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El sueño del
negocio propio
Talento, confianza y riesgo es lo que define a estos jóvenes que asumieron el compromiso de tener una empresa propia antes de los 30 años. Todos trabajan para el competitivo mundo de los medios audiovisuales y, aunque han conocido el trago amargo de los altibajos, no tienen dudas de que van a lograr el éxito. Idalia De León / Fotos: Natalia Brand
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Rafael Velasquez, Natalia Machado
y Gustavo Rondon |
La Pandilla
Todos para uno
A Natalia Machado (29 años), Gustavo Rondón (28) y Rafael Velásquez (28) se les presentó en septiembre de 2000 la oportunidad de comprar varios equipos de video a un amigo común que se iba a vivir al exterior. Sin tener un céntimo en el bolsillo decidieron adquirir dichos equipos para, “a lo loco”, montar una productora audiovisual sin haber tenido la experiencia de haber trabajado en alguna. “Nuestro error principal fue creer que este tipo de negocio funcionaba igual que una panadería; es decir, que con la adquisición venía la clientela, y resulta que no. Los clientes los tiene el dueño de la productora, no la empresa en sí”, relata Gustavo Rondón, uno de los socios de La Pandilla, compañía que desde hace cinco años ofrece servicios de producción y postproducción audiovisual, lo cual abarca videos corporativos, comerciales para cine y televisión, así como cortometrajes para cine.
Los tres socios que conforman esta empresa son comunicadores sociales egresados de la Universidad Central de Venezuela, recinto en el que se conocieron y que los unió como empresarios. Cuando surgió la compañía tenían un nombre “anglosajón e inadecuado” que se negaron a revelar. Más adelante lo sustituyeron por La Pandilla. “Ha sido un acierto lo del nombre —explica Velásquez— porque somos una empresa joven. Antes cometíamos el error de aparentar ser más adultos porque eso era ser serio, pero ahora resulta que ser joven es un valor agregado en medios audiovisuales”. Afirman que los trabajos que hicieron inicialmente les abrieron las puertas para captar nuevos clientes, situación que se ha ido manteniendo en el tiempo.
Cortometraje
¿Qué importa cuánto
duran las pilas?,
y campaña para el Ministerio
de Educación Cultura y Deporte (2004) |
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Como todos los que se inician en negocios independientes pensaron en desistir pues no veían el progreso. “Llegaron momentos en que colapsábamos y llamábamos a todo el mundo pidiendo ayuda. Creo que seguimos adelante porque en el fondo no queríamos el quince y el último”, agrega Machado, y porque, inconscientemente, tenían grabado en fuego, por influencia de sus padres, la importancia de tener sentido comercial y de tener una empresa propia. Lo que también los mantuvo a flote fue la juventud: “Creo —dice Rondón— que estábamos tan ‘jojotos’ que no medimos la magnitud de lo que estábamos haciendo. Durante un tiempo le solicitamos al papá de Natalia asesoría debido a que tiene mucha experiencia gerencial”. Fue a partir de entonces cuando decidieron ordenar mejor la casa y contratar los servicios de un administrador.
Actualmente La Pandilla funciona en una oficina de 120 metros cuadrados, y en total son seis empleados fijos —incluyendo a los tres socios—más dos contratados. Machado, Rondón y Velásquez llegan a la oficina alrededor de las nueve de la mañana pero no saben a qué hora saldrán. Sin embargo, con la experiencia han entendido que tienen que equilibrar la manera como distribuyen el tiempo, pues se suele incurrir en el error de dedicarle demasiadas horas a evitar que el barco se hunda. Hoy sienten que se pueden dar permiso para tomar vacaciones con la certeza de que el negocio puede avanzar bien con la ausencia de cualquiera de ellos.
“Para nosotros lo retador es seguir adelante y ser mejores”, señala Natalia. Velásquez cierra la idea: “Todos los libros dicen lo mismo, que hay que esperar cinco años para consolidar el negocio, conocer el mercado, posicionarse, crear una identidad, buscar clientes y lograr que la curva siga en ascenso. Los libros dicen que cuatro de cada cinco empresas que empiezan terminan fracasando, de manera que para nosotros estar cumpliendo cinco años es más que un motivo de satisfacción”.
Coordenadas: www.lapandilla.net
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| Beatriz Ramos Y Diego Sánchez |
Más que animados
Dancing Diablo surgió en enero de 2002 en Nueva York y ha sido tan exitosa que desde hace seis meses tiene una sucursal en Caracas que atiende al mercado local. Beatriz Ramos tiene 34 años, y desde hace cuatro instaló en la Gran Manzana su propia empresa de animación. llustradora formada en el Instituto de Diseño de Caracas, se fue a Estados Unidos buscando ampliar sus horizontes, después de haber tenido su primera experiencia como empresaria con la compañía Caracas Comics, con la cual instaló la primera tienda de cómics de Venezuela.
