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El boom de las películas mexicanas
Guía para padres preocupados
Diego Lerer
Con filmes renovadores y polémicos, México aparece como la cara más exitosa del cine latinoamericano actual. Un panorama completo, con sus pros y contras, y sus contradicciones

Rebelde guey

Antes de ser cineasta, Carlos Reygadas (31 años) vivía en un mundo completamente distinto. No sólo porque estaba radicado en Europa, más precisamente en Inglaterra, sino porque estudiaba Derecho. "Me especializaba en Conflicto Armado y Uso de la Fuerza", explica al borde de la piscina de un hotel carioca. Sin saber bien cómo, se mudó a Bélgica a estudiar cine. Cuatro cortometrajes más adelante, Reygadas era cineasta. De allí a Japón hubo varios pasos. Pasos que el siempre animado Reygadas -quien vive en Madrid- resumirá a la velocidad de la luz. Su ópera prima -que sorprendió al mundo al exhibirse en el último Festival de Rotterdam- es un lamento visualmente impactante acerca de un hombre que no encuentra sentido a su vida y decide suicidarse. En su camino encuentra a una mujer que lo hace dudar de su decisión. Japón participó en la Quincena de Realizadores de Cannes y se llevó una mención de la Cámara de Oro. Luego el filme fue elegido como el mejor del año de América Latina por Fipresci. Y en Europa, los halagos de la crítica fueron unánimes. "Japón es de una belleza y una audacia que cortan la respiración. Como un sol que emerge en el crepúsculo del cine, es la más bella película del siglo que se abre", escribió en Le Monde, Jacques Mandelbaum. Filmada en la Barranca de Meztitlán, "un lugar al que iba mucho de niño y me fascinaba", Japón surgió de esas contemplaciones infantiles. "En ese sentido tiene algo de autobiográfico -dice-. Es una película llena de esos detalles que sólo puedes apreciar cuando estás mucho tiempo ahí". Un outsider en México, su filme ni siquiera fue celebrado tras su paso por Cannes, y los medios locales apenas prestaron atención a sus premios, dice. "Lo que más me molestó es que dijeran que era pintoresquista. Entiendo que a alguien pueda no gustarle, pero nada más alejado de eso que Japón". Filmada en un raro Super 16 Cinemascope por el director de fotografía argentino Diego Martínez Vignatti, el realizador evitó usar vestuarios, luz artificial y actores profesionales, eligiendo a campesinos para los roles. "Es una historia que no se cuenta a través de los personajes -dice-sino a través de los planos. Me interesaba narrar con imágenes".

Lo primero que hay que decir, cuando se habla del nuevo cine mexicano, es que no, que aunque lo parezca, no existe ninguna ley que obligue a que todas las películas de ese país tengan que estar protagonizadas por Gael García Bernal.

Sí, es cierto, primero fue Amores perros, después vino Y tu mamá también, y ahora le llega el turno a El crimen del Padre Amaro. Y sí, es cierto, las tres películas fueron enormes éxitos en su país, estuvieron metidas en diversas controversias, y sorprendieron -por distintos motivos- al público de todo el mundo.

Pero hay también películas sin Gael. Pocas, pero hay. De hecho, el cine mexicano está viviendo un momento de expansión internacional -y de éxito en el mercado interno- que no se veía desde la época de oro del melodrama, en los años cuarenta.

Este mes se estrenará en Venezuela El crimen..., un melodrama de Carlos Carrera centrado en las relaciones peligrosas de miembros de la iglesia con narcotraficantes, abortistas y grupos armados. Y, si tenemos suerte, algún día llegará también al país el film Japón, ópera prima de Carlos Reygadas, que sorprendió en varios festivales y que resultó elegida la mejor película latinoamericana 2002 por la Asociación de Críticos Fipresci.

