| El enemigo
acecha en la red

Marcados por una brecha tecnológica y generacional, los padres, tutores y maestros se encuentran cada vez más en desventaja a la hora de saber qué es lo que hacen los niños frente a un computador, mientras otros que conocen el proceso muy bien tocan peligrosamente las puertas del ciberespacio para aprovecharse de incautos inocentes. María Elisa Espinosa
Todo parece normal. Papá se dedica a hacer zapping en la televisión, mamá se alista a preparar la cena, Carlitos juega con su camión de volteo, mientras Emilia enciende el computador con ánimos —no demasiados— de hacer su tarea. En el ínterin en el que se dispone a buscar datos sobre la tradición del pájaro guarandol, la tentación la desvía a los placeres del chateo, encontrando allí suficientes amigos virtuales como para pasar una entretenida tarde.
De pronto su inocencia —todavía a prueba del revoloteo hormonal propio de la preadolescencia— le hace sucumbir a los encantos de un tal “Picachú” que se le presenta en el monitor con ganas de entablar amistad. Poco a poco el desconocido internauta va ganando la confianza de la muchacha, y es allí precisamente cuando comienza una pesadilla que afortunadamente no pasó a mayores.
Todos los días, casi a la misma hora, los deberes escolares son la excusa para acceder a Internet, desde donde Emilia ríe a carcajadas con las historias que le escribe su virtual conquista —¡con el tiempo ha llegado a tal categoría!— quien, sin dudas, ha sabido encontrarle el lado flaco. Desde allí también la entusiasma con la posibilidad de que en algún momento se puedan conocer en persona. El cuándo y el dónde es lo único que falta por precisar.
Entretanto, y en función de ello, las tertulias cibernéticas terminan versando sobre temas varios: la materia favorita y la más aborrecida, el sabor de helado preferido, la última película vista, el más reciente éxito de reggaeton, con quién estuvo bailando... ¿y por qué no con él? Entonces la cita se hace un hecho. Emilia lo comparte únicamente con quien convierte en cómplice para llevar el encuentro a cabo; en este caso, Alejandra, fiel amiga de la vida real a quien no deja de darle comezón la idea. Por eso le será difícil callar. Mamá y papá se enteraron a tiempo. Afortunadamente.
La otra historia
La vivencia de Emilia, ficticia o no, culminó justo cuando pudo haber comenzado una historia que en parecidas circunstancias ha llevado a familias enteras a las páginas rojas de algún periódico del planeta. Concretamente en España no son pocos los casos en los que las bondades de Internet se transmutan más bien en perjuicio.
Cifras aportadas por la Defensoría del Menor de ese país (año 2002) revelan que 44% de los pequeños y adolescentes que navega con regularidad por el ciberespacio se ha sentido acosado sexualmente en alguna ocasión, mientras que 11% reconoce haber sido víctima de esta situación en diversas ocasiones. Asimismo en el Reino Unido, según datos ofrecidos por la policía (también en ese año), uno de cada cinco niños que utilizan las salas de chat ha sido acosado por pedófilos.
Volviendo a España, en 2005 los diarios se llenaron de noticias relacionadas con la pedofilia y pornografía infantil. Una de estas informaciones daba cuenta de la detención de 18 integrantes de una red de pederastas que operaba desde diversos puntos del país distribuyendo imágenes de los abusos que cometían sobre menores de edad. Según trascendió, la pista para dar con los malhechores salió de boca de la madre de un niño de 12 años al que una persona en un chat había ofrecido dinero y obsequios a cambio de mantener relaciones sexuales.
Aunque en Venezuela todavía los periódicos aparecen prácticamente limpios de tan aberrante centimetraje, el estado de alerta se encuentra activado entre quienes conocen de los casos foráneos y no quisieran verse reflejados en ellos. Muy a propósito de esto, durante 2005 se desarrolló en el país la campaña “Niños e Internet: no permitas que hablen con extraños”, todavía vigente y mucho más ahora por haber sido reconocida en diciembre pasado con el Premio Rafael Angel García, otorgado anualmente por la organización no gubernamental Cecodap dedicada precisamente a la defensa de los derechos de los más jovencitos de la casa.
Dicha iniciativa, emprendida por Panda Software a nivel mundial, y puntualmente en Venezuela gracias al patrocinio de distintas instituciones públicas y privadas, busca hacer conciencia sobre este tema que a decir de Roxana Hernández, gerente general de la firma en el país, si bien no es conocido por muchos, existe, está allí, latente, y no se puede esconder.
El boquete es ancho
La falta de información dentro del entorno más directo (padres, representantes y maestros) de los afectados es lo que precisamente más preocupa a quienes aquí manejan el tema. Así insistió en resaltarlo Hernández durante el arranque de la campaña de Panda en Venezuela, en abril de 2005, y asegura que poco ha cambiado al respecto hasta estos días.
