| ¿Hasta que el cuerpo aguante?

La aplicación excesiva de la vacuna que combate el sarampión —hasta cinco dosis en lugar de las dos realmente necesarias— es una práctica que ha tomado auge en Venezuela en la última década, ante el asombro de algunos expertos quienes alertan sobre ello. María Elisa Espinosa
Como si se tratara de un álbum de barajitas, Sabrina Querales cuenta con orgullo que muy pronto le colocarán por quinta vez en su vida la vacuna contra el sarampión. El simple número parece hacerle sentir importante. Con sus 13 años, y próxima a dejar las consultas al pediatra, espeta a los cuatro vientos su récord en pinchazos.
Poco sospecha —y de seguro asimismo sus padres— sobre la inconveniencia de aplicar vacunas de más en el organismo; lo cual, tratándose del cultivo del sarampión, podría ser tan delicado como cuando se hace con el resto de los virus vivos atenuados.
No sin alarma, el doctor Armando Sánchez, especialista en medicina sanitaria, habla sobre esta tendencia que se está registrando cada vez más en Venezuela de sobrepasar las dosis preestablecidas de la antisarampión en la población escolar y adolescente. Es tajante al considerarla una práctica no razonable, y lo que es peor, riesgosa.
Para el médico, no se justifica que un niño nacido en el año 1993 cuente hoy en su tarjeta de vacunaciones con un total de cinco dosis de esta protección contra el sarampión, sea en sus modalidades de viral monovalente (sólo sarampión), bivalente (sarampión y rubéola) o trivalente (sarampión, rubéola y parotiditis).
¿Pero acaso es éste el ejemplo que abunda en el país? El especialista asegura que sí, basándose precisamente en la década más reciente. Pues resulta común que un niño nacido en 1993 haya sido vacunado, en su primer año, como fase de mantenimiento; igualmente es muy probable que en 1994 haya vuelto a recibir una dosis (como fase de ataque) dentro del Plan de Eliminación del Sarampión desarrollado ese año en Venezuela; seguido en 1998 por una tercera vacuna (fase de consolidación y seguimiento); y, en el año 2002, con una cuarta, en este caso en el marco de un operativo de vacunación que se hizo a nivel nacional ante la amenaza de una supuesta epidemia que estaría gestándose en el país.
Con esas cuatro dosis, sumándole una número cinco en el presente, como en el caso de la muy joven Sabrina, se completa ese coctel que a los ojos —y criterio del doctor Sánchez— resulta tan riesgoso. Aunque no es el único especialista que se abisma con esa cuenta.
Un máximo de dos
Jenny Rosal, pediatra del Centro Materno Infantil del Este, coincide con él en el peligro de excederse en las aplicaciones previstas en el esquema establecido para Venezuela, entre otras cosas porque los efectos que secundan cada dosis de la vacuna podrían exacerbarse en la medida en que más se coloquen. “En el caso de la trivalente viral se pueden registrar eritemas, inflamaciones, vómitos y fiebre, pero además, al estar dicha vacuna compuesta por huevo, también se podrían generar reacciones alérgicas cruzadas en la medida en que las apliquen de más”.
Rosal precisa que en la práctica pediátrica venezolana hasta hace poco se manejó un esquema que incluía la trivalente viral a los nueve meses y, posteriormente, un refuerzo a los 15. “Luego de eso —amplía la doctora— unos estudios avalaron el hecho de que los bebés nacen con los anticuerpos para el sarampión provenientes de la madre, por lo cual se planteó eliminar la dosis de los nueve meses, corriéndola hasta el primer año; de allí que la dosis trivalente se aplique a esa edad con un refuerzo a los cuatro o cinco años. Cualquiera de los dos esquemas está bien”, termina afirmando Rosal, para quien, sin embargo, “todo puede depender del niño y sus antecedentes”.
Al respecto, también hay bibliografía médica que se refiere a una dosis entre los 12 y 15 meses de edad, y otra entre los cinco y seis años o los 11 y 12. Así como otras recomiendan una vacuna para sarampión-rubéola (doble viral o SR) entre los seis y 11 meses, haciendo énfasis en que se debe aplicar la dosis propia del esquema al cumplir un año; mientras que a los niños entre uno y seis años que no hayan sido vacunados, debe aplicárseles la triple viral (o SRP), y a los siete a 39 años, si no cuentan con antecedentes de vacunación a partir del año 2000, se les debe colocar la doble viral. En todo caso, tanto la documentación especializada como los propios médicos consultados dan cuenta de un máximo de dos dosis de la antisarampión.
Atrás debe quedar esa doctrina de poner vacunas “hasta que el cuerpo aguante”, según advierte contundente el doctor Sánchez, quien muy concretamente aclara no tener ninguna objeción hacia la del sarampión. Muy por el contrario, la califica de “excelente”... Lo que no considera correcto son los criterios que han tenido los encargados de las políticas públicas en el país en las últimas décadas. l
mespinosa@eluniversal.com
| DE INTERES PARA TODAS |
¿Qué es? El sarampión es una infección aguda exantemática (eruptiva) dada por un virus (mixovirus); aunque es mucho más frecuente en niños pequeños, todos los seres humanos son susceptibles a contagiarse.
¿Cómo se contrae? Bastan unos cuantos minutos para contagiarse a través de gotitas de flujo procedentes de las secreciones nasofaríngeas de los enfermos al hablar, toser o estornudar.
¿Cuáles son sus síntomas?
l Fiebre elevada durante los dos primeros días, que desciende hacia el final para volver a ascender al inicio del exantema.
l Rinitis y conjuntivitis con molestia intensa por la luz, lagrimeo, enrojecimiento de las conjuntivas y, a veces, secreciones purulentas oculares.
l Tos seca e irritante.
l Enrojecimiento de la mucosa oral con manchas características (llamadas de Koplik) que aparecen en la cara interna de los labios y de las mejillas a nivel de los molares.
l A partir del cuarto día vuelve a subir la fiebre y aparece el exantema maculopapuloso que se inicia en la cara, detrás de las orejas, en las alas de la nariz, alrededor de la boca y en el mentón, para luego extenderse al tronco y a las extremidades.
l Luego las manchas se hacen mayores y confluyen, la fiebre remite y el estado general mejora.
l Al cuarto día del período exantemático empiezan a aclararse las lesiones cutáneas; finalmente se produce una descamación fina de la piel.
¿Complicaciones asociadas? En general el sarampión es de curso benigno, pero pueden ocurrir infecciones del oído, neumonía, diarrea, ceguera o un sarampión hemorrágico que causa sangrados generalizados e inflamación del cerebro (encefalitis).
¿Cómo se diagnostica? A través de un médico que identifica los signos y síntomas característicos de la enfermedad y lo confirma por laboratorio.
¿Tiene tratamiento? No existe uno específico, por lo que los pacientes infectados deben prevenir las complicaciones. Por ejemplo, para la fiebre se utilizan antipiréticos o medios físicos; para la tos es recomendable la aplicación de antitusivos no codeínicos; en caso de complicaciones neumónicas el tratamiento de elección es la penicilina G .
¿Cómo prevenirla? A través de la aplicación de la vacuna con virus vivos atenuados. La vacuna está contraindicada en mujeres embarazadas y en enfermos con alteraciones inmunitarias (inmunodepresión). |
FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/RANDY FARIS
Fuentes consultadas: www.mipediatra.com l www.tuotromedico.com
l www.segurosvenezuela.com l www.erasalud.com l www.entornomedico.org
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