| Una jornada
con mensaje entre líneas
El artista Juan Carlos Santos decidió recorrer parte de Venezuela sobre patines para demostrar que los límites sólo están en la mente de quien se los permite. Lo logró y aquí dice cómo lo hizo. María Elisa Espinosa
No faltó —más bien sobraron— quienes dudaran de Juan Carlos Santos el día que se atrevió a revelar a familiares y amigos que se proponía hacer lo que llamó “La jornada: una ruta por la paz, el arte y el deporte”. Demasiadas palabras comprometidas en esto como para asimilarlo de un solo trago, y sin soda. Pues “la jornada” consistía en no pocas cosas: recorrer sobre patines en línea más de 1.500 kilómetros de Venezuela, con un itinerario trazado Mérida-Caracas-Cumaná-La Gran Sabana. Y añádase a esto que el muchacho —de 34 años cumplidos el pasado noviembre— era, si acaso y por decir mucho, un patinador amateur hasta entonces. Muy lejos estaba de ser profesional en estas lides quien, apenas en agosto de 2005, comenzó a familiarizarse con la mecánica de sus recién estrenados zapatos rodantes.
Pero así y todo se lo propuso. Y así y todo lo está logrando. El cómo, fue contado por él a su paso por Caracas (donde hizo una escala de más de dos semanas para seguir luego hacia Cumaná) con una energía que bien le llevaría a protagonizar una cuña de las baterías que duran, y duran, y duran… “Si me decían que siguiera de la bajada de Tazón hacia oriente ese mismo día, lo hacía”, cuenta quien a su arribo a la capital cargaba con una lesión en un tobillo, y ni caso que le hizo. De allí la moraleja: “Tengo que aprender a manejarme con los límites, porque ese día (25 de enero) había rodado nueve horas corridas y sin embargo pensé en continuar”.
Pero no fue éste su mayor rendimiento durante la primera etapa de “la jornada”. El tramo Mucuchíes-Barinas, realizado el 18 de enero (justo al día siguiente de su partida de Mérida) lo logró completar luego de rodar 13 horas sin parar. Basándose en eso, ahora Juan Carlos se plantea —¡y no bromea!— superar el récord Guinness establecido por el italiano Maurio Guenci, quien el 12 de junio de 2004 patinó durante 24 horas y sin descanso una distancia de 545 kilómetros.
El llamado
El porqué Juan Carlos hizo lo que hizo viene de la mano de una experiencia de vida marcada por la práctica budista, entre otras cosas. “La jornada: una ruta por la paz, el arte y el deporte, es algo que hace tiempo se convirtió en un llamado para mí. Fue algo tan fuerte, que decidí darle curso. Era la necesidad de transmitir un mensaje, en principio, de paz”. Aunque no tarda en aclarar que su intención es apolítica. “Hablo de una sensibilización a nivel nacional”.
Lo del arte en la jornada viene, por otra parte, de su propia condición de artista. “Soy escultor y considero que hay mucho talento en el país que se hace necesario impulsar; e igual pasa con el deporte, algo tan imprescindible en una vida sana y que para mí ha sido otra manera de hacer arte. Hay muchas personas jóvenes en drogas y alcohol, y siempre pienso en los que vienen detrás de mí”.

Concebido así el proyecto, a Juan Carlos se le hacía pequeña la agenda donde comenzó a escribir las muchas tareas por cumplir previo al “despegue”. Entre ellas un entrenamiento que lo montó en 71 kilogramos (de los 62 que pesaba). “Comencé a asistir a un gimnasio, a subir al Avila y a patinar para ir adaptando algunos músculos e ir desarrollando otros. En realidad no seguí ningún entrenamiento profesional ni un horario de sueño ni una dieta específica. Sí me asesoré con gente que hace este deporte, pero eso lo integré a una sabiduría interior. Me levantaba cuando mi cuerpo me levantaba, no por un despertador; rodaba cuando mi cuerpo me decía ‘estás listo para rodar’. Es decir, me ajusté a ese criterio interior tan bonito que me ha dado buenos resultados”.