“No existen estadísticas a nivel nacional, como tampoco todavía se ha generado un basamento legal en torno al uso de Internet en niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, la campaña de Panda, dentro de sus programas de responsabilidad social, ha servido para alertar a los padres, tutores y docentes sobre el peligro y las amenazas que se encuentran en Internet, así como propició que el Consejo Nacional de los Derechos del Niño y el Adolescente se interesara en regular el uso de los cybers, por ser el lugar donde con más frecuencia se conecta la población venezolana menor de edad”.
A esto se le suma el hecho de que sobre todo los adolescentes tienen un manejo de la tecnología muy superior al de sus propios padres, por lo cual éstos quedan en marcada desventaja a la hora de querer estar al tanto de lo que verdaderamente hacen sus hijos frente a un computador. Las cifras mundiales en este sentido pueden llegar a espeluznar a cualquiera. Según ellas, 67% de los padres sabe menos de Internet que sus niños.
Quizás esto explique por qué con frecuencia los adultos tienden a regular los contenidos que sus hijos pueden ver en televisión, pero no lo hacen con las conexiones en Internet. Por lo que para responder a las consecuencias que pueda tener esta brecha generacional tecnológica —como la denomina Hernández— la ingeniera de sistemas se refiere a las soluciones de seguridad informática (o antimalware) que de hecho existen en el mercado, así como a los sistemas del tipo firewall personal y de control parental, además de las nuevas tecnologías que detectan y bloquean ataques de virus desconocidos e intrusos en la red. Sin embargo, hace hincapié en que la mejor prevención en este sentido siempre será la atención directa que se le preste a los hijos.
De allí la invitación que hace a involucrarse lo más posible en el proceso y seguir la serie de recomendaciones que la campaña de Panda Software de Venezuela ha puesto a disposición de los interesados en dos páginas web, así como a través de foros y material impreso desplegado en laboratorios de computación de escuelas y cybers a nivel nacional. l
mespinosa@eluniversal.com
| FORMAS DE ATACAR |
Los medios que suele utilizar un pederasta para establecer contacto con un menor de edad en Internet son variados, entre ellos se encuentran:
El Chateo: Conversaciones escritas
en tiempo real. En este sentido, una de
las tácticas más empleadas es hacerse
pasar por un usuario de edad y gustos similares a los de su interlocutor cibernético, de manera que tras varias
sesiones vaya teniendo la confianza necesaria pera concertar una cita;
asimismo, cada conversación puede servirle al delincuente para recoger
datos personales que permitan
localizar a la víctima.
La mensajería instantánea: Algunos
pederastas optan por contactar directamente con sus potenciales víctimas a través de este medio. El primer paso es conseguir la dirección de correo electrónico o algún dato del menor (su nombre de pila, por ejemplo) que pueda servir para localizarlo a través de alguno de los programas de mensajería instantánea existentes. Una vez realizado el contacto, el delincuente procede de la misma manera que en los chats. Sin embargo, tomando en cuenta que con la mensajería instantánea pueden enviarse archivos,
el pederasta aprovecha la oportunidad para “adornar” su supuesta personalidad mandando fotografías falsas, lo cual aporta mayores visos de realidad.
Los virus informáticos: El pedófilo
intenta introducir en el equipo de su víctima algún virus o código malicioso (la mayoría de las veces del tipo troyano) que le permite robar datos del incauto usuario, tales como la dirección donde vive, sus gustos, documentos personales que estén almacenados
en el computador e, incluso, fotografías de su rostro.
Fuente consultada: Panda Software
de Venezuela
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| CUANDO CHATEES... |
l No publiques fotografías en páginas web o sitios de chat sin comentarle a tus padres o maestros.
l Utiliza un sobrenombre (nickname) para proteger tu identidad.
l No envíes tu nombre, apellidos, edad, teléfonos ni dirección de tu casa o de la escuela a desconocidos. Podrían usarlos para hacerte daño.
l Evita hacer clic en algún enlace que aparezca en los mensajes de correo electrónico de personas desconocidas. ¡Pueden ser un virus y dañar tu computadora!
l No abras mensajes de personas desconocidas, ni aceptes invitaciones a recibir información que no te interesa. Si recibes un mensaje acosador, de naturaleza sexual o amenazante, cuéntale a un adulto.
l Si quieres verte con un compañero que conoces de Internet hazlo en un lugar público. No vayas solo, pídele a alguien que te acompañe. Y avísale a tus padres o persona de confianza para dónde vas.
l ¡Evita hacerlo con extraños! Recuerda que no puedes ver a las personas y no puedes saber si son gente buena o no.
l No envíes datos bancarios o números de tarjetas de crédito sin la autorización de tus padres. Podrías causarles mucha daño. (*)
(*) Tomado del afiche que Panda Software de Venezuela distribuye en laboratorios de computación escolares y cybers a nivel nacional como parte de la campaña “Niños e Internet: no permitas que hablen con extraños”. |
Coordenadas: www.pandasoftware.com.ve l www.menorenlared.com |