Pero no todo acaba allí. El éxito de Y tu mamá... y Amores... les dio a sus directores, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, la chapa necesaria para agenciarse dos fuertes proyectos en Hollywood. Cuarón, quien ya fue y volvió de Estados Unidos, dirigirá Harry Potter y el prisionero de Azkaban -tercera parte de la saga creada por J.J.K. Rowling- mientras que Iñárritu hará lo propio con 21 gramos, un policial protagonizado por Sean Penn y Benicio del Toro. A todo esto hay que sumarle a Guillermo del Toro, que combina Blade II con El espinazo del diablo, y que ahora se encargará del oscuro cómic Hellboy; y a varios técnicos como los directores de fotografía Rodrigo Prieto, Emanuel "El Chivo" Lubezki o Guillermo Navarro.

El boom mexicano se completa con Frida. Si bien se trata de una película de producción norteamericana, la filmación se realizó en México, con protagonista mexicana (Salma Hayek, aunque hablando en inglés), muchos actores y técnicos mexicanos (Diego Luna, Patricia Reyes Spíndola, Rodrigo Prieto) y saca a la luz una figura clave del arte de ese país, como Frida Kahlo.

"Si ves Y tu mamá... y Amores perros juntas, forman las primeras pinceladas de un mural cinematográfico de un México que es urbano y del siglo XXI -dice Del Toro-. Lo bueno de ellas es que son obras artísticas y narrativamente complejas que exhiben un gran manejo técnico. A la vez, fueron enormes éxitos y ayudaron a revivir una industria moribunda".

En declaraciones a The New York Times, Del Toro fue claro: "La industria de cine en México está muerta. Lo que nosotros hicimos fue recuperar el público con películas hechas de manera personal".

Camino a la recuperación
Hacia 1998, el cine mexicano estaba casi extinto. Sólo once películas se habían estrenado, la cifra más pequeña desde la década de los treinta. Al año siguiente, Sexo, pudor y lágrimas, una comedia de Antonio Serrano, se convirtió en la película más exitosa de la historia en México, recaudando 15 millones de dólares y superando a la esperada Star Wars: Episodio 1. Amores perros llegó en 2000 y se acercó a ese récord (ese año, estuvo arriba de Misión imposible 2, por ejemplo). Con Amores... comenzó la invasión a Estados Unidos (iniciada con Como agua para chocolate, en 1992, pero prontamente interrumpida), que explotó finalmente con Y tu mamá también, que se acercó asimismo a los récords de público de Sexo..., y consolidó la pequeña figura de Gael como la de un sex symbol latino.

Por otro lado, van los filmes que explotan menos por sus cualidades intrínsecas que por los escándalos y controversias que suscitan. Pasó con La ley de Herodes, película que criticaba duramente al PRI, partido en el poder durante 70 años, y que trató de ser censurada en 2000 (y se transformó en gran éxito); y con la reciente El crimen..., que -con sus supuestos ataques a la Iglesia- terminó por quebrar los récords y convertirse en la película mexicana más taquillera de todos los tiempos.

Algunos han calificado a Cuarón y a Iñárritu como "los hijos de Tarantino", una sentencia algo restrictiva para un par de películas y de autores que se caracterizan por sus peculiares enfoques narrativos y estéticos, y que apelan a influencias algo más oscuras, como los tonos saturados del cine de Wong Kar-wai o las oblicuas narraciones y la cámara en mano de la primera etapa de la Nouvelle Vague francesa. Pero Y tu mamá... es muy distinta a las anteriores películas de Cuarón. Y Japón es muy distinta a Amores... (en aquella, la influencia mayor es el cine de Andrei Tarkovsky y el cine asiático más contemplativo). Y El crimen... no parece estar influida por ningún movimiento estético de los últimos cuarenta años, ya que apela a estructuras e imágenes -literalmente- del tiempo de María Félix.

Independientes vs. burócratas
Esta renovación tiene otras peculiaridades. Ni Amores... ni Y tu mamá... ni Japón fueron producidas dentro de los restrictivos márgenes del IMCINE, el instituto de cine de ese país. Y es por ello que tampoco han recibido demasiado apoyo en el exterior (Perfume de violetas fue en lugar de Y tu mamá... al Oscar, el director de Japón ha tenido más de un inconveniente con las autoridades). También resulta problemática la falta de apoyo para los productores mexicanos que sólo cuentan con la taquilla a la hora de recaudar (recién ahora el gobierno del presidente Vicente Fox pondrá en práctica un fondo de fomento al cine).

