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Hipoteca fatal

El gerente de préstamos del banco se quedó atónito al descubrir que la granja estaba desierta y que todo el ganado había desaparecido. Max Haines

En 1977 Rudy Blythe, un granjero de Ruthton, Minnesota, de 42 años, cumplió un sueño cuando compró el banco de Buffalo Ridge State en Ruthton. Junto con su mujer, Susan, y su hijo Rolph, de 11 años, se trasladó de Filadelfia a una vida totalmente diferente de la que llevaba en la ciudad.

Esto era Estados Unidos rural, donde todo el mundo conoce al otro. El banquero tenía la mayoría de las hipotecas del pueblo y una de las granjas que rodeaba la comunidad.

Rudy Blythe llegó a Ruthton con el deseo sincero de reducir las duras restricciones que llevaba a cabo el previo dueño del banco. Rudy creía que los granjeros eran básicamente honestos y trabajadores.

El banquero aprobó préstamos marginales. Gradualmente, durante un período de cinco años, el mismo banco tenía dificultades para cumplir sus obligaciones. Rudy endureció su política de préstamos e intentó agresivamente colectar los préstamos que le debían. Esta nueva política afectaba a muchos granjeros, incluyendo a Jim Jenkins.

Jim era propietario de 10 acres. Había acudido al banco de Rudy por primera vez unos años antes, luego de que Rudy se trasladara a Ruthton. En ese momento Jim tenía unos cuantos préstamos con un banco del pueblo vecino. Trasladó su negocio al banco de Rudy, consolidó sus préstamos y obtuvo un dinero extra para poder hacer frente a gastos actuales. El nuevo gerente del banco era un tipo fabuloso. Jim sonrió a su buena fortuna y se fue a casa a contarle a su mujer, Darlene y a su hijo adolescente, Steven.

Al principio Jim hizo sus pagos pero, cuando las condiciones financieras se dificultaban, tenía más y más problemas para poder cumplir con sus obligaciones.
Jim criaba ganado. El tiempo más duro del año era el invierno. La pobre Darlene Jenkins había aguantado durante muchos duros inviernos. Para 1980 ya había sufrido suficiente. Abandonó a su marido. Steven se quedó con su padre, pero pasó mucho tiempo con sus abuelos. Jim estaba destrozado. Su mundo se estaba derrumbando a su alrededor. Sin su mujer, con su hijo afuera de la casa y el gerente del banco sin corazón, persiguiéndole para conseguir sus pagos, sus problemas parecían insuperables.

Rudy hizo un viaje para echarle un vistazo a la granja y al ganado de Jenkins. Se quedó atónito al ver que la granja estaba abandonada y que el ganado había desaparecido. Jim había vendido las reses y había huido. Rudy estaba furioso. Consultó con el abogado del Condado de Lincoln y le aconsejó que era inútil para un banco iniciar cargos criminales contra un granjero. Nunca se había hecho en esa parte del país.

Con el tiempo Rudy puso en venta la granja de Jenkins. No hubo compradores.
Los dos hombres, cuyas vidas se habían entrecruzado por una hipoteca de una granja, ahora se encontraban, de alguna forma, bastante afectados.

El banco de Rudy estaba fallando lentamente. Se vio forzado a contratar un gerente, Toby Thulin, para que se hiciera cargo de las actividades diarias del banco, mientras él tomó una posición con una institución financiera en Dallas. Rudy viajaba cada dos semanas para mantenerse en contacto con el banco.

Jim Jenkins hacía autostop por el medio oeste, pero al final se asentó en Brownwood, Texas, donde consiguió un empleo como mecánico en el mantenimiento de los autobuses escolares. En su mente su mala suerte era culpa del banquero Rudy Blythe. Los banqueros podían presentarse y tomar la granja de un hombre. Esa era la forma en que Jim veía el asunto. Mes tras mes su odio por Rudy Blythe se iba recalentado en su mente hasta que se convirtió en una  obsesión.

Alrededor de las 10 de la mañana del 27 de septiembre de 1983 Rudy recibió una llamada de larga distancia de Ron Anderson, un granjero que había visto el cartel de venta en la propiedad del viejo Jenkins. El banquero y el posible comprador hicieron una cita para encontrarse en la granja de Jenkins a la mañana siguiente.

Al día siguiente Rudy y Toby Thulin manejaron hasta la granja de Jenkins. Jim Jenkins les estaba esperando. El primer disparo rompió la luna del auto de Rudy. El segundo atravesó el cuello de Toby, matándole instantáneamente. Rudy salió corriendo del vehículo. Agachado se dirigió desesperadamente hacia la granja más cercana, pero no tuvo tiempo. Dos tiros le alcanzaron la espalda. Para cuando cayó al suelo estaba muerto.

Jim Jenkins y su hijo Steven se marcharon en su camión blanco Chevy. Volvieron a Texas, donde tres días más tarde Steven se presentó en la comisaría de policía de Paducah y se entregó. El chico le contó a la policía que había estado detrás del granero mientras se hacían los disparos. Después de disparar, su padre se había reunido con él diciendo: “Ya arreglé a ese mal nacido de Blythe”. Steven siguió diciéndole a la policía que él y su padre habían peleado. Jim Jenkins había dejado el Chevy a Steven, pero se fue con el rifle a pie sin rumbo fijo.

Jim Jenkins vagabundeó sin rumbo durante cuatro días antes de parar a escribir una nota suicida. Tras completar la nota puso la punta de su rifle en la boca. Su dedo pulgar empujó el gatillo. Jim Jenkins dejó de existir.

La nota junto al cuerpo decía: “Maté a Rudy Blythe. Steven me abandonó. No me escucha. Un hombre mejor que esté muerto”. Firmado, “James L. Jenkins”.

El 10 de abril, 1984, Steven Jenkins fue a juicio por el asesinato en Ivanhoe, Minnesota. Sólo quedaba vivo Steven Jenkins y la corte sólo tenía su palabra de que su padre había asesinado a las dos víctimas y sólo su palabra de que él no participó en ninguno de los dos tiroteos. El jurado de Minnesota aparentemente sintió que Steven Jenkins no era un espectador inocente del doble asesinato, sino un cómplice activo, apretara o no el gatillo.

Steven Jenkins fue declarado culpable en segundo grado en el caso de Toby Thulin y culpable en primer grado en lo que respecta a Rudy Blythe. Steven fue sentenciado a cadena perpetua por el asesinato de Blythe y 10 años en prisión por el asesinato de Thulin, las sentencias son concurrentes. Steven Jenkins desde entonces ha sido puesto en libertad condicional. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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