Cuando ya tenía cinco años radicada en Nueva York y después de haber acumulado experiencia haciendo ilustraciones para publicaciones como The New York Times y Penthouse, y trabajos para canales de televisión como MTV, Cartoon Network y Disney Channel, decidió emprender su propio negocio. “Yo quería hacer más, sentía que había llegado al punto más alto en mi desempeño. Hay que entender que en Estados Unidos la manera como se maneja el negocio te exige ser un experto en cosas muy específicas, y el caso es que yo sentía que no quería seguir especializándome en el trabajo de color en series de animación. Yo quería dirigir, emprender proyectos que me interesaran”, cuenta Beatriz, vía telefónica.
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Imagen del cortometraje animado Siniestro elaborado mediante la técnica stop motion |
Con el producto de sus ahorros y con los primeros contratos fue pagando la inversión inicial de Dancing Diablo, y actualmente ella y su socio, Diego Sánchez (29 años), llevan adelante una empresa con 16 empleados entre Nueva York y Caracas. Sánchez, hoy director ejecutivo de la empresa, fue contratado inicialmente como administrador, y al año y medio de haberse creado la compañía, Beatriz decidió ofrecerle la sociedad. Actualmente, Dancing Diablo es un estudio de animación que ofrece servicios a canales de televisión y realiza comerciales. Entre otros muchos, han hecho trabajos para MTV, Cartoon Network, Nickelodeon y Plaza Sésamo.
La oficina está ubicada en Brooklyn, y aun cuando todo marche sobre ruedas, Beatriz reconoce que la diferencia entre ser independiente y no serlo es que lo primero es más duro. “En Estados Unidos eres una parte muy pequeña de un gran engranaje, de manera que es muy poco el control que tienes sobre los proyectos. Debes estar dispuesto, tener ambición, pasión y ganas. Tienes que creer en lo que haces”.
Coordenadas: www.dancingdiablo.com |
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Bencid, Arrieche, Rodríguez y Chumaceiro |
Fénix Comunicaciones Audiovisuales
Volando alto
Ser independiente no tiene precio. Esta es la idea que mejor resume el interés que tienen estos cuatro jóvenes en seguir adelante con una empresa manejada por ellos mismos. La frase la lanza el abogado del grupo, Tadeo Arrieche (28 años), quien agrega que existe gente que fracasa en proyectos propios porque se quedan a mitad de camino, cosa que ellos no quisieran emular.
Fénix atiende necesidades comunicacionales propias de algunas empresas. En este sentido producen videos corporativos, de ventas, de inducción, además de diseñar material impreso que tenga que ver con la comunicación interna de grandes compañías o instituciones. Alberto Chumaceiro (26), Isaac Bencid (28) y Mauricio Rodríguez (27) se hicieron amigos en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello; allí aprendieron a conocerse, a identificar las debilidades y fortalezas de cada uno, todo lo cual les permitió darse cuenta de que formaban buen equipo. Más adelante se incorporó Arrieche, quien se encarga de que la firma marche “como Dios manda”, y, junto con Chumaceiro, de que las finanzas mejoren cada día. “Yo creo que estamos aquí —dice Chumaceiro— porque nos conocíamos bien desde la universidad y siempre estuvimos claros en lo que nos gustaba. En nuestras actividades extracurriculares hacíamos cosas que nos llevaron a experimentar y rápidamente descubrimos que lo que queríamos hacer no lo íbamos a lograr trabajando en un canal de televisión o al servicio de otros”.
El empujoncito que necesitaban para poner en marcha la empresa fue una coyuntura nacional. Después del paro petrolero, tanto Chumaceiro como Bencid fueron despedidos del canal de televisión para el cual trabajaban.
“Al comienzo —dice Rodríguez—, nos fue muy bien con lo corporativo y estábamos claros en que no queríamos meternos en el mundo publicitario; además nos dimos cuenta de que si bien el mercado estaba atendido por gente muy profesional, lo hacían de manera free lance”. Cuando decidieron empezar algunos los tildaron de locos, refiere Bencid, pues la situación del país en apariencia no favorecía mucho la idea. “Pero resultó que había mucha competencia, pero también trabajo para todos. En todo caso la competencia nos obliga a hacer lo nuestro mejor ”.
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Toma de un evento grabado
para el Centro Comercial LosNaranjos, y comercial para
la empresa Toppca |
Para Alberto Chumaceiro la palabra clave es riesgo. “Al comienzo había meses que sólo cobrábamos 30 mil bolívares. A veces me entraban dudas cuando veía a mis amigos que cobraban fijo, y yo para mis adentros me decía: ‘espero que esto se dé’”. Ahora piensa que el haber insistido está empezando a dar sus frutos y que el crecimiento ha sido rápido.
