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¿Cómo
tratar a estas personas?
En Estados Unidos se aplica un seguimiento psicológico mediante
terapias de modificación de conducta y hasta la utilización
de antidepresivos como el Prozac. "El mayor problema de los
vigoréxicos -explica la nutricionista Solange Leban- es que
no van al médico hasta que el cuadro se complica. No asumen
que tienen un problema porque se sienten bien con lo que hacen
hasta que aparecen las consecuencias más severas en su personalidad".
Según los especialistas, los factores socioculturales tienen
un gran peso en este tema. Los cánones de belleza y el culto
al cuerpo, acentuados brutalmente en estos últimos años, tienen
bastante responsabilidad.
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Cuestión de músculos
Eliana Galarza
La vigorexia es una extraña dolencia que
afecta especialmente a los hombres. Se la conoce también como "anorexia
masculina" o complejo de Adonis. Quienes la padecen son adictos
al gimnasio.
Suben a la balanza,
controlan su peso, se miran una y otra vez en el espejo. Y jamás
consiguen ver su verdadera imagen. Por alguna extraña razón, los
hombres que padecen un trastorno que se llama vigorexia, se ven
a sí mismos como alfeñiques mientras que los músculos de su cuerpo
indican lo contrario: parecen los del increíble Hulk.
Diagnosticada en 1993 por el psiquiatra Harrison G. Pope, del hospital
Mac Lean, de la Facultad de Medicina de Harvard, en Estados Unidos,
esta dolencia (todavía no fue reconocida como enfermedad por la
comunidad médica internacional: la llaman dismorfia muscular o corporal)
se suma a la anorexia y a la bulimia. Es decir, se engloba dentro
de los trastornos compulsivo-obsesivos que tienen en común el desajuste
entre la imagen que los pacientes tienen de sí mismos y su imagen
real. Mientras que la anorexia es frecuente en mujeres con una autoimagen
de obesas, la vigorexia es moneda corriente entre hombres que se
ven a sí mismos como débiles o enclenques. Claro que en ninguno
de los casos esa autoimagen es la acertada: las anoréxicas se caracterizan
por un adelgazamiento severo; los vigoréxicos, por una silueta de
fisicoculturista. Según los especialistas, tienen más factores en
común:
l Tendencia a la automedicación
(las anoréxicas pueden abusar de diuréticos y laxantes; los vigoréxicos,
de los anabólicos).
l Carácter introvertido.
l Edad de la aparición: por
lo general, en la adolescencia.
l Modificaciones en la dieta.
"Conozco el cuadro desde hace bastante tiempo, sólo que ahora le
han puesto vigorexia -comenta el nutricionista Daniel De Girolami,
de www.aprenderacomer.com-. Casi siempre la padecen varones que,
por un problema psiquiátrico, se suelen ver a sí mismos demacrados
y faltos de físico. Entrenan durante horas en el gimnasio, suelen
tomar anabólicos y polivitamínicos, aconsejados por entrenadores,
y hacen una dieta hipercalórica. Francamente, hiperproteica -a veces,
hasta agregan aminoácidos por vía oral- rica en hidratos de carbono
y muy pobre en grasas.
En aumento
Aunque sólo fue identificada hace nueve años, las tendencias indican
que la vigorexia masculina está en aumento. Según las estadísticas
del psiquiatra Pope, publicadas en la revista Psychosomatic Medicine,
de los nueve millones de estadounidenses que habitualmente van al
gimnasio, un millón padece este "complejo de Adonis", como también
se la conoce. En esa publicación, Pope abunda en detalles sobre
el caso de un vigoréxico cuya identidad se ocultaba bajo el apodo
de Andy. El muchacho tenía, en ese momento, 27 años, y estaba obsesionado
por su físico desde los 19. Se pesaba dos o tres veces al día, se
miraba en el espejo una docena de veces y solía quedarse en el gimnasio
durante horas. El origen de su trastorno obsesivo-compulsivo estaba
en su baja estatura y en su cuerpo menudo, que -según él- interfería
en sus relaciones sociales.
A través de ese ejemplo se vislumbra que la vigorexia tiene una
base psicológica y se manifiesta como una obsesión por el cuidado
del cuerpo: obliga a quienes la padecen a convertir el gimnasio
en una segunda casa. Pero también tiene algunas raíces fisiológicas.
Se sabe que ciertas alteraciones bioquímicas en el cerebro están
relacionadas con las patologías obsesivo-compulsivas.
Además,
sus síntomas repercuten en el estado físico con un mal funcionamiento
del hígado (debido a la dieta que siguen, baja en grasas y abundante
en carbohidratos), disfunciones eréctiles y hasta achicamiento de
testículos, entre otras manifestaciones. "El hecho de seguir una
dieta baja en grasas no es malo en sí mismo -agrega De Girolami-ya
que los requerimientos de grasas son bajos, de modo que con el mínimo
contenido en algunos alimentos, como las carnes (aunque sean desgrasadas)
y lácteos, les alcanza para cubrir las necesidades. Con respecto
a la gran cantidad de proteínas ingeridas, no deja de ser un nutriente
del cual el organismo usa una poca cantidad con fines estructurales
y el resto lo quema como combustible. Uno de los inconvenientes
es que los desechos metabólicos de esas proteínas se eliminan por
la orina y eso aumenta considerablemente la diuresis, con el consiguiente
peligro de deshidratación y pérdida de otros electrolitos importantes
(sodio, potasio, magnesio, etcétera)".
En el día a día de los vigoréxicos, recibir elogios por su cuerpo
es una de las prioridades. La mayoría es fisicoculturista, o desempeña
alguna ocupación en donde puede hacer gala de su silueta "trabajada".
Esto no quiere decir que todos los fisicoculturistas sean vigoréxicos.
La generalización sería tan grosera como afirmar que todas las modelos
son anoréxicas. Hacer ejercicios y cuidar el cuerpo -sin exagerar-,
después de todo, es una de las medidas más saludables para mejorar
la calidad de vida. Que quede claro: la práctica de cualquier deporte
(incluyendo el fisicoculturismo) no es un factor de riesgo para
padecer este trastorno.
En consecuencia
La desproporción entre la cabeza y el cuerpo de los vigoréxicos
es notable. Desarrollan ampliamente sus músculos y adquieren un
figura que parece casi trapezoidal. Además, la sobrecarga de peso
en el gimnasio influye negativamente en huesos, tendones, músculos
y articulaciones, sobre todo en los miembros inferiores, con desgarros
y esguinces. Otro riesgo que los amenaza son los anabólicos o productos
para hacer que la musculatura aumente. Ocurre que la obsesión por
lograr que los músculos aparezcan bien torneados es tan grande que
-en los casos más extremos- los incita a consumir esos productos
nocivos. Pero más allá del aspecto físico, hay otras características
que delinean el perfil de estas personas:
l Baja autoestima.
l Carácter introvertido. Deterioro
de las relaciones sociales.
l El gimnasio es como su segunda
casa; pueden ir hasta dos veces en el mismo día.
l Se miran constantemente en
el espejo y siempre ven su cuerpo desfavorecido, debilitado.
l Se pesan varias veces al día
y comparan su cuerpo con el de los fisicoculturistas profesionales.
l Puede estar acompañado por
ansiedad o depresión. Cuando eso sucede, el vigoréxico se siente
un fracasado y suele abandonar sus actividades habituales.
Clarín .
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