Y las llamadas
Con tamaño reto por delante —y por más llamados del universo que se tuvieran como garantía— Juan Carlos Santos no se olvidó de aspectos terrenales como el de la seguridad en el camino. De allí que le tocara las puertas a Protección Civil, a quien hoy agradece enormemente el acompañamiento prestado a lo largo de toda la ruta, luego de que su director nacional, Antonio Rivero, y el subdirector, Jimmy Guzmán, se interesaran por la idea e hicieran las llamadas necesarias para que todos los comandos regionales escoltaran al patinador y cargaran igualmente con su equipo.
Tampoco se olvida de agradecer a otros organismos, como las policías locales, regionales y viales que le ayudaron día y noche mientras rodaba; así como a algunas personas que creyeron en él desde el principio, entre ellas la joven Alexandra Jones, quien lo apoyó en el trazado de la ruta y otros asuntos de logística. Pero también destaca el aporte de la tienda Bike Side Shop de Barquisimeto, donde le facilitaron un juego de 10 ruedas y 32 rolineras de cerámica para poder afrontar el desgaste de sus patines.
Aunque a aquellos que no creyeron en su “jornada”, o dudaron de la factibilidad de cumplirla, tampoco es que Juan Carlos les guarde algún “reconcomio” (palabra, a todas estas, vetada en el léxico de la espiritualidad budista). A ellos, en todo caso, les reconoce la ansiedad que les generaba un proyecto como éste. “Lo que pasa es que si me paraba a escucharles el porqué no se podía, me quedaba en Caracas; por eso me cerré ante los comentarios. Además, si tú me pones un límite, yo voy a lo ilimitado, y lo hago para demostrar que más allá del límite hay otro mundo”. l
mespinosa@eluniversal.com
Cuentos sobre la marcha
l “Lo más alto que estuve durante el recorrido fue el páramo, a 3.500 metros sobre el nivel del mar. Aunque no fue en ese punto donde sentí la mayor dificultad. De las exigencias del páramo siempre estuve consciente, y por eso me lo tomé con calma sin querer hacer el papel de héroe ni dejar que la emoción dominara la razón cuando necesité engancharme a la patrulla de Protección Civil para evitar quedarme sin oxígeno. Desde el principio supe que ese tramo iba a ser una semi-calistenia”.
l“En cambio considero que lo más fuerte fue llegando a Tazón, pues se trataba de grandes tiempos de subida. Pero en ningún momento veo esto como una dificultad, porque parte del aprendizaje y el mensaje aquí es integrar todo en la vida: que la dificultad se convierta en una manera de luz, de enseñanza”.
l“Dormía en los comandos de Protección Civil aunque más de una vez me pasé la noche conversando con los efectivos; y en una oportunidad me quedé en la casa de unos familiares que viven en Carabobo. Esa noche dormí 13 horas seguidas”.
l“La comida me la proporcioné yo mismo comprándola en el camino, economizando lo más que podía. En algunos lugares explicaba el mensaje y entonces me cobraban menos, o me daban más comida por el mismo precio… Pero también cargué con parte de la nutrición: barras calóricas, gel de electrolitos, sueros hidratantes, y en varias oportunidades me inyecté un relajante muscular y además complejo B, para reducir el exceso de ácido láctico en el cuerpo”.
l“Recorrí un promedio de 100 kilómetros diarios; la máxima velocidad que obtuve fue 45 km/h en recta, aunque generalmente iba fluctuando entre 20 y 35… Cuando descubrí que en la noche el viento me favorecía, fue cuando decidí hacer rutas nocturnas para ganar tiempo. Quizás por eso fue que logré el recorrido en la mitad del tiempo que me propuse (ocho días y medio, sólo en el tramo de Mérida a Caracas)”.
l“Es primera vez que en Venezuela se hace esta ruta sobre patines en línea. En los diferentes estados por los que pasé (Mérida, Barinas, Portuguesa, Cojedes, Carabobo, Aragua, Miranda, Anzoátegui, Sucre y Bolívar) me recibieron muchas personas, autoridades, emisoras de radio y la prensa. Fue una experiencia conmovedora. La gente estaba atónita, decían que por allí habían pasado en bicicleta, trotando, caminando… pero, ¿en patines? ¡Nunca!”.
Coordenadas:
www.juancarlossantos.com |
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