Fénix tiene cinco años de fundada y dos años y medio trabajando formalmente. Funciona en una oficina reducida en donde una mesa de pool funge de mesa de reuniones, y en donde el equipo se acopla como puede, situación que piensan solucionar este año pues tienen el proyecto de mudarse a un lugar más grande. Arrancaron con el negocio “poniendo el pecho”, como dice Rodríguez, y como capital inicial sólo contaban con las computadoras que tenía cada uno por su cuenta, y una gran motivación que les viene, a la mayoría del grupo, de familia. Actualmente tienen una interesante cartera de clientes entre los que se encuentran el IESA y Empresas Polar. Al principio todos hacían de todo, pero ahora las funciones se distribuyen de acuerdo con las fortalezas de cada uno. “Al comienzo —recuerda Rodríguez— íbamos acompañados a visitar a los clientes. En una oportunidad fui solo a una entrevista en Polar y me preguntaron, después de reparar en mi cara de chamo, ‘¿Y tú vienes solo?’”.
Coordenadas: www.fenixcomunicaciones.com
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Ivan quijada y Johanna Durán |
View2
Hippies renovados
Cuando Johanna Durán e Iván Quijada pusieron en marcha su empresa de producción y postproducción digital, sus padres pensaron que la actividad con la que estaban ocupando el tiempo sus hijos era sólo un pasatiempo. Johanna tiene 27 años e Iván 25, de manera que cuando empezaron con la compañía apenas estaban estrenando sus veintes, todavía no se habían graduado, pero ya tenían claro que no querían tener jefe y que lo de ellos era ser independientes.
Johanna e Iván estudiaron juntos Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela. Ambos tuvieron experiencias fugaces como empleados en diferentes medios de comunicación, y en el camino siempre manifestaron un gusto especial por la edición de cine y televisión. Impulsados por esta inquietud, decidieron hacer un curso de edición en Nueva York. Cuando regresaron —corría el año 2001—, arrancaron seriamente con la empresa y rápidamente se instalaron en una oficina. Más adelante dictaron cursos sobre técnicas de edición al tiempo que realizaban videos corporativos. Les estaba yendo bien, así que decidieron mudarse a otra oficina más grande y se enfocaron en captar nuevos clientes. “Después vino el paro petrolero, y nos tuvimos que mudar nuevamente”, relata Iván. Desde hace un año funcionan en una oficina que se improvisó en la casa de Johanna, en donde el equipo de View2 también diseña portadas y empaques de discos compactos.
Cuando decidieron iniciar el negocio nunca sintieron que ser joven era un handicap. Sin embargo, sus primeras experiencias con clientes los llevaron a cambiar su indumentaria para aparentar más edad y simular una actitud menos hippie. “Pretendíamos transmitir que teníamos diez años de experiencia y resulta que cuando más esfuerzo hacíamos por lucir seguros, sólo lográbamos lo contrario. Ahora cambiamos de actitud. Cuando empezamos, estábamos como a la defensiva, pero poco a poco fuimos agarrando confianza”, señala Iván.
El principal riesgo que asumieron, claro está, es el financiero, lo cual implicó no sólo abastecerse de los equipos necesarios, sino resolver, con dinero de su propio bolsillo, los escollos económicos que surgieron sobre la marcha.
Rápidamente descubrieron que no sólo estaban administrando mal las finanzas sino las responsabilidades. “Hacíamos todo —recuerda Iván—. Llevábamos las facturas, las cobrábamos, íbamos juntos a las reuniones...”. Decidieron, entonces, solicitar los servicios de un administrador, un contador y un abogado. Lograron identificar que les resulta mejor contratar personal por proyecto en vez de tener empleados fijos.
“Lo más difícil de trabajar por cuenta de uno es que no tienes nada seguro. Puedes planificar, organizarte, cumplir todos los pasos de calidad pero también tienes que tener suerte”, dice Iván. Pero la incertidumbre no es tanta como para decir hasta aquí llego. “Aprendes a ser más responsable, a ser jefe, a poner límites. Tú decides a qué hora llegas y a qué hora te vas a almorzar, pero el tema es que más allá de eso toda la responsabilidad está en tus manos. Si un trabajo queda mal o si un proveedor no recibe pago es culpa tuya. Al principio te mueven las ganas, después te das cuenta de que no todo es corazón o querer hacer las cosas bien, sino que tienes que poner los pies sobre la tierra”.
Coordenadas: www.view2productions.com
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