definición, un galán de telenovela es el hombre que toda mujer sueña con meter en su cama. Y a mí, con los personajes que me han dado, lo que siempre me dicen es: ‘¡Ay!, ¡qué tierno eres’! ¡Pero eso no es lo que le pasa a Juan Carlos García!”.

¿Eso te sucede en la vida real?
“Sí. Siempre atraigo personas que andan en una búsqueda espiritual más que en un encuentro carnal, a pesar de que yo estoy buenísimo (risas). Por supuesto que cuando prueban lo carnal se quedan (risas)” .

¿Y cómo cultivas el espíritu?
“Leyendo, escuchando música y viendo películas. Soy de los que se lee varios libros al mismo tiempo. En la mañana, como no tengo calentador en mi casa, mientras pongo el agua a hervir, me leo Confesiones de una máscara de Yukio Mishima, luego una biografía de Fidel Castro escrita por Fray Luis de León. Y en los descansos de las grabaciones me concentro en El general en su laberinto de Gabriel García Márquez,  ¡a estas alturas!”. 

¿La cantante Karina sigue siendo tu ídolo?
“Claro que sí, pero ella es sólo uno de ellos. También me gustan Shirley Bassey, quien es como la Estelita del Llano de Inglaterra (risas) y Mirtha Pérez. De las voces masculinas me gusta la del tenor italiano Alessandro Safina y la del joven estadounidense Josh Groban. Además me encantan los musicales. Si yo, a los 18 años, hubiera descubierto algún talento mío para la música hoy día quizás estuviera trabajando en Brodway. Bueno, al menos lo hubiera intentado”.

Y obviando ese detalle,  ¿a dónde crees que puedes llegar?
“Bueno, lo máximo sería trabajar en un dramático brasileño, pero me da fastidio tener que aprender a hablar portugués (risas). Lo que sí tengo planteado es participar en una telenovela colombiana. Tuve la oportunidad de ir a Bogotá con la gira de la obra teatral Jav y Jos y me di cuenta de que en el hermano país hay tremendas oportunidades para los actores venezolanos, además de que la gente es espectacular y hay muy buen clima”. 

¿Qué opinas de la calidad de las telenovelas venezolanas?
“Soy un defensor del género por excelencia. Me cansa un poco la gente que me dice: ‘Ay, es que yo no veo novelas’. Las hay buenas y malas, pero estamos en evolución. Amor a palos es muy buena, por ejemplo”.

¿Qué significa ser actor de televisión en Venezuela?, ¿es algo rentable? 
“El pago es bueno, pero no tan óptimo como para decir que aquí funciona el star system. Yo, a veces, dejo de pagar el teléfono para pagar la luz y soy de los que se va al supermercado con la calculadora. Por eso me da rabia cuando entro a una tienda y el vendedor me trae los artículos más caros. Si me quejo, hay unos tan osados que hasta me dicen: ‘Bueno, y ¿tú no eres actor, pues?’”.

¿Qué tienes de cubano y qué de venezolano?
“De cubano la humildad y los pies sobre la tierra, la certeza de lo efímero, de que un día puedes tenerlo todo y al día siguiente nada. Y de venezolano la ilusión de que algún día las cosas van a mejorar”.  

¿Cuáles son tus creencias?
“Creo en la justicia social, pero no en la de Robin Hood. Si uno se suda la plata y no le hace daño a nadie se puede comprar hasta siete casas ¿no? Por eso me afectó tanto la película Secuestro Express, porque a mí me secuestraron así tal cual y me quitaron mi carro. Y los malandros me decían: ‘Claro, como tú eres rico’. Lo que no sabían era que yo ni siquiera había terminado de pagar ese vehículo. O sea, lo que plantea la película no es la solución”.

¿Y cuál es la solución?
“Chico, todo se resume en la frase de Carlos M. Estrada, esa que está en aquella famosa valla que dice: ‘No pidas un cambur, siembra una mata’ (risas). Mira esta entrevista se está poniendo sociológica, vamos a terminarla”.  

¿Alguna creencia religiosa?
“Claro que sí, creo en Dios con quien estoy en constante comunicación. Durante mi infancia en La Habana encontré en las iglesias un refugio. Fui monaguillo y hasta quería ser cura. Poco a poco fui conociendo la historia de Jesús y dándome cuenta de que uno tiene ‘una misión en la vida’”.

¿Y cuál es tu misión en la actualidad?
“Bueno, terminé siendo un actor en Venezuela. Ya no voy a las iglesias. Eso sí, rezo todos los días...”.
l 

pblanco@eluniversal.com


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