"Trabajar así nos dio completa autonomía y ningún compromiso -dijo en su momento Cuarón-. Igual, terminamos haciendo un juicio al gobierno por censura, ya que calificaron mi película para mayores de 18 años. El hecho de que haya cambiado el gobierno, no transforma a México en un país maduro de un día para el otro. Es una batalla que hay que pelear día a día".

Cuarón tuvo muchos problemas con lo que él llama "los burócratas". Dice: "Primero pusieron objeciones al sexo. Luego, al uso de drogas. Luego por cómo se mostraba México y sus rutas todas llenas de basura. ¡Pero si así estaban cuando filmamos! Nadie puso la basura ahí".

El éxito no se traduce en un crecimiento sostenido de la producción y en 2002 se estrenaron menos películas que el año anterior: 16 contra 20. Sin embargo, se siguen sumando los taquillazos, que van desde comedias populares como El tigre de Santa Julia o Vivir mata; a los dos filmes del prolífico Fernando Sariñana, Ciudades oscuras y Amar te duele. Todas, superando el millón de espectadores. Hasta películas más duras como De la calle (Gerardo Tort, 2001), relato sobre chicos sin hogar, se tradujo en un suceso de boleterías.

Pero a la vez, películas como Japón, o lo nuevo de Arturo Ripstein (La virgen de la lujuria) o Exxxorcismos, de Jaime Humberto Hermosillo, no encuentran distribuidor. Y la ganadora del Ariel a la mejor película 2002, Cuento de hadas para dormir cocodrilos, de Ignacio Ortiz, tampoco.

¿Cuál es la verdadera cara entonces? "Tenemos que aprender del cine asiático -dice Cuarón-. Ellos han conseguido mantener su propia cultura y a la vez hacer filmes que son universales. Debemos hacer más películas como Amores perros, que tengan color local y sean muy específicas. Pero que sean universales". Clarín

Crimen y premio
El crimen del Padre Amaro, basada en la novela escrita en el siglo XIX por el portugués José María Eça de Queiroz, pero adaptada al presente por el guionista Vicente Leñero, cuenta la historia de Amaro, un sacerdote recién ordenado que llega a un pequeño pueblo de provincia. Una vez allí, se entera de la extraña forma de vida de sus colegas: uno mantiene una relación amorosa secreta y recibe dinero de los narcotraficantes, otro apoya a la guerrilla.

Gael García Bernal interpreta a Amaro, quien -una vez en el pueblo- cede ante los avances de Amelia (Ana Claudia Talancón), una adolescente que se ha enamorado de él. Unos besos robados, unos amagues, y pronto terminan haciendo el amor con ella envuelta en el manto de la Virgen. Como buen melodrama, las cosas empeorarán hacia la tragedia -¿alguien dijo embarazo?- cuando Amaro intente deshacer tardíamente lo hecho. "Mi película no es anticatólica, ni siquiera juzga a los personajes, es sólo la exposición de un mundo que si bien es ficción tiene puntos que se reconocen en la realidad -decía el director Carlos Carrera en agosto, en ocasión del escandaloso y boicoteado estreno de la película en México-. Pero de ninguna manera es un ataque. Para mí es mucho más fuerte que existan padres pederastas que lo que sale en la película. Siempre ha habido una parte de la sociedad muy conservadora que de alguna manera ha impedido que se pasen películas como La última tentación de Cristo", dijo.

Escándalo va, escándalo viene, los espectadores dejaron 165 millones de pesos mexicanos (alrededor de 16 millones de dólares hoy) en las arcas de El crimen... en todo México. La película recaudó un millón y medio de dólares en sus dos primeras semanas en Estados Unidos y fue elegida por su país para representarlo a la hora de los Oscar. El film de Carlos Carrera, que es coproducción con España y Argentina, se estrena aquí a mediados de enero.


Ver también en Encuentros:
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- ¡Qué le ven a Edgar Ramírez!

 
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